3 posts de noviembre 2010

Las canciones prohibidas

El pasado 4 de agosto de 2009 la prensa argentina publicaba por primera vez un documento muy interesante que llevaba la fecha de julio de 1982. Se trata de un expediente del entonces Comité Federal de Radiodifusión de la Presidencia de la Nación titulado “Cantables cuyas letras se consideran no aptas para ser difundidas por los servicios de radiodifusión”. Siete páginas mecanografiadas que contenían un elenco completo y minucioso de todas aquellas canciones que la dictadura militar en aquel entonces al gobierno consideraba como peligrosas, ofensivas o simplemente no aptas a ser difundidas a través de los servicios de radiodifusión.

Más de 150 canciones entre las cuales, sin demasiados problemas de coherencia musical o de género, aparecían artistas de todo tipo y de cualquier nacionalidad. Entre ellos señalamos por ejemplo a Serge Gainsbourg, Charles Aznavour, Joan Baez, Donna Summer, Queen, The Doors, Eric Clapton, Pink Floyd, John Lennon, Rod Stewart. Particularmente amplia la presencia de numerosos artistas italianos como Paolo Limiti y Shel Shapiro (Buenas noches, doctor), Cristiano Malgioglio (Lo importante es saberlo), Gino Paoli (La mujer que yo amo), Claudio Baglioni (Mi pequeño gran amor), Nicola di Bari (Mía), Mogol e Battisti (Pienso en vos), para llegar incluso a Raffaella Carrà con su exitosa Hay que venir al sur.

Si por un lado es bastante fácil entender, según la lógica del documento, la presencia en la lista de canciones como Triunfo agrario, Nuestro pueblo, Hasta la victoria!, Amor libre, Chamarrita de los milicos, todas entonces consideradas como peligroso ejemplo de ejercicio del libre arbitrio, y por ende todas censuradas; por otro lado es bastante curioso asociar cantantes como Alfredo Zitarrosa, Atahualpa Yupanqui, León Gieco, Mercedes Sosa, Daniel Viglietti, Víctor Jara y Violeta Parra, a cantantes como Raffaella Carrà cantando versos como «para hacer bien el amor hay que venir al sur». En aquel entonces todos indistintamente considerados como peligrosos agentes de una supuesta revolución internacional mirada a comprometer los espíritus de los jóvenes con la carga «subversiva» de sus canciones.

El viaje de las mariposas


Cada año entre los meses de octubre y marzo México abre sus fronteras a mil millones de mariposas estadounidenses y canadienses que intentan escaparle al frío invernal de sus tierras para permitir a sus crías sobrevivir. Se trata de la migración de insectos más contundente y masiva jamás observada por el ser humano. Millones de mariposas libres y sueltas, sin papeles ni bandera, que cada año comienzan un viaje que las llevará a una reserva de 56 mil hectáreas llamada Santuario de la mariposa monarca El Rosario, situada en el estado mexicano de Michoacán. De vez en cuando algunas de estas mariposas escapan a los trayectos impuestos por su instinto y deciden autónomamente cruzar el océano atlántico, siguiendo los vientos propicios, para llegar a las costas de España y Reino Unido. Y ahí quedarse. Quizás el nombre "monarca” no ayude mucho a imaginarla como símbolo de libertad. De todas formas tampoco su nombre científico (danaus plexippus) ayudaría mucho... así que quizás mejor nos quedamos con el nombre de “mariposa monarca”. Se trata de un insecto del tamaño de un sello postal que ha aprendido a hacer un recorrido de 4 mil kilómetros para escapar del invierno y permitir que sus crías puedan sobrevivir. Las hembras depositan los huevos de la siguiente generación durante esas migraciones. La duración de estos viajes excede por supuesto la de la vida de cualquier mariposa que normalmente dura entre las dos y las seis semanas. Así que se trata de un viaje cuyo destino nunca vislumbrarán. Lo harán sus crías. Nacidas durante el vuelo y que han aprendido a volar durante el viaje, siguiendo las increíbles rutas programadas en sus antenas y basadas en la relación entre sus biorritmos y la posición del sol en el cielo. Y todo eso, por supuesto, sin pedirle el permiso, ni los papeles, a nadie.


El vestido del fogonero


En 2002 el cantautor Francesco De Gregori y la etnomusicóloga Giovanna Marini publicaban Il fischio del vapore (el silbido del vapor). Un álbum importante, de fuerte compromiso social y político, en el cual los dos artistas narraban algunas historias tan ejemplares como ‘mínimas’ de hombres y mujeres condenados desde mucho antes de nacer a la rígida disciplina del Trabajo. Cuentos de hambre, de luchas, de dolores y resurrecciones. Cantos populares sin patria, de nadie y al mismo tiempo de todos. Presentamos aquí L’abbigliamento di un fuochista, un tema publicado por primera vez en 1982 por el mismo De Gregori en un disco llamado Titanic y cuyo título, traducido al castellano, sería algo así como “la vestimenta del fogonero”. Una canción que cuenta la historia de un trabajador que, aunque estuviese siempre de viaje, nunca pudo lograr visitar ninguna tierra del mundo. Un hombre acostumbrado a vivir sin ver la luz del día ni las estrellas en la noche, por tener que trabajar como auxiliar del maquinista para alimentar el fuego en las calderas de los buques transatlánticos. Letras que una vez más nos parecen recordar palabras tan universales como las escritas por Louis-Ferdinand Céline en 1932 en Viaje al fin de la noche, su novela más conocida: «¡Que no me vengan a elogiar a Egipto y a los Tiranos tártaros! Esos antiguos aficionados; pequeños estafadores pretenciosos en el arte supremo de conseguir del animal vertical su máximo esfuerzo en el trabajo. No sabían, estos primitivos, llamar ‘Señor’ al esclavo, hacerlo votar de vez en cuando, pagarle un jornal, y sobre todo llevarlo a la guerra para saciar sus pasiones».

Dimitri Papanikas


Cuando al atardecer las oficinas quedan vacías y los negocios cierran, las luces de la Avenida Corrientes de Buenos Aires y de la Ciudad vieja de Montevideo se encienden con sus librerías, disquerías, teatros y cafés...
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