Un paseo de emociones
El periodista no debe ser el protagonista de la noticia. Somos los trasmisores, los que las contamos. Pero en ocasiones, cuando la información nos hace ser los protagonistas, uno se siente extraño. Porque siempre estamos al otro lado. Hasta que un día la noticia nos coloca en ese otro lado de la información. Y eso es lo que me ha sucedido este fin de semana. Me fui hasta Ponferrada (tengo que reconocer que era la primera vez, y me gusto mucho). El motivo: la entrega de premios Micrófono de oro. Premios que concede la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión y que con la Presidencia de Honor de Luis del Olmo, se conceden desde hace diez años.
La Gala tuvo lugar la tarde del sábado. A la puerta del Hotel AC, donde estábamos los invitados, llegaron los coches a recogernos. Coches de época, preciosos descapotables, que nos trasladaban muy despacio por las calles de Ponferrada, donde la gente se agolpaba para mostrarnos su cariño, su admiración y ponerle todo el corazón para decirnos entre aplausos, gritos y saludos que nos querían, que estaban muy felices por abrirnos las puertas de su casa para sentirnos cómodos, para hacernos sentir felices. Y así me sentí este sábado, en un recorrido, que intento seguir con el recuerdo para saborearlo en todo su momento.
Un premio es un reconocimiento, pero para el que lo recibe es algo más. En estos meses, he recibido llamadas de compañeros, con los que a lo largo de mi carrera profesional, hemos coincidido, y después del tiempo, siguen estando en tu círculo de personas a las que admiras, y te quieren. Llamadas de personas ajenas a estos medios, que se han tomado la molestia de llamar o escribir diciendo cosas que en muchas ocasiones me han emocionado. Por eso un premio es siempre algo más. Y en ese algo mas esta poder volver a recordar momentos vividos en un medio, como la radio, al que me entregue desde el mismo momento que entre por la puerta de la Cadena SER.
Durante un año entero, me baje del metro en la Gran Via, para entrar a formar parte de lo que se llamó Gabinete de la SER. Durante ese año, descubrí la magia de este medio, tuve la suerte de formarme con los mejores de ese momento y compartir con un grupo de compañeros muchas tardes de emociones, nervios y amistad. No fuimos conscientes en ese año, de lo que la vida nos depararía. Y ese condón que nos unía a la radio, ya no se desprendería de nosotros. De ellos y de los compañeros que me han acompañado en los diferentes programas, hasta el que ahora dirijo en esta casa. Mi casa desde hace muchos años me hacen que recoger un micrófono de oro sea uno de los momentos más felices que ya tengo guardado en las instantáneas de mi vida.
Gracias a todos mis compañeros ellos son los que me hacen sentirme grande cada noche de viernes. Porque como me dijo el maestro Pepe Domingo Castaño, amigo y gran profesional. “Disfruta y rodéate de los mejores. Ellos serán los encargados de hacerte llegar donde la satisfacción está garantizada. Los buenos equipos son los que hacen buenos programas".
Gracias a todos y especialmente a los oyentes, gente anónima que se que está ahí, esperándonos cada noche para saber qué es lo que les vamos a contar.



