13 posts con categoría "Actualidad"

El liderazgo de Theresa May. No le bastará con ganar.

Theresa May, la primera ministra británica, adelantó tres años estas elecciones para reforzar su liderazgo y al cabo de casi dos meses de campaña el sentir general y el diagnóstico de los sondeos es que lo ha debilitado. El resultado de las urnas lo puede cambiar. O no.

Llegó al 10 de Downing Street por una carambola inesperada, la dimisión de David Cameron por haber perdido la jugada que creía iba a ganar: el referéndum sobre si seguir o salir de la Unión Europea. El Brexit puso a la ministra de interior de Cameron en el cargo de primera ministra. De eso aún no hace un año.

Nueve meses después y por sorpresa, el 18 de abril, después de haber insistido en que no adelantaría las elecciones previstas para 2020, Theresa May las adelantó tres años. La jugada era entonces evidente: en las urnas legitimaría el cargo que "heredó" y reforzaría su liderazgo porque ampliaría la mayoría absoluta de los conservadores en la Cámara de los Comunes.

¿Qué llevaba a ese razonamiento? Una serie de consensos entre la clase política, los analistas y los creadores de opinión: el UKIP había desaparecido como rival por la derecha y el principal partido de la oposición, el Laborista, se había ido demasiado a la izquierda al elegir como líder a Jeremy Corbyn, demasiado a la izquierda para que el electorado lo aceptase para gobernar.

Cuando Theresa May convocó las elecciones los sondeos le daban unos 20 puntos de ventaja sobre Jeremy Corbyn y muchos analistas vaticinaron que podría sacar una mayoría de entre 100 y 200 diputados. Ahora contaba con 17.

Esa mayoría tan importante y tan citada en la política británica es el número de diputados que el partido mayoritario le saca a la suma del resto. Y es importante porque la disciplina de voto de sus señorías británicas respecto al partido no es férrea y con "solo" 17 votos más que todo el resto de  partidos sumados el gobierno es susceptible de perder alguna votación a poco que se le rebelen algunos diputados.

Con esos datos y esa lógica (Jeremy Corbyn es demasiado radical para ganar) el Partido Conservador planteó una campaña presidencial: Teresa May contra Jeremy Corbyn.  Y el famoso lema Strong and Stable.  Fuerte y Estable.

Dos meses después y a la hora de votar las encuenstas reflejan un liderazgo de Theresa May que se mantiene, pero debilitado y con los laboristas de Jeremy Corbyn pisándole los talones en intención de voto. Alguna encuesta incluso ha aventurado que los tories podrían perder la mayoría absoluta que Cameron ganó contra pronóstico hace dos años.  El contraste de las respectivas campañas lo explica.  May se ha desdicho en menos de 24 horas de promesas electorales (reforzando el mote de The Economist:  Theresa Maybe), se ha negado a participar en debates con Corbyn y el resto de líderes políticos, en las entrevistas ha parecido responder como un robot (Maybot, otro mote), y sus actos han sido "blindados", alejados de grandes concentraciones de gente. Jeremy Corbyn en cambio ha hecho una campaña cercana a la gente, ha congregado multitudes y ha conectado con los jóvenes progresistas -recordando al fenómeno Bernie Sanders en los Estados Unidos- y, sobre todo, ha dado la impresión de no ser el radical peligroso que habían pintado los políticos -incluidos los de su propio grupo parlamentario- y casi toda la prensa.  A medida que avanzaba la camapaña Theresa May ha ido apareciendo más débil y dubitativa, miedosa incluso, y Jeremy Corbyn ha ido dando menos miedo.

Los dos atentados, en Manchester y Londres, no han ayudado a May. Ese contundente "Enough is enough" (Basta ya) que pronunció horas después del atentado en London Bridge se le ha vuelto en contra cada vez que le han recordado no ya que lleva casi un año de primera ministra, sino que antes fue seis años ministra de interior y que, además, los recortes del gobierno del que formaba parte afectaron a la policía. 

Un sondeo de YouGov de esta semana refleja ese empeoramiento de la imagen de Theresa May y mejoría de la de Jeremy Corbyn.  Ella le gana como líder fuerte (52% a 31%), pero ha perdido 10 puntos desde julio del año pasado (62%) y competencia (53 a 34). Él gana en honestidad y amabilidad/simpatía.

Al liderazgo de Theresa May este jueves no le basta con ganar y obtener mayoría absoluta, necesita ampliar significativamente la mayoría absoluta que tenía antes de adelantar las elecciones, 17 escaños.  Para el Financial Times una mayoría por debajo de los 50-70 escaños sería un fracaso.  Ante los electores y ante sus propios parlamentarios, que casi es más peligroso para su futuro. Es más, ya durante la campaña hay quien ha empezado a especular con posibles relevos si dimite o la hacen dimitir, y una de las candidatas es su sustituta en Interior y en el debate televisivo al que May se negó a ir. Amber Rudd.  Curándose en salud, horas antes de que abrieran los colegios electorales May se ha negado a poner un cifra, un listón para medir su victoria,    

Last but no least. El sistema electoral británico es uno de los menos proporcionales que hay en cuanto a la conversión de porcentaje de votos en escaños. El Nuevo Laborismo de Tony Blair arrasó en escaños (mayoría de 179) en 1997 con un 43% de los votos. Y los conservadores con Margaret Thatcher, mayoría de 144 con un 44%,

Categorías: Actualidad , Internacional

Anna Bosch    7.jun.2017 23:01    

Del "barrage" y el frente republicano contra Le Pen. Francia 2017 no es Francia 2002.

Hace quince años por estas fechas estaba recorriendo Francia para Informe Semanal y los telediarios. "La Francia de Le Pen".  Estábamos, como ahora, entre la primera y la segunda vuelta de la elección presidencial. Y la primera había sido un electroshock, en Francia y en Europa. Contra todo pronóstico el líder del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, padre de, había pasado a la segunda vuelta y el primer ministro socialista, Lionel Jospin, había quedado eliminado. 

2017 no es 2002.  Entonces apenas hubo debate sobre por quién votar en la segunda vuelta, y así el conservador Jacques Chirac , erosionado por el primer mandato y los casos de corrupción, pasó en catorce días de ser el presidente con peor resultado en la primera vuelta para su reelección (19,8%) al presidente más votado en la segunda, un 82% de los votos.  Un barrage (dique) anti Le Pen espectacular.  El "Frente Republicano" (que defiende los valores de la República) se movilizó de manera extraordinaria. La derecha votó a su candidato y se le unió la izquierda, que con una pinza en la nariz votó por un presidente que rechazaba dos semanas antes.  En las dos semanas de la primera  a la segunda vuelta hubo, desde la misma noche electoral,  manifestaciones de repulsa al racismo y la xenofobia de Le Pen y el Frente Nacional por toda Francia. Coreaban "Tous ensemble, tous ensemble!" (Todos juntos) y "Première, deuxième, troisième génération. Nous sommes tous des enfants d'immigrés" (Primera, segunda, tercera generación. Todos somos hijos de inmigrantes).  Otro lema fue "Votad por un corrupto, no por un fascista".  Nada parecido quince años después.

En 2017 no estoy físicamente en Francia, pero esa revolución que es internet me permite estar en contacto con mis amigos y conocidos franceses y sus charlas, debates, preocupaciones, intercambios de artículos, argumentaciones y discusiones. Y esa es la gran novedad, esta vez hay debate. Hay quien repudiando a Marine Le Pen y lo que representa no está dispuesto a votar por Emmanuel Macron. Crece el enfrentamiento entre quienes, para evitar una victoria de Marine Le Pen, llaman a votar por el joven político centrista ("socioliberal")  y quienes se muestran reticentes. Se llega al insulto, a poner amistades a prueba. Los principales argumentos de quienes se resisten a votar por Macron desde la izquierda, no solo la de Jean-Luc Mélenchon, también la de Benoît Hamon, es que ya pasaron por esto en 2002 y aquí estamos, con una ultraderecha más fuerte, y, sobre todo, que si el voto para esa derecha nacionalista y xenófoba crece es porque las políticas económicas que defiende Macron han echado a millones de electores en sus brazos y, rematan, votar por Macron hoy es seguir alimentando ese fenómeno.  Argumento al que desde el otro lado de la discusión responden: "O sea, para no tener Le Pen en 2022, ¿la tenemos ahora?"

En 2017 la pinza en la nariz para votar contra Le Pen no se la tienen que poner solo los votantes de izquierda. También en la derecha los hay reticentes a votar por Macron. Aún no han asimilado que François Fillon haya quedado eliminado. Y es comprensible, hace solo tres meses todo el mundo daba por descontado que Fillon sería presidente y ahora ni siquiera está en la final. Por la, presunta, corrupción destapada. ¿Se han quedado en el último momento sin candidato y encima tienen que votar por el heredero del socialista François Hollande? A algunos les cuesta y, en algunos casos, además, se sienten en algunas cuestiones más cerca de Marine Le Pen.

"Es la abstención lo que llevará al FN a la victoria: Con una participación por debajo del 60-65% el techo de cristal se convierte en membrana de celofán".  Escribía hace unos días el analista Aurélien Leblay en La Tribune.

No pasará. Quienes se plantean votar en blanco o abstenerse consideran que las encuestas aciertan  y que ganará Macron (le dan alrededor de 20 puntos, veinte, de ventaja) y que eso les permite el gesto de no votar por él sin arriesgarse a una presidenta Le Pen.         

2017 no es 2002. La operación de dédiabolisation de Marine Le Pen ha funcionado y ella da menos miedo que su padre. Políticamente es muchísimo más hábil.  En 2002 nadie se imaginaba que Le Pen, Jean-Marie, pudiera pasar a la segunda vuelta, ahora en 2017 todo el mundo había asumido las encuestas que pronosticaban el paso de Marine a la final, hasta el punto de que la noche del 23 de abril hubo, incluso, alivio al ver que pasaba, pero no era la más votada. Del escándalo-shock de 2002 al alivio relativo en 2017. 

En 2002 Jacques Chirac se negó a debatir con Jean-Marie Le Pen con este argumento: "No puedo aceptar la banalización de la intolerancia y el odio". Emmanuel Macron debatirá este miércoles con Marine Le Pen.   2017 no es 2002.

PD Si las encuestas fallan estrepitosamente y nos encontramos la noche del domingo 7 con presidenta Le Pen, prepárense para oír hablar del artículo 16 de la Constitución francesa.

PD 2-  En alguna ocasión que he entrado en el debate alguna amiga me ha contestado: "Gracias por interesarte tanto. Has vivido en Francia, quieres a este país y te agradezco que te sigas preocupando". Perdón, replico en esos casos, esta vez no me preocupo por vosotros, me preocupo por mí, por el resto de europeos que, al igual que el año pasado con el Brexit, vemos nuestro propio futuro en manos de otros europeos. Sin derecho a votar, apenas podemos observar y esperar.

 

Categorías: Actualidad , Internacional

Anna Bosch    1.may.2017 21:25    

"Mis" británicos europeístas. Derrotados.

Lo confieso, la gran mayoría de mis amigos y conocidos británicos son europeístas, votaron a favor de seguir en la Unión Europea y aún no se han recuperado del shock. Forman parte del 48.   48 es ya la forma de abreviar ese 48,1% que votó a favor de seguir en la UE y perdió frente a un 51,9%  que votó a favor de salir. La mañana del 24 de junio el país quedó partido en dos, los del 48% y los del 52%.

Y desde aquella mañana observo su reacción, la de los del 48, con asombro. Presuponía su profunda frustración, pero aún así me sorprendió, y aún me sigue llamando la atención, la pasión, la visceralidad, ¡la ira! con que muchos la expresan y se pelean. Parecen acalorados latinos y no flemáticos británicos. Desde esa mañana, en esas conversaciones que mantenemos en persona o a través de las redes sociales, algunos de mis amigos o conocidos británicos hablan con un desapego o incluso desprecio de su país, de esa mayoría del 52% que los arrastra fuera de la Unión Europea, de una manera para mí inimaginable antes del referéndum. He oído y leído comentarios del tipo "reniego de mi país" "país de ignorantes que se creen una sarta de mentiras".  

Algunos amigos o conocidos trabajan o colaboran con la diplomacia británica en distintos lugares del mundo y su desolación es evidente. "Yo me dedico a esto para construir, no destruir. Y lo que se me pide ahora es que destruya un edificio que hemos construido a largo de cuarenta años" me comentaba un conocido apesadumbrado. Un amiga tiene el muro en Facebook desbordado de convocatorias, denuncias, argumentos y un empeño titánico por algo que casi nadie cree posible: parar esa "caída por el precipicio" como lo describió el editorial del Observer/Guardian el domingo con un tono y un fondo durísimos que reflejan esa ira a la que me refería,  y como lo han dibujado varios cartoonistas.    

Desde ese 24 de junio muchos de esos amigos se han vuelto activistas para encontrar una fórmula, por improbable que sea, de cambiar el resultado del referéndum: firmando una petición al parlamento pidiendo un segundo referéndum, acudiendo y publicitando cuanta manifestación pro-UE se convoque, difundiendo toda encuesta que indique que la mayoría ha cambiado de lado, han puesto la bandera azul con las doce estrellas amarillas en sus fotos de perfil... Incluso, en algunos casos,  han abrazado la vuelta de Tony Blair.

Especialmente irritados y, sobre todo, preocupados están los expats,  los británicos que viven fuera del Reino Unido. En España se han movilizado para pedir que se reconozca la doble nacionalidad con el Reino Unido, para poder pedir la nacionalidad española sin tener que renunciar a la británica. Y ha nacido la plataforma Eurocitizens para luchar por los derechos de los británicos en España , y de los ciudadanos europeos en el Reino Unido, una vez que el Reino Unido ya no esté en la Unión Europea. Un día llamo a un amigo y al descolgar él el teléfono pregunto un rutinario "¿Qué tal estás?" y me responde "Bien, yo estoy bien, con los años que llevo viviendo en España puedo pedir la ciudadanía española", así, de entrada. 

Little England. Little England es una manera de referirse a "la Inglaterra profunda" y nacionalista por contraposición a la Inglaterra cosmopolita, es decir, Londres. La semana pasada en una comida un escritor inglés comentaba: "Cuando salgo de Londres me encuentro con ese lugar desconocido llamado Inglaterra". Porque es Inglaterra. Es Inglaterra la nación británica donde vive más del 80% de la población y del electorado y es quien lleva al resto del país fuera de la Unión Europea. 

Una reacción habitual del 52% ganador suele ser: "Aceptad y asumid de una vez el resultado. Habéis perdido. Pero claro, os cuesta asimilarlo porque vivís en la burbuja de Londres: tan cosmopolitas, elitistas, veis la BBC, leéis el Guardian y el Financial Times. No os enteráis del país real". Ah, el país real en contraposición a las élites.  

Oyendo y leyendo esos intercambios me doy cuenta de que se parecen como dos gotas de agua a la bronca entre votantes de Hillary Clinton y votantes de Donald Trump en los Estados Unidos. Esa polarización, esa sociedad partida en dos, enfrentada. Ese metro versus retro como dicen en los EE.UU., las grandes ciudades contrapuestas a las pequeñas y al mundo rural y post-industrial del interior. ¿Ha cobrado una dimensión nueva esa división o es simplemente que ahora nos damos más cuenta?

Este miércoles la primera ministra británica, Theresa May, que lo es porque David Cameron dimitió por perder el referéndum que él convocó, invoca el famoso Artículo 50 del Tratado de Lisboa y a partir de ahí empieza la cuenta atrás de, en teoría, dos años. Y en dos años, el divorcio. Todo en teoría porque lo que este miércoles se pone en marcha es un mecanismo que nunca antes se ha probado. Uncharted waters. Aguas nunca navegadas, incluso para quienes fueron imperio naval y solían dominar las olas. Rule, Britannia, Britannia, rule the waves...    

 

Categorías: Actualidad , Internacional

Anna Bosch   28.mar.2017 16:37    

La victoria de Trump y la señora que me susurró

Domingo, 6 de noviembre. Uno de esos días soleados de otoño de Washington que te enamoran. Objetivo: recoger las opiniones de algunos ciudadanos sobre la elección que tendrá lugar en apenas cuarenta y ocho horas, Hillary Clinton o Donald Trump para presidente de los Estados Unidos.

Como preguntar a los washingtonianos no tiene sentido porque votan siempre de manera abrumadora por los demócratas (Hillary Clinton acabó ganando con el 92,8%) me dirijo a los alrededores de la Casa Blanca, punto de peregrinación para cualquier turista en la capital federal, en busca de ciudadanos de otros lugares del país, especialmente de los swing states,  esos estados que unas veces se decantan por los demócratas y otras, por los republicanos y de cuya inclinación depende el resultado final.  Encuentro una pareja de Ohio, ¡bingo! As Ohio goes so goes the nation dice el proverbio electoral, lo que decide Ohio es lo que decide el país. Les pregunto quién creen que ganará en Ohio y me dicen que "50-50". Ni nos resuelven la duda, ni nos dan una sorpresa a la vista de cómo van las últimas encuestas. 

Haciéndose un autorretrado con la hermosa fachada del lado sur me encuentro una familia de Pennsylvania. Bien, otro de los estados-campo de batalla de estas elecciones. En Filadelfia cerró Hillary Clinton su campaña por todo lo alto con Bill, Chelsea, los Obama y Bruce Springsteen. Son un matrimonio y su hija adolescente. Blancos, aparentemente de clase media, y de Filadelfia. Con ese perfil pienso que van a ser votantes demócratas. Les pregunto si sienten que esta es una elección especial y me dicen que sí porque dependiendo del resultado puede ser terrorífico. ¿En qué sentido? Antes de responder la señora mira a derecha e izquierda y me dice que no se siente cómoda respondiendo ese tipo de preguntas, "aquí...y con gente alrededor que puede oírme". Después de una pausa la señora agacha la cabeza, se acerca a mí -lo cual nos da un plano televisivo inusual, pero significativo- y me susurra "Si Hillary gana, va a ser terrible. No la soporto, es una mentirosa". Se incorpora y procurando mantener un tono bajo de voz subraya su animadversión por la candidata: "Y eso que voté por Bill en las dos ocasiones".  ¿Puedo deducir que van a votar por Trump? pregunto. "Lo puede deducir, si" me contesta el marido. He conseguido que me digan por quién van a votar y por qué, en un estado que ha resultado decisivo, pero ha requerido tiempo y no han pronunciado el nombre del candidato en ningún momento 

Votantes de Donald Trump hay muchos, no hay un perfil único, pero este matrimonio da algunas claves que pueden servir para explicar por qué se equivocaron tanto las encuestas y por qué hubo tantos que votaron por Obama y no lo hicieron por Clinton. Clarísimamente esta familia se sentía incómoda diciendo que iban a votar por Trump ante una periodista,  sospechosa por serlo de pertenecer a esas "élites progresistas alejadas del pueblo", y rodeados de otras personas que probablemente tenían demonizados a los votantes de Trump y, más, en una ciudad tan espectacularmente prodemócrata y que es la encarnación del sistema, el establishment, las élites contra las que Trump ha hecho campaña. Tiene lógica pensar que la misma coacción pueden sentir ante los encuestadores de opinión, parte del sistema también. De ahí tantísimo voto oculto. Su testimonio avala también la fuerza electoral que puede haber tenido la antipatía que despierta Hillary Clinton, y que tanto ha explotado Donald Trump en la campaña, una razón para votar contra ella o quedarse en casa.

¿Y la hija? Su testimonio es igualmente ilustrativo: "Tengo 17 años y me alegro de no tener aún derecho a votar. Es un alivio no tener que elegir entre estos dos candidatos y después de esta campaña. De poder votar probablemente lo acabaría haciendo por un tercero".

 

 

 

 

Categorías: Actualidad , Internacional

Anna Bosch   12.nov.2016 20:02    

Estos días en Niza y la rabia de Francia

Sábado pasada la medianoche en el Paseo de los Ingleses, la Promenade des Anglais, la Prom, en Niza. Se acercan dos señores. Andan despacio y van mirando al suelo como quien busca un anillo o un pendiente que se le ha caído. "¿Estás seguro de que es aquí?" le pregunta en italiano un señor al otro. "Sí, estoy seguro, exactamente ahí". Me acerco y casi susurrando le pregunto si puedo preguntar. Se me queda mirando sin ira y con la serenidad de quien lo ha llorado todo en cuarenta y ocho horas señala ese punto en el asfalto y me responde: "Ahí murió mi mujer anteayer. El camión vino por ahí detrás, echamos a correr, pero ella no pudo escapar...no le puedo decir más".  

Domingo al mediodía, dos mujeres jóvenes, por su fisonomía y acento francesas probablemente de familia magrebí, pasean por la Prom con dos grandes ramos de flores blancas. Cuando se acercan dos policías a caballo una de ellas  empieza a increparlas: "¡¿Qué hacéis ahora?! ¡Esto no es más que teatro! ¡¿Dónde estabais el jueves por  la noche cuando mataron a mi madre?!" Una de las policías le responde con calma y suave en el tono: "No diga eso, mi compañera estuvo aquí toda a noche e hizo todo lo que pudo". La escena se alarga, la hija de la fallecida en el atentado sigue increpando a las dos policías, las policías en lo alto de sus caballos aguantan. 

Lunes al mediodía. Hay convocado en toda Francia un minuto de silencio por las víctimas. En la Prom, de hecho, en esos tramos en los que espontáneamente se han dejado flores, velas y peluches, llevan tres días de silencio. Como era de esperar ese minuto oficial acaba con los miles de personas presentes cantando La Marsellesa. Y tras ese himno que suele ser símbolo de unidad y de fraternité, el enfrentamiento, el choc: La multitud pasa del silencio y una Marsellesa susurrada a un estruendo de silbidos, abucheos y, también, aplausos. Pregunto a quién abuchean, a los élus responden.  A los cargos electos, a las autoridades, pero sobre todo al primer ministro, Manuel Valls, presente en ese homenaje. Piden su dimisión y le llegan a gritar "asesino". Hay quien dice que fue orquestado por el ultraderechista Frente Nacional. Y tal vez alguien del FN fue el primero en gritarle al primer ministro socialista en este feudo de la derecha y la extrema derecha que es la Costa Azul en general y Niza en particular , pero lo que me impresionó fue lo fácil que prendió la mecha entre los ciudadanos presentes.

 

 

Se quejaban de las pocas medidas de seguridad, de por qué no habían mantenido los controles de la Eurocopa, y repetían esa acusación de que la matanza se podía haber evitado. Niza es una ciudad de extremos: feudo de la ultraderecha y del yihadismo. Una señora se me acercó para decir que no era en Siria donde tenían que bombardear, "los tenemos aquí", otra anunciaba que  iba a comprarse un Kaláshnikov para defenderse por su cuenta, 

Francia ha sufrido la muerte de  más de doscientas personas en apenas ocho meses, desde el 13 de noviembre en París. Desde entonces está en estado de emergencia, una excepcionalidad que va para largo. Y los ánimos están muy encrespados. Y lo están no solo por el dolor, la frustración y el miedo que produce esa acumulación de muertes, lo están también porque los políticos, esos élus para gestionar la cosa pública están usando este último atentado como arma política y atizan el fuego de la crispación .

Están en una campaña que tiene varios frentes: En primavera se elegirá Presidente de la República y antes, en noviembre, dentro de cuatro meses, serán las primarias en el partido de la derecha (Les Républicains, según su última denominación) para elegir candidato. Campaña dentro del partido de la derecha, en la oposición, campaña entre la derecha y el partido socialista en el gobierno, y, también y sobre todo, campaña frente a esa sombra cada vez más alargada que es la ultraderecha del Front National con Marine Le Pen que se ve ya en la segunda vuelta de las presidenciales. Según un sondeo encargado por Le Figaro, solo un 33% de los franceses confían en el gobierno Hollande en materia antiterrorista y el 81% están dispuestos a ceder más en sus libertades en nombre de la seguridad.  Una de las propuestas de la derecha es crear una especie de Guantánamos, centros de detención preventiva de sospechosos, en Francia. 

Si alguna vez hubo unidad frente al terrorismo se ha esfumado. Francia es hoy un país dolorido, atemorizado y dividido. 

  

 

Categorías: Actualidad , Internacional

Anna Bosch   21.jul.2016 20:57    

El asesinato de Jo Cox y la democracia británica

Sigo en la distancia la conmoción en el Reino Unido por el asesinato, brutal, de la diputada Jo Cox. Y no me cuesta imaginar el estado de shock en el que se encuentran sus conciudadanos. Al asesinato no se suma solo el ensañamiento del asesino con Jo Cox y sus circunstancias personales. A su asesinato se le suma un atentado a una democracia de cercanía que se basa en parte en que los diputados puedan, deban de hecho, ir por la calle y entablar conversación con sus vecinos y electores. El sistema electoral es de un candidato/a por circunscripción,  la constituency, palabra, concepto fundamental en la democracia británica.  De modo que cada candidato/a debe, él o ella, personalmente ganarse los votos, ganarse la confianza de los electores y revalidarla con sus intervenciones y sus iniciativas parlamentarias, si quiere ser reelegido/a.  Tiene que tener la oficina y el correo abiertos a esos electores, a los ciudadanos de su circunscripción, a su constituency, y debe escucharlos, conversar y discutir con ellos.  Los ciudadanos británicos, sobre todo en las localidades pequeñas, saben quién es su diputado o diputada y no dudan en abordalos por la calle.   Matar a una diputada en la calle es atentar contra esa relación fundamental de la democracia británica que los británicos tienen muy interiorizada.

Con cautela, porque de momento no se ha establecido una relación directa entre el asesinato y el referéndum sobre la Unión Europea, la muerte de Jo Cox ha hecho que muchos cuestionen hoy en el Reino Unido el tono de esta campaña electoral. Un tono cada día más agresivo, visceral y xenófobo.  Jo Cox se había dedicado siempre con pasión a defender a los más vulnerables, primero como activista en Oxfam y este último año como diputada. Una de sus causas últimas, además de seguir en la Unión Europea, fueron los refugiados. Según testigos, quien la mató gritó algo parecido a “Gran Bretaña, primero”. No se ha establecido de momento un vínculo directo entre el asesinato y la campaña de referéndum, pero hoy crecen las voces que invocan la necesidad de erradicar el odio del debate político. Y el abogado más sobrecogedor de esa causa es el marido, perdón, el viudo y padre de los hijos de Jo Cox  que ha hecho pública esta declaración.  "Jo habría querido que ahora pasaran dos cosas por encima de todo: una, que nuestros hijos estén arropados con amor y la otra, que nos unamos contra el odio que la ha matado. El odio no tiene credo, ni raza, ni religión. Es venenoso".

Categorías: Actualidad , Internacional

Anna Bosch   17.jun.2016 15:15    

Los atentados de Bruselas

Unas pinceladas adicionales a propósito de lo visto, escuchado y sentido la semana que he estado de enviada especial en Bruselas. Estuvimos -plural porque no iba sola, iba con el equipo de reporteros gráficos- muchas horas en la calle.

Esto no es el islam. Es lo primero que nos decían todos los musulmanes con quienes entablábamos conversación, la mayoría marroquíes. Esto no es el islam nos repetían una y otra vez. Después de los muertos, los heridos y sus familias, ellos sienten que son las otras víctimas de estos atentados. Temen que aumente el recelo hacia ellos, que su fisonomía o su vestimenta les haga sospechosos. Temen l'amalgame , que los metan a todos en el mismo saco de los terroristas. Que aumente la islamofobia, la xenofobia, la discriminación.  

Mezquita, puertas abiertas. Una muestra de esa necesidad de los musulmanes de Bélgica de mostrar su rechazo a las acciones violentas de una minoría fue que el primer viernes tras los atentados la Gran Mezquita de Bruselas abrió sus puertas a los periodistas durante la oración, nos invitaban. A la salida la congregación repetía los argumentos del imam para repudiar a quienes abrazan la violencia: "Están destruyendo décadas de convivencia pacífica en Bélgica", "Que no hablen en nuestro nombre porque nunca se han interesado por los problemas de la comunidad". Los responsables de la mezquita nos adelantaron que iban a ponerse en contacto con los varios gobiernos belgas (federal, valón, flamenco, municipal) para poner en marcha un programa de desradicalización de jóvenes.  

Bélgica es el país europeo del que proporcionalmente más yihadistas van a Siria e Irak, un organismo basado en Londres calcula que son 40 por millón de habitantes. En  Dinamarca, 27; Suecia, 19; Francia, 18; Reino Unido, 9.5; España, 2.

Educación y esperanza. Dos argumentos de nuevo comunes entre mis interlocutores árabes en los barrios de Molenbeek y Schaerbeek, dos barrios que temen la estigmatización por los vínculos que están saliendo con los terroristas de París y Bruselas. "Son jóvenes con muy poca formación cultural, algunos tienen antecedentes por delincuencia común, en Molenbeek el paro juvenil es del 40% y es muy fácil que venga alguien y les lave el cerebro". Formulado de varias maneras es el argumento que más escuché de quienes han sido vecinos de algunos de esos jóvenes "descarriados" como los calificó un joven a la salida de la mezquita. 

Ellas. En los barrios con fuerte presencia árabe no todos los hombres querían hablar con los periodistas, muchos nos impedían grabar siquiera imágenes de sus tiendas, pero muchos otros hablaron con ganas, con muchas ganas. Ellas, no. Logré hablar con muchas menos mujeres que hombres. Se negaban a secas o me decían que no hablaban francés, solo árabe, y como yo no entiendo árabe (y ese es mi fallo, no el suyo), ahí terminaba educadamente el intento.  

Bélgica, en el diván.  Bélgica lleva años en el diván de la identidad nacional y la convivencia, marcada sobre todo por las desavenencias entre los dos grandes grupos lingüísticos, los valones francófonos y los flamencos neerlandófonos. A esos elementos tradicionales para el debate sobre la diversidad se les ha sumado ahora de forma traumática el de la población de origen árabe, en particular, y musulmana, en general. Si la televisión y los periódicos son un reflejo de la sociedad, la Bélgica que me he encontrado en esos días está bajo un triple shock: la conmoción evidente por la matanza, la conmoción por la fractura, una más, en la convivencia, y la conmoción por verse de nuevo -como ya lo fueron a raíz de los atentados de París en noviembre- señalados desde fuera, especialmente por Francia y los Estados Unidos, como un país con unos servicios de inteligencia poco fiables, hay incluso quien ha llegado al exceso de calificar a Bélgica de estado fallido, que es la terminología que se usa para, por ejemplo, Somalia.

La tensión y el recelo entre valones y flamencos afloró, por ejemplo, cuando unos centenares de hinchas ultra irrumpieron -acompañados por la policía- en la plaza de la Bolsa, la plaza que se ha convertido en lugar para el homenaje a las víctimas. "¡¿Qué se puede esperar teniendo un ministro fascista?!" me espetó una señora ante esa escena. Al cuestionarle la contundencia de su afirmación remachó respecto al ministro (de interior): "Es flamenco". A unos metros, un señor y una señora discutían: "Una panda de fascistas, flamencos" "No es verdad, no son todos flamencos, hay hinchas del Lieja también".  Al día siguiente el alcalde de Bruselas hizo esta declaración: "Flandes ha venido a ensuciar Bruselas con sus extremistas". Los hinchas venían de la ciudad flamenca de Vilvorde, muy cerca de Bruselas.

En la edición del fin de semana de Pascua, el primer fin de semana tras los atentados, los principales periódicos incluían suplementos con titulares elocuentes: "Bélgica rota" y "Vivir juntos".  Y algunos regalaban banderas belgas de cartón. Había en los balcones y ventanas más banderas belgas de lo habitual, pero, ni de lejos, nada, nada comparable al efecto de los atentados de noviembre en París o los del 11-S en los Estados Unidos.

 

20160401_134227

  20160401_134239

 

Ha sido un atentado en casa, contra nuestro día a día. Con ello no me refiero a los belgas. Me refiero a nosotros, europeos del siglo XXI. En este atentado ha habido víctimas de una veintena de nacionalidades, algunas con doble o triple nacionalidad. Para muchos, muchos ya, ciudadanos europeos el aeropuerto de Bruselas es tan transporte frecuente como el metro. Europa es un continente físicamente pequeño que la libertad de movimiento dentro de la Unión Europea ha hecho más pequeño aún, en el sentido de lo fácil y habitual que es ir de un país a otro. Trabajar y tener la familia, la cultura y los afectos en dos o más países es la realidad de muchos de nosotros.  Al igual que hace un año en el aeropuerto de Düsseldorf me encontré el testimonio de muchos europeos -alemanes y españoles- que me decían "La de veces que yo hago ese vuelo Barcelona-Düsseldorf",  me he encontrado ahora con españoles y otros europeos que viven o viajan muy a menudo a la que es nuestra capital política europea.

Las víctimas de distintos orígenes son una prueba trágica de la Europa en que muchos vivimos, una Europa sin fronteras. Estas matanzas, el miedo y las medidas de seguridad crecientes que generan las reconstruyen. 

 

20160325_105032

"Soy francés y amo a una húngara que vive en Bruselas. Trabajo con colegas de Alemania, Italia, Turquía, Portugal.  Julien el europeo".

En los homenajes espontáneos a las víctimas en la plaza de la Bolsa y la boca de metro de la estación de Maalbeek/Maelbeek encontré textos con dolor, con declaraciones europeístas, y un patriotismo  minimalista, poético y no exento de humor que coge por bandera a Brel, los cucuruchos de patatas fritas y los waffles (gofres).

20160325_110715

20160325_105146

 

20160325_111714

 

 

P.D.  Lo digo siempre y lo repito, la televisión es una labor de equipo. Las crónicas que he hecho estos días en Bruselas no habrían sido posibles sin el trabajo en equipo, en especial de los reporteros Luis Sánchez, Alfredo S.Toledo, José Mª Ballano y Juan Barroso; y los colegas de la corresponsalía de tve en Bruselas. 

Te molenbeek

Recuerdo de Molenbeek

Categorías: Actualidad

Anna Bosch    1.abr.2016 20:24    

Charleston. Mis recuerdos del Sur.

He estado en Carolina del Sur. Dos veces. He estado en Charleston.  Dos veces. El casco histórico es bonito y turístico y te transporta a esas escenas del Sur elegante y amable que nos dejó incrustadas en la memoria cinematográfica la Atlanta previa a la guerra de Gone With the Wind ("Lo que el viento se llevó").  Si una pasea y los busca encuentra también testimonios de otras escenas menos "galantes" que no nos llevan a la Scarlett O'Hara de Margaret Mitchell,  sino al Tío Tom de Harriet Beecher Stowe.  En ese casco antiguo de Charleston queda aún algo del viejo mercado de esclavos convertido hoy en modesto museo. Es uno de los pocos mercados de esclavos que no han sido completamente destruidos y borrados de la memoria urbanística e histórica. El museo del viejo mercado está a pocas manzanas de la iglesia, histórica de la lucha contra la esclavitud, donde el joven blanco mató el miércoles a nueve feligreses negros. 

  Old Slave Market

En un parque del hermoso paseo marítimo se recuerda que Carolina del Sur fue el primer estado en independizarse de la Unión y que en Charleston se lanzó el primer disparo de la Guerra Civil, la Guerra de Secesión. El primer disparo de la Confederación contra la Unión de Abraham Lincoln. 

Y en las afueras de la ciudad pueden visitarse antiguas plantaciones. Yo visité la de Boone Hall. El guía blanco daba las explicaciones desde la perspectiva del Sur, contextualizando, dando las dos versiones del enfrentamiento entre el sur esclavista y el norte emancipador, explicando el porqué de las reivindicaciones de los estados esclavistas. No fue un discurso racista, no defendió la esclavitud ni la supremacía blanca, pero desde luego defendió una posición sudista.

En los amplios y hermosos jardines los barracones donde vivían los esclavos son museo y en las paredes de uno de ellos había una cronología de la historia de la esclavitud en lo que hoy son los Estados Unidos. Yo lo visité en el verano de 2009 y esa cronología terminaba medio año antes, en noviembre de 2008: Elección del primer presidente negro.  Una cronología con un crescendo dramático y un happy ending, final feliz, digno de Hollywood.     

Para millones de ciudadanos fue, si no un happy ending, sí un hito que les devolvió el orgullo nacional y les hizo sacar pecho democrático. Pocos se atrevieron en las semanas inmediatas a esa elección a criticarla abiertamente con argumentos racistas, pero algunas de las consignas contra Obama en sus dos presidencias disimulan poco ese trasfondo, como el "que nos devuelvan nuestro país" ("our country back"). Lo menciona David Remnick en su artículo en el New Yorker "Charleston en la era de Obama". En él escribe "para un número indeterminado de americanos la elección de Obama fue causa de resentimiento".

Carolina del Sur fue el primer "estado del Sur" (eufemismo, recurso que se utiliza en el lenguaje de los Estados Unidos si se quiere evitar decir un estado con mucha población negra) de aquellas legendarias ya, y, sí, también históricas, elecciones primarias en las que el Partido Demócrata elegía entre presentar como candidato a presidente a la primera mujer o al primer afroamericano. Allí fuimos el equipo de TVE en Washington para ver cómo votaban los electores negros del Partido Demócrata. Era un test doble:  ¿Aceptarían los negros a Barack Obama como uno de los suyos? Él, a diferencia de Michelle, no desciende de esclavos, la negritud le viene de un padre keniata que estuvo de paso en los EEUU y lo educó la familia materna, blanca. Y, segunda prueba, ¿se atreverían a votar por él? "Votaré por Hillary porque una mujer tiene más posibilidades. En este país a un hombre negro lo siguen viendo como un delincuente potencial, es a quien menos oportunidades se le dan", razonó una ciudadana negra a la que entrevistamos.  

La respuesta a las dos preguntas fue afirmativa. Los periodistas de televisión lo contamos con la cúpula del Capitolio (el parlamento) del estado detrás, como fondo. En la capital, Columbia. En ese encuendre resultaba imposible verlo, pero junto a la sede del legislativo estatal ondeaba la bandera de la Confederación. Igual que están en pie estatuas y calles en honor a generales sudistas.

Esa bandera derrotada en la guerra, pero no tanto en la paz, junto al Capitolio lleva años siendo polémica. Y sigue ahí en esa tensión que los Estados Unidos viven al extremo entre lo políticamente correcto y la libertad de expresión que ampara la Primera Enmienda de la Constitución.

Esa bandera sigue ondeando hoy después de que un joven blanco matara a nueve feligreses negros dentro de una iglesia histórica de la lucha contra la esclavitud en  Carolina del Sur, en Charleston.  Esa bandera sigue ondeando y no está a media asta.

Categorías: Actualidad

Anna Bosch   19.jun.2015 21:27    

Del día de los superlativos y el drama

Para quienes nos gusta seguir la política británica y la conocemos un poco ha sido una noche- madrugada-mañana apasionante. Empezamos con un guión que nos habían dado las encuestas preelectorales y que decía que no habría claro ganador, que los resultados de los dos principales partidos (Conservadores y Laboristas) serían muy ajustados, neck and neck, y que nos esperaban días, semanas incluso, de negociaciones difíciles para formar coalición de gobierno.  No se podía descartar, decía el guión,  la posibilidad de nuevas elecciones antes de Navidades. Qué lejos queda todo apenas veinticuatro horas después. 

If the exit poll is right

El primer aviso de que el guión no valía llegó con el shock de la encuesta llamada "a pie de urna" (exit poll) que encargan las televisiones: las matemáticas permitirían repetir la coalición de gobierno de los últimos cinco años, la de Conservadores y Liberaldemócratas, con unos liberales, eso sí, muy reducidos en representación. Ellos y los Laboristas, los otros perdedores, ponían en duda el sondeo, el exlíder de los Libdem Paddy Ashdown llegó a prometer que si el sondeo acertaba él se comería su sombrero en directo, y Alastair Campbell, ex-spin doctor de Tony Blair, prometió comerse su kilt.

 

 

El drama del sondeo a pie de urna se quedó corto.

A medida que iban apareciendo los resultados  la tensión dramática de la realidad superaba con mucho al guión previo. Victorias y derrotas épicas.  Tanto que se repetían y agotaban los superlativos para calificar el significado y la trascendencia de los resultados electorales: victoria arrolladora e inesperada, castigo cruel, terrible, humillación, aniquilación, aplastamiento, debacle, frustración...  

La tensión dramática de ver cómo los dirigentes de los Libdem, el ministro Vince Cable, por ejemplo, perdían su escaño. O los casos de Ed Balls y Douglas Alexander, que se levantaron el jueves pensando que podrían ser los próximos ministros laboristas de Economía y de Exteriores y se acostaron sin escaño. Para ser miembro del gobierno británico hay que ser parlamentario. Y lo de perder el escaño en el Reino Unido es un trago que hay que pasar en público  y transmitido a todo el mundo. Así se leen y dan a conocer los resultados por cada circunscripción:

 

 

  

 Al mediodía del viernes las elecciones ya habían hecho un hat trick de dimisiones de líderes: Nick Clegg, hasta ese momento viceprimer ministro liberaldemócrata reelegido, Ed Miliband, el líder de los laboristas y hasta hacía pocas horas candidato a primer ministro, y Nigel Farage, vencedor porque su partido, el eurófobo UKIP, ha subido en votos y se ha convertido en la tercera fuerza en votos, pero como él no ha conseguido escaño ha dimitido.  

En pocas horas las elecciones "más disputadas que se recordaban" han pasado a ser unas elecciones "que pueden cambiar la misma conformación política y territorial del país".

Desapareció la incógnita para la que nos habíamos preparado, quién podría gobernar. No hay duda, los Conservadores han obtenido mayoría absoluta. Pero se han abierto otras:

¿Qué pasará con el Partido Laborista?

El fracaso ¿es solo atribuible a la falta de carisma de Ed Miliband, la dificultad de los británicos de verlo como primer ministro? ¿Ha sido por el miedo a que para gobernar llegaran a algún tipo de pacto con los independentistas escoceses? ¿O es por el intento de Miliband -que debe su liderazgo en el partido al voto de los sindicatos- de llevar el Partido Laborista a posiciones más de izquierda, convencido de que el Nuevo Laborismo lo había llevado demasiado a la derecha y era eso lo que le había hecho perder votos?  

¿Qué pasará con los Liberaldemócratas?

La derrota tal vez más cruel de estas elecciones. Décadas de tercer partido, acumulando la frustración de que el sistema británico está pensado solo para dos, que solo obtiene representación el partido que logra la primera posición de la demarcación y el resto de votos no tienen ningún reflejo en el parlamento, y cuando les llega la oportunidad de poder gobernar es en un momento de crisis y se ven prácticamente obligados a pactar contranatura con los conservadores cuando siempre habían estado más cerca de los laboristas. Los votantes no les han perdonado la traición. Los electores han castigado duramente a los Libdem (han pasado de 57 escaños en 2010 a 8 en 2015) mientras que han premiado a los Conservadores, les han dado la mayoría absoluta que no lograron hace cinco años (de 307 a 331).

¿Referéndum o referéndums? ¿El futuro de las Uniones?

David Cameron ha prometido que de aquí a finales de 2017 convocará un referéndum par decidir si siguen o salen de la Unión Europea (otra victoria del UKIP, esta promesa). Es decir, previsiblemente se avecinan dos años de más tensión dentro de la Unión Europea y la posibilidad de algo que no estaba previsto, que uno de los estados miembros la abandone.

Y en ese caso los escoceses probablemente reclamarían otro referéndum de independencia porque ellos mayoritariamente quieren seguir en la UE.

La paradoja del SNP

El Partido Nacional Escocés ha arrasado, ha pasado de tener 6 diputados en el parlamento de Londres a tener 56. 56 de un total de 59 que tiene Escocia. Apabullante. Pero el gran objetivo que pretendía, que era impedir un nuevo gobierno conservador no se ha conseguido y, un factor ha sido el miedo/rechazo de muchos ingleses a que para formar gobierno los laboristas tuvieran que llegar a algún tipo de pacto con los independentistas escoceses.

La pradoja del UKIP

Si se fijan en que solo ha conseguido un escaño (ha perdido uno de los dos que logró en otoño) pensarán que un perdedor. Olvídense. Piensen en estos otros: es el partido que más ha crecido en votos, un 9,5%, ha desbancado a los Liberaldemócratas y se ha convertido  en el tercer partido en votos. Y, el dato clave en el sistema británico: ha logrado convertirse en la segunda fuerza en muchas circunscripciones, lo cual quiere decir que en este sistema en que solo obtiene escaño el que queda primero, no hay que descartar que en las próximas elecciones en algunas o muchas de ellas pase del segundo al prmer puesto. En cuanto a Nigel Farage, ya dimitió una vez y el partido lo reclamó porque es su principal gancho.

División

El mapa parlamentario que sale de estas elecciones agudiza la división interna: En Inglaterra dominan los Conservadores, la representación escocesa es casi exclusivamente del SNP, en Gales se imponen los Laboristas y en Irlanda del Norte, la división entre protestantes y católicos con sus propios partidos.

Cameron, cuerpo a tierra que vienen los nuestros

El gran ganador. Él personalmente porque ve su liderazgo reforzado al conseguir una mayoría absoluta contra todo pronóstico y después de cinco años de gobierno. Un liderazgo que nunca cuajó en parte del partido hasta el punto de que había quinielas desde hace tiempo sobre quién le iba disputar el puesto a estas horas más o menos. Tendrán que esperar.  Pero, ojo, muchos analistas advierten de que a partir de ahora David Cameron ya no tendrá que preocuparse por la tensión con sus aliados de coalición, pero igual los añora cuando empiecen las tensiones con el ala más a la derecha y más antieuropea de su propio partido. Un clásico. 

PD ¿Ha cumplido Paddy Ashdown la promesa de comerse su sombrero?

El periodista de la BBC apenas dejó pasar unas horas para ofrecerle a Lord Ashdown un sombrero con tal fin. ¿La reacción de Ashdown? Compometerse a hacerlo en público, pero conjuntamente con Campbell comiéndose su kilt. Aquí la escena. 

 

 

 

Categorías: Actualidad

Anna Bosch    9.may.2015 01:37    

El camión de la mudanza en Downing Street

El sistema electoral británico está pensado para que dos grandes partidos vayan alternándose en el gobierno con mayoría absoluta porque consideran que es la garantía de un gobierno estable.  Hace cinco años, cuando las últimas elecciones, quienes las cubrimos contamos el desconcierto, conmoción incluso, de los británicos al no tener una mayoría clara la madrugada siguiente a la jornada electoral y tener que ir a un gobierno de coalición, algo que no ocurría desde los años 70.

Cuando quien gana es el partido en la oposición y, de acuerdo al ideal del sistema británico, lo hace por mayoría absoluta el relevo es inmediato. Inmediato. La última vez que se produjo fue en mayo de 1997 cuando la victoria arrolladora del (Nuevo) Laborismo de Tony Blair. Con pocas horas dormidas la mañana del día siguiente a las elecciones John Major y su esposa salieron y se despidieron de Downing Street, sede del consejo de ministros y residencia del primer ministro,  mientras un camión de mudanzas en la parte trasera cargaba sus pertenencias. Pocas horas después entraba el nuevo primer ministro, Tony Blair, con su esposa.

El camión, a la espera

Si las encuestas aciertan, en esta ocasión el camión de mudanzas deberá esperar todavía más que en las últimas elecciones. En 2010 pasaron cinco días hasta que el primer ministro saliente, el laborista Gordon Brown, tiró la toalla, dimitió y le pasó el testigo a David Cameron, que, sin mayoría absoluta, tuvo que formar coalición con los liberaldemócratas.

Las encuestas dicen que aquello no fue nada comparado con lo que se avecina la mañana de este viernes, 8 de mayo. Según esas encuestas, hay varios factores que retrasarán, puede que semanas (poco para otros países, España por ejemplo, no digamos ya Bélgica, pero mucho para el Reino Unido), la formación de un nuevo gobierno.

Algunos factores -según las encuestas- que lo complican:

-Los dos grandes partidos, el Conservador y el Laborista, sacarán menos parlamentarios que en 2010 y necesitarán más apoyos.

-Puede que no baste con una coalición de dos, incluso que sea imposible.  Si descartamos la "gran coalición" de conservadores y laboristas y las encuesta aciertan, puede que el único partido capaz de sumar los escaños suficientes para que uno de los grandes alcance la mayoría parlamentaria necesaria sea el SNP, el partido nacionalista escocés. Y ahí está el problema. En el caso de los conservadores el SNP se niega a favorecer su gobierno. El enfrentamiento a las políticas de los conservadores es uno de los pilares del SNP. En el caso de los Laboristas, su líder, Ed Miliband, ha prometido con vehemencia que no pactará con ellos. Y no solo porque el SNP es independentista, sino porque se les está comiendo el electorado en Escocia.      

-Escarmentados por el gobierno de coalición que formaron hace cinco años muchos diputados de los dos partidos implicados (y damnificados desde su punto de vista), el Conservador y el Libdem, exigen que esta vez no baste con el acuerdo de los líderes y su equipo negociador, sino que se someta el pacto de gobierno a la votación del grupo parlamentario.   

Fecha límite

En el Reino Unido no hay una investidura como la conocemos en España y otros países. El procedimiento suele ser que en cuanto un candidato ve que cuenta con la mayoría parlamentaria se presenta a la reina y ésta le encarga la formación de gobierno. Al salir de Buckingham Palace el nuevo primer ministro ya va directamente a ocupar Downing Street.  Y es la reina quien al cabo de unos días lee las intenciones del nuevo gobierno en el parlamento, es el Queen's Speech  al que siguen unos días de debate, y tras el debate se somete a votación. Como previamente el nuevo primer ministro se ha garantizado la mayoría parlamentaria (en las urnas o con pactos) no suele haber sorpresas:  se aprueba el programa de gobierno y ya empieza a funcionar.  Este año el día fijado para el Queen's Speech es el miércoles 27 de mayo. Veinte días después de las elecciones. 

Es de suponer que los Cameron ya se han puesto en contacto con una empresa de mudanzas para que se lleven sus pertenencias, si los conservadores no logran formar gobierno y le ceden el testigo a los laboristas. Pero, tal como repiten desde hace meses todas las encuestas y con ellas los analistas, no está claro si tendrán que empaquetar, ni, en caso afirmativo, cuándo. Y esa incertidumbre para el Reino Unido es una anomalía.

Y todas estas especulaciones se pueden ir al traste porque, siempre según las encuestas, hay unos diez millones de electores, una cuarta parte aproximadamente del total, que no tienen decidido su voto y las puede alterar al depositar su voto este jueves.

 

P.D. No es el 10, es el 11. La residencia oficial es el famoso Number 10 de Downing Street, pero desde los Blair en 1997 el primer ministro y su familia ocupan el número 11, contiguo, la residencia del ministro de Economía y Hacienda, porque es más amplio. Lo hizo Tony Blair porque necesitaba más espacio que el soltero Gordon Brown, luego lo hizo Brown, ya casado y con hijos, y también lo ha hecho David Cameron.

 

 

@annabosch

 

Categorías: Actualidad

Anna Bosch    5.may.2015 23:51    

Anna Bosch

Bio A propósito de...

Anna Bosch lleva más de 20 años cubriendo información internacional. Ha sido corresponsal de TVE en Moscú, Washington y Londres. En la actualidad es redactora en el área de internacional.
Ver perfil »

Síguenos en...