China desde mi ventana
Vivo en Pekín y no tengo más que abrir alguna de mis ventanas para darme de bruces con la realidad china. Si miro hacia el norte veo frente a mi casa la silueta de decenas de modernos rascacielos que acogen sofisticados centros comerciales, cafeterías, tiendas de moda, bares y restaurantes frente a los cuales aparcan relucientes coches de lujo.
Y si dirijo mi vista hacia el sur me topo con un barrio tradicional chino donde entre sus callejuelas circulan los vendedores ambulantes en bicicleta, los recogedores de cartones y botellas de plástico y se juegan partidas de cartas en la calle entre el humo de las brasas de los pinchitos de carne que se asan al aire libre.
Los vecinos del norte son cada vez más ricos. El número de millonarios ha vuelto a crecer en China y en esta zona de Pekín muchos recorren los centros comerciales para dejarse decenas de miles de yuanes en una tarde. En este país hay ya un millón de millonarios y serán pronto los principales consumidores mundiales de lujo.
Mis vecinos del sur, en cambio, son cada vez más pobres. No viven en la miseria pero su salario medio oscila entre los 200 y 400 euros al mes en un país en el que la inflación se dispara y hay que hacer grandes esfuerzos para accceder a productos básicos. El precio de la vivienda se ha multiplicado por....ya nadie sabe por cuánto. La subida ha sido astronómica.
Miro desde mi ventana los dos mundos. Están a tan solo unos pocos metros pero veo que la distancia, sin embargo, es de años luz. ¿Cuánto tiempo aguantará el país estas enormes diferencias sociales?



