¿Días sin cine?, ¿sin libros?

No recuerdo la primera vez que fui a los cines Renoir. Lo que si recuerdo es que en esa calle había unos cines que se llamaban Alphaville, donde se formaban unas colas enormes para ver películas en versión original. En ese Madrid había también otros reductos de esta forma de ver cine como el Cinestudio Griffith, o los cines de los colegios mayores de la Universidad Complutense. Por entonces la tarde consistía en ver una película y después hacer un cine forum entre botellín y botellín, donde terminábamos ficticiamente arreglando un mundo que nos llevaba muchos cuerpos de ventaja.

EgmDe repente, un tipo, al que muchas veces años después confundirían con Francis Ford Coppola, abrió otros cines al lado de los Alphaville, y la calle se convirtió en nuestra calle, y el Ebla en nuestro bar, el de los kebabs, el lugar donde aparecían cada día nuevas caras ávidas de encontrarse con unas películas en las que los actores recuperaban su voz. En esa calle hubo muchos cambios durante todos estos años que, probablemente, alguien convertirá algún día en película. Tal vez sea un Iluso, uno de esos que ha dibujado Jonas Trueba en un título con el que quiere inaugurar el cine ambulante, llevando la copia de su película de puerta en puerta para satisfacer las inquietudes de aquellos que están hastiados del discurso único, del modelo único. La estrenó un sábado por la tarde en la Cineteca, un nuevo reducto de la resistencia cultural, Losilusos el reducto de Los ilusos, así se llama la película de Jonas que nos habla  de una juventud que parece la de su padre, o de la mía, la de otros jóvenes como Jonas, la de muchos que buscamos aliento en un mar de desaliento. En todos estos años de ver cine hemos conseguido vivir nuestras vidas, y tal vez dedicarle menos tiempo a la nuestra. Pero sin duda hemos aprendido a ser críticos con lo que vemos; a apreciar y a denostar pero siempre desde la fortaleza del debate, de la palabra. Por eso es tan desgarrador el momento actual, en el que un hombre que trabajo para que se abrieran espacios para el debate, espacios para la cultura, Enrique González Macho, ve como tiene que claudicar, que tirar la toalla. Y en su desesperación, algo que no le tenemos en cuenta, apunta a RTVE como una de las causantes de la ruina cultural a la que nos enfrentamos, en lugar de hablar de las personas que ocuparon cargos determinados en la casa de todos, y trabajaron porque la diversidad se convirtiera en pensamiento único.

 

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En la cuarta planta del edificio A de Torrespaña, un grupo de chiflados pelea cada semana por lo contrario. Son los equipos de Días de Cine, de Versión Española, programas de TVE que llevan décadas empeñados en mostrar al espectador que existe esa diversidad. Equipos que semana a semana proponen decenas de referencias literarias y cinematográficas que sirvan para empaparnos de otros mundo y así forjar el nuestro.

 

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Cae la tarde en este edificio, es lunes, la redacción esta vacía. No está Juan Carlos, ni Paz, ni Mónica, ni Jesús. Tampoco Mar, Alberto, Félix, Vero, Gerardo, Sergio, Ángela, Clara, Alejo, Espe, Susana, Lauro, Raúl, Eva, Virginia, Javier, Fernando, Luismi…, ni los que pelean por El Cine de La 2, Cristina y Miguel, ni el hombre más externa e internamente libre, César. Por una vez y sin que sirva de precedente, no vaya a ser que tanta gente con tan poco afán de protagonismo se sienta ofendida; por una vez …, Gracias.

Tal vez sea esa la mejor de las palabras que podemos dedicarle al tipo que se parecía a Coppola que inundó nuestras vidas con otras miradas. Gracias, Enrique. Esto no es el final, simplemente, otro principio. Comencemos a escribirlo.

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Ciudadanos espectadores

En una charla distendida, en casa de unos amigos, con un bebé pasando de brazos en brazos, entre la resaca hospitalaria de los padres y los dulces que robaba de encima de la mesa Gandhi el perro de la familia, comenzamos a hablar del capítulo de Black Mirror titulado The Waldo moment. En este episodio un dibujo animado se presenta como candidato a diputado por una circunscripción británica. Desde una gran pantalla de plasma ataca ácidamente a sus adversarios, los candidatos de los partidos Laborista y Tori. Lo chocante de la imagen es que aparecen todos juntos en un plató de televisión, los candidatos de los partidos, llamémosles tradicionales, junto a una pantalla de plasma con el dibujo animado. La imagen es tan sorprendente como absurda. Pero la realidad nos demuestra que podríamos ir camino de ello,  ya que hace unos días vimos las fotografías de un grupo de periodistas que asistían a una rueda de prensa en la que no se admitían preguntas, donde el protagonista de la misma aparecía en una pantalla de televisión. 

Rueda de prensa

Mientras tanto Gandhi seguía devorando pasteles, y su amo, Alejandro, regañándole suavemente, sin lograr disuadirle de sus eficaces lametones, se lamentaba entre apesadumbrado y jocoso, de no entender el motivo por el cual el animal seguía vivo, si el resto de los de su raza de su edad ya criaban malvas. 

Entre risas, pasamos a comentar la eficacia de Black Mirror para retratar cómo las  nuevas tecnologías están modificando nuestros comportamientos, nuestras costumbres, incluso nuestra ética, y nos han convertido en una nueva especie de seres humanos que podíamos denominar, ciudadanos espectadores. Todo cambia tan deprisa que se nos ha olvidado cómo debemos actuar.

 En un tiempo no muy lejano, los periodistas no iban a las ruedas de prensa donde no se aceptaban preguntas, y menos para verlas por la televisión. En ese mismo tiempo los políticos no hubieran osado utilizar semejantes formatos para exponerse ante la opinión pública. Había unas reglas que todo el mundo entendía como básicas para desempeñar ambas profesiones, lo que no quitaba para que hubiera desalmados que se las pasaban por el anatómico arco del triunfo, eso ha pasado siempre. Ahora parece que no hay reglas para nada ni tampoco intención de pactarlas y eso que se está produciendo un preocupante deterioro de ambas profesiones. Tal vez habría que redactar  códigos deontológicos y plantear la necesidad de cumplirlos a rajatabla para salvar a dos profesiones que corren el riesgo de desaparecer.

  
PersefoneEn esto estábamos cuando Cora acabó en mis brazos. La mitología griega dice que Kore, raptada por Hades, se convirtió en reina del inframundo, Perséfone, y poco después Zeus, su padre, consiguió que saliera anualmente para encontrarse con su madre, Deméter. Un encuentro que provoca la primavera. 

Hablaba de esto Alejandro cuando regresé a Black Mirror. "Voy a convencerte para que la veas contándote la primera secuencia del primer capítulo, El himno nacional" (The National Anthem)", le dije. "Despiertan al primer ministro británico. La princesa ha sido secuestrada. Los secuestradores han colgado un vídeo en youtube donde amenazan con matarla si el primer ministro no accede a sus peticiones. La cara del ministro no da crédito a lo que escucha. Los secuestradores quieren que él, el primer ministro de un país como el Reino Unido de la Gran Bretaña tenga relaciones sexuales con un animal, con una cerda, y que dicho acto se emita en directo, sin cortes, por televisión.

Black mirror 2

Alejandro suelta una carcajada impresionante. Gandhi se relame tras tragarse el último pastel. Cora no se inmuta, sigue durmiendo. Mientras, nos planteamos si la ficción superará a la realidad o se quedará corta. Lo que sí parece clara es nuestra reacción como ciudadanos espectadores si nos enfrentásemos a una situación similar donde el mismísimo Hades hubiera colgado el vídeo en youtube, no cabe duda de que apretaríamos el play. Ahora, si hubiera que votar, en este momento estaríamos muy divididos entre Samsung y Sony. 

 

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Rodríguez, ¡mira quién salta!

Durante unos minutos fui uno de esos casi tres millones de espectadores (21, 3 de share)  que detuvo la noche de un miércoles el mando del televisor en Tele 5, y no estaba haciendo un estudio antropológico, simplemente zapeaba. Qué capacidad la de los guionistas del programa Mira quién salta de generar suspense a través del afán de superación en un escenario como el de una piscina. No les importa en absoluto el desenlace, es lo de menos. Se sabe que el salto del famoso en cuestión no será en absoluto olímpico, por mucho que se haga el silencio cuando se acerca el aprendiz de saltador al trampolín como si en ello le fuera la vida. Lo importante es mostrar como encara el entrenamiento, su integración con el grupo, los costalazos que se ha dado previos que muestran sus fracasos, el cobijo dado por los entrenadores que están continuamente pendientes del saltador y consiguen motivarle para que vuelva a enfrentarse a su reto, en definitiva humanizarle, que le veamos como a uno de los nuestros. Hasta que llega el instante en que se hace un silencio casi religioso, con el público casi entrando en trance, ofreciéndole al protagonista de la aventura toda su energía para que se dé, literalmente, un chapunzoncillo. Una expectación desproporcionada para un objetivo minúsculo, aunque no falto de cierto valor personal y social. Si recibiésemos y diésemos ese apoyo en las pequeñas aventuras cotidianas seríamos capaces de afrontarlas de otra forma.  

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Pero, ¿qué pasa después del salto? Que un jurado tiene que opinar sobre lo sucedido. Dos profesionales del salto de trampolín y otros dos de echar virutas para calentar la hoguera son los encargados de valorar lo ocurrido. Así, Boris Izaguirre soltaba arengas en pro de que los concursantes incorporaran un plus de espectáculo a su salto, y Carlos Pomares jugaba a intentar hacer polvo a las nuevas estrellas, mientras los profesionales del salto puntualizaban sobre la técnica empleada, o más bien no empleada, y el conductor del programa arropaba a los intrépidos participantes. 

Lógicamente el efecto que provoca en los televidentes es que pueden llegar a pensar que ellos podrían estar allí, subiendose al trampolín, dando un saltito  y obteniendo la calurosa ovación de un público entregado. Soñar es gratis. A la mañana siguiente uno se despierta y ya no hay público que anime, ni entrenadores que te digan como debes saltar de la cama y ponerte en marcha, ni siquiera si debes saltar de la cama. Solo quedan los restos de la gala, su coste, 270.000 euros rentabilizados con creces gracias a la publicidad.

Me imagino que abro los ojos y ya tengo un entrenador animándome. ¡Vamos, vamos, estírate, desentumécete así, lávate de esta otra manera, usa este jabón, tómate este café… No, mejor esta infusión, medita cinco minutos, mírate en el espejo y repite varias veces: ¡tú sí que vales!, ¡tú sí que vales!, ¡tú sí que vales! ¡Vamos, vamos! Friega los platos con este producto, pon la lavadora de esta marca, tuesta el pan plim con el tostador plom… ¡Alto! Ese no soy yo, ese es Jim Carrey en El show de Truman. Y él no tenía un entrenador lo que tenía era un montón de publicistas diciéndole lo que debía hacer. ¡Claro, no me había dado cuenta! Al día siguiente de Mira quién salta lo que uno padece es un resacón de mensajes publicitarios que no hay bloody mary capaz de aliviarlo. Consciente de la enfermedad que sufro, en ese instante busco por todos lados un antídoto.

Alguien me recomienda que visione el capítulo 15 Million Merits (15 millones de méritos) de la serie Black Mirror. Tan demoledora la distopía que retrata que casi me tienen que ingresar en urgencias con un ataque agudo de pesimismo antropotecnológico. Menos mal que en facebook siempre hay alguien que te ayuda, Raúl Hernández comparte esta foto.

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En ese momento recibo la llamada de Rafa, mi cuñado, me dice que acaba de ver Searching  for Sugar Man y que es una joya. Es el documental del que casi todo el mundo hablaba maravillas, que fui dejando pasar los días para verlo. Me parecía incluso que ya lo había visto, de tanto oir hablar bien de él.  Así que al día siguiente me fui al cine a ver la vida de un músico y me encontré que para la gran mayoría no era nadie, para muchísimos un héroe, y para él mismo un anacoreta. Pero lo mejor de todo es la emoción que sientes al contemplar esta historia verdadera, la de uno de esos personajes que llenan el mundo tanto con su música como con sus silencios, con su manera de mirar el día a día. Se llama Rodríguez, su voz me despierta ahora por las mañanas. Ha echado al entrenador que se empeñaba en convertirme en Jim Carrey, y lo ha hecho silbando uno de sus temas:  I wonder.

 

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El eterno retorno de un protón enamorado

¿En qué parte del cuerpo se aloja el amor?, se pregunta Marta Etura en Return. Son palabras escritas por Pablo Messiez que buscan respuesta en los movimientos que arranca, desliza, desgarra, provoca, susurra, el premio nacional de danza Chevi Muraday junto a una actriz que desnuda su alma de bailarina.

 Preguntas sobre emociones a las que solo se pueden sugerir respuestas insinuadas por dos cuerpos que bailan una exhausta danza llena de vida. Respuestas a nuestra idea del amor asentada en la cultura: en los libros, en el cine, en la música, que viajan en el escenario para que nos cuestionemos si realmente existen, o simplemente pertenecen al imaginario colectivo: las magnificamos y nos modifican haciéndonos buscar ideales imposibles que nos llevan a un continuo punto de fuga emocional. Ilusión, éxtasis, decepción, reconciliación, deseo, desidia, aliento, pasión, nos enfrentamos a ellas como si nos viésemos en un espejo que proyectara nuestras personales referencias por un tema tan tratado como profundamente desconocido. Así, uno puede sentir que Moon river está sonando mientras Audrey Hepburn y George Peppard se besan bajo la lluvia en Desayuno con diamantes. A su lado se encuentra Jack Lemmon escurriendo unos espaguetis con una raqueta de tenis para dárselos a la descorazonada Shirley MacLaine en El Apartamento; y un poco más allá Jim Carrey intenta olvidarse para siempre de una Kate Winslet que intentó olvidarse previamente de él, pero no pueden. Son como los protagonistas de 500 días juntos, suben y bajan en una noria de emociones que les impide disfrutar de un amor cotidiano, se encuentran muy lejos para pensar que vivirán juntos para siempre y que la vida les pondrá pruebas tan difíciles como a las que se enfrentan Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva en Amour.

Ninguna de estas películas, de estas imágenes, se encuentra en Return, pero pueden aproximarse a la mente de uno cuando contempla los movimientos de los dos bailarines. También puede aparecer una noche lejana en un parque, a finales de los setenta, y una canción de Kansas con una letra por entonces incomprendida, que obligaba a no dejar de abrazarla cuando la tuve y a imaginarme durante muchos meses que seguía a mi lado, cuando la perdí. Era Dust in the windPolvo en el viento, la primera canción de dos adolescentes que descubrían el amor. Años más tarde, conscientes de La insoportable levedad del ser,  vislumbraron, como los protagonistas de la novela de Kundera, que había diferentes versiones y visiones del amor, del compromiso, de la pareja. Entonces construyeron y deconstruyeron mundos perfectos: tan llenos de miel como de aristas. Hasta que una antropóloga le explicó a él que había tres tipos de amor y lo publicó en un blog:

Tengo un libro de cabecera sobre el amor y las pasiones. Lo escribió una antropóloga, Helen Fisher. Nada como ponernos en nuestro sitio para explicar nuestro comportamiento, y nuestro sitio está con el de los animales. Según Fisher los seres humanos necesitamos alimentar nuestras vidas de amor romántico, lujuria y apego, ya que inyectan al cerebro el chute de enzimas necesarias que precisa nuestra especie para vivir satisfactoriamente. El caso es que hay muchos individuos que son capaces de encontrar una sola persona que les satisfaga estas necesidades, pero hay otros muchos, prácticamente la misma cantidad, que pueden amar a una persona, desear a una segunda y querer vivir con una tercera. Esto lo argumenta científicamente Fisher en Anatomía del amor.

Debe de ser difícil que te expliquen esto de pequeño. Por eso el esquema de relación de pareja se transmite, generación tras generación, simplificado con el cuento del Príncipe Azul. Años más tarde, ya en la madurez, con el príncipe morado y la princesa hastiada, se pasa en muchos casos al hagámoslo por los niños, por la república, por la monarquía: finge que me quieres y yo fingiré que te deseo.

Pero Fisher solo explicaba una parte de la Historia. No aclaraba, por ejemplo, por qué lloraba sin parar la desconocida que estaba a su lado en el patio de butacas de Matadero viendo Return, ni tampoco por qué contrastaba tanto la imagen de la desconocida con la de indiferencia de su pareja. En eso estaba cuando recibí un enlace de un viejo amigo, un eminente físico que me enviaba un críptico vídeo que narraba el viaje de un protón desde el inicio del universo hasta nuestros días. ¿Cómo era posible que el ser humano fuera capaz de ver una imagen cercana a los orígenes del universo e incapaz de acordar el significado de una emoción trascendental? Marta Etura se refugiaba de lo intentos de abrazos de Chevi Muraday que volaba literalmente en el aire para atraparla. Esa imagen se proyectaba en las retinas de cientos de espectadores, viajando hacia sus cerebros de forma similar a como lo hace un protón por el espacio, haciendo quiebros y requiebros a lo largo de la Historia de una palabra inexplicablemente explicada: AMOR. ¿Conoces el código para desencriptarla? Comparte tu secreto. Puede ser vital para un protón que lleva billones de años viajando por el universo preguntándose si realmente se siente enamorado.

 

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Sorín y los patos

Carretera

    A Carlos Sorín le gustan las historias pequeñas, las que surgen de lo cotidiano. Y le gusta la Patagonia porque en su topografía no hay lugar para que los seres humanos se escondan. 

SombrasLa concentración de población en las grandes ciudades permite el anonimato. 

Los habitantes de las zonas rurales de la Patagonia no son dados a mucho contacto por la falta de costumbre, por timidez. Y por el viento.

De la maraña de gente, que inunda los transportes públicos de las grandes ciudades por las mañanas, surgen gadgets electrónicos, libros, periódicos sujetados por personajes absortos que comienzan por conectarse al exterior más lejano, para luego relacionarse y  ensimismarse entre los que habitan su mismo lugar de trabajo.

De una planicie de la Patagonia surge un hombre que camina hacia ninguna parte pero en dirección contraria a la de otro hombre.

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Perdido está el personaje protagonista de Días de pesca en Patagonia. Sin rumbo, a los cincuenta, tras una adicción y un abandono: la del alcohol, la de su familia. Momento en el que  viaja para aprender a pescar; para conversar con la gente con la que se encuentra a la que probablemente antes no veía; para recuperar el cariño de su hija. 

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Estás sentado en el patio de butacas y te reconoces en multitud de esos seres humanos a los que antes nunca habías visto. Sorín se engancha con la cámara al personaje y no lo suelta. Nos lo muestra a través de sus silencios y de sus palabras. Es un director que no puede rodar sin un punto de vista. También le gusta mezclar actores profesionales con gente que hacen de ellos mismos.

Me gusta la gente que hace abiertamente de sí misma. 

La entrevista con Sorín fue en la Casa de América. Es increíblemente lujoso el Palacio de Linares. Excesivo para albergar a tanto cineasta que nos habla de la vida, y no de las máscaras. Luego ves al cineasta sentado en ese lujoso salón y hay una disonancia entre escenario y personaje.

Tal vez sea ese el motivo por el que Sorín rueda en la Patagonia: probablemente es el mejor lugar de la Tierra para filmar a un ser humano: ninguna disonancia, no hay nada que distraiga entre el personaje que camina y el caminar de su esencia, el de su alma. 

Sonriente

Si uno se asoma al ventanal de un café en una gran ciudad, y se pone a mirar a la gente que pasa, piensa que la mayoría de ellos se han dejado algo más que la gabardina en su casa.

Asomado a la ventana veo cómo dos patos remontan el río. Sacan su particular tren de aterrizaje y dejan una estela de agua a lo Esther Williams. Hay un hombre mirando a los patos. No parece de la Patagonia. Probablemente sea de Cuenca, por poner un ejemplo.

La Patagonia de Sorín está llena de gente de Cuenca, de Cáceres, de miles de sitios… pero hay muy poca gente de aquí. 

Son los que llenan de vida y de humor los dramas del cineasta en la pantalla. Los que hacen que la vida sea real, los que te agitan un poco cuando andas ensimismado. Entonces te  señalan a los patos para que los mires. Y tú, dale que dale al runrún: ¡Cómo si yo estuviera ahora para andar mirando patos! 

Pesca

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Trascender

Todavía con  el tema I’m so excited, de Los amantes pasajeros, repiqueteando en mi cabeza, tras muchas horas en la sala de montaje, salí el jueves de Torrespaña hacia el teatro. En el programa de mano de Deseo, Miguel del Arco escribe:

Deseo"Dijo Montaigne que nuestro deseo es indeciso e incierto; nada sabe poseer y nada sabe gozar rectamente. Aunque también sabemos que sin dejar vía libre a esa fuerza motriz, el ser humano jamás habría progresado. Luchamos permanentemente entre la necesidad de trascender y la constancia de que nuestra vida no es más que un secreto fisiológico. Esa lucha básica puede convertirse en primitiva… "

 Y estas palabras se dibujan en el escenario a través de las conversaciones de un matrimonio aletargado formado por Emma Suárez y Gonzalo de Castro, que parece querer que recordemos un fabuloso diálogo entre Nicole Kidman y Tom Cruise en Eyes wide shut. Ese que nos habla de que el daño que puede hacer nuestra imaginación sobre las relaciones personales puede ser muchísimo mayor que el que provoca la realidad de los actos. Pero la obra no va por ahí, es la realidad la que desgarra sin dejar espacio a que la imaginación la calme. El acomodado matrimonio recibirá la visita de dos inquietísimos amigos, Belén López y Luis Merlo que contribuirán muy conscientemente a destapar la gran farsa sobre la que la pareja ha construido su vida. Es difícil que el teatro sea hipnótico, Miguel del Arco lo consigue a través de una poderosa y fantástica escenografía que nos hace viajar al atormentado interior de los personajes. 

Viernes por la mañana. Las críticas de las películas de la semana ya están en los periódicos. En la La crítica redacción de Días de Cine se comenta la de Boyero que compara el humor de Almodóvar con el de las películas de Mariano Ozores, algo que había resaltado Gerardo Sánchez, director de Días de Cine, al salir del pase de Los amantes pasajeros, el lunes. Pero Boyero va muchísimo más lejos en su párrafo final.

En la redacción hay división de opiniones. Yo me encuentro más cerca de la crítica de Luis Martínez de El Mundo: "Todo el ambiente en el que vive el vuelo a ninguna parte de la tripulación de 'Los amantes pasajeros' es demasiado crudo, demasiado procaz, demasiado próximo a lo que queremos evitar, demasiado consciente de sí mismo, para reproducir ni siquiera ligeramente el ambiente que requiere una comedia al uso."

Fue lo que intenté reproducir en el reportaje de Días de Cine. 

Ver vídeoDías de cine: 'Los amantes pasajeros'

 

Toda esta polémica, con la cantidad de  comentarios  a favor y en contra en las redes sociales, me hace pensar sobre lo que es una película. La obra de un director, quizá su deseo de trascender. Y todas las opiniones de la  películas, las críticas, quizá no son más que el deseo de trascender de los que trabajamos alrededor del cine.

Regreso a la frase de Miguel del Arco con la que comenzaba este post… Luchamos permanentemente entre la necesidad de trascender y la constancia de que nuestra vida no es más que un secreto fisiológico. Esa lucha básica puede convertirse en primitiva… Llevo años escribiendo en un ordenador,  de repente me he quedado sin tinta en el bolígrafo. 

Dejarse llevar

    Almodóvar es un visionario. No es casual que ponga a todos esos personajes en un avión que tiene que hacer un aterrizaje forzoso, y tampoco lo es que en los minutos previos al posible apocalipsis final el culto al placer surja como único alivio posible. DescargaMe parece que en los últimos años nos hemos subido a ese avión, el de Los amantes pasajeros, y parece que no nos damos cuenta de que no hay destino al que llegar donde aliviar todos los frentes que hemos abierto: tanto personales, como colectivos. Así que estamos en el aire, como el avión de Almodóvar, dando vueltas en círculos, sin saber a dónde dirigirnos, ni qué hacer y lo único que nos pide el cuerpo es dejarnos llevar.

Para dejarse llevar están los fines de semana, que para algunos son el momento en que sacamos el yo oculto para que se desfogue. En eso estábamos un grupo de amigos a la entrada del Demode de Madrid, cuando escuchamos la voz del puerta del local. "There out in the darkness. A fugitive running. Fallen from God. Fallen from grace... " 

LOS MISERABLESCantaba Stars, de Los Miserables, ensayaba para un futuro casting, cuando nos acercamos a él, a Christian Sampedro. Le escuchamos entusiasmados, comenzamos a hacerle peticiones y él se crecía cada vez más mostrándonos su voz, su talento, su capacidad para cambiar de registros, de acentos, de tonos. Pasado un largo rato los cigarros se habían consumido, hacía frío, volvimos a entrar al Demode. Pero un minuto antes de que la puerta nos separara de Christian le pregunté por la película y me contestó: "¡Qué mala es, pero cómo lloré!"

 La puerta se cerraba y Christian comenzó a cantar: One song, glory, one song. Before I go, glory. One song to leave behindDe Los Miserables había pasado a Rent mientras nosotros nos adentrábamos en el local y nos dejábamos llevar por la música. Los bares están llenos de desconocidos que buscan encontrarse con otros desconocidos que les ayuden a mostrar su verdadera identidad. Como en Weekend, una preciosa historia de amor que nace en un bar.  Hay una secuencia en la película en la que los dos protagonistas, tras pasar la noche juntos, desayunan en la cocina, y uno de ellos le habla al otro de la colisión que se produce entre dos identidades: lo que queremos ser y lo que somos. Frente a desconocidos mostramos más lo que queremos ser, nuestra imagen no está condicionada por la familia, ni por los amigos.

 

Ver vídeoDías de cine - 'Weekend'

 Es domingo cuando escribo todo esto, tras una noche del viernes inolvidable y un sábado en blanco. Me viene de repente a la cabeza Un asunto real, la gran película de época producida por Lars Von Trier, que habla del presente desde el pasado, que se desarrolla en los albores de la ilustración, en la corte danesa. UN ASUNTO REAL Un rey tan loco como manejable, una marioneta en manos de los representantes de la Iglesia y de los nobles terratenientes. Intrigas de poder, una reina amante de un médico que podría ser un precursor de los jacobinos. Ambos tienen ideas revolucionarias para construir una sociedad más justa pero tienen poderosos adversarios… Creo que Pedro Almodóvar los hubiera puesto a todos juntos en un avión a punto de estrellarse y les hubiera dado agua de valencia con mescalinas para que se desinhibieran. No parece una mala opción, llevamos casi 300 años haciendo círculos a miles de metros de altitud... El miércoles entrevisto a Almodóvar, tal vez le quede algún billete para el próximo vuelo. 

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Rodar para vivir, vivir para rodar

Se podría decir que ésta es la semana grande del cine: Goya y Oscar se han puesto de acuerdo en las fechas de sus noches de gala. Las fiestas donde subjetivamente se premian los mejores trabajos del año.

Los seres humanos necesitamos que nos den palmaditas en la espalda, que valoren nuestra tarea, y
que podamos celebrarlo. De ahí nacen los premios y sus celebraciones. Días de fiesta donde la humilde industria española y la poderosa estadounidense colocan en el escaparate a los que consideran sus mejores empleados. Dicho sin ironía, así es: son días en los que los del cine festejan (festejamos, esto casi todos) y reflexionan (esto unos pocos mientras los demás festejamos) sobre identidad, presente y futuro.

PabloAsí, en estos días, nos quedamos atónitos mirando los escaparates de las fábricas de sueños, para refugiarnos en una realidad en la que parece que ya no caben los cuentos. No es así, claro que caben los cuentos. Pablo Berger ha tardado ocho años en hacer el suyo. Como nos comentó en los Goya, citando una máxima japonesa: “Si tienes prisa toma el camino más largo”. Y continuó: “hasta los productores que me dijeron que no al proyecto cobran sentido en este día.”

Algunos otros dícen que con confianza, organización, tenacidad, esfuerzo, perder el miedo al fracaso y no amedrentarse por las malas críticas, aguantar la presión y saber que estás haciendo algo en lo que crees que puede de alguna manera servirle a los demás, es posible que la idea que has tenido dé sus frutos, se haga palpable, real.

No se deja de aprender viendo cine. Pero todo esto se olvida y se muere si no se ejercita, se memoriza y se toma nota. Por eso hay que poner un límite a la exposición a tanta pantalla, a tanto escaparate. Si se hace queda tiempo para construir el sueño propio, para desarrollarlo, para organizar el trabajo necesario para que se haga realidad. Se trata de dejar de ser espectador para convertirse en creador. No se trata de cine, se trata de vida. De convertirte en el director de tu propia vida, de tus días con un equilibrio entre ilusión y organización. ¿De qué sirve pensar en el discurso que harás cuando te den el Goya si no tienes ni siquiera el guión de la película?

OscarsGoyas
Viendo cine este año se puede aprender que el amor más maduro se basa en una generosísima y efímera entrega que poco tiene que ver con el egoísmo en el que gravita nuestra existencia y con los supuestos valores que nos enseñaron de niños. Vease Amor, de Haneke.

Que los problemas más acuciantes, más complicados, se resuelven con las ideas más peregrinas, las que parecen más absurdas, las que se salen de toda lógica. Como ocurre en la sorprendente Argo, y en la reveladora NO.

Que hay un tigre dentro de nosotros, con el que tenemos que vivir y al que debemos domesticar tanto para sobrevivir a sus ataques como para que nos defienda de las amenazas externas. La vida de Pi.

Y que la pulsión sexual y la pulsión creativa son parte esencial de nuestras vidas y ambas están íntimamente relacionadas como cuenta Trueba en El artista y la modelo.

Grandes películas que pueden atenazarnos, acomplejarnos porque las consideremos metas inalcanzables. Tal vez estos dos cortometrajes estimulen un poco más la creatividad. Uno está construido con muy pocos medios y con un divertido, hilarante y excelente guión, Incómodo. El otro con el esfuerzo de toda una escuela de animación, por un trabajo satisfactorio para todos, El vendedor de humo. ¿Qué necesitas para tu proyecto? ¿El esfuerzo de uno, el de unos pocos, el esfuerzo de todos? A qué estás esperando: rueda. 

Sonido, motor... acción

Hablo por teléfono con Javi, mi sobrino, mientras veo una fotografía en el ordenador. No sé si es un montaje. No es posible que un fotógrafo estuviera allí justo cuando cayó el rayo en el Vaticano. Pero según parece así fue. Y no sólo había un fotógrafo, de hecho hay varias tomas del mismo rayo. Cuelgo el teléfono. Iré a ver a Javi, Elena y el pequeño Daniel el viernes.

VaticanoPero lo esencial hoy es que el Papa ha dimitido y ha hablado de las divisiones en el seno de la iglesia. Además hay una imagen espectacular que lo ilustra todo.  El cardenal, la tercera parte de El Padrino, Amén, sacuden mi memoria haciéndome pensar que el archivo de ficción audiovisual que llevo impreso en la cabeza es el archivo de la historia real. 

No importa, juega el Madrid. Lo vemos en un bar cuya pared simula la grada del Bernabeu. Empatamos. Un amigo me dice que últimamente se queda vacío después de los partidos. Le contesto que yo ya no: la verdad es que ya no me llena el fútbol, así que no me puede vaciar. Pienso rápidamente una razón y me viene a la cabeza que veo demasiadas cosas: el campo está lleno de publicidad de Gazprom, las camisetas de los jugadores del Madrid de Bwin. Mi amigo me reprocha que no me centre en el juego real. Lo que yo pienso es que no dejo de centrarme en el juego real.  El otro día cerraron una interesantísima entrevista en la Ser sobre la sanidad en Madrid con un anuncio de Sanitas. Apagué la radio.


MeteoritoLlega el viernes, menos mal. En todas partes hay imágenes de la trayectoria de los meteoritos. Están tomadas desde coches que graban hacia la carretera. ¿Quién pone una cámara en el salpicadero del coche y para qué? Deep Impact, Armageddon… Un ministro ruso declara que no sólo la economía es vulnerable, el planeta también lo es… La cortina de humo, El show de Truman.  ¿Y si todo esto fuera un gran hermano galáctico? Oscar Pistorius sale esposado. Esta llorando. Le acusan de haber asesinado a su mujer. Un ciberatleta que  mata y llora… Yo, Robot.

Camino de casa de mi sobrino pienso que tengo que dejar de mirar tantas pantallas, lo invaden todo y crean más desasosiego que certidumbre. Daniel pesa algo menos de tres kilos, tiene una semana de vida. Le apoyo boca arriba en mis pantorrillas y se aferra fuertemente a mis dedos pulgares. Atardece en las afueras de Madrid. Desde la casa de Javi y Elena se ve una puesta de sol maravillosa. Una pequeña ciudad coronada de cuatro rascacielos que nacen en una llanura donde mueren las últimas laderas de la sierra. La visión del horizonte da paz, y ellos la transmiten, a pesar de que un bebe haya invadido sus vidas. Daniel continúa apretándome los pulgares, parece querer decirme que ha llegado, que está aquí. Me pregunto si será de los que cuestionan todo lo que ven, o de los que simplemente lo contemplan. Mañana es sabado. El domingo toca Goyas. 

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NO

Nadie se imaginaba en 1988 que una campaña publicitaria que podría haber diseñado Coca Cola fuera el primer peldaño para instaurar la democracia en Chile, tras quince años de dictadura de Pinochet. Pero así fue. Tan sorprendente como se puede ver en una gran película de Pablo Larraín, NO. Un título que analiza el poder del mensaje publicitario, su capacidad de asimilación por la población, y la necesidad de entusiasmar a la misma con estímulos positivos que derriben el miedo e insuflen la energía necesaria para vislumbrar un futuro mejor.   

No 4Las imágenes del horror que generó una dictadura como la de Pinochet no eran suficientes para concienciar a un sector de la población y para vencer el miedo de otra parte de la misma. Era preciso generar ilusión, y se consiguió con una brillante estrategia de comunicación que, al mismo tiempo, según Pablo Larraín, “trajo consigo el primer nivel de consolidación del capitalismo como único sistema posible en Chile”.

Solución de compromiso para un país que intento en los años 70 el camino al socialismo de la mano de un presidente elegido democráticamente,  Salvador Allende. El excelente documental La batalla de Chile narra con estremecedoras imágenes  cómo se gestó el golpe de estado, la intervención de la CIA en el mismo, el bombardeo de La Casa de la Moneda, residencia presidencial, y la muerte de Allende.

Pablo Larraín ha hecho tres películas que hablan de la dictadura de Pinochet. Trilogía iniciada con Images6 Santiago 73. Post Morten, que disecciona los orígenes de la dictadura desde la mirada del ayudante de un forense que se siente tan invisible como solo. Un tipo anodino que se someterá al poder. Película durísima que describe la asunción del horror desde la cotidianidad. En Tony Manero, segundo título de la trilogía, se describe la época más violenta de la dictadura. Y NO, como ya se ha dicho, es el comienzo del fin de la misma. Larraín ha declarado que su propósito con esta trilogía era  “realizar un balance, volver a visitar el imaginario de la destrucción moral e ideológica, no para entenderla sino para dejar constancia de que existió.”

El estreno de NO coincide en España con un momento de profunda desconfianza hacia los cimientos esenciales de nuestra sociedad. Hay en la película muchos paralelismos con nuestra situación actual. En nuestro país cunde el pesimismo, el miedo, y lo peor de todo hay una crítica a todo lo que acontece, pero una crítica absolutamente resignada. Elementos en común con la película, que pueden ser vencidos con el nacimiento de un ideal que aporte el convencimiento de que los graves problemas a los que nos enfrentamos tienen solución.

No3Tal vez sea el momento para que todos los que llevan muchos meses trabajando en opciones posibilistas para resolver nuestros problemas, se atrevan a contactar con expertos en difundir esas propuestas a la  gran mayoría de la población.  Sería el primer paso para que vislumbrásemos un futuro mejor. En ese punto, un lema unificador tan contundente como el NO de la película de Larraín, derrotaría al miedo, al pesimismo y afianzaría la regeneración que nuestra democracia necesita. 

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Miguel Castro


“La cura contra el aburrimiento es la curiosidad. No busques un remedio para la curiosidad: no tiene cura.” Dorothy Parker. Esta cita es la inspiración de 'Detrás de la trama'. Un espacio nacido de una curiosidad infinita que nos hace navegar de una idea a otra, buscando respuestas que nos llevan a nuevas preguntas, en una espiral que parte de la trama de una película.
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