3 posts de septiembre 2010

El tango del sol cansado

En 1979 en Varsovia fallecía el pianista y compositor polaco Jerzy Petersburski que fue, durante varias décadas, uno de los grandes innovadores de la escena musical del este Europa. Entre sus éxitos más famosos hay que destacar el tango To ostatnia niedziela (El último domingo) compuesto en 1935 con letras de Zenon Friedwald y dedicado al último y desesperado encuentro entre dos viejos amantes. Algo muy parecido al famosísimo tango Como dos extraños compuesto cinco años después, en 1940, por Pedro Laurenz y José María Contursi en Buenos Aires.

En el mismo año, 1979, el gran director de cine soviético Yuriy Norshteyn decidía incluir la traducción rusa de El último domingo (que en 1937 pasó a llamarse Tango del sol cansado) en la banda sonora de su obra maestra titulada “Skazka skazok” (El cuento de los cuentos). Se trata de algo parecido a un flujo de conciencia de imágenes, sonidos y sueños, para intentar escapar de los códigos narrativos del realismo socialista. Un formidable testimonio humano de la pulsión hacia el libre pensamiento contado a través del mundo de la animación, de los llamados cuentos para niños, para encontrar una mayor libertad expresiva entre las rejas de la censura.

Un tango que en los años ’90 siguió fascinando a directores de cine de todo el mundo siendo incluido en la banda sonora de películas muy afortunadas y taquilleras como Schindler’s list (Steven Spielberg, Estados Unidos, 1993), Tres colores: Blanco (Krzysztof Kieślowski, Francia, 1994), y Quemado por el sol (Nikita Mikhalkov, Rusia, 1994).

Los tangos de mi patria

En 1936 el maestro Francisco Canaro y el poeta José González Castillo estrenaba en los teatros de Buenos Aires una afortunada revista musical titulada “La patria del tango”.

Han pasado más de 70 años. Imaginen ahora un barco gigantesco, lleno de viajeros con trajes típicos de todos países de Latinoamérica entrar en la Avenida 9 de Julio de Bs As entre “olas” que se agitan, mientras dos acróbatas hacen equilibrio en el palo mayor, a más de 20 metros, amarrados a la vela. Sobre el mar, navegando junto a la nave, dos mujeres vestidas de rosa emiten sus cantos de sirenas. No…no se trata de una exhibición del Cirque du Soleil , sino de la ceremonia de los festejos para el Bicentenario de la Nación Argentina del pasado 25 de mayo. Delante de una multitud entusiasta en la Avenida 9 de Julio se podían encontrar 6 mil figurantes cantando, bailando, en traje de gauchos, a caballo, sin caballo, aplaudiendo, sonriendo entre bailarinas del vientre y túnicas, armaduras, tambores, kimonos, dragones chinos, kilt de escoceses, castañuelas y abanicos, mandolinas y tarantelas, condimentados con murgas uruguayas, cumbias, mariachis y mucho más. No podía por cierto faltar el fútbol, con la transmisión en directo del partido de despedida de la selección nacional argentina antes de irse a Sudáfrica para el Mundial. Y, por supuesto, el tango. Treinta bandoneonistas sentados sobre el techo de los típicos taxis porteños tocando ‘Recuerdo’ del maestro Osvaldo Pugliese.

La noche anterior de los festejos, el tango también regaló su aporte al festejo nacional. Susana Rinaldi, Rodolfo Mederos, Juan Tata Cedrón, Ariel Ardit, la Selección Nacional de Tango con maestros como Leopoldo Federico, Julio Pane y Mario Abramovich, y el regreso a los escenarios, después de algunos años de ausencia, de Horacio Salgán (a los 94 años de edad)… todos juntos para celebrar el Bicentenario de la Nación y al mismo tiempo la declaración del Tango como Patrimonio de la Humanidad Unesco en una noche titulada “Los Tangos de mi patria”. Una noche definida por el Comité organizativo como «un espectáculo artístico histórico, de vanguardia estética y alto desarrollo tecnológico». No tenemos duda alguna. Alrededor de la medianoche cerca de 200 artistas, intelectuales, músicos, deportistas y actores argentinos se han reunido arriba del escenario para a cantar en coro el himno de la Nación.

Cuando los otros éramos nosotros

Alberto Beneventi, “El cielo, el horizonte y el mar. Homenaje a los migrantes“, 2005

«¡Cuidado Tío Sam: desembarcan las ratas!» así era el título de un periódico de Estados Unidos en 1903, acompañado por el elocuente dibujo de miles de ratas enloquecidas. De todas formas hubiese bastado leer el subtitulo para darse cuenta de que el periodista no se refería a ningún tipo de pandemia animal. «Descarga diaria directamente de los bajos fondos de Europa». Palabras y sentimientos como estos acompañaban la llegada de miles de familias de emigrantes de la pobre Europa a los puertos de Norte América. Gente sin trabajo, sin hogar, sin dinero, sin las mínimas condiciones de higiene ni de seguridad social, que cada año intentaban cruzar el Atlántico para sobrevivir a la miseria.

Han pasado más de cien años. El 11 de noviembre de 2008 Televisión Española emitía el reportaje “Destino clandestino”. Un documento excepcional realizado por el periodista francés Dominique Mollard, quien, tras meses de intentos, logró finalmente embarcarse en un cayuco de Mauritania a las islas Canarias, junto con 37 personas y un bebé, para contar las nuevas rutas de la inmigración de África hacia Europa. Pobres, hijos de pobres, que luchan para sobrevivir a la pobreza en un camino de 800 kilómetros, en mar abierto. “El combate” así lo llaman. Un viaje desesperado al cual anualmente miles de africanos se enfrentan para buscar una vida y un destino mejor. Una misma historia que se repite. Tanto ayer como hoy.

Por ahora, entre 2006 y 2008, la historia cuenta con 42 mil personas ("clandestinos subsaharianos", como los llaman las autoridades) que lograron pisar el suelo de las islas Canarias, mientras la Cruz roja y otras ONG recogían los cuerpos de unos 4.5 mil clandestinos ahogados. Nunca sabremos la cantidad de los otros.



WebIslam

Dimitri Papanikas


Cuando al atardecer las oficinas quedan vacías y los negocios cierran, las luces de la Avenida Corrientes de Buenos Aires y de la Ciudad vieja de Montevideo se encienden con sus librerías, disquerías, teatros y cafés...
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