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Carta abierta a todos los corintios y las medeas (o cómo hacer historia en Mérida)

En algún momento de nuestras vidas todos hemos tenido algo de corintios; muchos han sido –y seguirán siendo- medeas a la fuerza... Os preguntaréis de qué estoy hablando, yo os lo cuento: hace unas horas, una nodriza helena con el rostro y la voz de Julieta Serrano y un centauro que recordaba bastante a Asier Etxeandía me contaron la historia de Medea; la aprehendí yo y tres mil personas más, los que ocupábamos las gradas del fantástico Teatro Romano de Mérida.


Eurípides se encargó de que supiéramos de su existencia; han ido encargándose de recordarnos que sigue viva Séneca, Ovidio, Corneille, Grillparzer, Anouilh, Pasolini, Theodorakis y ahora Livija y Tomaz Pandur y Darko Lukic. Al menos desde hace hace tres mil noches y un día lleva vagando por el mundo –y acudiendo a su cita- la mujer enamorada, humillada, traicionada, vengativa, abandonada, sometida, desgarrada, sedienta de triunfo, sincera... Esta vez, la convocatoria-espectáculo está orquestada por Pandur quien se contiene en sus excesos y desborda el torrente anegando, para bien, orígenes, referencias y recuerdos. Los argonautas y las mujeres de la Cólquide, Jasón (Alberto Jiménez) y Medea se encadenan a la música compuesta e interpretada por el grupo Silence, que nos lleva hasta los Balcanes, por donde pasa ‘este viaje de las leyendas doradas desde el este hasta el universo’.

Para que haya un héroe tiene que existir una tragedia; para que haya un teatro de calidad, son necesarios héroes-creadores-comunicadores que se despojen de lastres innecesarios y ahí está, entre unos cuantos elegidos, ella: Medea-Portillo. Del mito no diré más, del montaje menos -quiero que, si podéis, gocéis de él vírgenes-, de la actriz tampoco, tan sólo que mi primo Carmona, cuando terminó la representación, alzó la voz: ‘no dices nada de tu Blanca’; ‘qué voy a contar, si está por encima de todo’, le respondí... Y es verdad: la mochila de la madrileña está repleta de momentos teatrales como La hija del aire, de Calderón y bajo la dirección de Jorge Lavelli, Mujeres soñaron caballos, de Daniel Veronese; Afterplay, la aventura que realiza junto a su socio Helio Pedregal; la dirección de Share 38 y Siglo XX... Que estás en los cielos; Barroco y Hamlet, sus dos anteriores colaboraciones con Tomaz Pandur y un sinfín de recuerdos más que han resistido a lo efímero de la escena del mismo modo que la Xirgu, la Espert y la propia Portillo.

Por unos días la apátrida Medea ha encontrado su tierra, el festival que se clausura por este año el 30 de agosto –con lleno absoluto- y el que tiene como sede principal un teatro que merece esa etiqueta que solemos colgar de manera apresurada, la de ‘marco incomparable’... Con Blanca dentro de ese marco.


1 Comentarios

Encandilado por las impresionantes críticas sobre MedeaPortillo, busqué como loco entradas para el miércoles pasado, cogí mi coche y tras dos horas largas me planté ilusionado a ver una masterclass actoral. Y la vi, pero no de Portillo. Sigo planteándome aun si como suele suceder cuando tanto se alaba algo, al final desiluciona. O me pregunto si el miércoles no estuvo tan fina como en el estreno. Lo cierto, y vale aclarar que llevo unos 25 años viendo todo tipo de teatro por medio mundo, es que envuelta en una puesta desbordante que no sorprendente, Portillo ése miercoles, quedó pequeña, a ratos sobreactuada, al igual que Serrano. No logró conmoverme en ningún momento. Me molestaron los niños ¿no podrían haber sido adolescentes aniñados que aportaran algo de verdad dramatica? Durante el "desgarrado" monólogo de Medea ante la idea de matarles, uno de ellos le acomodó el vestido lo que causo risas apagadas en gran parte del público restándole todo el peso dramático que tenia el texto. Todo el tiempo, me di cuenta luego, estuve a la espera de vivir por enésima vez la magia absoluta del teatro, y no sucedió con Blanca esa noche, que pena para mi.
Tampoco estuvo convincente el Jasón de Jimenez, mas bien inconexo. Me resulta extraño que nadie haya mencionado sin embargo, el excelente trabajo de un joven y contundente Etxeandía, uno de los actores mas completos del teatro español, que con un soprendente trabajo actoral y corporal confundía nuestras cabezas ante la visión de un centauro de verdad. Felicitaciones para él. Por su masterClass.
Al salir charlamos con una espectadora local que nos dijo: Vengo casi todos los años, te diría que es casi lo mejor que he visto! concluyó emocionada. Yo guardé silencio. Luego conduje las dos horas de regreso con cierta desazón, intentando rescatar la maravilla del espacio escénico, la increíble noche, recordando la música y voces del coro, los trajes tipicos eslavos, pero lamentando profundamente no haberme encontrado, no haber conectado con la Medea de mi querida y admirada Portillo.

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