El Te Deum de De Sousa Carvalho

Programación del 26 de enero en Acompasa2:

-Sinfonía Nº 2. Alberic Magnard. Orquesta del Capitole de Toulouse. Dir.: Michel Plasson.
-Te Deum. Joao de Sousa Carvalho (1745-h.1798). Brigitte Fournier, soprano I, Naoko Okada, soprano II, Elisabeth Graf, contralto, John Elwes, tenor, Michel Brodard, bajo Orquesta y Coro Gulbenkian. Dir.: Michel Corboz.
-Obertura de L'amore industrioso de J. de Sousa Carvalho.
-Obertura de La muerte de Semíramis, de Marcos Portugal (1762-1830).

La sonata inconclusa de Lekeu

El compositor belga Guillaume Lekeu falleció en 1894, a los 24 años de edad. La brevedad de su existencia abortó una vida que se prometía fecunda en obras maestras, a juzgar por las partituras que nos han llegado de él. Alumno de Cesar Franck durante breve tiempo, la muerte de éste le privó de un apoyo que le hubiera sido muy beneficioso. Aún así, Vincent D’Indy, también alumno de Franck, le tomaría bajo su protección

Al año siguiente, Lekeu presentó su cantata Andrómeda a la versión belga del Premio de Roma, pero se le concedió injustamente el segundo premio, por no haber sido alumno de los conservatorios belgas. Por fortuna, el gran violinista y compositor Eugene Ysaye le encargó una sonata para violín y piano, que difundiría por todo el mundo con gran éxito. Pero Lekeu no disfrutaría de él, ya que falleció víctima de fiebres tifoideas.

En 1888, a los 18 años, Lekeu escribió otra sonata, ésta para violonchelo y piano, en fa mayor pero nunca la publicó. El manuscrito salió a la luz entre sus papeles años después de su muerte y presentaba un final misteriosamente interrumpido. La duda se cernió entonces sobre los expertos. ¿Lekeu no la había terminado o faltaba alguna página del manuscrito? En todo caso, en 1923, su maestro D’Indy trató de reparar esta carencia, añadiéndole de su pluma un final de circunstancias, que descompensaba la profunda carga emocional de los dos movimientos primeros. Y es que el veterano compositor nunca fue, al contrario que su alumno, un hombre dado a la música sentimental.

La longitud y la complejidad de esta obra son inhabituales para este tipo de obras y nunca desde el opus 102 de Beethoven había alcanzado una sonata para violonchelo tales dimensiones. Explosiones de rebelión, sollozos pianísticos, soliloquios elegíacos del violonchelo y secciones que confrontan himnos de paz celestial con los más arrebatados sentimientos, prueban que, a pesar de estar el músico todavía realizando sus estudios secundarios, el sufrimiento del genio no es patrimonio exclusivo de los años.

Hoy en Acompasa2 escucharemos esta sonata, en la interpretación de Alain Meunier, violonchelo, y Philippe Gilhon-Herbert.

-Y también hoy...la Sinfonía Nº 5 de Bruckner con la Philharmonia Orchestra, dirigida por Benjamin Zander.

Beltrán Pagola, maestro de maestros

Recorremos hoy en Acompasa2 la vida y obra del donostiarra Beltrán Pagola (1878-1950), maestro de Usandizaga, Sorozábal, Escudero y otros importantes músicos vascos. Pagola ocupaba la cátedra de piano del Conservatorio de San Sebastián y comenzó a dedicarse en cuerpo y alma a la composición a los cuarenta años, mostrando una gran influencia de Debussy. Fue además el gran sinfonista vasco de su tiempo, con un catálogo que incluye cuatro sinfonías y una sinfonietta.

La Sinfonía sobre cantos vascos que escucharemos hoy en Acompasa2 fue compuesta en 1919 para un concurso de la Diputación de Vizcaya.Pagola obtuvo el Segundo Premio, quedando desiertos el primero y el tercero. Dividida en los cuatro movimientos tradicionales, se apoya en las melodías populares labortanas "Argizagi ederra, argi egidazu" (primer y segundo movimiento), "Salvatore gora da, Garazi andian" (primer mov.) y "Mutil, mutil jaiki ari" (tercer movimiento).

Escucharemos esta sinfonía y el allegro appassionato de la Sonata para piano sobre motivos vascos de Pagola (este último movimiento orquestado por su alumno Escudero) en una interpretación reciente de la Orquesta Sinfónica de Euskadi dirigida por Rubén Gimeno.

La Sinfonía Nº 3 de Georges Enescu

En mayo de 1919 veía la luz la Sinfonía Nº 3 del rumano Georges Enescu, que ha sido considerada su obra maestra dentro del terreno sinfónico. Verdaderamente, el despliegue de efectivos no tiene parangón en la producción del músico, con su extensa orquesta, en la que la sección de cuerda cuenta con no menos de 76 profesores, y donde se incluyen un órgano, un piano, dos arpas, un violín que actúa como solista y un coro que canta sin palabras.

Por sus dimensiones, su poderosa estructura y su coherencia orgánica anticipa composiciones como la Cuarta Sinfonía de Franz Schmidt. La tercera tiene tres movimientos, como las anteriores sinfonías de Enescu, aunque presenta como novedad un aterrador scherzo, algo ausente en las otras.

La sinfonía se abre con un poderoso pasaje en 6/4 cuya majestuosidad puede recordar al que abría la Sinfonía Nº 1 de Brahms o la Segunda De Schumann, que Enescu idolatraba y de la que dejaría un registro discográfico histórico en 1949. Ahora bien, el tejido de este primer movimiento es más bien bruckneriano, y establece tanto la atmósfera general de la obra como un profundo espectro tonal.

Los temas de esta partitura son expuestos a la vez que se desarrolla, provocando violentos estados anímicos dentro de la partitura, que Enescu aprovecha para desplegar su más colorista paleta orquestal, de una belleza en ocasiones abrupta.

El ya citado scherzo, de múltiples ritmos, tiene cierto aire siniestro que recuerda al de obras de la época como La mujer sin sombra de Richard Strauss, La sinfonía gótica de Havergal Brian o Los guerreros de Percy Grainger. El scherzo ha sido considerada la página más francesa de la sinfonía y comienza en la expansiva tonalidad de do mayor para evolucionar a la de do menor.

En el movimiento final, lento ma non troppo entra finalmente el coro, desplegado mediante una escritura que podría considerarse instrumental, dando lugar a la sección más fantástica de la sinfonía.

Escucharemos la Sinfonía Nº 3 en do mayor op. 21 de Georges Enescu, en la interpretación de la Orquesta y Coro Nacional Rumanos a las órdenes de Horia Andreescu.

Hoy también escuchamos en Acompasa2:

-Sinfonía en do menor (1937) de Ernst John Moeran. Orquesta del Ulster. Dir.: Vernon Handley.

-Gaité Parisienne (selección) Offenbach/Rosenthal. Orquesta Sinfónica de Montreal. Di.: Charles Dutoit.

-Impresiones para violín y piano, de Leopold Godowsky. Gottfried Schneider (violín), Cord Garben (piano).

Dos partituras perdidas

Hoy en Acompasa2 presentamos dos novedades discográficas de dos obras que durante mucho tiempo se creyeron perdidas. La primera es el "concierto para piano" o "Concierto fantástico" de Isaac Albéniz, que éste orquestó con asesoría de Tomás Bretón, y que es una composición juvenil, más próxima al romanticismo de Chopin y Schumann que al nacionalismo español albeniziano. La escucharemos interpretada por el pianista Miguel Baselga, junto a la Orquesta Sinfónica de Tenerife.

Otra novedad discográfica que no dejará indiferentes a nuestros oyentes es la recuperación de la Corona de la India, una partitura calificada de Mascarada Imperial en dos cuadros, compuesta por Edward Elgar entre 1911 y 1912 para conmemorar la coronación de Jorge V y su esposa María como emperadores de la India. Elgar compuso esta suerte de musical sobre un libreto del actor Henry Hamilton, en el que las ciudades de Delhi y Calcuta, representadas por actrices, exponían sus méritos a la India, representada por una tercera actriz, a fin de que eligiera a una de ellas como su capital.

Después del estreno, Elgar realizó una suite orquestal de esta mascarada, y a punto estuvo de ser lo único que nos llegase de ella, ya que en 1970 la demolición de un edificio donde se guardaba la partitura original supuso aparentemente su desaparición para siempre.

Sin embargo, se conservaba una versión pianística. El musicólogo y compositor Anthony Payne, que hace algunos años completó la tercera sinfonía de Elgar, que éste había dejado inacabada, fue requerido para realizar una orquestación con motivo del 150 aniversario del músico. Basándose en los números de la suite, en la plantilla orquestal del estreno, que sí era conocida, y en su propio conocimiento del lenguaje elgariano, Payne ha resucitado La Corona de la India, y ésta ha sido recientemente registrada por la Orquesta Filarmónica de la BBC, a las órdenes de Sir Andrew Davis.

La mascarada es muy extensa, pues su duración supera la hora y cuarto, por lo que no se la ofreceremos a nuestros oyentes. Pero sí podemos escuchar una selección sin los diálogos de Hamilton (Davis la ha registrado de ambas maneras).

Una sinfonía de color

La primera parte del Acompasa2 de hoy estará dedicada a dos sonatas del italiano Muzio Clementi (1752-1832): la Sonata para piano y flauta en la mayor op. 31 y la Sonata Nº 3 op.5 para piano y violín, en mi bemol mayor.

Después del concierto de la Fundación Juan March proponemos a nuestros oyentes escuchar la "Sinfonía de color", la primera gran obra orquestal de Arthur Bliss, de 1922. Ya en obras previas había explorado el músico el gran efecto de las posibilidades del color instrumental en los pequeños conjuntos, pero un encargo del Festival de Gloucester le dio la ocasión de explorar el terreno orquestal en una escala más amplia. Durante un tiempo, Bliss estuvo dubitativo respecto a la naturaleza de la obra, pero un libro de heráldica en el que se explicaban las asociaciones simbólicas de los colores, le dio una idea.

Su nueva partitura determinaría muchos de los aspectos del futuro del compositor. Nacía así la "Sinfonía de color", en la que Bliss demuestra cuánto ha aprendido en materia de orquestación desde Elgar a Stravinski. Las disonancias, sin duda alguna, han sido tomadas de la obra del ruso, mientras que la elegancia majestuosa de algunos pasajes es inevitablemente elgariana. La bitonalidad que se aprecia hacia el final de la sinfonía puede deberse a su relación con Milhaud y el Grupo de los seis. En el movimiento final ciertas armonías de blues también nos recuerdan lo popular que era el jazz en aquella época. Cada uno de los movimientos está asociado a un color.

-Púrpura es el primero y Bliss escribe al respecto: “Este es el color de la amatista, de las festividades, de la realeza y de la muerte”. Con sus tres temas, que conducen a un climax tras el cual son expuestos en orden inverso, la música de este movimiento tiene algo de procesionario.

-Un fiero y explosivo scherzo irrumpe en rojo, el segundo movimiento. Para Bliss este es el color de los rubíes, el vino, el jolgorio, el calor, el valor y la magia.

-Azul, tercer movimiento, es el color de los zafiros, de las aguas profundas, de los cielos, de la lealtad y de la melancolía. Aquí los instrumentos de viento madera sobrevuelan en arabescos la orquesta como céfiros sobre un insistente ritmo que para Bliss quiere ser el chapoteo del agua en torno a una canoa en un embarcadero.

-Bliss concluye la sinfonía con una doble fuga para describir el verde, el color de las esmeraldas, la esperanza, la juventud, la alegría, la primavera y la victoria. El primer tema es una marcha de gran nobleza esbozada por la cuerda, mientras que el segundo es un travieso tema en los instrumentos de viento. Ambos son combinados hasta conducir a un climax en medio del cual concluye la obra.

Escucharemos la "Sinfonía de color" con la Orquesta del Ulster, dirigida por Vernon Handley.

Rameau: una sinfonía imaginaria

El nombre de Marc Minkowski remite a la mayor parte de los melómanos a la música francesa del período barroco, un repertorio sepultado en el olvido, cuya exhumación se ha producido gracias a la tenacidad de músicos como este director francés y otros como William Christie o Christophe Rousset.

Entre los compositores a los que Minkowski ha restituido parte de su brillo original está la figura más descollante del barroco francés, Jean Philippe Rameau. Tanta es la veneración que suscita en Minkowski el autor de Las indias galantes, que en 2005 le rindió tributo a través del álbum Una sinfonía imaginaria. En él, tomando como premisa el concepto de sinfonía previo a la Escuela de Manheimm, esto es, el de pieza orquestal, habitualmente destinada a abrir un acto escénico, Minkowski se recrea en algunos de los más inspirados pasajes instrumentales del músico francés. A partir de las sinfonías y oberturas de Zais, Las Boréadas, Nais, Platée, El nacimiento de Osiris, Las Indias Galantes, Dardanus, Hipólito y Aricia, Minkowski se recrea en una faceta en la que Rameau fue un artista sobresaliente, pero que quedó un tanto eclipsada por su producción vocal y para clave.

Entre los diecisiete números hábilmente armados por Minkowski para conferir a este trabajo el aspecto de un mosaico sinfónico, encontramos también alguna pieza para clave, como La Poule, orquestada después de la muerte de Rameau, para formar parte de sus Seis conciertos en sexteto.

Hoy en Acompasa2 escucharemos este homenaje, o mejor aún, acción de gracias de Minkowski a Rameau por todos los placeres que nos dispensa su extraordinario universo sonoro, en la interpretación de Les Musiciens du Louvre.

Dos bachianas de Villa-Lobos

Este 2009 se cumplen 50 años de la muerte de Heitor Villa-Lobos, considerado ya no solamente el compositor más célebre de Brasil, sino de toda América Latina. Su aportación a la música de su país es inconmensurable: además de su ingente producción, diseñó un sistema pedagógico para todas las escuelas de Brasil basado en su música popular, del que han bebido varias generaciones de niños. Sin duda alguna, son muchos los músicos brasileños que están hoy en deuda con Villa-Lobos.

De su vasto catálogo hemos escogido para escuchar hoy en Acompasa2 sus Bachianas brasileiras, en las que logró algo tan inaudito como adecuar los elementos tonales, polifónicos, contrapuntísticos, rítmicos y estructurales de la música de Johann Sebastian Bach al folklore de su país. Ofrecemos hoy a nuestros oyentes las bachianas 1 y 3 y completaremos el ciclo en las próximas semanas.

La primera de las bachianas, escrita para una formación tan original para la época como una orquesta de violonchelos (lo cual no ha de extrañar si se tiene en cuenta que fue dedicada a Pau Casals y que, además, ése era su instrumento favorito), salió de la pluma de Villa-Lobos en 1930, pero no la estrenaría hasta dos años después, aunque incompleta, ya que sólo presentó al público los dos primeros movimientos, preludio y fuga. Todavía tendrían que pasar otros seis años más hasta que dirigiera en la Sociedade Pro-Musica de Sao Paulo la versión definitiva, con un movimiento introductorio añadido.

Para entonces Villa-Lobos (que ya había estrenado la Bachiana Nº 2) ya había tomado conciencia de su propósito de adaptar el lenguaje de Bach al folklore brasileño, para lo cual añadió a cada número una denominación tomada de la música popular de su país, sin prescindir del nombre de las formas ‘bachianas’. Así, la introducción pasaba a ser una “embolada”, el preludio una “modinha” y la fuga, una “conversa”.

El preludio es uno de los números más populares del músico y se trata de un ensoñador adagio que sigue fielmente los esquemas de los escritos por el genio de Eisenach, pero es en la fuga, de progresión poco animato, donde hace Villa-Lobos la siguiente declaración de intenciones: “Se trata de la espiritualización de la sintaxis de Bach a fin de adecuarla a la conversación musical de cuatro choros”. Curiosamente, esta fuga tiene la particularidad de parecerse poco a la del idolatrado maestro alemán.

Una particularidad de las bachianas es que finalizan con todos los instrumentos al unísono sobre una misma nota, algo que inaugura esta primera sin excepción.

Respecto a la Bachiana Nº 3, resulta sorprendente que Villa-Lobos dedicase tan sólo una de las bachianas a la combinación piano-orquesta, pero es evidente que lo hizo pensando en las capacidades de José Vieira Brandao, quien estrenaría la versión original, para piano solo, de la Nº 4. Nuevamente el estreno tiene lugar mucho después del proceso de composición, viendo la luz el 19 de febrero de 1947 en Nueva York, nueve años después de su escritura.

Villa-Lobos dirigió entonces a la Orquesta Sinfónica Columbia y a Vieira Brandao. Se estructura de la siguiente manera: Preludio (Ponteio), Fantasía (Devaneio), Aria (Modinha) y Tocata (Picapaú). Villa-Lobos introduce pasajes de gran dificultad técnica para el solista, especialmente en el primer movimiento, donde hay pasajes de verdadero virtuosismo pero sin caer en el exhibicionismo ni la espectacularidad vacía. Se trata de un adagio en re menor con una cadenza ‘meno mosso’ antes de la reexposición y otra breve, que precede la recapitulación.

El movimiento final, muy apreciado por el público, es un allegro en ¾ que pone en graves aprietos al solista, cuya parte se indica en la partitura como “Ben rimato (mecánicamente)”. A la sazón, puede considerarse esta bachiana más una suerte de Variaciones sinfónicas a la manera de Franck que un verdadero concierto para piano.

Escucharemos estas bachianas en la interpretación de la Orquesta Sinfónica de Brasil a las órdenes de Isaac Karabtchewsky y con la participación en la Nº 3 del pianista Nelson Freire.

Otras obras hoy en Acompasa2:

-Sinfonía Nº 3 de Bohuslav Martinu (1944). Orquesta Sinfónica de Bamberg. Director: Neeme Järvi.

-Pequeña Sinfonía concertante de Frank Martin (1945). Orquesta de la Suisse Romande. Director: Armin Jordan.

Joonas Kokkonen, un gran músico finlandés del siglo XX

Hoy en Acompasa2 escuchamos la Sonata Nº 21 en Do mayor op. 53 para piano de Beethoven, más conocida como “Waldstein” por estar dedicada al Conde así llamado, primer protector del músico de Bonn. La versión escogida corre a cargo del legendario pianístico ruso Emil Gilels. Proseguiremos después con uno de los músicos finlandeses más respetados y conocidos del siglo XX, Joonas Kokkonen. Kokkonen nació en 1921 y falleció en 1996 y siempre será recordado por su ópera Las últimas tentaciones, que en la época de su estreno alcanzó la friolera de quinientas representaciones, todo un hito para una ópera de nuestro tiempo que, además, se ha convertido en el título lírico nacional de Finlandia. Pero también fue Kokkonen un importante concertista de piano y músico de cámara y destacó como uno de los críticos musicales más importantes de su generación.

Su música pasó del intimismo de sus obras camerísticas iniciales a las sinfonías a gran escala, donde destacó por su meticulosa construcción y la agudeza lógica de su estructura interna. De él se dijo que su música era de un estatismo extraño para la época en la que la compuso, pero que su gran virtud fue desarrollar un universo propio sumamente coherente y original, acorde a los antes citados principios.

El concierto para violonchelo de Kokkonen fue estrenado en 1969 por el violonchelista Arto Nortas. Sobre él escribió el compositor:

Esta obra ha nacido gracias a tres personas: el gran arquitecto Alvar Aalto, que diseñó la casa en la que ahora vivo, siendo ésta la primera composición que he finalizado en ella; gracias a las numerosas conversaciones que he mantenido con él he podido ser mucho más consciente de la íntima relación existente entre la arquitectura y la música; la segunda persona es Arto Nortas, para el que quise componer un concierto después de verle tocar con tanta brillantez en el Concurso Tchaikovski de Moscú, en 1966. La tercera persona a la que quiero mencionar es mi madre, que murió en junio de 1969. El tema cantabile del adagio, pieza clave en la estructura de la obra, está relacionado con el tema de una breve pieza para órgano escrita en su memoria. Ese tema no es tanto un lamento como una expresión de luminosos recuerdos salpicados por la nostalgia.

Escucharemos este Concierto para violonchelo de Joonas Kokkonen en la interpretación de Arto Nortas como solista y la Orquesta Filarmónica de Helsinki dirigida por Paul Freeman.

Peter von Winter, un hijo de Mannheim

Peter von Winter era hijo de un brigadier y tenía sólo diez años de edad cuando se convirtió en violinista en la corte de Mannheim, desde donde pudo ser testigo del apogeo de la Escuela de Mannheim. Cuando la orquesta se trasladó a Munich, Winter fue uno de los que se trasladó a la capital bávara, donde permanecería hasta su muerte, en 1825, a los 71 años de edad. Curtido como compositor a las órdenes de Anton Joseph Hampel y el Abad Vogler, pronto hizo un nombre en Munich como compositor de óperas. Su ópera El sacrificio interrumpido tuvo tal éxito que muy pronto se representó fuera de las fronteras de Baviera.

Los viajes de Winter a otras ciudades, que le permitieron conocer personalmente a Mozart, le dieron una visión muy amplia de la música de su tiempo. Si bien la música teatral fue su principal actividad, ciertamente su producción instrumental no es menos interesante, muy especialmente gracias a ese influjo mozartiano, además de la inspiración temática de que hace gala en ella y los sorprendentes registros que extrae de los diversos instrumentos.

Como hábil violinista que era, no cabe duda de que Winter escribió con gran placer su sinfonía concertante en si bemol mayor, en la que este instrumento desarrolla un importante papel. De hecho, explora el potencial técnico del mismo hasta sus límites más extremos.

La aportación de Winter a la música del sur de Alemania fue tan grande en su tiempo que en 1814 se le otorgó un título nobiliario. En el momento de su muerte, todas las voces del mundo musical fueron elogiosas hacia él. Un crítico lo describió como siempre hermoso, ya fuese dentro de los ropajes clásicos de la poesía trágica francesa, como calzando el genio dramático de los británicos. Siempre agradaba y entretenía, sin cansar jamás.

Hoy en día, tenemos juicios como el del estudioso Kretschmar, para que el que Winter no era más genio que Simon Mayr, pero era representativo de esa hábil artesanía que combinada con una solidez profesional demuestra que el camino hacia la perfección es menos corto.

Hoy en Acompasa2 la Sinfonía Concertante en si bemol mayor de Peter von Winter, en la interpretación del Consortium Classicum y la Academy of St. Martin-in-the-Fields, a las órdenes de Iona Brown. Los solistas son los siguientes: Werner Grobholz, violín; Dieter Klöcker, clarinete; Nikolaus Grüger, trompa; y Karl-Otto Hartmann, fagot.

Acompasa2


Acompasa2 es un magazín de tarde-noche, programado de lunes a viernes, de 19.00 a 23.00 horas y presentado por Beatriz Torío y Martín Llade.
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