3 posts de mayo 2012

Atrapados entre desneuralizadores

    El otro día estaba paseando por el río cuando me encontré a los agentes K y J. No, no se trataba ni de Will Smith, ni de Tommy Lee Jones, me refiero a los auténticos, a los verdaderos. No iban vestidos de negro, ni llevaban gafas de sol, de hecho estaban camuflados con los paisanos autóctonos que había por allí: uno con la camiseta del Bilbao, otro con la del Barça. Les expliqué que ese disfraz no lo podían usar durante muchos días cerca del Vicente Calderón y me contestaron que no me preocupara, que eran capaces de adoptar cualquier tipo de apariencia. Se encontraban en la orilla del Manzanares en misión especial. Se trataba de analizar la indeseable concentración de alienígenas procedentes del planeta Coge el dinero y corre que se estaba dando en nuestro país. Al parecer, los habitantes de este aniquilador planeta se quieren quedar con todo lo que tenemos pero no sólo con lo económico, sino que son capaces de adueñarse de nuestra voluntad, de nuestras ideas, de nuestros principios. El plan es escalofriante. Lo primero que hacen es terminar con eso de que los actos tienen consecuencias. A partir de ahí depredan todo el Planeta ayudados por un grupo de colaboracionistas que intentan sacar tajada de la invasión. 

    Todo esto me lo dijeron muy serios mientras se pimplaban una de calamares y dos botellas de un Ribera del Duero que estaba realmente rico. No podía negarme, me ofrecieron una copita…, y luego otra, y claro…, otra más. La cosa estaba interesantísima, empezaba a entenderlo todo, absolutamente todo, e incluso se me ocurrió la idea de cómo parar la invasión. En ello estaba cuando empezaron a oírse las  primeras estrofas del himno nacional que, a los pocos segundos fueron acalladas por una estruendosa pitada. Y al mismo tiempo alguien me dijo que por la radio estaban contando que había una batalla naval en aguas de Gibraltar. Por un momento pensé que estaba dentro de la tercera parte de Men in Black y me había transportado a otra época. Pero todo lo que es divertidísimo y absolutamente genial en la película, en la realidad empezaba a darme tremendas arcadas. Sobre todo cuando un calamar se me atragantó en el esófago justo cuando en mi teléfono móvil surgía un titular que ya no sabía de qué época era, que decía que hacían falta 23.000 millones para rescatar no se qué, que el gobierno iba a facilitarlo todo y que no se iba a investigar a los gestores anteriores de la entidad. K y J me dieron una palmadita en la espalda y conseguí expulsar al calamar de mi esófago. Pedí otra botellita de Ribera para celebrar que volvía a respirar justo cuando el Barça metía su primer gol al Bilbao. En ese momento me fui al baño. Estaba un tanto acalorado así que me refresqué un poco la cara dejando que un buen chorro de agua resbalara por ella. No había ni toallas, ni papel higiénico, así que salí del cuarto de baño como si lo hiciera de la piscina. Al volver no estaban ni K, ni J, ni nadie vestido con camisetas del Barça o del Bilbao. En su lugar había un montón de gente muy alta, muy rubia, con facciones tan angulosas como frías. Me froté los ojos pero seguían allí. En la televisión jugaba el Bayern contra el Borussia. Un camarero comenzó a hablarme en un idioma que no entendía. Creo que me insistía en que le pagara la cuenta de tres botellas de un vino con una marca impronunciable. Eché mano al bolsillo y saqué unos billetes y los puse  encima de la barra.

 - Nein, nein, nein, dijo el camarero.  Billete de mil

Miré los billetes, eran verdes y grandes y en ellos estaban retratados los Reyes Católicos. En ese momento deseé que el calamar siguiera en mi esófago. Pero ya no estaba. Todos en el bar estaban mirándome. Comencé a andar lentamente hacia atrás, muy despacio, aterrorizado, hasta que mi espalda chocó contra la pared acristalada del bar. No había salida. Cerré los ojos y esperé a que llegaran. Ya no podía hacer nada. Era demasiado tarde. Sólo había una posibilidad de salvación: que alguien me rescatara. ¡Qué alguien me rescate del rescate!, grité. Abrí los ojos. Todos comenzaron a reírse estruendosamente, sus rostros iniciaron una lenta descomposición tras la chirriante carcajada. Surgieron tentáculos, vísceras, larvas, eran todos seres monstruosos. En ese momento aparecieron los agentes K, y J, los de la película, y acabaron con todos los monstruos.  

DesneuralizadorFue entonces cuando se me acercaron con el desneuralizador y me dijeron que lo mirara fijamente. Me dieron un flashazo y me contaron que vivía en un país donde los ciudadanos, sin pensar en ideologías, habían comenzado una regeneración ética. Se había creado una comisión que investigaba la gestión realizada en los bancos rescatados. Se habían pedido responsabilidades y se habían juzgado a aquellos que habían cometido delitos, por mucho que tuvieran amigos en las instituciones esenciales del Estado, o pertenecieran a ellas. Había habido un pacto de Estado entre todos los hombres de bien, representantes elegidos del pueblo, que acordaron acabar con la corrupción y perseguirla en todos los lugares empezando por sus propias organizaciones, los partidos políticos. Un grupo de hombres honestos que velaban por la transparencia en todos los ámbitos del Estado, preservando la separación de poderes y velando por el cumplimiento de la Constitución y la modernización de los artículos de la misma que era necesario revisar para adecuarlos a los intereses de los ciudadanos y de la democracia del siglo XXI. Me estaban diciendo todas estas cosas cuando me di cuenta de que el desneuralizador no funcionaba porque me acordaba de todo lo que había pasado antes. Y, de golpe y porrazo, aparecí de nuevo golpeado por un chorro de agua helada. Volví a salir del cuarto de baño, justo cuando el Barça marcaba el tercer gol. Pensé que me apetecía un vino pero decidí dejarlo para otro momento. Fue en ese instante cuando decidí poner un cartel en mi ventana. Regeneración ética, ya. Y me senté a esperar a que llegaran los hombres de bien.  

@MiguelCastroU

detrasdelatrama@gmail.com

Metálogos

    Las luces de la sala Triángulo de Madrid se apagan y vuelven a encenderse a los pocos segundos. El patio de butacas se ha llenado de actores que se mezclan con los espectadores. Se me acerca uno de ellos portando un smartphone en su mano. Me muestra el vídeo de una bailarina que está en el rellano de una escalera, entre dos pisos, intentando subir o bajar, pero sin conseguirlo. Me pregunta, nervioso,  que qué creo que le pasa. Nos ponemos a hablar, pero llega una actriz con la mirada poseída por la inquietud. Toca el violín, una composición supuestamente relajante que su mirada ubica en un precipicio emocional. Por las escaleras de la elevada sala avanza una preciosa mujer absolutamente desnuda, es pura belleza. Sólo lleva un teléfono en la mano. No para de hablar, habla sin parar mientras se mete por las butacas, se sienta encima de los espectadores sin dejar de mantener una conversación indescifrable. A su lado, en un viaje similar, dos actores, hombre y mujer, hablan de temas existenciales. Una actriz se me acerca y me canta al oído: Quizás, quizás, quizás… Estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando… y así pasan los días y yo desesperada… El teatro se ha llenado de una gran confusión, las palabras se agolpan en las paredes de la sala tropezando con sensaciones que quieren matar a la palabras y con instintos que echan a un lado a la razón.

Metalogos2

    Metálogos es una de las tres finalistas del concurso Scena Simulacro 2012. Un metálogo es un diálogo donde es tan importante el contenido del mismo como la forma en la que se produce la comunicación.

    Sigo pensando en Metálogos mientras monto para Días de Cine la pieza de cineastas que se han convertido en novelistas. Tres directores han cambiado su forma de comunicarse con los espectadores, ya no lo hacen a través de películas, ahora lo hacen a través de novelas. Con Manuel Gutiérrez Aragón se puede viajar desde la jungla de las FARC a la de los negocios; con Julio Medem a la Grecia clásica a través del personaje de Aspasia;  y con Agustín Díaz Yanes a lo más oscuro del mundo financiero. Dice Yanes que lo que ha aprendido tras leerse más de setenta libros de economía no es algo nuevo: “hay un uno por ciento de la población mundial que se está enriqueciendo a costa de empobrecer al 99 por ciento restante”.

    Termino de montar la declaración de Yanes, Bankia cae en bolsa un 30% tras haber sido nacionalizada. Tengo mi dinero en Bankia. Una mujer interpela al ministro Montoro. Le dice que le asegure que no le van a quitar sus ahorros. El ministro lo hace. La mujer, desesperada, le dice que si le quitan sus ahorros mata a quien sea.

 

       Metálogos acababa con una explosión de instintos que hacía enmudecer a la razón, precisamente cuando la angustia vital, el ruido existencial, se hacía tan insoportable como ensordecedor. 

                                                                                                                                  @miguelcastrou

                                                                                                          detrasdelatrama@gmail.com

 

Espejismos de realidad

    Estoy un poco tocado desde hace unos días. Resulta que me metí en mi cuenta de Twitter y encontré que había un nuevo seguidor que se llamaba Miguel Castro. Por un momento pensé que, en un oligofrénico ataque de ego, había decidido seguirme a mí mismo pero, al mirarme al espejo, deseché inmediatamente esa opción. No podía ser, así que revisé los tweets de mi doble para descubrir su identidad. Escribía en ingles y su vocabulario era el de un joven, o tal vez el de un anciano haciéndose pasar por un joven. Leí un par de tweets más y deseché la segunda opción. Seguí curioseando y me puse a mirar a quién seguía. En ese momento me entró un escalofrío: había un inmenso listado de migueles castros, el joven coleccionaba migueles castros. ¿Para qué?, me pregunté. El cine independiente me decía que tal vez era uno de esos adolescentes que buscaba en los otros su propia identidad. Pero los thrillers me prevenían a gritos de que podría tratarse de un psicópata que ideaba un macabro plan para quedarse él, y solo él, como el único miguel castro de Twitter. En eso estaba cuando lo conté en la redacción de Días de Cine y Mónica me apremió a que revisara un cortometraje, Doppelganger. 

Johnny depp with hunter s thompson1

Pero no lo hice. Estaba demasiado enfrascado con el reportaje de Los diarios del ron, con un personaje tan alucinante como alucinado: el escritor Hunter S. Thompson, el creador del periodismo gonzo, o más bien de una brillante narrativa que representaba una subjetiva forma de ver el mundo que se aproximaba más a la literatura que al periodismo. Años después un ejército de malos imitadores tiñeron el periodismo de brillante amarillo, y otros muchos decidieron que para qué era necesario buscar noticias si uno se las podía inventar.  

Hunter S. Thompson vuelve a estar de moda gracias a Johnny Depp. Su gran amigo pretende que nunca muera el escritor maldito que, como había anunciado muchas décadas antes, acabó con su vida pegándose un tiro. Depp cumplió su promesa y pagó el entierro que deseaba el escritor. Esparció sus cenizas desde un enorme tótem, disparándolas junto a una lluvia de fuegos artificiales por valor de millones de dólares. La última aspiración megalómana de un crítico del sueño americano que adoraba tanto las armas como los psicotrópicos.

El Sunset Limited

Acabé el reportaje de Días de Cine y me fui de vacaciones a París en un tour que incluía reencuentro con dos amigos, vino, quesos, toma burguesa de la Bastilla y lectura de El Sunset Limited de Cormac McCarthy. Todo absolutamente excelente. 

Blanco: Ese tipo de cosas son las que tienen valor para mí. Son los cimientos de la civilización. O al menos tenían valor antes. Ahora ya no tanto.

Negro: ¿Y eso?

Blanco: La gente dejó de valorarlas. Yo también, hasta cierto punto. No sabría decirle exactamente por qué. Ese mundo en gran parte ha desaparecido. Pronto habrá desaparecido del todo.

Negro: No sé si le capto, profesor.

Blanco: No hay nada que captar. Olvídelo. Las cosas que me gustaban eran muy frágiles. Yo eso no lo sabía. Pensaba que eran indestructibles. Y no.

Negro: Ah. Y eso fue lo que le hizo saltar del andén. No era un problema personal.

Blanco: Es personal. La cultura y la educación hacen que el mundo sea personal.

Negro: Hum.

Blanco: Hum qué.

Negro: Nada, estaba pensando que lo que acaba de decir es muy potente. No sabría como responder a ninguna de esas cosas  hasta puede que no haya ninguna respuesta. Pero aún así digo yo que para qué sirven todas esas ideas si no lo mantienen a uno clavado al andén cuando entra el Sunset Limited a más de cien por hora.

Blanco: Buena pregunta.

Negro: Eso pensaba.

Éste es sólo uno de los diálogos que mantienen dos personajes antagónicos que se han visto unidos por un suceso que ha ocurrido en el andén de metro. No sabía de qué iba el libro cuando comencé a leerlo. Dos suicidas estaban marcando el devenir de la semana: uno tan real como cinematográfico Hunter S. Thompson; el otro tan literario como lleno de verdad, Blanco. Me gustaría que Miguel del Arco llevara el libro a los escenarios españoles, me encantaron La función por hacer y Veraneantes. ¿Lo has leído, Miguel?

¿Miguel? Me viene de nuevo a la cabeza doppelganger, el vocablo alemán que sirve para designar al doble fantasmagórico de una persona viva. ¿Cuántos migueles del arco habrá en Twitter? He contado diez en un primer vistazo rápido ¿Qué debe uno hacer cuando se encuentra con su doble fantasmagórico? ¿Cuántos hay a nuestro alrededor que son exactamente como nosotros? 

Finalmente visioné el cortometraje, Doppelganger. Me gustaron algunas cosas, otras no tanto. Pero ofrece algunas respuestas y buenas intenciones, como el personaje Negro de Cormac McCarthy. Algunas respuestas y buenas intenciones, tanto para los incansables buscadores como para los hastiados de tanto buscar. 

                                                                                           @miguelcastrou                                                                                   

Miguel Castro


“La cura contra el aburrimiento es la curiosidad. No busques un remedio para la curiosidad: no tiene cura.” Dorothy Parker. Esta cita es la inspiración de 'Detrás de la trama'. Un espacio nacido de una curiosidad infinita que nos hace navegar de una idea a otra, buscando respuestas que nos llevan a nuevas preguntas, en una espiral que parte de la trama de una película.
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