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China solo quiere a los mejores

China ha anunciado un programa para atraer extranjeros cualificados en los próximos años. Se necesita cubrir puestos en áreas como agricultura, manufacturas, nuevas energías y alta tecnología.


China solo quiere a los  mejores

Entrevistamos a Juan Beltran, head hunter, o sea reclutador de talentos. Trabaja en busca de candidatos para puestos directivos en China.
Nos confiesa que cada día recibe más y más curriculums de profesionales españoles muy preparados y que quieren probar suerte en la segunda economía del mundo. Y advierte que no es fácil venir "por libre" y que conviene saber chino y tener conocimiento sobre la cultura de este país.
China solo quiere a los  mejores

Triunfar en Asia es más difícil de lo que parece. El propio gobierno chino ha promulgado una ley que obliga a pagar mas impuestos a los extranjeros. El objetivo es limitar la entrada masiva de inmigrantes. Además solo tendrán permiso de residencia los trabajadores que "contribuyen al desarrollo económico y social del país", mientras que los ilegales serán detenidos y deportados. China tiene las puertas abiertas pero realmente solo para unos pocos.

 

 

China solo quiere a los  mejores

Los que sueñan con el Dragón

Muy pocos españoles saben que casi el 70% de los chinos que viven en España son de una ciudad que apenas sobrepasa el medio millón de habitantes. Se llama Qingtian, en la provincia de Zheijiang,en el sureste del país.

Un rápido recorrido por la localidad me permite contemplar amplias avenidas con numerosos rascacielos pero también otras zonas con edificios menos altos pero con aspecto de albergar viviendas sólidas y confortables.

Se aprecia que es una ciudad próspera, gracias, probablemente, al dinero de la emigración. He llegado el primer día del Año Nuevo Chino, el del Dragón, y la plaza principal es un jolgorio de familias con niños que juegan con sus globos rojos mientras los padres prueban suerte al tiro al plato. Hay vendedores de fetiches chinos navideños, de flores, de juguetes. La plaza tiene aspecto de verbena de pueblo.

Mientras hago unas entradillas, dos mujeres chinas se acercan y me hablan español. A otros se les escucha una conversación en italiano. La mitad de los habitantes de esta ciudad han emigrado a Europa y ahora vuelven para celebrar la entrada del nuevo año con sus familas.

Angel es chino pero me insiste en que le llame así, con su nombre español. Llegó a Fuenlabrada en los años 80 y podríamos decir que se ha hecho rico –por los negocios que tiene y el Mercedes que conduce- gracias a sus exitosos restaurantes. Me explica que los antepasados de Qingtian eran artesanos de piedras de gran valor y que viajaban a Europa para vender sus esculturas.

Almu y rosa

 Asi fue cómo el pueblo se acostumbró a viajar. Los primeros vecinos llegaron a España a principios del siglo XX . Luego, hubo varios flujos migratorios en los años 70 y 80. El éxito de los que aterrizaban en España corrió de boca en boca y ellos mismos financieron los negocios de los que llegaban después. Y así, hasta hoy. Disfrutamos, Juanma -el cámara- y yo, de la comida de Año Nuevo con Angel, su mujer, Rosa y su hija María. Una familia china con hondas raíces españolas, cálida y extremadamente afable y cargada de historias.

Echan de menos España pero Angel reconoce que la crisis le impide volver y prefiere quedarse en China: “Es el momento de recoger los frutos y hacer crecer nuestra ciudad”.

Y pienso ahora en los muchos españoles que están a punto de emprender el viaje inverso. El de dejar sus pueblos y ciudades y probar fortuna en China. Cada día es mayor el número de compatriotas que llegan al gigante asiático en busca de una oportunidad. Ojalá, como a la familia china de Angel, la aventura no les defraude.


 

El sueño de la carnicera

Visito uno de los mercados más populares de Pekín. Estamos haciendo un reportaje sobre la subida de los precios en China. La inflación se ha disparado y ha rebasado los peores pronósticos. La carne de cerdo, producto básico en la alimentación de los chinos, ha subido casi un 60%. 

Carniceria2 

Los carniceros del mercado ya no tienen quien les compre y, aburridos de estar doce horas sin público delante del mostrador, dan unas cabezaditas para soñar con tiempos mejores. Hace un par de años, el precio del cerdo cayó en picado y a los granjeros ya no les resultaba rentable criarlos. Eso generó una escasez de carne y los efectos se están viendo estos días. El Gobierno ha anunciado que subvencionará la crianza de cerdos para paliar esta situación.

Carniceria 

Los chinos se enfrentan a una subida imparable del precio de los alimentos. Algunos expertos consideran que estamos en un peligroso momento que podría poner en riesgo la paz social. Las desigualdades son cada vez mayores y a las clases bajas no les llega el sueldo para hacer frente al incremento del coste de la vida.

Tal y como están las cosas, señora carnicera, mejor que no se duerma.  

Mucho tiempo sin pasar por aquí

Sí...ahora que lo veo me doy cuenta que llevo más de un mes sin visitar mi blog y sin abrir esta ventana por la que suelo mostrar el mundo chino que me rodea. El trabajo me roba mucho tiempo y la pulsión de escribir la mato con el twitter, asi es que el pobre blog languidece esperando un poco de atención. 

Pero quería pararme unos minutos para recordar unos nombres que no os dirán nada: Oscar, Elena, Luis y Guillem.. Os cuento detalles:

Todos tienen en común que son menores de 30 años. Viven en Pekín, una ciudad de más de 20 millones de habitantes, enloquecida, febril, disparatada, dura y fascinante a la vez. Luis y Guillem llevan más tiempo. Oscar vive aquí desde hace tres semanas y Elena acaba de llegar. Son españoles que huyen, según ellos mismos confiesan, de la amargura, la frustración y la falta de un futuro profesional en España. 

Los cuatro han emprendido una aventura difícil pero lo hacen con un entusiasmo contagioso. Con ilusión y fuerza. Han dejado atrás "la queja no constructiva" y han optado por hacerse un hueco en la fábrica del mundo que les permita hacer realidad sus sueños profesionales.

Lo mejor de todo es que...lo están consiguiendo. Os dejo aquí el vídeo del Telediario en el que cuentan su experiencia. 

 

En la zona de evacuación de Fukushima

 

Resulta extraño estar tan cerca de la central nuclear de Fukushima y que no pase nada. Quiero decir que, aparentemente, todo es como cualquier otro lugar. El paisaje es casi gallego, verde y frondoso, como de campiña, salpicado de casas unifamiliares. Cruzamos varios pueblos y vemos tiendas, gasolineras, cafeterías...Pero hay un gran vacío, un enorme silencio. Todo está desierto.

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Decenas de localidades están completamente abandonadas aunque de vez en cuando se divisa a lo lejos alguna silueta humana. Unos poquitos vecinos han decidido quedarse y retar al fantasma de la radiactividad.

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Equipados con nuestros trajes supuestamente de protección nuclear acompañamos a varias familias que vuelven a la "zona prohibida" para recoger sus pertenencias. Otros le llaman la "zona muerta", y es la que está más cerca de la planta nuclear, donde el Gobierno ha prohibido permanecer por miedo a la contaminacion. 

 

Las familias vuelven a sus casas por unas horas, recogen  aquello que necesitan y retornan a la "zona segura". No sin antes pasar por un exhaustivo análisis de radiactividad. Ellos y los enseres que han 
recogido de sus casas, en el área de peligro.

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Confiesan tener un poco de miedo pero a casi todos los vence el deseo de volver por un rato a sus casas pero...¿para qué? Pregunté a algunos. Y éstas fueron las respuestas: para dar comida al gato, para recoger el título universitario de mi hijo, he ido a buscar las gafas de mi mujer, he vuelto a mi casa para dejar unas flores...Parecen causas menores pero en realidad están llenas de emoción. No sé...hoy me he preguntado qué iría yo a buscar a mi casa si la hubiera tenido que abandonar.  Y ésta es la pregunta que os hago...Yo...no sé...quizás habría ido a por las fotos de mis hijos.... ¿Y vosotros?

 

Junto a la casa de Bin Laden

 

Debo reconocer que ha sido emocionante venir hasta Abbottabad para contar las historias de la ciudad en la que vivió durante 5 años el terrorista más buscado. ¿A qué periodista no le iba a gustar estar aquí? 

Otra vez me han sorprendido los pakistaníes. Muchos en la ciudad siguen sin creer que Bin Laden haya muerto; otros ni siquiera creen que haya vivido nunca aquí. Esto me hace pensar que están demasiado acostumbrados a las mentiras de los gobernantes y a un sistema político en el que la corrupción y el engaño siguen institucionalizados. 

 

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He vuelto a ver a los mismos de siempre desgañitándose en torno a algunas mezquitas de integristas. Gritando consignas antiamericanas e insultándome con la mirada por no llevar la cabeza cubierta. Un día tuvimos que refugiarnos en el interior de una casa por las amenzas de un grupo de yihadistas. 

Estas coberturas son duras pero fascinantes. Hay problemas para hacer casi todo y casi nada es fácil y el reto es nuevo cada minuto. Aún así, siempre logramos el milagro. Filmar historias, llegar a los directos y enviar los reportajes.

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(Juanma, el cámara que hace milagros para rodar, editar y enviar y el conductor, el que también hace el milagro de no estar nunca cuando necesitamos el coche.) 

 

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 (Con los compañeros de OVERON, los que nos dan cobertura de satélite para hacer los directos.  Grandes profesionales y ya buenos amigos, después de tantos viajes compartidos)

  Y...todos los inconvenientes quedan atrás muy rápido: cortes de luz, de Internet, problemas con la policía, con manifestantes, con los soldados, con el motor del coche que se nos incendió, con las moscas y cucharachas con las que compartimos habitación de hotel, con las tormentas que empapan los equipos y los dejan a veces inservibles por un rato,con las noches  cortas y los días largos, el sueño, el calor y las malas comidas....Y, sin embargo, cada cobertura sigue teniendo algo de experiencia inolvidable que nunca queremos que se acabe.  

 

China desde mi ventana

Vivo en Pekín y no tengo más que abrir alguna de mis ventanas para darme de bruces con la realidad china. Si miro hacia el norte veo frente a mi casa la silueta de decenas de modernos rascacielos que acogen sofisticados centros comerciales, cafeterías, tiendas de moda, bares y restaurantes frente a los cuales aparcan relucientes coches de lujo.

Y si dirijo mi vista hacia el sur me topo con un barrio tradicional chino donde entre sus callejuelas circulan los vendedores ambulantes en bicicleta, los recogedores de cartones y botellas de plástico y se juegan partidas de cartas en la calle entre el humo de las brasas de los pinchitos de carne que se asan al aire libre.



Los vecinos del norte son cada vez más ricos. El número de millonarios ha vuelto a crecer en China y en esta zona de Pekín muchos recorren los centros comerciales para dejarse decenas de miles de yuanes en una tarde. En este país hay ya un millón de millonarios y serán pronto los principales consumidores mundiales de lujo.



Mis vecinos del sur, en cambio, son cada vez más pobres. No viven en la miseria pero su salario medio oscila entre los 200 y 400 euros al mes en un país en el que la inflación se dispara y hay que hacer grandes esfuerzos para accceder a productos básicos. El precio de la vivienda se ha multiplicado por....ya nadie sabe por cuánto. La subida ha sido astronómica.

Miro desde mi ventana los dos mundos. Están a tan solo unos pocos metros pero veo que la distancia, sin embargo, es de años luz. ¿Cuánto tiempo aguantará el país estas enormes diferencias sociales?

Convivir con las réplicas

Nunca me imaginé que despertaría cada mañana durante casi un mes con sacudidas de la cama y la tele, muchas veces, a punto de caerse. La primera vez asusta pero cuando llevas 30 o 40 réplicas, esos movimientos se convierten en parte de la rutina diaria. Incluso ayer, cuando los altavoces del hotel advertían del seísmo y avisaban de que nadie tomara el ascensor decidí quedarme en la cama.

La diferencia horaria con España me  roba muchas horas de sueño y en ese instante pudo más el agotamiento que la inquietud. Hace tres días otra fuerte réplica nos sorprendió en el Metro. La policía anunciaba que los vagones debían pararse hasta que el movimiento pasara.  Glups. Estábamos bajo tierra y esto sí que era nuevo. A mi alrededor, en cambio, nadie se inmutó.

Muchos pasajeros seguían durmiendo (cosa bastante habitual en el metro japonés) y otros enfrascados en sus móviles o entretenidos con cualquier otro juguetito tecnológico. Total, que despues de un mes en Japón, sentir réplicas se ha convertido en alto tan habitual para mí como comer sushi o decir arigato gozaimasu  (muchas gracias).  Una rutina. Incluso ya soy capaz, más o menos, de adivinar la intensidad del movimiento sísmico.  Como me dijo el otro día Gonzalo, el sabio traductor que me acompaña en este viaje : uno se acostumbra a todo, menos a no comer.  

Pincha aquí para ver el vídeo sobre la última réplica en Japón

Convivir con las réplicas

Nunca me imaginé que despertaría cada mañana durante casi un mes con sacudidas de la cama y la tele, muchas veces, a punto de caerse. La primera vez asusta pero cuando llevas 30 o 40 réplicas, esos movimientos se convierten en parte de la rutina diaria. Incluso ayer, cuando los altavoces del hotel advertían del seísmo y avisaban de que nadie tomara el ascensor decidí quedarme en la cama.

La diferencia horaria con España me roba muchas horas de sueño y en ese instante pudo más el agotamiento que la inquietud. Hace tres días otra fuerte réplica nos sorprendió en el Metro. La policía anunciaba que los vagones debían pararse hasta que el movimiento pasara. Glups. Estábamos bajo tierra y esto sí que era nuevo. A mi alrededor, en cambio, nadie se inmutó.

Muchos pasajeros seguían durmiendo (cosa bastante habitual en el metro japonés) y otros enfrascados en sus móviles o entretenidos con cualquier otro juguetito tecnológico. Total, que despues de un mes en Japón, sentir réplicas se ha convertido en algo tan habitual para mí como comer sushi o decir arigato gozaimasu (muchas gracias). Una rutina. Incluso ya soy capaz, más o menos, de adivinar la intensidad del movimiento sísmico. Como me dijo el otro día Gonzalo, el sabio traductor que me acompaña en este viaje : uno se acostumbra a todo, menos a no comer.

Un mes en Japón


Hoy se cumple un mes del terremoto y del tsunami que han causado 27 mil muertos y desaparecidos. El país se enfrenta al reto de reconstruir decenas de localidades devastadas, de resolver la crisis nuclear, de reparar la industria pesquera, de solventar el golpe ecónómico, de remontar la fractura política...

Casi todo está por hacer y nada de lo que hay pendiente parece fácil. Pero Japón puede. Ellos lo saben y lo creen y nos convencen a todos. Hoy ha sido un día difícil para este pueblo que se aplica por vivir con normalidad incluso ante la situación más adversa.

(Juanma, el cámara, y yo, editando en Ishinomaki, una ciudad arrasada por el tsunami)

Lo hemos visto hoy cuando un terremoto de 7,1 grados ha hecho temblar el suelo del refugio en el que estábamos rodando. Incluso en el Metro, donde me ha sorprendido una fuerte réplica, nadie se ha inmutado cuando los vagones se han detenido y los altavoces advertían de un nuevo movimiento sísmico.

Los japoneses no solo están entrenados para los terremotos sino, intuyo, para soportar las calamidades del destino y remontarlas. Hoy yo también he cumplido un mes informando desde Japón. Antes no sabía casi nada de este país y hoy me rindo ante este pueblo admirable y ejemplar que me da cada día grandes lecciones de humanidad y fortaleza.

Almudena Ariza


Soy Almudena Ariza, corresponsal de TVE en China y Lejano Oriente. A veces lo más interesante de los reportajes es lo que no contamos. No lo veis nunca en los telediarios ni en los programas informativos. Son las anécdotas, incidencias, dificultades, avatares que nos surgen antes, durante y después de los rodajes y que solo revelamos a los amigos, o ni eso.
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