4 posts de enero 2011

Pros y amateurs


“Gracias. Es muy fácil trabajar con vosotros”. La frase es de Marc Coma, en Baradero, minutos después de ganar su tercer Dakar. Acaba de conceder como 20 entrevistas. A televisiones de todo el mundo, periódicos y hasta reporteros de radios locales que, teléfono en mano, le preguntan por los paisajes de la provincia por los que transcurría esta última etapa (sic.).

“No, gracias a ti. Así da gusto”. Y es verdad. Gente profesional, estos pilotos. Que saben que conceder entrevistas va con el oficio. Que hay que salir por la tele para tener contentos a los patrocinadores e informados a los aficionados. Y eso ha sido de lo mejorcito de este rally. La facilidad para hacer nuestro trabajo.

El domingo, el día del podio, tuvimos un pequeño lío en La Rural, Buenos Aires. Habíamos quedado con Carlos Sainz y Marc Coma para una breve conexión en directo en el telediario. Carlos se presentó. Marc, no. Con el lío que llevaba encima, el horario marcado por la organización y demás, no nos entendimos. Que su representante no respondiera al teléfono (menudo día para no hacerlo) tampoco ayudó. Pero esa es otra historia.

El caso es que eso, a Marc, le dejó muy mal cuerpo. Tanto que se presentó una hora antes al directo que teníamos luego para el programa de Teledeporte. Lo primero que hizo al llegar fue disculparse. Y varias veces. Lo dicho, un tipo profesional.

Con los pilotos del otro rally, los que participan sólo para terminarlo, que no es poco, pasa más o menos lo mismo. En su caso, que los patrocinadores (en muchos casos amiguetes) salgan un rato por la tele sí es vital. Que les vean en casa también. Y a nosotros, sus batallitas y sus historias nos han dado mucha vidilla. Cada noche nos dábamos una vuelta por el campamento para pasar lista. Quién ha llegado, quién no, quién ha pasado apuros… Y debo reconocer que siempre respirábamos aliviados cuando veíamos que estaban ahí. Llenos de polvo y arena, con las motos, coches y camiones en mejor o peor estado, pero allí.

El sábado, en Baradero, les entrevistamos a todos. Habían acabado el rally y se lo merecían. Y salvo el pobre Gerard Farrés, que había tenido un día de perros ayudando a su jefe de equipo, Chaleco López, el resto andaban eufóricos. No era para menos.

Aquel día fue de locos. El viaje en autobús-avión-autobús fue más largo de lo previsto. Como dos horas más largo. El caso es que llegamos a la meta de la última especial 20 minutos antes del directo que teníamos programado con el telediario para contar si Marc Coma había cruzado ya, o no, la meta y era oficialmente campeón. Tendríais que haber visto a Ana correr como una loca arriba y abajo, poniendo firmes a los tipos de la terrena con la que teníamos que hacer la conexión, hacer 15 llamadas en 5 minutos y dejarlo todo listo. Para variar, la señal del satélite falló a poco de entrar en directo, los teléfonos se quedaron sin cobertura y alguna cosa más. Pero entramos, como casi siempre en estos casos.

También Ashley se pegó el sprint de su vida en Baradero. Estaba esperando a Coma en la llegada. Y cuando vio que Marc se bajaba de la moto y se iba corriendo a abrazarse con su gente, allí que se fue. Corriendo, cámara al hombro y sin dejar de grabar. Fue una de las imágenes de rally que luego el resto de televisiones, incluida la gente de ASO que monta todo este tinglado, nos pidió. Seguro que la habéis visto.

El caso es que aquí estamos. Parrillada de carne, fiesta final y 12 horas de sueño después, descansando un poco. Y disfrutando como nunca de una habitación de hotel con cama y agua caliente. Felicidad por contraste, lo llaman. “¿El año que viene repetirás?”, me pregunta mucha gente. La verdad es que no lo sé. Ha sido una buena experiencia, de esas que hay que hacer, si se puede, por lo menos una vez. Pero ahora mismo no tengo demasiadas ganas de repetir. Lo mismo me ocurre cuando acaba la temporada de MotoGP. Y a los dos meses ya lo echo de menos. Veremos.

Bueno, pues hasta aquí. Lo que haga a partir de ahora ya no os lo contaré. Os dejo una pista en forma de foto. Hasta otra.

Los del medio

Albert llegó a las once y cuarto, más o menos. Dos días después se quedaría por el camino, entre las dunas. También Ignacio Chivite, el de la Bultaco, y Marc Guasch. Joan Puig y su Hummercito tampoco andan ya por aquí. Y tantos otros.


Nosotros sí. Tampoco es tan difícil lo que hacemos. De hecho, después de 10 etapas, estamos completamente adaptados al "Dakar way of life". Madrugones, duchas frías, aviones y demás. Hasta diría que le estamos cogiendo el gusto. Bueno, igual eso es exagerar un poco. Por lo menos Ashley, Ana y yo aún nos hablamos. Y eso que pasar 24 horas con alguien suele provocar más de un roce. No es el caso. Con ellos dos, todo es muy fácil.


Son las 10 y estamos acabando de cenar junto al resto de la tropa de enviados especiales españoles (Héctor, Gerard, Marta, Nadia y Jaime). Seguramente es el mejor rato del día. En Arica nos escapamos todos a la ciudad para dormir en un hotel y cenar en un restaurante, para variar. Y fue la gloria. Y si conocéis a Ashley, preguntadle por la botella de vino de la mesa de al lado. La historia tiene su miga.



Pilotos y mecánicos también andan por aquí, también con sus historias. Con las de un día llenaríamos un par de libros, seguro. Después de la cena toca recogerse. A base de práctica, hemos conseguido montar unas urbanizaciones con las tiendas de campaña bastante chulas. La pequeña Manhattan, la bautizó Héctor, de As. Al lado tenemos Chinatown, o lo que es lo mismo, las tres tiendas de los enviados especiales de la tele china. Solemos evitar ponernos cerca de ellos, porque tienen la costumbre de madrugarse con unos escupitajos muy ruidosos.


Durante el día están los tres por la zona de trabajo de las televisiones. Cuatro toldos con mesas y un autobús donde se reciben y montan las imágenes que luego veis por Teledeporte. En ese bus nos pasamos las primeras horas del día, montando los reportajes que luego mandamos a las 4 y media. Y como nosotros, gente de un montón de teles de todo el mundo. Y la verdad es que a ratos es un lío. Cada pocos minutos, algún montador francés pega un grito: "Mixage!", o algo parecido. Y toca callarse, porque quiere decir que alguien está grabando la voz de un reportaje. En alemán, inglés, árabe, francés… Vergonzosos abstenerse.


Quedan tres etapas y esto ya se acaba. Salvo hecatombe (o hacatombe, que diría el gran Carmelo) Marc Coma conseguirá su tercer Dakar. Y se lo merece. Es un gran tipo. Como Carlos Sainz, que en un par de días ya me había ganado. Su día ha sido horrible. Pero ahí ha estado el tío, concediendo entrevistas a todo el que se lo pedía. Marc y Carlos han centrado gran parte de nuestra atención estos días. También los pilotos que pasan más apuros para acabar las etapas. Entre unos y otros, a menudo nos olvidamos de los del medio. Gente como Joan Pedrero, Jordi Viladoms y Gerard Farrés. Buena gente, buenos pilotos. A ver si mañana lo remediamos y les damos algo de bolilla. Se lo merecen.



Pues nada. Que tras la el toque de mi madre (“¡nen, a ver si escribes algo!”) aquí os dejo esto. El próximo lo dejo para Buenos Aires, cuando ya esté de vacaciones. Tictactictac…

¿A qué hora llega Albert?

Son las once. De la noche, claro. Y aquí estamos los tres, en la puerta del campamento de San Miguel de Tucumán, donde acaba la segunda etapa.

Estamos esperando al único piloto español que aún no ha completado la etapa. Es Albert Bosch, conduce un Boogey y por lo que se ve ha tenido algún problema mecánico. Ahora nos contará.

No es el único que anda en aún en faena. Ahí està José Nicolás apañando su Toyota para mañana. Y como él, un montón. Si todo va bien, "hoy duermo dos horas", dice.

Los días aquí son muy largos. Demasiado. Y sí, vale, nos pagan por ello y además nos gusta, pero son muy largos. El de hoy ha arrancado a las 5 de la mañana en Córdoba. Os podéis imaginar el cuadro. Un montón de gente con linternas en la cabeza intentando plegar esas tiendas que sí, se montan en dos segundos, pero ni por asomo se pliegan con la facilidad que promete la empresa que las vende.

Suerte que está Ashley. De ahí, autobús hasta el aeropuerto donde nos espera… ¡un Hércules de las fuerzas aéreas argentinas! Asientos de rejilla, espalda contra la pared, cinturón rudimentario y las maletas amontonadas en el fondo de la bodega. El vuelo dura hora y cuarto, y pese a lo incómodo del asunto, casi nadie se resiste a dar una cabezada. El piloto y la tripulación, si eso.

Aterrizamos, y media hora más de autobús hasta el hipódromo de San Miguel de Tucumán. Llega, planta la tienda, pégate una ducha, desayuna algo y a currar.

Con eso de la diferencia horaria, hay que rodar, montar y mandar todo el material a las 4 y media. Y nos falta tiempo.

Con el envío de imágenes realizado, toca comer algo y seguir dando vueltas por aquí, buscando cosillas que contar. Como la historia del piloto español que a las once aún no había acabado la etapa. ¿A qué hora llega Albert?


La largada


Ya está. Esto ya ha arrancado. Los pilotos andan ya disputando la primera etapa tras la salida oficial de ayer. Largada, la llaman aquí. Y larga lo fue un rato. 6 horas, para ser exactos. 6 horas a 30 grados viendo salir, uno a uno, a los 407 vehículos que participan en este Dakar.

Entre los nuestros, un poco de todo. Nervios, ilusión y, sobretodo, ganas de empezar a dar gas tras dos días de papeleo en Buenos Aires. Alguno andaba pagando las consecuencias de una Nochevieja más larga de lo que tocaba la víspera de arrancar la carrera. Y algún otro se llevó un susto al quedarse sin gasolina a 100 metros del podio de salida.

La gasolina no era lo único que escaseaba ayer en la plaza del obelisco de Buenos Aires. Los bares y restaurantes de los alrededores tenían prohibido servir alcohol. Cosas del gobierno, nos decía un camarero. No, es por el Dakar, decía su colega. El caso es que estos días, en Buenos Aires, todo lo que ocurre es culpa de los mandamases o del rally. Una de dos.

La ciudad estaba ayer colapsada pero volcada con el Rally Dakar (o Ralí Dákar, como le llaman los porteños). Unas 250.000 personas salieron a la calle para despedir a los participantes. En la capital argentina andan algo moscas con la posibilidad de que el año que viene la carrera arranque en Río de Janeiro.

Lo que nos mosquea a Ana, Ashley y a mi es tener que abandonar la comodidad del hotel para hacer el petate y pasar dos semanas con la casa y los bártulos a cuestas de campamento en campamento. Pero a eso hemos venido. Nuestra Nochevieja no estuvo nada mal. Sin campanadas ni uva, pero en manga corta y en la terraza de un restaurante. Viva el verano.

Jesús Cebrián


Jesús Cebrián está especializado en información de motor en TVE. Cubre el Dakar y lo cuenta para TVE y RTVE.es. Además, en 2012, tendrá como firma invitada a Lucas Cruz, copiloto de Al Attiyah.
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