La función por hacer, un ejemplo de trabajo bien hecho sin estridencias, respetando al compañero y al público, ha hecho escala en el sur para recoger siete Premios Max. La noche pintaba bien para Miguel del Arco y los suyos, herederos del homenajeado José Monleón, el hombre que encontró el lugar común de todas las personas sobre los escenario y ha dedicado su premio a todos los que luchan por que no muera la verdad.
Nos lo había prometido y lo ha cumplido: esta lunes, Juan Carlos Rubio, director de la gala de entrega de los Max, nos ha hecho soñar con número musicales que pueden hacerse realidad, ha permitido a algunos jugar con el teatro, ha ensayado de cara al público una imaginada, aunque muy posible, gala de los Premios Max.
Esto del teatro, la danza y los musicales es algo muy serio. La noche comenzó con reivindicaciones desde las tablas del Gran Teatro de Córdoba, una actitud crítica y convincente del director de escena Miguel del Arco que ha tenido su repercusión en el patio de butacas: el dramaturgo, adaptador y director ha pedido a los ayuntamientos que paguen las deudas que tienen con productoras que se empeñan, en su mayoría pequeñas empresas privadas que, como Kamikaze Producciones, siguen dando a conocer sus montajes a pesar de la falta de compromiso de quienes les contratan.
Aún así, La función por hacer, con sus siete Premios Max, va a retomar gira por España, demostrando que está muy viva, tanto que ha visto nacer incluso a una hermana ‘mayor’ que ha hecho las delicias de quienes la han disfrutado en el Teatro de la Abadía.
Entre las entradas y las salidas al escenario de Natalia Millán, Chema Noci, Ángel Ruiz y Fernando Tejero, creadores, autores, intérpretes y productores han subido a por su manzanas con antifaz, tuneadas para la ocasión con un lema extraído de unas palabras pulidas sobre la Mezquita de Córdoba: “el arte es un regalo, un don de dios que hay que cultivar”. Y se debe sembrar para recoger: Elisa Sanz, figurinista del montaje Nubes, también premiado, ha roto una lanza por el derecho de figurinistas y escenógrafos a ser considerados autores, otro ejemplo más de que los Premios Max, con 14 ediciones ya a sus espaldas, se ha convertido en un altavoz efectivo para los profesionales de las artes escénicas.
A estas horas de la noche, Córdoba descansa. Descansa y sueña con convertirse en la Capital Europea de la Cultura 2016. El trabajo que están realizando todos para conseguirlo merece ser recompensado aunque la prueba de que Córdoba ya es ‘capital’ ya ha quedado patente con uno Max para no olvidar.