El silencio del Comandante
Esa foto de la recuperación esconde mucho más de lo que dice. De momento es la única prueba gráfica de que el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, está vivo, de que se recupera de ese mal que muchos desconocíamos y que ahora es casi tan conocido como la gripe común: el absceso pélvico. La foto muestra a un Chávez convaleciente, agarrado en su fragilidad a dos personas de aspecto aún más frágil como son los hermanos Castro. Fidel sostiene a Hugo y Hugo se agarra de Raúl. La instantánea pareciera dibujar una metáfora de las relaciones y la geopolítica entre Cuba y Venezuela.
La historia de esa foto está justo en el frame y en la secuencia posterior, que por supuesto no se ha publicado y probablemente jamás vea la luz. Tan importante es la secuencia de cómo está Chávez que medio mundo habla de ello. La gente habla sin rigor. La gente habla sin rubor. Y suelta especulaciones varias sobre un cáncer de próstata, una diverticulitis o una complicación severa de ese absceso pélvico del que tanto hemos aprendido en las últimas semanas. Los tenderos, los ejecutivos, las azafatas, las peluqueras, los periodistas, los pobres y los ricos… todos hablan sin freno sobre la salud del Comandante. Pero se les perdona porque si hay algo que falta en toda esta crisis es precisamente la información. La salud de Chávez es como aquel anuncio de Coca-cola que todos guardamos en la memoria: “para los programas infantiles, para los de variedades, para los juveniles, para los musicales… para los concursos, para los reality shows, para los talk shows…. Para todos”. Y es que todos opinan de la salud del presidente: opina el Gobierno y el oficialismo, que asegura que el líder está bien y que hay Chávez para rato; opina la oposición, que ve normal que se enferme después de miles de horas hablando en directo en los canales gubernamentales de televisión, mientras le desean con elegancia que se recupere y se aparte de la vida política; opinan las masas chavistas, que han emprendido un maratón de misas y oraciones para que el líder obre el milagro, se levante, ande y regrese a Venezuela, convencidos como están (como estamos todos) de que el chavismo no se entiende sin Hugo Chávez; opinan los seguidores de la oposición, y más de uno seguro que pone velas negras para que el Comandante bolivariano se quede allá, tranquilamente, compartiendo tardes habaneras con el Comandante cubano.
Todos opinan, y lo hacen porque el hermetismo con el que se ha tratado este asunto ha dado rienda suelta a la imaginación. No hay partes médicos detallados, no los hubo con Fidel, no los habrá con Chávez. Y entre opinión y opinión, más comentarios. Comentarios y artículos que recuerdan que Chávez dejó el tabaco hace poco pero que sigue siendo un consumidor frenético de café negro, que apenas duerme cuatro horas, que es capaz de llamar a un ministro a las tres de la madrugada para trazar un plan de trabajo o comentar un partido de beisbol. Vuelan comentarios sobre supuestos médicos que le han dicho al Comandante que somatiza los problemas que acarrea ser el puesto de único y máximo responsable de la Revolución. Corre tinta sobre su lesión de rodilla y su época de paracaidista, del contacto brusco con el suelo y la contracción del cuerpo en milésimas de segundo antes de poner la bota en la tierra.
Pero lo que más se comenta, mucho más que el famoso absceso pélvico, es su silencio. Chávez podría tener todos los males del mundo pero si hablara sería otra cosa, porque en estos 12 años de gobierno ha acostumbrado a los venezolanos a una verborrea inagotable, con más de 2.200 cadenas nacionales y más de 4.000 horas de discursos al pueblo que lo eligió. Hablaba el Chávez vigoroso y el Chávez enfermo, el que destituía a un ministro en directo o el que se sonaba los mocos frente a la cámara alegando una fuerte gripe. Ese era Chávez, un animal político brutal que, gustase o no, nunca encontró un contrincante con esa fuerza huracanada para hablar, proponer, criticar, o poner a soñar a medio país con días mejores en el camino de esa revolución. Así era Chávez, el mismo que ahora lleva semanas de silencio mientras su país espera noticias de un hombre que nunca calló.



