5 posts de abril 2011

China desde mi ventana

Vivo en Pekín y no tengo más que abrir alguna de mis ventanas para darme de bruces con la realidad china. Si miro hacia el norte veo frente a mi casa la silueta de decenas de modernos rascacielos que acogen sofisticados centros comerciales, cafeterías, tiendas de moda, bares y restaurantes frente a los cuales aparcan relucientes coches de lujo.

Y si dirijo mi vista hacia el sur me topo con un barrio tradicional chino donde entre sus callejuelas circulan los vendedores ambulantes en bicicleta, los recogedores de cartones y botellas de plástico y se juegan partidas de cartas en la calle entre el humo de las brasas de los pinchitos de carne que se asan al aire libre.



Los vecinos del norte son cada vez más ricos. El número de millonarios ha vuelto a crecer en China y en esta zona de Pekín muchos recorren los centros comerciales para dejarse decenas de miles de yuanes en una tarde. En este país hay ya un millón de millonarios y serán pronto los principales consumidores mundiales de lujo.



Mis vecinos del sur, en cambio, son cada vez más pobres. No viven en la miseria pero su salario medio oscila entre los 200 y 400 euros al mes en un país en el que la inflación se dispara y hay que hacer grandes esfuerzos para accceder a productos básicos. El precio de la vivienda se ha multiplicado por....ya nadie sabe por cuánto. La subida ha sido astronómica.

Miro desde mi ventana los dos mundos. Están a tan solo unos pocos metros pero veo que la distancia, sin embargo, es de años luz. ¿Cuánto tiempo aguantará el país estas enormes diferencias sociales?

Convivir con las réplicas

Nunca me imaginé que despertaría cada mañana durante casi un mes con sacudidas de la cama y la tele, muchas veces, a punto de caerse. La primera vez asusta pero cuando llevas 30 o 40 réplicas, esos movimientos se convierten en parte de la rutina diaria. Incluso ayer, cuando los altavoces del hotel advertían del seísmo y avisaban de que nadie tomara el ascensor decidí quedarme en la cama.

La diferencia horaria con España me  roba muchas horas de sueño y en ese instante pudo más el agotamiento que la inquietud. Hace tres días otra fuerte réplica nos sorprendió en el Metro. La policía anunciaba que los vagones debían pararse hasta que el movimiento pasara.  Glups. Estábamos bajo tierra y esto sí que era nuevo. A mi alrededor, en cambio, nadie se inmutó.

Muchos pasajeros seguían durmiendo (cosa bastante habitual en el metro japonés) y otros enfrascados en sus móviles o entretenidos con cualquier otro juguetito tecnológico. Total, que despues de un mes en Japón, sentir réplicas se ha convertido en alto tan habitual para mí como comer sushi o decir arigato gozaimasu  (muchas gracias).  Una rutina. Incluso ya soy capaz, más o menos, de adivinar la intensidad del movimiento sísmico.  Como me dijo el otro día Gonzalo, el sabio traductor que me acompaña en este viaje : uno se acostumbra a todo, menos a no comer.  

Pincha aquí para ver el vídeo sobre la última réplica en Japón

Convivir con las réplicas

Nunca me imaginé que despertaría cada mañana durante casi un mes con sacudidas de la cama y la tele, muchas veces, a punto de caerse. La primera vez asusta pero cuando llevas 30 o 40 réplicas, esos movimientos se convierten en parte de la rutina diaria. Incluso ayer, cuando los altavoces del hotel advertían del seísmo y avisaban de que nadie tomara el ascensor decidí quedarme en la cama.

La diferencia horaria con España me roba muchas horas de sueño y en ese instante pudo más el agotamiento que la inquietud. Hace tres días otra fuerte réplica nos sorprendió en el Metro. La policía anunciaba que los vagones debían pararse hasta que el movimiento pasara. Glups. Estábamos bajo tierra y esto sí que era nuevo. A mi alrededor, en cambio, nadie se inmutó.

Muchos pasajeros seguían durmiendo (cosa bastante habitual en el metro japonés) y otros enfrascados en sus móviles o entretenidos con cualquier otro juguetito tecnológico. Total, que despues de un mes en Japón, sentir réplicas se ha convertido en algo tan habitual para mí como comer sushi o decir arigato gozaimasu (muchas gracias). Una rutina. Incluso ya soy capaz, más o menos, de adivinar la intensidad del movimiento sísmico. Como me dijo el otro día Gonzalo, el sabio traductor que me acompaña en este viaje : uno se acostumbra a todo, menos a no comer.

Un mes en Japón


Hoy se cumple un mes del terremoto y del tsunami que han causado 27 mil muertos y desaparecidos. El país se enfrenta al reto de reconstruir decenas de localidades devastadas, de resolver la crisis nuclear, de reparar la industria pesquera, de solventar el golpe ecónómico, de remontar la fractura política...

Casi todo está por hacer y nada de lo que hay pendiente parece fácil. Pero Japón puede. Ellos lo saben y lo creen y nos convencen a todos. Hoy ha sido un día difícil para este pueblo que se aplica por vivir con normalidad incluso ante la situación más adversa.

(Juanma, el cámara, y yo, editando en Ishinomaki, una ciudad arrasada por el tsunami)

Lo hemos visto hoy cuando un terremoto de 7,1 grados ha hecho temblar el suelo del refugio en el que estábamos rodando. Incluso en el Metro, donde me ha sorprendido una fuerte réplica, nadie se ha inmutado cuando los vagones se han detenido y los altavoces advertían de un nuevo movimiento sísmico.

Los japoneses no solo están entrenados para los terremotos sino, intuyo, para soportar las calamidades del destino y remontarlas. Hoy yo también he cumplido un mes informando desde Japón. Antes no sabía casi nada de este país y hoy me rindo ante este pueblo admirable y ejemplar que me da cada día grandes lecciones de humanidad y fortaleza.

SOS de un alcalde japonés de la "zona radiactiva"

Admiro la serenidad con la que los japoneses están afrontando uno de los peores desastres de su historia. No hay dramatismos, llantos, quejas, reproches, críticas...y sí comprensión, voluntad de superar la tragedia, ganas de trabajar, de reconstruir, de ayudar a los demás....

Son un ejemplo de solidaridad y concordia. Por eso, quizás, me ha sorprendido aún más el SOS de un alcalde de la localidad de Minami Soma, próxima a Fukushima. Viven al borde del perímetro de seguridad y el Gobierno les ha recomendado que no salgan de sus casas. El alcalde se queja del aislamiento, la falta de ayuda, la escasez de alimentos...

Escuchándole, desde luego sorprende que no haya más quejas. Motivos no les faltan. Qué angustia vivir así, y qué poco sabemos de cómo está siendo la vida en ese trozo de terreno que ya es casi una maldición. El "perímetro de seguridad" en torno a Fukushima.

http://www.youtube.com/watch?v=70ZHQ--cK40

Almudena Ariza


Soy Almudena Ariza, corresponsal de TVE en China y Lejano Oriente. A veces lo más interesante de los reportajes es lo que no contamos. No lo veis nunca en los telediarios ni en los programas informativos. Son las anécdotas, incidencias, dificultades, avatares que nos surgen antes, durante y después de los rodajes y que solo revelamos a los amigos, o ni eso.
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