4 posts de febrero 2012

The Artist no necesitaba tantos premios

    No necesitaba oscars para triunfar pero los ha conseguido. Tampoco precisaba ser profeta en su tierra y cubrirse de cesars, y sin embargo así ha sido. A ambos lados del Atlántico, los académicos franceses y estadounidenses, de gustos tan diferentes, han coronado la magia de una película que emociona, que enternece, que permite una reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro del cine, y de nuestras vidas. 

    Una emoción que llega a la sublimación en dos momentos tan geniales como imborrables. En uno de ellos la protagonista se deja acariciar por un traje que cobra vida propia al introducir su brazo en la manga, hasta el punto de que la actriz desea tocar su propio cuerpo, en una sencilla y maravillosa imagen que expresa el anhelo irrefrenable de querer sentirse deseada por aquel al que se desea. La segunda genialidad parte del sonriente y comunicativo Jean Dujardin que literalmente grita, absolutamente mudo, al darse cuenta de que un invento nuevo, el cine sonoro, va a devorar su poder de comunicación. Y el momento en que se da cuenta es cuando escucha el ligero sonido de un vaso posarse en una mesa que en su cerebro suena como un auténtico estruendo. Acertadísima metáfora visual de la inadaptación que vivirá en los nuevos tiempos la adorada estrella.

    En diciembre pasado, en este mismo blog, escribía sobre The Artist que una de las cosas que habían movido a Michel Hazanavicius a filmarla, según declaró en la presentación de la película en Madrid, era aprender de la forma en la que vivieron un grupo de personas un cambio tecnológico que transformó radicalmente su trabajo y por lo tanto, sus vidas. El paso del cine mudo al sonoro supuso una revolución en la industria cinematográfica que provocó la inadaptación de muchos y una gran oportunidad para otros, justo en un momento histórico donde la crisis del 29 hacía trizas los cimientos del frágil e ingenuo sueño americano.

   Hazanavicius resaltaba los paralelismos con una época como la actual donde los cambios tecnológicos hacen que vivamos en una permanente necesidad de adaptación laboral: muy probablemente la mayoría de nosotros tengamos la necesidad de reciclarnos, de aprender una nueva profesión, antes de que alcancemos la edad de jubilación. Y uno de las mejores momentos de The Artist es cuando su protagonista, tras un durísimo y erróneo encaje inicial de su situación, aprende a levantarse de nuevo, por supuesto con gran ayuda, despojándose de grandes dosis de vanidad y recuperando la magia que le hacía moverse vertiginosamente sobre sus pies a ritmo de tap dance. Un cuento conmovedor e ilusionante, en blanco y negro, casi mudo, para devolvernos la capacidad de soñar ante un ciberpresente tan vertiginoso como poco esperanzador.

    Esto es lo que nos da The Artist, una película que no necesitaba tantos premios porque hay unanimidades que espantan, y en esto del cine más. Hay muchos en esta profesión que se posicionan en contra de la corriente mayoritaria que aclama a muchas películas. Y lo hacen en algunos casos sin verlas, justificando esta postura como una huida del hastío que provoca todo lo que huele a triunfante operación de  mercadotecnia. A todos ellos no les ha venido bien tanto premio para The Artist, porque van a perderse una película que les proporciona el placer de soñar y de pensar al mismo tiempo. Yo no le pido más al cine.

 Especial: Los Oscars 2012, en RTVE.es

Sobredosis de premios

    Hace dos domingos los Bafta, hace cinco días los Goya, hoy viernes los Cesar, y en la madrugada del lunes los Oscar. Se han puesto de acuerdo las academias de cine del Reino Unido, España, Francia y Estados Unidos, para bombardearnos de alfombras rojas, de glamour, y de discursos de agradecimientos en apenas dos semanas.

    Temporada alta para el cine, temporada alta para la cartelera que ya está repleta de películas con opciones a premio. Aunque si hacemos caso al brillante monólogo de Santiago Segura en los Goya, no debemos pensar que esto sea sinónimo de calidad, ya que según Segura los académicos españoles votan más con las tripas y el corazón que con la profesión. Y ya puestos, pues no van a ser menos los británicos, los franceses o los estadounidenses.

Por el momento ya sabemos que una película francesa arrasó en los Bafta: The Artist se llevó nada menos que siete, en un paseo triunfal que pronosticamos continuará en Los Ángeles con el permiso de La invención de Hugo y Los descendientes. Lo que no parece tan claro para The Artist es que Paris se ponga a los pies de Michel Hazanavicius. Según la prensa especializada gala tanto Polisse, la cinta que desnuda el día a día de la Brigada de Protección de Menores de la policía francesa (Premio Especial del Jurado de Cannes), como el thriller político L’exercice de l’etat (premio Fipresci de Un Certain Regard) pueden aguarle la fiesta a la película francesa más laureda del año.

    Quinielas aparte, echar un vistazo a las categorías premiadas y al número de finalistas de las distintas academias proporciona algunos datos sumamente interesantes. Por ejemplo, el hecho de que los Bafta tengan un premio a la mejor película del año, la categoría estrella que ganó The Artist,  y otro a la película británica más sobresaliente del año en la que venció El topo que curiosamente también estaba nominada como mejor película. Los británicos no solo miran a la producción interior sino que el máximo galardón se lo pueden dar a una película de cualquier nacionalidad.
 
    En cuanto al número de finalistas por categoría no existe el mismo criterio en las distintas academias. Los cuatro de la española se convierten en cinco en la británica. Casi todas las categorías de los Oscar y los Cesar tienen también cinco finalistas, con la salvedad de que los Oscar colocan a nueve películas en el último corte de la categoría estrella. Y los franceses eligen entre siete finalistas en las categorías de  mejor película nacional, extranjera, mejor actor y mejor actriz.

    Donde sí hay absoluta unanimidad es a la hora de guardar el secreto del resultado de las votaciones. De estas cuatro academias ninguna publica los mismos. Sus razones tendrán, pero en los tiempos que corren sería de agradecer que supiésemos el escrutinio de los votos para poder dimensionar el valor real de unos premios que tienen un gran peso en la poderosa industria de las ilusiones pero que, como afirmaba Santiago Segura en tono irónico, pueden ser absolutamente cuestionables.

 CESAR 2012. FINALISTAS A MEJOR PELÍCULA           

  L'exercice de lètat, Declaración de guerra, Le Havre,  Intocables,  Pater, Polisse, The Artist       

 OSCAR 2012. FINALISTAS MEJOR PELÍCULA

The Artist, Los descendientes, Extremely Loud & Incredibly Close, The Help, La invención de Hugo, Midnight in Paris, Moneyball, El árbol de la vida, War Horse

 BAFTA 2012. FINALISTAS MEJOR PELÍCULA                                      

The artist (ganadora)Los descendientes, Drive, The help, El topo

 BAFTA 2012. FINALISTAS MEJOR PELÍCULA BRITÁNICA

El topo (ganadora), Mi semana con Marilyn, Senna, Shame, Tenemos que hablar de Kevin.

 

 

La catarsis de los nominados

 21 de febrero de 2012. Resaca de los Goya, de la edición más igualada de unos premios que serán recordados por el instante que generó la gran sorpresa de la noche, el empate en el premio a la Mejor Interpretación Masculina entre José Coronado y Antonio Banderas. El actor malagueño, emocionado, declaró sentirse como en el momento final de Ocho y medio de Fellini, esa secuencia en la que todos los componentes de la película bailan de la mano alrededor de un escenario semidesmantelado. Abrazado a José Coronado, confesó que veía a todos los personajes que había interpretado en su vida bailando aquí, a su lado, celebrando el reconocimiento del triunfo de un actor que se fue a hacer las Américas pero que nunca dejó de mirar a la tierra de donde salió. Mientras, Coronado escuchaba estas palabras y se le saltaban unas lágrimas que le impedían articular una sola palabra y se contagiaban al patio de butacas. Fue en ese instante cuando, sin que nadie lo hubiera previsto, se colaron por la megafonía del Palacio de Congresos los acordes de La passarella di addio de Nino Rota. Lo que sucedió después fue tan mágico como indescriptible en unas pocas líneas. Las imágenes, que dieron la vuelta al mundo, continúan emitiéndose en miles de cadenas de televisión y enlaces de Internet. Imágenes que paralizaron primero una Gala, y después a todo un País. Así se inició lo que ya comienza a denominarse como Catarsis de los nominados, el momento en que el justiciero Santos Trinidad se puso a bailar con el científico roba identidades Robert Legard, y éste tomo la mano de un hombre secuestrado en un cuerpo de mujer, Vera Cruz, la protagonista de La piel que habito y ésta a Pepita, la joven que nunca quiso meterse en política en tiempos donde era mejor no hacerlo, y ésta a Hortensia, su hermana, que a su vez atrajo hacia sí a Mercedes, una funcionaria de prisiones con sentimientos en una época donde había que tenerlos encerrados bajo llave. Las tres, salidas de La voz dormida, le dieron la mano sin temor a un robot de última generación llamado Max que decía buscar a Eva, y en el camino había tropezado con un asombrado Kike Maillo que se frotaba los ojos, una y otra vez, pensando que lo que estaba ocurriendo era pura ciencia ficción. Mientras, a su lado,  Woody Allen se empeñaba en afirmar que él no había escrito ese guión y, entre risas, señalaba que tal vez todo aquello era un montaje, con la mirada fija en Pablo Blanco que estaba empeñado en intentar quitarle un clavo de la cabeza al publicista que creó el lema de La chispa de la vida, Roberto Gómez, que no paraba de bailar señalando a Pedro Almodóvar como artífice de aquel disparatado guión adaptado. Y ante todo esto, sin parar de reír, Enrique Urbizu insistía en gritar a los cuatro vientos: No habrá paz para los malvados. Pero ya nadie parecía escuchar nada, tan solo unos pocos permanecían Escuchando al juez Garzón que decía que todo aquello era Un cuento chino provocado por una película muda y en blanco y negro que había trastornado el sentido común de todos los de la Gala, de todo el País, de todo el Planeta. Y, de repente, unos cuantos se levantaron, decidieron que había que filmar todo aquello: Juan Antonio Ruiz Anchía se hizo cargo de la fotografía, Andrés Santa de la dirección de producción, Laia Colet de la dirección artística, María José Iglesias García del diseño de vestuario y Karmele Soler, David Martí y Manolo Carretero se ofrecieron a maquillar a todos. Mientras Urbizu, sin parar de reír, insistía en que esa película que querían hacer debería filmarse sin maquillaje, al mismo tiempo que gritaba sin parar, entre las risas de todos, en mitad de una intensa algarabíaNo habrá paz para los malvados

La mayor paradoja de la Historia del Cine: La invención de Hugo.

     Abro las páginas de La invención de Hugo Cabret de Brian Selznick y me doy cuenta de que el libro está lleno de maravillosos dibujos que forman parte de la narración. Mi amiga Linda me enseñó que estaban realizados con lápiz de grafito, deshaciendo el error que yo había cometido atribuyéndoles la técnica de carboncillo.  Un libro donde las ilustraciones tienen el mismo papel narrativo que el texto: lo que se cuenta a través de los dibujos no está descrito en el texto escrito, y viceversa.  

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    Imagino a Martin Scorsese con el libro en sus manos, por vez primera, descubriendo la vida de un niño que vive en unos laberínticos pasillos olvidados de una estación de ferrocarril de París. Un niño que cuida de que los enormes relojes de la estación no pierdan cuerda; un niño que, en sus ratos libres, deambula buscando piezas que le puedan servir para arreglar a un autómata.

    Un niño que ha  clavado su mirada en un arsenal de ruedas imperiales y ejes de barrilete: la juguetería de un anciano llamado G. Meliès que se encuentra en mitad de la estación. En ese momento, Scorsese, excitado, debió de comenzar a pensar en cómo sería el plano de inicio de la película. Imaginó un movimiento aéreo de aproximación a la estación. Nieva sobre París, la película será rodada en 3D y la nieve tiene que caer en la sala mientras la cámara se acerca a la estación, penetra en ella, recorre a gran velocidad los andenes esquivando la actividad frenética humana que se desarrolla en ellos, para posarse en el caminar del protagonista de la historia: Hugo Cabret.

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    A partir de ahí, Scorsese, ese hombre que en más de una ocasión ha declarado haber pasado algunos de los mejores momentos de su vida en una sala de cine, devoraría las páginas escritas por Brian Selznick para ponerse como reto recuperar la memoria del mago de todos los magos del séptimo arte, Georges Meliès, y rendirle un homenaje que le obligara a trazar la mayor paradoja de la Historia del Cine, refilmar en tres dimensiones El viaje a la luna que rodó en 1902 el más imaginativo de los pioneros de esta profesión. 

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    Así lo vivimos un grupo de privilegiados el pasado jueves en el cine Proyecciones de Madrid, como una experiencia única que nos colocaba en 1931 y hacía que se detuviera el tiempo, que durante casi dos horas nos creyéramos que todo lo que veíamos ocurrió de verdad. Bastaba con que alguien lo hubiese filmado para que fuese cierto, que un director al que admiramos por sus inquietantes retratos de los mundos más sórdidos se propusiera contar una historia llena de cine y de vida a su hija de doce años. Una historia rebosante de su propia vida, la de alguien obsesionado por recuperar películas antiguas, fotogramas olvidados. 

     Es la quinta vez en unos pocos meses que un cuento genial inunda la gran pantalla: Medianoche en París, El ilusionista, The Artist, Le Havre, y ahora La invención de Hugo. Tal vez sea por que precisemos urgentemente de una profunda revisión del presente. Y mientras llega, tan sólo podemos pedir a gritos que nos cuenten historias que cambien la Historia. 

Miguel Castro


“La cura contra el aburrimiento es la curiosidad. No busques un remedio para la curiosidad: no tiene cura.” Dorothy Parker. Esta cita es la inspiración de 'Detrás de la trama'. Un espacio nacido de una curiosidad infinita que nos hace navegar de una idea a otra, buscando respuestas que nos llevan a nuevas preguntas, en una espiral que parte de la trama de una película.
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