“La cura contra el aburrimiento es la curiosidad. No busques un remedio para la curiosidad: no tiene cura.”
Dorothy Parker.
Esta cita es la inspiración de 'Detrás de la trama'. Un espacio nacido de una curiosidad infinita que nos hace navegar de una idea a otra, buscando respuestas que nos llevan a nuevas preguntas, en una espiral que parte de la trama de una película.
Es difícil dejar de mirar a Ryan Gosling en Drive. Su frialdad conduciendo, sus silencios, su sonrisa, su cazadora, su mondadientes. Sus movimientos acompasados al ritmo de una música intimista y cautivadora que elevan cada encuadre, cada fotograma, ubicando al observador en un lugar similar al de una galería de arte.
En ese momento, a oscuras, uno busca elementos que le ayuden a conocer como está construida la fortaleza de cada imagen. Y del análisis surgen multitud de posibles referencias estéticas y formales desarrolladas por un tipo al que le gusta confrontar belleza y sordidez, el director Nicolas Winding Refn.
Drive, podría ser catalogada como el Reservoir Dogs del siglo XXI. No cabe duda de que el director danés intenta emular a Tarantino en la seducción que le inspira la violencia y la necesidad de imbricarla de lirismo. Y nombrar a Tarantino es viajar por el cine de Johnnie To con destino final en el de Sam Peckimpack.
Pero hay algo más en una película que podría considerarse El silencio de un hombre de Melville, rodado por el David Lynch de Mulholland Drive y bruscamente interrumpida, en ocasiones, por la caligrafía de un aficionado al vídeo musical sensiblero y publicitario.
Con todas estas referencias, no es extraño que uno sienta que detrás de Drive hay un estilo propio, merecedor del premio a la mejor dirección en un festival de tanto prestigio como el de Cannes. Y merece también que Nicolas Winding Refn sea un nombre que se deba recordar y su película comience el ascenso hacia el encumbramiento como película de culto para muchos. Aunque otros no ahorraran esfuerzos en precipitarla, no sin falta de argumentos, hacia la catalogación de impostura esteticista.
IMPRESCINDIBLES DEL AÑO (2)
Estrenada a principios de año, Animal Kingdom es otra de las sorpresas del 2011. Una película que comparte sordidez ambiental con Drive pero que difiere con ésta en puesta en escena y profundidad del conflicto que nos presenta que, en este caso, lleva a un adolescente a aprender rápidamente las reglas del juego de la familia mafiosa que le ha adoptado. El nuevo código moral que tendrá que aprender para sobrevivir no tiene nada que ver con el de la vida que llevaba hasta el momento en que su madre murió.
Conflicto similar al que vive el médico protagonista de un inolvidable título de Susanne Bier,En un mundo mejor. Estremecedor retrato de un idealista que intenta aportar algo para vivir en un mundo mejor y que, dolorosamente, se verá asaltado por atormentadas contradicciones morales al verse sacudido por brutales e inesperados acontecimientos en las dos partes del mundo donde trabaja: en la civilizada Dinamarca y en un campo de refugiados, en un país en guerra, en el corazón de África.
Ni Drive, ni Animal Kingdom ni tampoco En un mundo mejor están incluidas en el vídeo final del blog. Se trata de una selección argumentada de las mejores películas del año. Una lista con un pequeño gazapo final. La película animada en color es El ilusionista, aunque figure por error el rótulo de The Artist, que es la joya en blanco y negro con la que acaba la pieza, problemas del directo de los programas diarios.
Decía la semana pasada el director de The Artist, Michel Hazanavicius, en la presentación de su maravillosa película en Madrid, que una de las cosas que le habían movido a filmarla era aprender de cómo vivieron un grupo de personas un cambio tecnológico que transformó radicalmente su trabajo y por lo tanto, sus vidas. El paso del cine mudo al sonoro supuso una revolución en la industria cinematográfica que provocó la inadaptación de muchos y una gran oportunidad para otros, justo en un momento histórico donde la crisis del 29 hacía trizas los cimientos del frágil e ingenuo sueño americano.
Hazanavicius resaltaba los paralelismos con una época como la actual donde los cambios tecnológicos hacen que vivamos en una permanente necesidad de adaptación laboral: muy probablemente la mayoría de nosotros tengamos la necesidad de reciclarnos, de aprender una nueva profesión, antes de que alcancemos la edad de jubilación. Y uno de las mejores momentos de The Artist es cuando su protagonista, tras un durísimo y erroneo encaje inicial de su situación, aprende a levantarse de nuevo, por supuesto con gran ayuda, despojándose de grandes dosis de vanidad y recuperando la magia que le hacía moverse vertiginosamente sobre sus pies a ritmo de tap dance. Un cuento conmovedor e ilusionante, en blanco y negro, casi mudo, para devolvernos la capacidad de soñar ante un ciberpresente tan vertiginoso como poco esperanzador.
No es novedoso, ni en cine ni en literatura, el mirar hacia atrás, hacia el pasado, para buscar un aprendizaje sobre el presente. El cine lo ha hecho este año en títulos excepcionales en los que es posible encontrar tantas respuestas como preguntas.
El ilusionista. Película de animación, casi muda que recrea el universo del cineasta francés Jacques Tati, partiendo de un guión inacabado del genial creador de Mi tío, Playtime o Las vacaciones del señor Hulot. Cine que habla al mismo nivel tanto de la necesidad de vivir de ilusiones como de la exigencia vital del conocimiento de sus límites. Nadie come gracias a sus sueños sobre príncipes, princesas, duendes y hadas, y hay mucha gente en el mundo incapaz de vivir en la realidad, cuidada por otra gente que se deja la piel en durísimos trabajos, día a día, para mantener el mundo de ilusión reclamado por estos ingrávidos habitantes del mundo de la fantasía del planeta Tierra.
Midnight in París. Cualquier tiempo pasado no fue mejor, simplemente lo hemos idealizado, es la conclusión que podríamos sacar de esta genial comedia de Woody Allen que nos lleva desde el París de hoy al de vivieron Fitzgerald, Buñuel, Dali y Hemingway e incluso nos transporta a otro un poco más lejano: el de Tolouse Lautrec, Gauguin y el can-can. Una producción española que opta a Mejor Película en los Goya, pero que difícilmente será nominada en esta categoría.
The Artist, El ilusionista, y Midnight in Paris ponían su mirada en la primera mitad del siglo pasado para sacar conclusiones sobre la época actual. Mientras tanto, otros trabajos arriesgaban menos, con miradas más próximas pero más contundentes que nos hacían reinterpretar pasado y presente y nos provocaban una profunda convulsión. Hablamos de No habrá paz para los malvados, George Harrison;living in the material world, Inside Job, La doctrina del Shock y Comprar tirar comprar.
No habrá paz para los malvados. Posiblemente la mejor película española del año y la que más se merece un generoso reconocimiento por parte de la Academia de Cine. Es un reto muy delicado mezclar ficción y realidad con un suceso tan doloroso como los atentados del 11-M de Madrid; resulta doblemente complicado convertir a un justiciero amoral en el garante de nuestra libertad en la mejor interpretación de su carrera de José Coronado; y es un salto mortal mostrarnos las alcantarillas del Estado en que vivimos y a los peligrosísimos enemigos que lo acechan, sin que sintamos una profunda arcada que, cuando remite, nos obliga a apreciar profundamente el trabajo de un director como Enrique Urbizu y de su coguionista, Míchel Gaztambide.
George Harrison: Living in the material world. Una declaración de Ringo Star que se puede ver en este excepcional trabajo de Martin Scorsese, recoge a la perfección la esencia de este documental: “George era un pacifista que se encontraba en conflicto permanente consigo mismo”. A partir de esta dualidad, y de un gigantesco archivo con imágenes absolutamente reveladoras sobre la personalidad del ex Beatle más místico, se nos presenta un trabajo de cerca de cuatro horas de duración que va muchísimo más allá de una hagiografía producida por su mujer, para adentrarse en la vida de un hombre que pudo elegir cómo vivir y que supo prepararse a cómo morir.
Los otros tres títulos que merecen ser resaltados han servido para cargar pilas ideológicas al personaje del año 2011 según la revista Time, el manifestante. El 2011 será recordado como el año que los ciudadanos se echaron a la calle para reivindicar su sitio en sociedades donde son ninguneados. Buena parte de los motivos que generaron esa gran protesta se pueden ver en dos tardes y tres documentales que deberían de ser debatidos y visionados en los institutos de enseñanza media de todo el mundo: La doctrina del shock o cómo analizar los últimos treinta años de historia desde una perspectiva económica tan real como escalofriante; Inside Job o cómo encontrar las causas que provocaron la crisis económica actual, quiénes la provocaron y qué consecuencias tuvo en la transformación del mundo en el que vivíamos a peor; y Comprar, tirar, comprar… o cómo aprender lo que significa vivir de forma sostenible en un mundo que debe acostumbrarse al modelo económico del futuro: el decrecimiento, impulsado por el economista y filósofo francés Serge Latouche.
Para los que necesiten cargar más pilas, la editorial Lengua de Trapo acaba de publicar la visión de Matt Taibbi de la que él llama la era de la estafa. Un demoledor e incendiario ensayo titulado Cleptopía que apunta a Alan Greenspan como el mayor causante de la debacle económica actual. Y los que quieran profundizar sobre el decrecimiento, tienen su biblia particular en La hora del decrecimiento, de Serge Latouche Didier Harpagès, publicado por el editorial Octaedro.
“La cura contra el aburrimiento es la curiosidad. No busques un remedio para la curiosidad: no tiene cura.”
Dorothy Parker
Esta cita es la inspiración de Detrás de la trama. Un espacio nacido de una curiosidad infinita que nos hace navegar de una idea a otra, buscando respuestas que nos llevan a nuevas preguntas, en una espiral que parte de la trama de una película.
Y esa espiral se inicia hoy con Eva, la opera prima de Kike Maillo, que recibió recientemente el Premio Ojo Crítico de Cine 2011. El primer filme de robots producido en España, del que ayer, martes y trece, se presentó el libro de la película en Madrid y Barcelona, desafiando al ejercito de supersticiosos que integran una profesión que vive permanentemente de la ficción.
Eva es, hasta la fecha, la película española más sorprendente de los últimos meses. Nos muestra robots, en un futuro no muy lejano, diseñados para sentir emociones. Y presenta como conflicto el hecho de que un grupo de seres humanos sean capaces de crear robots que piensan, que sienten, y sin embargo son incapaces de controlar sus propias emociones y mucho menos las de los robots que han construido.
Para Martín Molina, especialista en inteligencia artificial, “ha habido en los últimos veinte años avances sorprendentes en este campo, como el robot Asimo de la compañía Honda, con aspecto humano que anda, sube escaleras, corre y baila; o los prototipos de coches capaces de conducirse a sí mismos durante cientos de kilómetros; los aviones no tripulados que maniobran por sí solos; el asistente SIRI para el iPhone de Apple que interacciona con nosotros en lenguaje hablado para ayudarnos a resolver tareas; o el sistema EMI que compone obras musicales emulando a grandes músicos; e incluso, recientemente, el programa Watson de IBM que ha vencido a jugadores humanos en un programa concurso televisivo de cultura general en EEUU (Jeopardy)”.
Pero esto no es suficiente para emular muchas de las cosas que hemos visto en el cine. Molina argumenta que: “aunque estos ejemplos muestran comportamientos inteligentes realizados por máquinas, todavía no existe una máquina que de forma completa simule la capacidad de inteligencia humana (que simule creatividad, uso del sentido común o emociones) y es difícil predecir cuándo ello será posible ya que muchas predicciones de este tipo han fallado”.
Elsa Punset, filósofa y comunicadora, vislumbra un futuro nada lejano para profundizar sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, sobre la forma en la que nuestro pensamiento trabaja. Un campo abierto por la inteligencia emocional que será enseñada en las escuelas y transformará las relaciones humanas. Las últimas investigaciones en el campo de la neurociencia han determinado que el pensamiento está definido por el instinto, las emociones, y por encima de estos dos pilares transita la razón. Sin una interpretación clara de nuestros instintos, de nuestras emociones, difícilmente podremos aplicar la razón a los conflictos que se nos presentan día a día.
“La cura contra el aburrimiento es la curiosidad. No busques un remedio para la curiosidad: no tiene cura.”
Dorothy Parker.
Esta cita es la inspiración de 'Detrás de la trama'. Un espacio nacido de una curiosidad infinita que nos hace navegar de una idea a otra, buscando respuestas que nos llevan a nuevas preguntas, en una espiral que parte de la trama de una película.