"Y Alcurrucén obró el milagro"

Interesantísima corrida de Alcurrucén que sortea hasta tres toros de nota y devuelve la emoción a los tendidos. Iván Fandiño brilla por momentos y pierde una oreja. Perera se salva ante el quinto, mientras que Cid se hunde definitivamente.

13ªsanisidro

Aunque parecía imposible en la decimotercera de San Isidro se obró el milagro. El milagro de volver a ver sonrisas en los tendidos, el milagro de ver astados interesantes que se mueven con casta y transmisión. Fue Alcurrucén la que lo consiguió con un encierro que mantuvo el interés en todos sus capítulos y que lidió varios ejemplares de nota alta. La corrida no fue perfecta, pero si variada y muy interesante. Las principales virtudes del lote enviado a Madrid por la familia Lozano fueron el movimiento, la casta y la transmisión. Unos se movieron con más clase que otros, unos humillaron más y otros menos, pero todos los ejemplares que saltaron al ruedo dieron argumentos a un espectáculo hasta hoy completamente aburrido y desesperante. No fue una corrida brava, es verdad, pero si encastada. Sin duda, el toro de la corrida y, quizás, de lo que va de San Isidro fue el cuarto, que, para no variar, le correspondió al Cid. Este serio y astifino animal de la divisa toledana tuvo la mayoría de virtudes que debe tener un toro de lidia: nobleza, clase, humillación, recorrido y la casta que genera la transmisión en los tendidos.

ALCURRUCÉN Y FANDIÑO

La corrida de Alcurrucén no fue nada exagerada de presentación, es más, fue muy normalita y sorteó varios ejemplares por delante un poco justos, pero se demostró que cuando hay argumento, movimiento e interés, el tan necesario trapío pasa a un segundo plano. El vasco Iván Fandiño entró en el cartel sustituyendo al herido Sebastián Castella y el de Orduña justificó sobradamente su presencia. Aunque no fue redonda su tarde y por momentos anduvo precipitado, Fandiño dio una lección a sus compañeros que, en esta ocasión, eran figuras. Iván demostró que cuando se viene a Madrid con actitud y valor, se compran muchas papeletas para triunfar. Lo más lucido e importante del festejo tuvo lugar en el tercero, un bonito colorado que estaba muy en el tipo de la casa. El de la divisa toledana fue un buen toro, sobre todo por el pitón derecho. Fue noble, pero no tonto, y embistió con recorrido y mucha transmisión. Por el izquierdo tendía a salir con la cara más alta desluciendo los muletazos. El trasteo de Fandiño fue irregular y la cota más alta fue una gran serie con la diestra en la que bajó mucho la mano, alargó los muletazos y consiguió una gran profundidad. En ese momento, la gente entró. Una de las cosas que diferencian a este torero del resto es que suele estar cruzado y no al hilo y que intenta hacer las cosas con pureza, algo que se agradece. El colofón a su trasteo fueron unas ajustadísimas bernadinas en las que se jugó la taleguilla y que pusieron los pelos de punta al público madrileño. Pinchó arriba y después dejó una estocada ligeramente trasera y tendida que le hizo perder el trofeo que tenía seguro. Aunque debió dar la vuelta al ruedo, se conformó saludando una gran ovación. El sexto fue más complicado. El “Núñez” de los Lozano, muy bien hecho y con seriedad por delante, se movió mucho y también tuvo transmisión, pero no terminó de ir metido en la muleta y repuso mucho durante toda la faena. Fandiño quiso pero no terminó de encontrar los secretos para el lucimiento y en su labor se sucedieron los enganchones. Con una estocada defectuosa finalizó una actuación en la que brilló por momentos. Yo, al menos, espero aún más de él.

LAS FIGURAS, DESIGUALES

Dos figuras completaban el cartel: El Cid y Miguel Ángel Perera. Y ambos necesitaban un triunfo para reivindicarse. El primero porque en sus últimas actuaciones ha generado muchas dudas y no ha estado a la altura, y el segundo porque volvía a una plaza de primera tras sus sonadas ausencias en Valencia y Sevilla. Y sus labores fueron distintas. El Cid anduvo perdido toda la tarde y se dejó escapar un lote de puerta grande segura. Encastado, así fue el que abrió plaza. Tuvo mucho que torear el astado, pero se encontró delante a un Cid que no supo por donde meterle mano. Aunque empezó mejor, en ningún momento encontró la distancia y colocación precisa que necesitaba al toro y dio sensación de incomodidad. Tanto en este como en su segundo se le recriminó mucho la despegada colocación. Y si con la franela no estuvo acertado, menos con el estoque, dejando primero un bajonazo indigno y después otra estocada baja. El cuarto, ya mencionado anteriormente, fue claro desde el principio y puso de acuerdo a todo el mundo en la idea de que era un toro de triunfo. Lo único salvable del sevillano fue una tanda sobre la mano derecha en la que encajó riñones y con la figura vertical y relajada logró varios muletazos de estimable trazo. Muy poco para tan gran enemigo.

El extremeño Miguel Ángel Perera mostró dos caras en su primera comparecencia en la feria. En su primero anduvo siempre mal colocado, muy fuera de cacho y sin entender al interesante enemigo que tuvo delante. Éste se movió mucho, tuvo transmisión e ímpetu en la embestida y se arrancó con fuerza a los toques. Lo malo: no le sobró la clase ni la entrega. El quinto fue muy distinto ya que tuvo buena condición, aunque lo que no le sobró fue la fuerza ni la bravura. Se rajó muy pronto el de la divisa azul y negra y entonces Perera dio muestras de su valor y asentamiento pegándose un serio arrimón cerca de los terrenos de tablas. División en los tendidos. Los mejores momentos llegaron al natural, cuando Miguel Ángel echó muy bien la muleta al hocico del toro y tiró de él. Antes empezó con su habitual pase cambiado por la espalda en el que tuvo que rectificar la posición para no ser despedido por los aires. También meritorio el quite que instrumentó a ese quinto por gaoneras. Podría haber tocado pelo pero el bajonazo con el que remató dejó todo en una fuerte ovación.

13ª Feria de San Isidro. Las Ventas. Con lleno en los tendidos, se lidiaron 6 toros de Alcurrucén, correctos de presentación en líneas generales aunque sin exageraciones, y de buen e interesante juego en general. Destacó el gran 4º.

El Cid: silencio tras aviso y división de opiniones tras aviso

Miguel Ángel Perera: silencio y saludos tras aviso

Iván Fandiño: saludos tras aviso y leve petición y silencio

Crónica: Alejandro Martínez / Foto: Javier Arroyo

"Una oreja, un tercio de varas y un desfile ganadero"

Espectáculo muy largo en el que volvió a fallar la materia prima: el toro. Hasta nueve astados saltaron al ruedo en una tarde en la que destacó Morenito de Aranda que logró cortar una oreja, en medio del desfile de ganaderías.

12ªsanisidro

Ese fue el balance de la duodécima de la Feria de San Isidro: una oreja y un tercio de varas. Sin duda, muy poca historia y contenido para tan largo espectáculo. Duró más de tres horas la corrida y durante ese largo espacio de tiempo pasaron cosas interesantes, pero muy pocas. No termina de arrancar ni de romper la feria y cada vez parece más imposible que eso pueda ocurrir. Porque es muy difícil que salgan las cosas bien y haya triunfos y emoción cuando no se cuida la base del espectáculo: el toro. La corrida de Antonio Bañuelos tuvo que ser remendada con dos ejemplares de Couto de Fornilhos. Desgraciadamente, se volvió a repetir la tónica habitual de la feria: baile de corrales por la mañana y desastre ganadero por la tarde. Y lo peor no fue esto, sino que varios de los de Bañuelos que saltaron al ruedo no debieron haberlo hecho debido a su paupérrima presentación. Si saltaron algunas raspas como el segundo y el tercero, mejor ni imaginarse lo que fue rechazado en los corrales. En cuanto al juego, hubo variedad y algún toro interesante como el lidiado en cuarto lugar o el sobrero de Domínguez Camacho que cerró plaza.

UN PICADOR, DOS BANDERILLEROS

Morenito de Aranda fue el único que consiguió destacar a lo largo de la interminable corrida con la que se llegaba al ecuador de la feria. Bueno, él y algún torero más. Y digo torero y no matador porque los que destacaron al margen del de Aranda de Duero fueron un par de banderilleros y un picador. Y es que el varilarguero Nacho Meléndez, de la cuadrilla de Zotoluco, protagonizó uno de los momentos más brillantes y emocionantes no sólo de la tarde, sino del conjunto del ciclo isidril. Este caballero montó de forma soberbia, movió con sabiduría a su montura, dio los pechos con el caballo, subió el brazo y recibió la embestida con templanza y gran majestuosidad. Por fin se volvió a ver picar en Las Ventas como mandan los cánones y ejecutando la suerte con brillantez. El astado de Antonio Bañuelos tardeó y después se arrancó de largo y con alegría en tres puyazos en los que después no terminó de empujar con bravura y salió suelto. Gran ovación en pie del público al picador y una seña más de que cuando se hace el toreo de siempre, las emociones brotan y la gente disfruta. En las filas de plata también hubo lucimiento. Destacaron dos subalternos de la cuadrilla de Morenito: Juan Martín Soto y Luis Carlos Aranda. Ambos parearon con mucha torería y acierto y saludaron sendas ovaciones montera en mano.

MORENITO TOCA PELO

Y como decía solo Morenito logró algo destacado entre los matadores acartelados. El burgalés anduvo con mucha disposición y entrega toda la tarde. Templado con el capote, volvió a demostrar que maneja con mucha soltura el percal. Los mejores momentos con la franela llegaron ante el tercero de la tarde, un grandísimo sobrero de Carmen Segovia que sustituyó al inválido y descoordinado titular de Antonio Bañuelos. El tercero bis tuvo nobleza, pero le costó romper y anduvo justito de transmisión. Lo que le faltaba al toro lo puso Morenito en un trasteo irregular, con altibajos, pero en el que logró momentos de notable lucimiento. La faena comenzó bien, después bajó la intensidad y finalmente volvió a subir en una muy buena serie con la diestra en la que bajó más la mano y sonaron fuertes olés de los tendidos. Toreó con gusto, templanza y elegancia, aunque faltó rotundidad y haberse roto en alguna serie al natural. De todas formas, tras una estocada delantera y ligeramente contraria y desprendida y un golpe de verduguillo, cortó una oreja. En el sexto, en cambio, no remató su tarde. También fue devuelto el remiendo de Couto de Fornilhos que cerraba plaza y en su lugar saltó un ejemplar de Domínguez Camacho, muy bajo y serio de cara, aunque protestado por sus menos de 500 kilos. El de Camacho embistió en el último tercio con transmisión e intensidad y no fue fácil acoplarse con él y cogerle el ritmo. Morenito lo intentó aunque no llegó a encontrarse a gusto en ningún momento con su oponente.

Ni Zotoluco ni Diego Urdiales consiguieron realizar nada del otro mundo. El mexicano nos dio la razón a los que pensábamos que no pintaba nada en San Isidro y que su hueco lo podían ocupar otros muchos matadores jóvenes ansiosos de contratos. Zotoluco mostró que tiene oficio pero que no anda sobrado de clase al manejar los trastos. Además, mal colocado. Por su parte, Urdiales aunque quiso no pasó de discreto y durante toda la tarde transmitió frialdad. Más valiente con el complicado sobrero de Aurelio Hernando que salió en segundo lugar. Con la espada ninguno de los dos estuvo acertado.

12ª Feria de San Isidro. Las Ventas. Con tres cuartos de entrada, se lidiaron 2 toros de Antonio Bañuelos, 1 de Couto de Fornilhos (5º), 1 de Aurelio Hernando (2º bis), 1 de Carmen Segovia (3º bis) y 1 de Domínguez Camacho (6º bis), muy desiguales de presencia los titulares de Antonio Bañuelos con varios ejemplares impresentables y anovillados. Los sobreros, mejor. Los más interesantes el 4º y el 6º bis.

Zotoluco: silencio en ambos

Diego Urdiales: división al saludar y silencio tras aviso

Morenito de Aranda: oreja tras aviso y silencio

Crónica: Alejandro Martínez / Foto: Julián López

"Lo que mal empieza..."

Otra tarde más en la que pasaron muy pocas cosas en Las Ventas. Corrida bonita y noble de Torrestrella, que sorteó dos buenos toros, pero que no terminó de romper. Tejela firma lo más destacado y se queda cerca de la oreja, mientras que sus compañeros no tienen su tarde.

10ªsanisidro

Ya comenzó torcida la décima de San Isidro con fuerte lluvia en las horas previas a la corrida y con un cielo negro y amenazante que hacía presagiar lo peor. Después, ya con el festejo a punto de comenzar, incluso cayó abundante granizo en el coso de la Calle Alcalá. A pesar de eso, de la bajada en las temperaturas y de ser un cartel nada atractivo, la plaza se volvió a llenar. Eso sí, los tendidos de Las Ventas parecieron llenarse de pocos habituales y muchos amigos y extranjeros. Después de más de una semana, los abonados necesitaban un descanso. La tarde no se presentaba como buena y al final no lo fue.

EL REGRESO

Regresaba a Madrid la legendaria ganadería de Torrestrella después de muchos años de ausencia. La corrida del hierro gaditano fue bonita de hechuras y tuvo seriedad por delante, aunque no fue nada exagerada. Algún astado muy justito como el feo y alto quinto y otros de preciosa estampa como el sardo que cerró plaza. El encierro de Álvaro Domecq tuvo mucha nobleza y, en general, la mayoría de ejemplares lidiados tuvieron también buena condición, pero a la corrida le faltó un punto de casta y transmisión para llegar con emoción al último tercio. La mayoría se vinieron pronto abajo, les faltó el empuje necesario para permitir el triunfo y el disfrute en una plaza como la de Madrid. De todas formas, al ruedo venteño saltaron hasta dos animales muy interesantes como los lidiados en segundo y sexto lugar. El cartel no era para tirar cohetes y al final no sólo los toros tuvieron la culpa de que pasaran poquitas cosas, también los de luces tuvieron parte de culpa.

DESTACA TEJELA

El único que se salvó fue el madrileño Matías Tejela al que se vio más dispuesto y centrado que otras tardes. El de Alcalá de Henares pareció meterse desde el principio en la corrida y a la postre fue el único que consiguió algún momento de lucimiento. Templado y buen recibo a la verónica el que instrumentó a la salida de su primero, el segundo burraco del festejo. Después del estimable recibo capotero, Tejela improvisó y llevó galleando y con originalidad al astado al caballo. Fue de largo el de Torrestrella, con alegría, aunque después no empujó lo suficiente y se desentendió. Prometía la faena de muleta por el buen comienzo de los dos protagonistas: torero y toro. El de la divisa azul y oro tuvo un gran comienzo galopando con alegría y transmisión y poseyendo virtudes tan importantes como la nobleza, la clase y el recorrido. Además humilló. Matías anduvo bastante templado y consiguió varios muletazos largos, de notable trazo y mano baja. El error fue no administrar mejor la buena condición de su oponente y exigirle demasiado desde el principio. Necesitaba más sitio y aire el de Torrestrella, pero Matías Tejela, guiado por la ilusión, no se lo dio. Como consecuencia, el toro se vino muy a menos y con él, la faena. Tras buena estocada, hubo petición pero el presidente no la consideró mayoritaria. Vuelta al ruedo. El quinto no gustó de salida. Ese castaño que completaba el lote de Tejela no debió ser aprobado por la mañana, no sólo por ser feo y no tener el trapío suficiente, sino por romper el ritmo de presentación que llevaba la corrida. Se movió en los primeros tercios el toro, pero mostró flojedad y luego en la muleta no tuvo la clase que sus hermanos. Matías no pudo redondear su tarde, aunque al menos, en esta ocasión, si se justificó.

NI EL FRANCÉS NI EL MEXICANO

Juan Bautista fue el encargado de abrir cartel y el francés no estuvo ni mal ni bien. Aseado, pero discreto; limpio, pero frío…el de Arles no dio el paso necesario que exige Madrid y la feria más importante del mundo. El serio primero, otro burraco muy en el tipo, fue noble y acudió a los toques, pero en la muleta se quedó muy agarrado al piso y anduvo muy justo de transmisión. Además su embestida no terminaba de ser lucida pues salía con la cara arriba. El cuarto también se quedó a mitad de camino y no terminó de romper ni desplazarse hacia delante. Bautista, de nuevo, discreto.

Completaba el cartel internacional (un francés, un español y un mexicano) El Payo que tardará tiempo en olvidar su paso por este San Isidro y no precisamente por nada bueno. Al mexicano le vino muy grande su compromiso con la plaza más importante del mundo, le pesó mucho la tarde y en sus dos turnos recibió fuertes pitos. Desconfiado, sin estar nunca a gusto ni saber como resolver el compromiso, Octavio García empezó mal y acabó peor. Y si mal anduvo con capote y muleta, aún más desastroso fue el uso que hizo del estoque. Su primero también fue noble y enclasado, pero flojito y sin terminar de llegar a los tendidos. En cambio, el precioso sardo que cerró plaza si que tuvo mucho que torear y posibilidades. Embistió con buen tranco el de Torrestrella, pero fue desperdiciado y no tuvo suerte en las manos en las que cayó. Una pena lo de este joven chaval que ilusionó a muchos, en esta misma plaza, de novillero.

10ª San Isidro. Las Ventas. Con casi lleno en los tendidos, se lidiaron 6 toros de Torrestrella, bonitos y correctos de presentación en líneas generales, con la excepción del feo 5º. Corrida noble y con ejemplares de calidad, pero a la que le faltó un punto de casta, empuje y transmisión en el último tercio. Destacó el 6º y, sobre todo, el buen 2º, que se vino abajo.

Juan Bautista: silencio en ambos

Matías Tejela: vuelta al ruedo tras petición y aviso y silencio

El Payo: pitos tras aviso y pitos

Crónica: Alejandro Martínez

"Un previsible fracaso"

La floja, sosa y descastada corrida de Fermín Bohórquez anula cualquier opción de triunfo en la novena corrida del abono. El mexicano Arturo Saldívar, a un gran nivel, firma lo más lucido de la tarde. Ni Abellán ni Víctor Barrio llegan al aprobado.

9ªsanisidro
Todos sabíamos lo mal que pintaba sobre el papel la novena de feria, sobre todo, tras el cambio de ganadería y el anuncio de que se lidiaría un encierro de Fermín Bohórquez. Muchos años después, la ganadería gaditana de origen Murube volvía a lidiar una corrida a pie en Las Ventas. Para rejones esto puede valer, pero para a pie definitivamente no. Además, los toros de Bohórquez ya han apuntado en las últimas temporadas la falta de casta y de fondo que padece la ganadería. Pero claro, sólo a Taurodelta se le podía ocurrir hacer este cambio y sustituir a los primeramente reseñados de Manolo González, por los de Fermín Bohórquez. Y al final, como casi siempre, los agoreros acertaron y el espectáculo que se dio en el coso madrileño fue otro importante petardo en el que predominó el aburrimiento y el sopor. Gracias a Dios, que al menos hubo un matador que dio el paso, no cayó en la monotonía y volvió a demostrar que es un joven torero con muchas condiciones y mucho que decir: Arturo Saldívar.

DESTACA SALDÍVAR

El joven mexicano fue el único que despertó al público de la siesta en la que se había sumido desde el principio. Saldívar ya enseñó su disposición en un ceñido y templado quite por delantales al segundo de la tarde. Después, comenzó por ayudados por alto la faena, a pies juntos, mostrando mucha quietud. Arturo instrumentó un trasteo interesante en el que destacó el sincero y gran valor que posee y la frescura y actitud que le caracterizan durante toda su carrera. Lo mejor de su faena dos series. Una de notable trazo con la diestra, en la que templó y corrió muy bien la mano llevando largo y mandado al ejemplar de Bohórquez. Éste, como el resto de sus hermanos, tuvo la virtud de la nobleza, aunque también como ellos esta nobleza no fue acompañada de casta y emoción. El animal se movió y tuvo buena condición, pero le faltó mucha transmisión a su embestida. Para apuntar también otra serie, esta vez al natural. Para finalizar, ajustadas y valientes manoletinas cambiando la embestida y exponiendo muchísimo. Podría haber tenido premio su labor, pero la estocada con la que remató a su primero no fue la mejor posible. Cayó fea la espada y todo se quedó en una fuerte ovación con saludos. Perfectamente podría haber dado una vuelta al ruedo, pero parece que eso hoy en día no está de moda.  Desgraciadamente, y aunque ya tenia al público a su favor, Saldívar no pudo redondear su tarde ante el quinto, un flojo sobrero de Encinagrande que no tuvo más fuerza que el inválido titular de Bohórquez. El de Manuel Caballero quiso embestir, pero por su flojedad se defendió y tuvo una embestida deslucida. Arturo lo intentó pero lo tuvo muy difícil tanto por la condición de su oponente, como por el público que protestó con sonoridad la no devolución a los corrales del astado.

NI EL JOVEN, NI EL VETERANO

En el cartel había otro joven, Víctor Barrio, pero el que fuera hasta el año pasado el líder de los novilleros, no mostró la misma “hambre” que su compañero. El segoviano anduvo toda la tarde demasiado sobrio, ceremonioso y sin demostrar esa actitud y frescura que deben tener lo que empiezan. En su primero, el tercero del festejo, no tuvo opción. El de la divisa roja y verde fue una auténtica birria. Sin clase alguna, quedándose corto, saliendo con la cara arriba y pegando tornillazos…una verdadera papeleta con la que el lucimiento era imposible de conseguir. El que cerró plaza, en cambio, tuvo alguna posibilidad, aunque no fue tampoco nada del otro mundo. Embistió con calidad pero tampoco tuvo el fondo necesario y que es condición indispensable para la plaza de Madrid. En un pueblo podría haber sido un toro de triunfo pero en Madrid, no. Al margen de la sosa embestida de su antagonista, Víctor Barrio no dio el paso al frente y no despejó las dudas generadas el día de su alternativa. El problema de este chaval está muy claro: no dice nada. Y lo preocupante es que antes si lo hacía.

Y si ambición no tuvo el más joven del cartel, menos aún el que lo abría, el más veterano. Miguel Abellán cumplió su segunda y última comparecencia en este San Isidro y su actuación no tuvo un mínimo de interés. Se le ve cansado al madrileño y esa apatía se contagia a los tendidos, a un público que ve como se pasa la feria sin que ocurra nada destacable y que te haga salir feliz de la plaza. El primero no transmitió absolutamente nada. Noble y absolutamente descastado, el de Fermín fue un animal aborregado hasta el extremo. Y el cuarto no fue mejor, otro ejemplar deslucido que se movió sin clase. En los dos Abellán se puso pesado y alargó dos faenas interminables que en ningún momento calaron entre un respetable que le apremió a terminar cuanto antes con la agonía. Ante el primero anduvo más aseado y limpio el de Usera, mientras que en el cuarto se sucedieron los enganchones y los muletazos vacíos de contenido. Con la espada, fácil.

A la muerte del quinto e intentando ganar tiempo, bajé a la sala de prensa para comenzar a escribir esta crónica y ver a través de la televisión el último capítulo de la novena de la isidrada. Y mientras bajaba contemplé algo que me parece muy significativo para hacernos una idea de lo pésima de la feria que estamos viviendo. Decenas de personas, no unas pocas, abandonaban el coso de la Calle Alcalá a toda prisa, como despavoridas de un espectáculo que en muchos momentos se muestra insufrible. Que mala estará siendo la feria cuando ya los aficionados ni siquiera aguantan hasta el toro que ponga fin a la tarde.

9ª Feria de San Isidro. Las Ventas. Con casi lleno en los tendidos, se lidiaron 5 toros de Fermín Bohórquez, desiguales de presencia con algunos muy justos como 2º y 4º y de floja, sosa y descastada condición, y 1 (5º bis) de Encinagrande, correcto de presencia y también muy justo de fuerzas y deslucido.

Miguel Abellán: división al saludar y silencio

Arturo Saldívar: saludos y silencio tras aviso

Víctor Barrio: silencio y ovación

Crónica: Alejandro Martínez / Foto: Javier Arroyo

"Vuelve Joselito, ¡vuelve!"

Otra tarde más de aburrimiento y desesperación, sólo salvada, en el último momento, por la actitud y valor de Iván Fandiño. El de Orduña corta una oreja justita por la baja estocada con la que remató. Ni El Cid ni César Jiménez logran lucirse con una mansa y deslucida corrida de El Montecillo.

7ªsanisidro

Un año más, al finalizar el paseíllo de la corrida del 16 de mayo, se guardó en Madrid un minuto de silencio en memoria de uno de los toreros más grandes de la Historia: Joselito “El Gallo”, que murió tal día como hoy hace noventa y dos años en la plaza de toros de Talavera de la Reina. Y, más que nunca, esta tarde en Las Ventas, se echó de menos al legendario Joselito. Pero no sólo a él, a su figura, sino a toda una época, un tiempo en el que la fiesta de los toros levantaba pasiones y era el primer espectáculo de nuestro país. Más de nueve décadas después todo ha cambiado, vivimos otra fiesta totalmente distinta en la que el toro ha aumentado su tamaño rozando límites ilógicos, al mismo tiempo que todo lo que ha ganado en tamaño lo ha perdido en casta y emoción. Pero no sólo los toros son hoy en día distintos, también lo son los toreros, unos diestros cada vez más acomodados y que no dicen nada al aficionado. Esta reflexión es a nivel general y no sólo por lo ocurrido en la séptima del abono isidril.

FANDIÑO DA LA CARA

También es verdad que la fiesta no sólo ha evolucionado negativamente. Es verdad que muchas cosas han mejorado, pero lo visto hasta hora en la primera plaza del mundo y en su ciclo taurino más importante no genera optimismo, todo lo contrario. La de hoy fue una tarde más de aburrimiento, de tedio y desesperación por no ver en el ruedo prácticamente nada lucido ni destacable. El único que salvó los muebles fue el vasco Iván Fandiño que logró obtener un apéndice del toro que cerró plaza. El ejemplar del Montecillo, de nombre “Desconocido”, a la postre fue el que ofreció más opciones pero sin ser un animal fácil. Tuvo un buen pitón derecho, pero había que aguantarle mucho, cruzarse y tirar de él con mucho mando y mano baja. Fandiño lo hizo y consiguió hasta dos series de notables derechazos en los que paró, templó y mandó. Bien colocado se pasó al pesado ejemplar de Paco Medina muy cerca y sin ventajas. Por el pitón izquierdo bajó la intensidad del trasteo, pues el astado por ese lado no era tan claro y se metía muy por dentro incomodando al torero y desluciendo su labor. Iván consiguió meter en el canasto al noble y humillador ejemplar y tornó el silencio y los pitos en profundos olés y palmas. Habría sido de justicia la oreja, pero la estocada cayó muy baja, provocando derrame en el toro y, eso sí, una fulminante muerte. Su primero, el tercero, ejemplar castaño y más feo que sus hermanos, fue una auténtica porquería, un toro que embestía dos veces y a la tercera salía huyendo en plena carrera. No tuvo ni clase ni continuidad el de la divisa toledana e Iván Fandiño, que cumplía su primera comparecencia en la feria, puso voluntad pero no tuvo opción.

Y POCO MÁS

César Jiménez también hacía el paseíllo por primera vez en San Isidro y durante toda la tarde anduvo muy templado, aunque no tuvo demasiada suerte. El segundo del festejo fue un burraco muy cercano al carbonero. El primero del lote del madrileño tuvo buena condición, pero al mismo tiempo justeza de fuerzas y de casta. Noble y enclasado, embistió pero sin apenas transmisión. Jiménez, asentado, dio muestras del elegante concepto del toreo que posee y corrió la mano con largura y mucha templanza. La falta de acople que hubo entre toro y torero en algunos momentos, así como la nula emoción que derrochó su enemigo, hicieron que la faena no terminara de tomar vuelo ni llegar a los tendidos. Destacaron un par de notables naturales y tras dejar una estocada traserilla y ligeramente desprendida, el público le tocó levemente las palmas. El dicho de “No hay quinto malo” volvió a fallar, pues el segundo del lote del torero de Fuenlabrada tuvo un comportamiento muy informal y deslucido. Unas veces regalaba una buena embestida, otras se paraba, otras salía con la cara alta y suelto…una desesperante condición anclada en la mansedumbre. César llegó a desesperarse y a mostrarse resignado y muy descontento por el comportamiento de la seria y astifina res.

Abría cartel Manuel Jesús “El Cid” que regresaba, un año más, al coso que le dio todo en su momento y en un año clave y trascendental para él. Aunque no tuvo apenas suerte el sevillano, tampoco ofreció la imagen que los aficionados venteños recuerdan de él. El primero en saltar al albero fue un serio y muy bien hecho animal, de capa también castaña, que protagonizó una buena pelea en varas. Embistió fijo y humillado al peto y se mantuvo en él largos minutos sin salir en ningún momento suelto ni rehuir el castigo. Desgraciadamente todo lo que tuvo de bravo en varas, lo tuvo de manso en el último tercio. Rajado desde el principio, se cerró en tablas y no hubo nadie que lograra sacarlo más allá de la raya de picar. Además, siempre llevó la cara muy suelta por lo que todo lo que se le hizo fue aún más complicado. Por su parte, el que hizo cuarto fue un auténtico mastodonte de 535 kilos, muy armado, que se movió bastante pero sin gran entrega ni clase. De todas formas, como dirían los toreros, se dejó. En este capítulo Manuel Jesús anduvo más perdido y su larga y vulgar labor aburrió al respetable. Y Cid se fue como vino: entre silencios.

También merecieron mención el valiente y ajustado quite por gaoneras de Iván Fandiño al segundo y la eficaz y notable actuación, durante toda la corrida, del tercero de César Jiménez, Jesús Arruga. Y mañana llegan las figuras. Castella, Manzanares y Talavante en uno de los únicos carteles rematados del abono. La pregunta que se plantea es la siguiente: ¿cambiará el signo de la feria?...esperemos que sí.

7ª Feria de San Isidro. Las Ventas. Con más de tres cuartos de entrada, se lidiaron 6 toros de El Montecillo, de dispares hechuras y desigual romana, pero serios en general. Encierro manso y deslucido del que tan sólo se salvó el buen pitón derecho del sexto.

El Cid: silencio y silencio tras aviso

César Jiménez: palmas tras aviso y silencio

Iván Fandiño: silencio tras aviso y oreja

Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Joselito “El Gallo” en el aniversario de su muerte.

Crónica: Alejandro Martínez / Foto: Javier Arroyo

"La poca vergüenza torera"

Petardo sin paliativos de Julio Aparicio que con su actitud toda la tarde falta el respeto a la afición de Madrid, escucha dos broncas, y sale entre almohadillas de Las Ventas. Curro Díaz y Eduardo Gallo, casi sin opciones con una deslucida corrida del Ventorrillo.

6ªsanisidro

Muchos años han pasado ya desde aquellas legendarias tardes de bronca y escándalo de toreros como Curro Romero o Rafael de Paula. Los más jóvenes ni nos acordamos y las que hemos visto ha sido a través de vídeos, pero esta tarde Julio Aparicio nos ha recordado aquellas escenas que ya parecen añejas. El petardo que ha protagonizado Julio Aparicio en la sexta de la Feria de San Isidro ha sido completamente vergonzoso. Nadie entiende como un matador puede pisar la primera plaza del mundo con semejante actitud. Saludó una cariñosa ovación al finalizar el paseíllo como recuerdo de la gravísima cornada que sufrió en esa misma arena dos años antes ante un toro de Juan Pedro Domecq. Ese día, la imagen de la espantosa cornada en la boca dio la vuelta al mundo y hoy lo que ha dado la vuelta al “Planeta Taurino” y lo que ha resonado dentro y fuera del coso venteño han sido los pitos, la bronca, los gritos…la indignación. Indignación por ver como un torero sin ningún tipo de ambición ni valor quita puestos a otros matadores jóvenes que de verdad quieren ser toreros y que están en su casa cruzados de brazos y esperando la oportunidad. Por eso, si Julio Aparicio tuviera un mínimo de dignidad debería plantearse que hace en el toreo y no volver a pisar una plaza de toros como la de Madrid.

APARICIO ENTRE BRONCAS

El primero fue un astado bien presentado, como la mayoría de sus hermanos de lote, serio y de bonitas hechuras. El castaño del Ventorrillo no tuvo mala condición, al contrario, ya que tuvo nobleza y cierta calidad, pero tenía el defecto de salir con la cara un poco alta y también suelto. Además, anduvo justito de fuerzas. Aparicio mostró desde el principio a lo que venía. Para empezar mandó a sus subalternos que le pararan sus toros y templaran la fuerte embestida de salida. Después, se hizo presente unos segundo para dejar varios capotazos más por arriba que por abajo y sin ningún lucimiento. En el tercio de varas no mejoró el asunto ya que el sevillano no actuó como lidiador en ningún momento y ordenó que se masacrara en el caballo a sus oponentes. Ni llevó ni quitó a sus toros, anduvo mal colocado e ignorando sus obligaciones como director de lidia. Se le pegó muchísimo a su lote y eso hizo que el cuarto, un ejemplar muy serio por delante y con gran cuajo y remate, no tuviera apenas gas en el último tercio. Algo normal después del duro castigó que se le administró y de lo que empujó en el caballo. En ambos trasteos hizo lo mismo: salir desde el principio desconfiado, sin colocarse ni presentar decentemente la muleta y sin ni siquiera bajar algo la mano e intentar hacer nada lucido. Yéndose descaradamente de la cara del toro y mostrándose absolutamente negado, abrevió en ambos, sobre todo en el cuarto, en el que salió directamente con la espada de matar. El mitin con el estoque también fue mayúsculo y Julio entró siempre sin convicción, saliéndose de la suerte e intentando cazar al toro en el sitio más fácil. Dos grandes broncas como hace tiempo no se escuchaban y una gritos de ¡fuera, fuera! de una afición que se sintió estafada con semejante espectáculo. Un señor que se sentaba al lado de mi abono comentó: “Este no debería cobrar. Yo cuando hago mal mi trabajo o directamente no lo hago, no me pagan”. El aficionado tenía toda la razón.

SUS COMPAÑEROS, SIN SUERTE

Ni Curro Díaz ni Eduardo Gallo, que completaban el cartel del día del patrón, tuvieron apenas opción de lucimiento. Prácticamente solo pudieron justificarse. El primero mostró más actitud y arrojo y fue un soplo de aire fresco entre tanta comodidad y resignación. El salmantino justificó el haberse convertido en el sustituto del herido Ángel Teruel ya que derrochó ganas y, al menos, lo intentó. El tercero del encierro de la divisa toledana fue un animal interesante, con un punto de casta que estuvo demasiado cerca del genio. El de Fidel San Román, el más feo de la corrida, protagonizó, junto al picador José Ney Zambrano, uno de los pocos momentos destacables del festejo. Se arrancó de lejos el del Ventorrillo y el del castoreño ejecutó muy bien la suerte de varas, movió al caballo, tiró el palo y lo mantuvo sin cebarse con el animal. Simplemente hizo lo que se debe hacer, pero en un momento como el actual en el que este tercio está en vías de extinción por no decir absolutamente muerto, el público le reconoció su buen hacer con una gran ovación. Que tomen nota otros. En la muleta, el toro se movió con transmisión, aunque a final del muletazo se rebrincaba y pegaba un pequeño saltito muy molesto para el torero y que provocaba que el pase no fuera tan lucido. La fijeza y la prontitud fueron otras de las virtudes que tuvo el animal. Gallo destacó en un par de templadas verónicas en el recibo capotero y en el inicio del trasteo en el que se dobló con su antagonista por bajo. El sexto, absolutamente deslucido y con la cara muy suelta siempre pegando tornillazos, le impidió el lucimiento. Con la espada fácil.

El jienense Curro Díaz tampoco tuvo suerte en su primera comparecencia este año en Madrid. En esta ocasión ni siquiera pudo dejar detalles de su gusto y personalidad. Su lote fue manso y deslucido y el de Linares no tuvo la más mínima opción. Optó por abreviar y el público silenció su labor.

6ª Feria de San Isidro. Las Ventas. Corrida del día del patrón. Con casi lleno en los tendidos, se lidiaron 6 toros de El Ventorrillo, bien presentados y de deslucido juego en general. 1º noble y de buena condición, pero flojo y saliendo con la cara arriba; 2º manso rajado; 3º interesante, se movió con transmisión aunque con complicaciones; 4º empujó en varas y no se pudo ver en la muleta; 5º manso, deslucido y desclasado; 6º con la cara muy suelta.

Julio Aparicio: bronca en ambos

Curro Díaz: silencio y silencio

Eduardo Gallo (que sustituía a Ángel Teruel): saludos y silencio

Crónica: Alejandro Martínez / Foto: las-ventas.com

"Por fin, un novillero"

Sin duda la tarde fue del madrileño Gonzalo Caballero, novillero novel que con su valor, frescura y buen concepto sorprendió y convenció al público madrileño. Mala imagen de Conchi Ríos, mientras que Tulio Salguero no pasa de discreto. Novillada muy desigual de Buenavista y Fernando Peña.

5ªsanisidro

Por fin nos encontramos en Madrid a un novillero, un novillero de los de antes con sus virtudes y defectos: valor, frescura, actitud, pero también falta de oficio y técnica. Pero, ¿qué pretendemos y podemos exigir a un novillero que lleva en esto do días? Y lo de los dos días es literal pues la novillada de esta tarde en Madrid era la segunda en la que actuaba con los del castoreño. Y su primera, el debut, hace un mes en Sevilla, nada menos. Gonzalo Caballero quiere ser figura del toreo y tiene casi todo para llegar a serlo. Es diferente a los demás, quiere hacer las cosas con pureza, bien colocado, sin ventajas y por derecho y, claro, eso es lo que le gusta a Madrid. Y por eso mismo Las Ventas se entregó desde el principio con este joven madrileño, porque vio a un chaval diferente y que no está en esto para pasar el rato. Caballero dio que hablar en Sevilla por su valor seco, sincero y a veces inconsciente, pero hoy, en Madrid, ha dado que hablar además de por eso, por poseer un muy buen concepto del toreo y todas las ganas y el valor del mundo para llegar a ser alguien importante. Tiene mucho que pulir, pero la base, sus condiciones innatas, están muy arraigadas y son algo fundamental. A partir de ahora, el toro y él tendrán la palabra.

UN DEBUT SORPRENDENTE

Vestido con un terno blanco y plata, el de Torrejón de Ardoz llamó la atención desde el principio, en el comienzo de faena al tercero de la tarde. El colorado de Buenavista había manseado y salido suelto en los primeros tercios y no había definido su comportamiento. Caballero comenzó con unos estatuarios en los que asentó las zapatillas y mostró verticalidad. Como remate, varios adornos por bajo y los primeros olés, no de la tarde, sino de la feria. Después varias series con la diestra en la que se cruzó e intentó enganchar la embestida del animal con templanza y bajando la mano. Les faltó rotundidad a las series de muletazos por un defecto que evidenció: el que no termina de conducir la embestida de sus oponentes. Gonzalo no llega a alargar el brazo para rematar los muletazos y eso es algo que debe corregir y que seguro lo hará con el tiempo y el torear. Hubo naturales de buen trazo y también buenos remates y algún pase de pecho. Para finalizar manoletinas de frente con el novillo ya muy rajado. El de Buenavista fue un manso pregonado desde el principio que siempre estuvo deseando de rajarse y huir. Pese a esto, el animal tuvo buena condición, clase y nobleza, aunque también le faltó un punto más de transmisión. Y el colofón a su sorprendente debut en Madrid fue una estocada verdaderamente ejemplar. Al contrario que otros que se salen de la suerte y apuntan abajo, Caballero se tiró absolutamente derecho, encima del morrillo y dejó el acero en todo lo alto. Tras fuerte petición cortó una oreja ganada a ley y, sobre todo, que premia la apuesta tan grande y arriesgada que está jugando en los comienzos de su carrera. Desgraciadamente el triunfo no pudo ser completo, ya que el que cerró plaza fue otro manso completamente rajado y además parado y descastado. Un auténtico marmolillo que vio acrecentada su condición por lo mucho que se le dio en varas. Gonzalo, con la intención e ilusión de rematar su importante debut, brindó al público pero no tuvo opción. De nuevo, acertado con la espada.

LA CARA Y...LA CRUZ

Lo mismo no se puede decir de sus compañeros de terna, ni de Conchi Ríos, ni de Tulio Salguero. La primera dio una pésima imagen en Madrid, tras el fracaso de hace no tantas semanas en otra novillada en el ruedo madrileño. La murciana anduvo temerosa y perdida durante toda la tarde y en ningún momento estuvo asentada ni acertando en los planteamientos y ejecuciones. El primero fue devuelto tras partirse un pitón al rematar contra las tablas cuando intentaba coger al banderillero Raúl Correlejo que acabó en la enfermería, aunque su percance no tuvo gravedad. Como sobrero apareció un utrero de Couto de Fornilhos, mal presentado (era una sardina), pero que a la postre fue el mejor de toda la novillada. Peleo con bravura en varas y después llegó a la muleta embistiendo con muchísima casta y transmisión. No fue fácil, pero ese es el precio que hay que pagar cuando se lidia un toro bravo. Ríos, siempre fuera de cacho y destemplada, no pudo con él y el astado ganó la partida. Y para rematar el petardo, una estocada en el número. El cuarto fue un bello y serio burraco de Fernando Peña que tuvo nobleza y calidad, pero al que le faltó más empuje y transmisión. Además, y debido a la pésima lidia de Conchi Ríos, el de Peña comenzó a acortar su recorrido y a salir con la cara alta. Siempre toreando en la periferia, desconfiada y perdiendo la muleta a la primera de cambio, Ríos hizo olvidar la puerta grande conseguida en esta misma plaza hace menos de un año. Su balance: pitos en ambos.

Por su parte, Tulio Salguero mostró disposición pero su actuación tampoco convenció a la afición venteña. El segundo fue otro ejemplar impresentable de la ganadería titular que además tuvo muy mala condición. Muy complicado y desclasado, tuvo poco recorrido y salió pegando tornillazos. Salguero no supo tapar los defectos de su antagonista y lo remató de media estocada baja. En el quinto brilló en un valiente quite por gaoneras, pero después su trasteo al quinto no tuvo nada destacable. Dio muchos muletazos el extremeño, pero sin decir nada, falto de temple y casi siempre mal colocado. Tampoco estuvo acertado con la espada.

Tras ver a Gonzalo Caballero en Madrid muchos recuperan la esperanza, la ilusión por ver progresar a un chaval que ha comenzado por el camino difícil, pero que a base de valor, actitud y buenas maneras ha conseguido triunfar en las dos plazas más importantes del “planeta taurino”: Madrid y Sevilla. ¿Será este el comienzo de algo grande?

5ª Feria de San Isidro. Plaza de Las Ventas. Con tres cuartos de entrada se lidiaron 4 novillos de Buenavista, mal presentados y de dispar condición, 2 de Fernando Peña, bien presentados, y 1 (1º bis) de Couto de Fornilhos, mal presentado, pero bravo y encastado.

Conchi Ríos: pitos y leves pitos

Tulio Salguero: silencio y leves pitos

Gonzalo Caballero: oreja y palmas

Crónica: Alejandro Martínez / Foto: Javier Arroyo

"¿Dónde está la casta?"

Soporífero y repulsivo espectáculo marcado por la invalidez y la falta de casta de la corrida de Montalvo. Tampoco los espadas brillaron en otra tarde muy calurosa en la que quizás se superó el petardo del día anterior.

2ªsanisidro

¿Dónde está la casta?, esa es la pregunta que muchos aficionados nos hacemos tras contemplar semejantes espectáculos dos días consecutivos. Si la mansedumbre del encierro de El Cortijillo marcó la corrida que abrió la Feria de San Isidro 2012, la flojedad y el descaste fueron las protagonistas en el encierro de la divisa salmantina de Montalvo. Parecía imposible superar el pésimo listón dejado en la primera de feria, pero una vez más se confirmó que los imposibles no existen, sobre todo, en los toros.

Muy pocos sacarán la siguiente conclusión tras el nefasto comienzo del ciclo taurino más importante del mundo: la cabaña brava española sufre una profunda crisis en las que durante tantos años fueron sus bases: la casta, el poder y la bravura. En un momento como el actual en el que los ataques antis son cada vez más reiterados y agresivos, lo peor que le puede pasar a nuestra querida fiesta de los toros es el espectáculo ofrecido en los dos primeros festejos de San Isidro. Pero incluso ha sido peor lo de Montalvo al llegar al punto de que un toro “bravo” se eche en mitad de la faena ante la impotencia de los de luces y la desolación y enfado de los aficionados. Así señores no se crea afición, todo lo contrario, se destruye. Y quizás sea más importante preocuparse de esto y no tanto de otras secundarias como los derechos de imagen o los honorarios a cobrar por las denominadas figuras del toreo...¿no?

Con un sol abrasador y una crisis económica cada vez más agudizada, casi veinticuatro mil personas acuden cada día a la Monumental de Las Ventas a ilusionarse, a contemplar un espectáculo, un arte distinto a los demás, en los que la verdad está siempre presente. Pero se acude a la plaza para ver a astados fuertes, bravos y encastados y no a animales que casi no se pueden mantener en pie ni pueden con su alma. Cuando esto ocurre, se pasa del miedo a la pena y si un toro bravo nos llega a dar pena, entonces estamos perdidos.

EL PRESIDENTE, PROTAGONISTA

La segunda del ciclo isidril comenzó con la bochornosa y reprobable actuación del señor que debe defender al aficionado: el presidente del festejo. El señor Julio Martínez volvió a hacer de las suyas y se erigió en protagonista al negarse a devolver a un inválido de libro. Salió ya de chiqueros el de Montalvo blandeando y poco después se confirmó su invalidez y quedó demostrado que el del hierro charro no podía ni con la penca del rabo. A pesar de que fueron varios los derrumbes del toro, el señor Martínez dio toda una muestra de su afición y lo mantuvo en el ruedo. Flaco favor a la cabreada e indignada afición (fueron un auténtico clamor las protestas) y flaco favor también al confirmante Esaú Fernández que vio aniquilada cualquier opción de triunfo ante semejante animal moribundo. En Madrid todos sabemos que es completamente imposible firmar nada lucido con un oponente inválido, no sólo por el astado en sí, sino por la oposición justificada del público. El sevillano lo intentó por ambos pitones entre las protestas del respetable y fue obligado a abreviar y tras pasaportarlo escuchó silencio. Y silencio también fue el resultado ante su segundo, el ejemplar que cerró plaza. Éste fue un colorado que tuvo nobleza, pero que fue un completo ejemplo de ausencia de casta y gran cantidad de sosería y flojedad. Además, fue muy deslucido pues salió siempre con la cara alta y desentendiéndose de la pelea. El joven sevillano también dejó mucho que desear pues firmó un trasteo largo, que no dijo nada y en el que la clase y la colocación brillaron por su ausencia. A sus dos ejemplares los recibió a portagayola, un detalle a destacar.

De lo mejor del insoportable festejo fue el recibo capotero de David Mora a su primero, el tercero de la tarde. Fue con varias verónicas como saludó al ejemplar de la divisa azul y oro, dos de ellas magníficas, cargando la suerte y embarcando la embestida de principio a fin. Después de provocar el olé entre los espectadores, a Mora se le ocurrió introducir varias chicuelinas que le quitaron gran parte del encanto a su templada y lucida labor con el percal. Gracias a Dios, lo enmendó con una soberbia media verónica de remate. A partir de ahí poco más. Este tercero tuvo nobleza, pero su falta de fuerzas hizo que se defendiera constantemente, embistiendo rebrincado desluciendo cuánto se le intentaba hacer. Mora destacó por su buena actitud y disposición, pero no tuvo opción. Eso sí, se quitó del medio a su antagonista con una estocada baja que en el quinto se convirtió en todo un bajonazo indecente. En Madrid hay que tener mucho cuidado con estas cosas y se debe exigir que los toros se maten limpiamente y por arriba. El quinto, un serio y muy bien hecho ejemplar de Juan Ignacio Pérez-Tabernero, generó algunas esperanzas entre los más optimistas ya que fue el único que tuvo algo. Poco, pero algo. Duró tres series “Dinamitero” y en ellas embistió humillando y con recorrido. Desgraciadamente la mansedumbre pudo a la casta y el manso acabó rajándose y negándose a embestir. El toledano no terminó de acoplarse con su oponente en el comienzo de faena y, por ello, la faena no despegó ni al principio ni al final.

UNA GRAN ESTOCADA

Abría cartel el madrileño Uceda Leal que firmó uno de los pocos momentos destacados y destacables. Antológico volapié el que consiguió ante su primero tanto en la forma en la que ejecutó la suerte, como en la colocación y efecto de la misma. El segundo fue un noble sobrero de Yerbabuena que embistió mucho, pero sin ninguna transmisión ni emoción. El que hizo cuarto, fue más de lo mismo: otro animal noble pero flojo y completamente descastado. Una birria. José Ignacio se justificó en ambos y durante toda la tarde anduvo aseado y sin apreturas. Al menos, él es elegante.

2ª Feria de San Isidro. Con más de tres cuartos de entrada, se lidiaron 5 toros deMontalvo y 1 (2º bis) de Yerbabuena, correctos de presentación en líneas generales aunque algunos, como el devuelto 2º muy justos de remate. Nobles pero inválidos y descastados. El único que dio leves opciones fue el 5º.

Uceda Leal: saludos y silencio

David Mora: silencio y silencio

Esaú Fernández: silencio en ambos

Crónica: Alejandro Martínez / Foto: Javier Arroyo

"Un cortijillo de mansos"

Decepcionante y manso encierro del hierro del Cortijillo y de Lozano Hermanos en el festejo que abrió la Feria de San Isidro 2012. La terna se estrella con la condición de sus oponentes y solo pueden mostrar su disposición.

1ªsanisidro

Para abrir el ciclo taurino más importante del mundo, este año se anunciaba una corrida con el hierro del Cortijillo, propiedad de la familia Lozano y, a pesar de los buenos antecedentes dejados por esta ganadería en Madrid y de las buenas hechuras de la corrida presentada, el comportamiento del encierro de la divisa toledana fue absolutamente manso y decepcionante. Toda la corrida tuvo el mismo defecto: una absoluta mansedumbre tanto en los primeros tercios, como en la muleta. Es verdad que tuvo la virtud común de la nobleza, pero los que menos acusaron su condición mansa y más quisieron embestir, más parados se quedaron y más sosas y descastadas fueron sus embestidas. Los tres matadores que se anunciaban para abrir el ciclo isidril tan sólo pudieron dejar constancia de su voluntad y ganas de agradar.

LEANDRO

El tercero de la tarde fue un precioso ejemplar colorado, muy en el tipo de la ganadería que, aunque salió suelto y frió de chiqueros como sus hermanos, después apuntó buenas cosas en los primeros compases de la faena de Leandro. Comenzó éste muy torero doblándose con él y el del Cortijillo mostró nobleza y clase en sus embestidas, pero al mismo tiempo no demasiado recorrido. Y este signo negativo se confirmó poco después, sobre todo, por el pitón izquierdo. El de los Lozano parecía que no tenía un pase por este pitón, aunque Leandro consiguió sacarle alguno. Una pena que el toro no terminara de romper, ya que empezó muy bien el de Valladolid, volviendo a dejar constancia del buen concepto que posee y que maneja las telas con gusto y armonía. Además, anduvo bien colocado y, en ocasiones, cargando la suerte, algo que hoy en día está en peligro de extinción. El talón de Aquiles de este torero ha sido siempre, sin duda, la espada y, de nuevo, lo volvió a demostrar en su vuelta a Las Ventas. Se tira muy desconfiado y pincha en los bajos y así no se puede triunfar.  El quinto fue un animal más feo de hechuras que hizo más de lo mismo en los primeros compases de la lidia: salir muy suelto y huidizo de los capotes y refugiarse en terrenos de chiqueros. Quizás, este ejemplar fue de los peores de la corrida ya que a su mansa condición se sumó su desquiciante forma de salir de los muletazos, completamente distraído y con la cara alta. Deslució muchísimo la labor muletero de Leandro y además fue muy soso y de nula transmisión. En este su segundo turno, el diestro se alivió más y firmó un trasteo largo que nunca llegó a los tendidos.

ANTONIO NAZARÉ

El sevillano Antonio Nazaré fue el encargado de abrir San Isidro debido a que por su confirmación de alternativa le correspondió el astado que abrió plaza y feria. “Chaqueta” se llamó el toro de la confirmación, un animal de perfectas hechuras, bajo de agujas y serio y astifino por delante. Pero “Chaqueta” tuvo más fachada que otra cosa, ya que en el último tercio empezó a apuntar lo que sería el signo común de toda la corrida. No fue el más manso y aguantó el inicio de faena a duras penas, aunque finalmente se rajó. Este, al menos, tuvo cierto recorrido y emoción en las embestidas. El sevillano, que volvía a Madrid tras su notable paso por la Feria de Abril de su ciudad, mostró mucha disposición y ganas, pero no acertó en el concepto. Con la diestra anduvo siempre muy al hilo del pitón y con la pierna muy retrasada. Rozó lo antiestético y parte del público de Madrid se lo recriminó. Con la zurda llegaron los muletazos más estimables, arrastrando mucho la muleta. Tras un pinchazo, tumbó al del hierro del ancla con un infame bajonazo. El que cerró plaza fue un cinqueño (como casi toda la corrida) más grandón que tuvo mucha bondad, pero que se paró muy pronto y se convirtió en todo un marmolillo. Quizás, lo mucho que sangró tras sus encuentros con el caballo influyó en su posterior comportamiento. Poco o nada pudo hacer un Nazaré que alargó mucho la faena y fue apremiado para que finiquitara al último de la soporífera tarde.

MIGUEL ABELLÁN

El madrileño Miguel Abellán fue el encargado de cederle los trastos al confirmante y por lo tanto de ser el padrino y también el director de lidia. El veterano matador, vestido de su ya tradicional y típico terno blanco y plata, dejó constancia de su oficio, pero no pudo brillar en la primera de sus dos tardes en el serial venteño. El segundo, más justito por delante, dio alguna opción más que sus hermanos, pero la falta de transmisión que padeció hizo que tampoco calara en el público el trasteo de su matador. Quizás Abellán se equivocó al acortar muy rápidamente distancias y ejecutar una labor muy encimista que ahogó aún más la dulce pero aburrida embestida del “cortijillo”. El que cerró su lote, el cuarto, fue un manso de libro que cantó la gallina muy pronto y que siempre quiso desentenderse de todo lo que ocurría en el ruedo. Embistió con poder el armado y fino ejemplar de los Lozano, dado que nunca se entregó ni empleó. Abellán lo intentó sujetar muy pegado a tablas y en la misma puerta de chiqueros, pero ni por esas quiso el “bravo” embestir.

Al menos, la corrida que abrió San Isidro hizo sacar la siguiente lectura positiva a los pacientes y fieles aficionados de Las Ventas: “hasta mañana que seguro que será mejor porque peor es imposible”.

1ª de la Feria de San Isidro. Con más de tres cuartos de entrada, se lidiaron 5 toros de El Cortijillo y 1 (4º) de Lozano Hermanos, bien presentados por sus armónicas y parejas hechuras y serios y astifinos por delante. Encierro muy suelto y manso en todos los tercios. Nobles en distinta medida y algunos muy parados y sosos.

Miguel Abellán: silencio en ambos

Leandro: silencio tras aviso en ambos

Antonio Nazaré (que confirmaba alternativa): silencio y silencio

El subalterno de Leandro, Miguel Martín, se desmonteró tras parear al 3º.

Crónica: Alejandro Martínez

"Un par de banderillas"

El banderillero Luis Carlos Aranda pone en pie Las Ventas con un soberbio par de banderillas y resulta lo más destacado de un festejo marcado por la falta de transmisión de la corrida de Los Bayones. Buen nivel de Moranito, oficio de El Fundi y voluntad y buen concepto de Sergio Aguilar.

Morenito1

Que lejanas quedan aquellas corridas goyescas del 2 de mayo en las que la Monumental de Las Ventas se llenaba hasta la bandera. Desgraciadamente, los más jóvenes casi ni nos acordamos de esos carteles que llevaban a la afición de Madrid a los toros. El cartel de la goyesca de este año no era malo, todo lo contrario, era un cartel muy interesante y del gusto de Madrid. Por eso es todavía más preocupante el comprobar como la afición de la capital del toreo se está perdiendo sin que nadie diga nada. Me pondrán la excusa del puente, pero la realidad es otra muy distinta. Al margen de esto, lo más destacado de lo que sucedió en la tradicional corrida que conmemora el día de la Comunidad de Madrid fue el antológico par de banderillas que clavó el subalterno de Morenito de Aranda, Luis Carlos Aranda. Este veterano hombre de plata dio toda una lección de cómo parear sin espectacularidades ni, permítanme, tonterías. Aranda empezó gustándose, después comenzó su camino hacia el toro andando, con los palos abajo y en torero y justo en el momento de la reunión, Luis Carlos sacó los palos de abajo, se asomó al balcón y clavó en toda la cara. Olé y los tendidos de Las Ventas emocionados y ovacionando en pie al torero. Que tomen nota otros “atletas”…

MORENITO DE ARANDA

Dentro de la terna de actuantes, lo más destacado lo firmó Morenito de Aranda. El burgalés anduvo a gran nivel y con una actitud entregada desde el principio del festejo. Mostró el de Aranda del Duero en sus dos ejemplares el gusto y la clase que caracterizan a su toreo. A su primero lo recibió templado con el capote y después continuó toreando con gran suavidad con la franela. El de Los Bayones tuvo las mismas virtudes y defectos que el denominador común de sus hermanos: por un lado nobleza y cierta clase, pero por otro sosería y falta de fuerzas y transmisión. Se quedaba cortito el de la divisa salmantina pero el diestro, muy bien colocado y encajado, echó los vuelos de la muleta al hocico del animal y lo toreó con gusto y templanza. La falta de emoción del toro y su sosería hicieron que la labor de su matador no terminara de calar en el tendido ni llegara a tener conjunción. Tras una estocada ligeramente desprendida, parte del público le pidió la oreja pero el Presidente no la concedió. Y Trinidad, que así se llamaba el Presidente del festejo, también se mantuvo sereno en el que cerró plaza, volviendo a negar un trofeo que quizás si fue pedido por la mayoría de la plaza. El sexto, más anovillado, estaba en el límite de presentación y era más feo, pero en la muleta tuvo hasta quince embestidas muy potables. Eso sí, tampoco transmitió casi nada. Tras otro trasteo entonado y un arrimón final, Morenito dejó una media estocada caída y de inmediata muerte. Vuelta al ruedo en ambos.

SERGIO AGUILAR

El madrileño Sergio Aguilar estuvo muy digno en su única comparecencia en la plaza de Las Ventas. No nos cansaremos de decir que hay que tener confianza en este torero porque además de un valor sincero y sereno, posee un gran concepto del toreo, muy clásico y puro. La afición madrileña lo sabe y durante toda la tarde se le trató con cariño y mucho respeto. Pero esta tampoco fue la tarde de su despegue definitivo y en ello tuvo mucho que ver un lote que fue un pan sin sal. El segundo fue un astado muy espectacular, serio y astifino por delante que también demostró flojedad de remos. Tuvo también nobleza el Lisardo de Los Bayones, pero se sujetaba con alfileres y además fue un manso declarado que quiso rajarse constantemente. Aguilar intentó sujetarlo para que su oponente no acabara cerrado en tablas y volvió a demostrar su buen y templado concepto. El peor defecto que tiene este joven matador es que es muy frío y casi no transmite al público y, por lo tanto, necesita de un enemigo que emocione y se mueva con poder y el del hierro charro fue todo lo contrario. Y si esto no terminó de romper hacia delante, menos lo hizo el quinto, un ejemplar que además no tuvo clase y salía con la cara alta desluciendo mucho los muletazos. Como epílogo a sus dos actuaciones, Sergio dejó dos buenas estocadas que le valieron para saludar dos cariñosas ovaciones desde el tercio. Otra vez será.

EL FUNDI

Oficio y sabiduría volvió a demostrar El Fundi en “su” plaza de Madrid, aunque no fue la mejor tarde del diestro de Fuenlabrada. El que abrió plaza fue devuelto a los corrales por su manifiesta invalidez y en su lugar saltó al ruedo un sobrero de José Luis Iniesta, de impresionante trapío. Todo un tío este primero que tuvo buena condición, pero al que le faltó lo mismo que a los de Los Bayones: transmisión y empuje. El Fundi dejó detalles pero dejó demasiado tiempo entre muletazo y muletazo y así, lo sabemos todos, es muy difícil ligar y transmitir al tendido. Anduvo templado y dejó algún natural estimable, aunque le faltó apostar al veterano maestro. En el cuarto tampoco dio ese paso al frente al que nos tiene acostumbrados y hasta el popular Tendido 7 le recriminó en ocasiones su despegada colocación y su interés por enseñar los defectos y dificultades del toro. Además se puso pesado al final y alargó una faena que no terminó de convencer. Ese cuarto fue, por otro lado, el astado con más posibilidades del encierro, pese a su molesto y cansino gazapeo. Nos esperábamos más del Fundi, pero todos confiamos en que pueda despedirse de Madrid como merece: abriendo la puerta grande.

2ª miniferia de la Comunidad de Madrid (Las Ventas). Con 1/3 de entrada se lidiaron 5 toros de Los Bayones, bien presentados y de flojo y soso juego en general y 1 (1º bis) de José Luis Iniesta, serio y de buena condición aunque sin terminar de romper. El mejor fue el 4º y el peor el 5º, más deslucido.

El Fundi: saludos tras aviso y ovación tras aviso

Sergio Aguilar: saludos desde el tercio en ambos

Morenito de Aranda: vuelta al ruedo tras aviso y petición y vuelta tras petición

Crónica: Alejandro Martínez / Foto: Javier Arroyo

Enrique Mazas y Teo Sánchez


Clarín es un histórico de la radio que ahora vuelve con nuevos bríos. Presentado por Teo Sánchez y Enrique Mazas, el informativo taurino de Radio 5 se emite cada domingo de 23.05 a 24.00 horas.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios