Algo supuestamente divertido
Ayer vi el programa del que todo el mundo habla hoy mientras leía un libro de David Foster Wallace, tratando de aprovechar el tiempo. Lo mismo he conseguido que mi percepción no sea la mejor. No es una crítica a Rajoy, ni mucho menos, pero ayer me descibrí pensando ciertas cosas sobre la política en general que me inquietan. la primera es cómo los políticos utilizan la segunda persona provocando un curioso efecto: buscando cercanía se alejan de los ciudadanos. Seguro que algún asesor cree que utilizar el "tu" es una forma de decir: ¡Ey! Soy como vosotros, pero no lo es y fingirlo es peor que no serlo.
Empecé después a pensar en el mundo según los políticos lo cuentan. Verán, creo que no describen la realidad, la evocan. Es decir, antes no s invitaban a fantasear, sus promesas costituían los pilares donse asentábamos nuestra idea imaginaria de un futuro mejor, ahora la descripción de las cosas que hacen es una fantasía en sí misma. De forma que no halagan nuestra condición de adultos, ni tampoco lo pasan por alto, simplemente nos suplantan.
Ellos describen el mundo en el que vivimos sin tener ni idea de cómo es ese mundo. Luego está cuando muestran sentimientos. ¿Por qué a veces nos conmueve la decencia humana básica? La conclusión es clara, lean a Foster Wallace y apaguen la tele.
Lo malo de todo esto, es que los pensamientos de Wallace se dirigían a la descripcíón de un crucero mientras yo ahora los aplico a la política nacional. Como dice Extremoduro: Hablando de flores, allí no había flores.
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Carmelo Gómez



