3 posts de mayo 2012

En el país de los ilusos

El Ibex 35 se desploma, crisis del sistema financiero, matrices de bancos que pierden dinero sin saber cómo ha ocurrido, estamos pendientes de la prima de riesgo… ¿Qué queréis que os diga? La cultura no tiene cabida en primera línea. No, si yo lo comprendo, ¿qué le vamos a hacer? Perdón, ¿qué le vamos a hacer he dicho? No, dejadme que alce la voz: NO, NO VOY A GRITAR, aunque tampoco es una rabieta, creo yo.

Hay miedo, incertidumbre, desconcierto… Pero sobre todo, impotencia. Da la sensación, muy real, de que estamos siendo manejados por todos los que están en las alturas: gobernantes, políticos, sindicalistas, banqueros, consejos de dirección de grandes empresas, representantes de todos los dioses en la Tierra… ¡Ah, y no nos equivoquemos! A todos ellos les hemos dado responsabilidades nosotros, los ciudadanos.

El país tiene que generar confianza. Vale. Hasta ahí, de acuerdo. Nos tenemos que mostrar fuertes y competitivos como país, pero ahí también entran otras armas, avanzadillas culturales, como la que está protagonizando en estos momentos la Fundación Siglo de Oro a través de su compañía Rakatá (como bien apunta mi compañero Iñigo Picabea, corresponsal en Reino Unido, “no sólo el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, viaja a Londres").

120529 Globe Theater
Su Enrique VIII, adaptación del dramaturgo Jose Padilla (ojo a este creador) se representará hoy y mañana en el Shakespeare Globe Theater de Londres. La formación, dirigida en esta aventura por Ernesto Arias, es la primera de nacionalidad española que se sube a las tablas de este teatro construido a imagen y semejanza de los isabelinos que se hicieron populares en la época en la que el bardo de Stratford-upon-Avon estrenaba sus obras.

Pensamiento, ya no a gritos, sino plasmado en este blog: Si ahora mismo creásemos una comisión de investigación cultural, desde luego que el sector saldría ileso con holgura. En las artes, la cultura y el ocio imperan dos criterios: los profesionales y los artísticos en estrecha unión con las apetencias del público. Sin ánimo de mirarnos el ombligo, desde RTVE (el espacio de cultura en la web RTVE.es, La 2, las ventanas en Radio 5, el resto de emisiones de RNE, El ojo crítico y su hora diaria de información cultural…) nos esforzamos por cabida a todas las propuestas que no generarán tanta repercusión como la economía o los dimes y diretes políticos, pero son de vital importancia y si alguien no lo considera así… ¿Hablamos dentro de 10 años?

Tenemos que ganar crédito, confianza, y nuestros embajadores culturales en el mundo son quienes, en estos aciagos momentos, más arriman el hombro quitándose horas de sueño por relanzar la marca España.

Vaya, creo que me he puesto muy serio. Dejemos paso al maestro Edu Ortega, triunfando con proyectos como Pagagnini, donde da rienda suelta, él solito, a su pasión por U2, en concreto, el tema With or without you. Qué tengáis un buen día, nos vemos en las trincheras.

 

 

Hay motivo

Para ir al teatro no hay que buscarlo; para hacer una obra concreta, puede. Podría empezar a soltar la ristra de puntos que atraparon a Miguel del Arco a la hora de abordar El inspector, de Nikolái Gógol, para el Centro Dramático Nacional, pero no lo voy a hacer: unas cuantas imágenes valen más que mil palabras.

 

Por medio de la sátira se cuentan cosas muy serias, cambian el formato pero se abordan los mismos asuntos que nos hacen pensar en un teatro de guerrilla que pone el acento en cuestiones cómicas, sí, desternillantes, pero muy reales.

Si os acercáis a ver esta producción en el Teatro Valle Inclán, en Madrid, comprobareis que la esencia está ahí, cambia el envoltorio. El de El inspector no tiene apenas rugosidades, ni rayaduras en el celofán: intérpretes ágiles de palabra y cuerpo, con movimientos coreografiados por esa creadora de la que ya os he hablado, Carlota Ferrer; una engrasada transición entre escenas; un esmero que, por si fuera poco, dignifica el vodevil. Y hasta ahí puedo contar.

EL INSPECTOR Foto David Ruano
Hasta el 3 de junio se sigue celebrando en distintos espacios de la Comunidad de Madrid el Festival de Otoño en Primavera. No me gusta hablar de montajes a posteriori, tras una última función programada y cuando es casi seguro que no volverán a representarse en ningún punto de nuestro país, pero tengo que hacer una mínima referencia a creadores como Peter Brook y Simon McBurney, aunque antes os dejo la charla que mantuvimos en Radio 5 Todo Noticias con el director artístico de esta cita con las artes escénicas, Ariel Goldenberg.

Hasta hoy, en los Teatros del Canal, el maestro Peter Brook: The Suit (El traje) o el triunfo de la sencillez: no se necesita pompa ni ruido para contar una historia, sólo hay que trabajarla para que otros, nosotros-espectadores, la imaginemos... Por cierto, ¿habéis visto el montaje? "Hasta en medio de las guerras más atroces, hay que seguir viviendo".

The suit
Este 15 de mayo, festivo para los madrileños, se puede ver (en dos funciones) El maestro y Margarita, dirigido por Simon McBurney. Del 25 al 27 de julio recalará en Barcelona este montaje en el que participa un español, César Sarachu, aclamado actor sobre las tablas de medio continente y al que muchos conocíamos en España por su Bernardo, en la tira televisiva Camera Café.

image from img.irtve.es

Fundido a blanco

Llevo días si pasar por este rincón. Llevo días pensando en escribir acerca de los Premios Max, del Festival de Otoño en Primavera, del estreno de Seis puntos sobre Emma… Llevo días pensando en lo que significa la amistad, que es más importante que todo lo anterior y todo lo que vendrá.

Hoy ha muerto Olga Muñoz. Hoy ha muerto Olga y nadie se lo cree. Se ha ido siendo muy joven, demasiado, y no, nunca se vive lo suficiente ni con toda la intensidad como para pegar un portazo y quedarse tan ancho.

image from www.aprensamalaga.com
 Esta es la foto que están mostrando todos los medios que se han hecho eco de su noticia, la que –todo hay que decirlo- ella hubiera dado con más gracia y acidez que cualquiera, sin duda.

Olga y yo nos conocíamos muy bien, pero no éramos amigos. Ella era la amiga de mi amigo, mi medio-hermano. A nosotros nos unía Alejandro.

Nuestro nexo está hoy a miles de kilómetros de Málaga y su pena, su incredulidad, su amargura, su impotencia, me incita a escribir sin pensar, dándole vueltas a la idea de la amistad combinada con la sensación de que todo es efímero, que un día estamos y, en cuestión de minutos, todo desaparece. Aunque parece que uno no se va del todo, como demuestran perfiles de redes sociales –estos, desconcertados- y necrológicas –éstas, mucho más tristes-. Pero por encima del adiós tangible, uno queda bien anclado en el recuerdo del otro gracias a la vida, la suma de los momentos que, antes de evaporarse para siempre, aparecen por cuestión de segundos y es cuando es posible asirlos, al menos con palabras. 

Hay muchos instantes que me acechan y no quiero que se vayan: encuentros en el Festival de Cine Español de Málaga, fugaces pero intensos, bajadas de su balcón en la Alameda durante la Semana Santa, ratos al aire libre en la plaza de la Merced, choques casuales en calle Larios o en la plaza de Uncibay… Todos rebosan de vitalismo y autenticidad tamizados por la ironía, mucha ironía, la de una mujer mordaz, diferente, con personalidad, única y amiga de sus amigos, los que ahora están destrozados, como Antonio, Elisa, Miriam, Pichi… y Alejandro.

Quería escribir en positivo, hablar de la vida y lo voy a hacer por culpa de la muerte, porque a eso tan feo sólo podemos echarle la culpa… Aunque voy a cambiar: recapacito y hablo de lo bueno, de un sentimiento como la lealtad y me lleva a pensar de manera irremediable en ella y, en este caso, veo la paja en el ojo ajeno: la lealtad que le profesaba Olga a Alejandro, a él –mi amigo- y su gente –sus amigos-.

Imagino a Olga con una media sonrisa, viendo ‘todo lo que ha liado’: la veo mostrándose sincera, mirando a la cara, no rehuyendo… De ahí que Olga y yo, aunque los caminos se torcieran alguna vez, nos respetásemos. Por encima de todo, teníamos lo mejor en común, la amistad de una misma persona: un medio-hermano.

Este martes tremendo, que comenzó un lunes con un mensaje recibido desde Argentina a las 23.35, está siendo demasiado largo. Hoy Olga ha hecho que muchos nos hayamos llamado, mensajeado, escrito y visualizado. Olga ha hecho que piense en muchos compañeros de carrera, amigos, conocidos…

Olga movía masas y no iba a dejar que todos los que la conocíamos no nos pringásemos: colegas que no se veían desde los años de facultad, amigos que, por los descalabros del destino, no coincidimos demasiado e incluso personas que no creían tener un vínculo en común con nombre y apellidos, Olga Muñoz Gutiérrez. 

Aunque sea más de grises, no tanto de absolutos, me acuesto con una idea: si el negro es la muerte, el blanco simboliza la vida. Yo, hoy, fundo a blanco. Por todos. Por ella.

Daniel Galindo


Daniel Galindo es periodista de Radio Nacional especializado en Cultura, sobre todo, cine y teatro.
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