Brexit, la gran mentira

    viernes 24.jun.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    0 Comentarios

La Unión Europea, tal como la conocíamos hasta ahora, es historia.  Y no ha sido hoy, con el Brexit, cuando ha pasado a ser historia. Lo empezó a ser cuando empezó a renunciar a sus principios.  Empezó por renunciar a sus valores. Los primeros valores que lanzó por la borda fueron los valores sociales que destruyó coscientemente durante la crisis financiera, paso a paso, como decía Angela Merkel, por mor de la competitividad empresarial.

Después vino la destrucción de los valores políticos, de unidad, de cooperación, de solidaridad, como se puso obscenamente de manifiesto durante la crisis de los refugiados.

Tiene razón Angela Merkel al decir  que el futuro de la Unión Europea dependerá de cómo se interprete el Brexit, de qué conclusiones se saquen y por lo tanto qué medidas se adopten.

Con el Brexit, hemos asistido al triunfo de una gran mentira. El principal argumento del Brexit, las críticas a la Unión Europea, la necesidad de recuperar soberanía nacional, es la gran patraña histórica de nuestra época.

Se echa la culpa a la Unión Europea de casi todo lo que ocurre hoy y se ha convencido a los británicos de que todo se va a solucionar si se recupera “soberanía nacional”.  

La realidad es que todos esos fracasos han sido por todo lo contrario: lo que ha fracasado es que la Unión Europea no tenía suficiente autoridad, soberanía, capacidad para actuar. Ha sido la soberanía a la que se han agarrado los estados, empezando por Gran Bretaña, la que ha destrozado  la idea de Europa.

La gestión de la crisis, los paquetes de rescate de los bancos, la destrucción sistemática de los derechos sociales y laborales, no la perpetraron la Unión Europea ni sus funcionarios, por más que nos caigan antipáticos por su condición privilegiada.

La peor crisis de la historia de la UE la perpetraron con nocturnidad y alevosía sucesivas cumbres europeas en las que los que tenían la voz cantante eran los estados, o por ser más exactos, los gobiernos, los líderes europeos que sólo miraban sus particulares intereses nacionales no las instituciones europeas.

El culpable de la destrucción de la clase media y de los valores europeos no han sido los mediocres políticos de la Unión Europea, sobre todo de la Comisión, sino la obcecación neoliberal de los dirigentes europeos que capitularon ante la dictadura de los llamados mercados financieros, es decir, de los especuladores.

Y David Cameron, ese niño bien de la clase alta británica, que ya ha pasado a formar parte en lugar destacado de la “Lista de imbéciles de la Historia” siempre fue su más aplicado defensor. Hizo toda su carrera política poniendo a parir a la Unión Europea y convocó un Referendum, que, como sabe cualquiera, es la forma más primitiva que se conoce  para esparcir la demagogia más obscena.

¡Y ahora se pretende echar la culpa a la Unión Europea!

Mucho me temo que análisis “sereno” y las conclusiones y decisiones “correctas” que pide Angela Merkel, ya están sacadas de antemano.

Schauble, y Merkel, ya han interpretado que “no se puede responder a todo con “más Europa”.

Su objetivo será ahora impedir que Francia, Italia, quizá España (dependerá de las elecciones de pasado mañana), exijan otra política, inversiones, una mayor integración de la Eurozona, con presupuesto propio, un Fondo de Garantía de depósitos común, los Eurobonos…

Su respuesta será que eso impulsaría a los populistas de los países del Norte que quieren echar a los países del Sur de la Unión Europea o irse ellos. Y nos lo vamos a tragar.

 Mientras, me pregunto cuántas generaciones tendrán que pasar para que los que ahora son jóvenes británicos, perdonen a sus padres y abuelos que, después de haber disfrutado de los mejores años de la Unión Europea, los condenan ahora al aldeanismo rancio y pueblerino de la Inglaterra profunda.

Miguel-Ángel-Berlin   24.jun.2016 18:27    

¡Aníbal ante portas!

    miércoles 8.jun.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    2 Comentarios

A 15 días para el referéndum sobre el Brexit una encuesta ha puesto de manifiesto el peligroso momento que vive la Unión Europea.

La encuesta, hecha a 10.000 personas en 10 estados, muestra la caída inmisericorde en la confianza que los europeos tienen de las instituciones europeas.

Y resulta que la peor opinión sobre la UE no hay que buscarla en Gran Bretaña: en Grecia esa opinión negativa alcanza al 71% de los ciudadanos, en Francia un 61% y en España un 49%, un punto más que en Gran Bretaña.

Por porcentajes similares se mueven países como Alemania, Suecia, Holanda.

España encabeza la lista de países donde la buena opinión sobre la UE se ha derrumbado más estrepitosamente en los últimos dos años.

Dicho en otras palabras, si en este momento hubiera referéndums en otros países sobre la permanencia en la Unión Europea, la duda sobre qué saldría de ese referéndum se arrastraría hasta el recuento de la última papeleta.

Un escenario que nadie podía prever hace apenas unos años. El entusiasmo por la idea de Europa, que en España casi se podía confundir con euforia, se ha esfumado para convertirse en una amarga decepción.

Para la mayoría de españoles, como para la mayoría de europeos,  la Unión Europea era la plasmación práctica de una Europa democrática, pacífica, próspera y con valores sociales y culturales avanzados que acabarían por imponerse al nacionalismo, la demagogia, el oscurantismo y la autocracia.

Asusta comprobar de qué manera los políticos europeos han dilapidado ese capital de entusiasmo por Europa en relativamente poco tiempo. Y no es ningún secreto. No hace falta ser un experto para saber el porqué del crecimiento rampante del euroescepticismo.

La primera señal de alarma surgió en la primavera de 2005. Franceses y holandeses votaron en referéndum NO a una Constitución Europea.

Un año antes la UE había vivido la mayor ampliación en su historia. Un grupo de 10 países,  Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Chipre y Malta,  sumaban ya 25.

Conviene remarcar que 10 países habían pertenecido a la antigua órbita soviética.

Dos años después se incorporaron Rumanía y Bulgaria, Croacia en 2013.

En lugar de reflexionar sobre las causas del rechazo en países núcleo de la UE a esa Constitución Europea que por entonces a los españoles, aunque no nos preguntaron, nos parecía una consecuencia lógica de la inercia histórica, los políticos europeos metieron la cabeza en la arena y siguieron adelante como si no pasara nada con la ampliación a países que ni política, ni económica, ni cultural ni socialmente estaban en armonía con la idea de Europa.

Un actor fundamental de esa política fue Alemania, que buscaba desesperadamente mercados para su decaída industria. La jugada tenía lugar al mismo tiempo que alimentaba conscientemente la burbuja que se hinchaba por momentos en países como España valiéndose de los mercados que abría el Euro.

 Alemania consiguió lo que se proponía: económicamente, hacer al Sur, España, Italia, Grecia, dependiente económicamente de sus créditos y desplazar al Este los fondos estructurales y de cohesión  que le abrirían nuevos mercados.  Políticamente, reequilibrar el fiel de  la balanza europea que por entonces se inclinaba más hacia Occidente que hacia Oriente, creando una órbita de influencia alemana.

Es evidente que, visto desde un punto de vista puramente alemán, la estrategia funcionó.

La industria alemana revivió, las exportaciones alemanas empezaron a florecer otra vez, a pesar de la competencia china y Alemania se convirtió en el poder hegemónico en la Unión Europea.

De paso, Alemania se había librado de dos chinas en el zapato, la engreída Francia, donde la extrema derecha empezaba a sembrar la duda europea y la siempre irritante y impertinente Gran Bretaña. Conviene tener muy presente que no fueron los británicos los que dijeron NO a la Constitución Europea, sino los franceses, por más que seguramente también ellos lo hubieran dicho si se les hubiera preguntado.

El avestruz con la cabeza bajo la arena siguió haciendo de las suyas no sólo con las ampliaciones, sino con la configuración de las instituciones.

En 2007, sólo seis años después de la última reforma, el Tratado de Niza, se aprobó el Tratado de Lisboa donde, supuestamente, se hacía “la UE más democrática, más eficiente y mejor capacitada para abordar, con una sola voz, los problemas mundiales, como el cambio climático” (sic. UE).

El Tratado de Lisboa sonó a la mayoría de ciudadanos europeos como un sucedáneo de la Constitución Europea. Se aumentaron las competencias del Parlamento Europeo, se reforzó (un suponer) la figura del Alto Representante para Asuntos Exteriores, se creó el puesto permanente de Presidente del Consejo. Esto último, básicamente porque los americanos decían que cuando tenían que llamar a Europa no tenían un número de teléfono. A todas luces, siguen sin tenerlo.

En verdad, el Tratado de Lisboa fue un paso adelante con respecto al de Niza. Pero lo que los ciudadanos percibieron no fue que el Parlamento Europeo se convirtiera en un verdadero parlamento, sino en una imagen descomunal de burócratas con buen sueldo y jugosas dietas, el premio a políticos fracasados o de segunda división.

La figura del Alto Representante para Asuntos Exteriores, en lugar de fraguar paulatinamente una política de exterior común se convirtió en la imagen de una impotente, y ninguneada Catherine Ashton, respaldada también por un monstruo burocrático absolutamente inoperante.

Y qué decir del Presidente del Consejo Europeo, esa personalidad con un número de teléfono al que pudiera llamar el Presidente de los EEUU para preguntar cuál era la opinión de Europa sin tener que llamar a uno por uno a los Jefes de Estado o de Gobierno. Un anodino –y sibilino- Hermann van Rompuy sólo dejó en la memoria de los europeos que era aficionado a los poemas cortos japoneses. A todas luces, el Presidente de los EEUU sigue sin tener un número al que llamar que no empiece por el prefijo 0049.

Y entonces llegó la crisis, la mayor crisis económica desde la II Guerra Mundial.

Una crisis que empezó siendo crisis financiera, pronto acabó siendo una crisis económica y ha acabado siendo una crisis política, cultural, social, de valores, en toda su dimensión.

Todos tenemos muy reciente en la memoria cómo Angela Merkel, la mujer con el número de teléfono para preguntar por Europa, manejó esa crisis.

Con mano de hierro, entró en la cacharrería como un elefante. Se puso el mandil de la ahorradora ama de casa de Suavia y aplicó a todos por igual la receta de la austeridad a la alemana. Envalentonada por la buena marcha de la economía alemana, en una coyuntura asombrosamente favorable, cogió la vara del maestro franquista –la letra con sangre entra- y se dispuso a castigar como se merece a quien no hiciera los deberes.

El objetivo de Merkel, crecida en una familia puritana y un país de la órbita soviética, no era salvar a la UE, sino salvar el Euro, la garantía de las exportaciones alemanas. Si un día se vio el Euro como una concesión alemana, aquí pronto todos fueron conscientes que para Alemania la invención del Euro ha sido más exitoso aún que la invención del caballo de vapor.

 Asegurar a la banca alemana frente a los impagos de los vagos y derrochadores ciudadanos del sur fue  el presupuesto del que partió toda la respuesta europea a la crisis. Naturalmente, salvar a la banca alemana implicaba salvar al resto de bancos europeos que eran los que tenían que devolver los créditos interbancarios que financiaron las burbujas inmobiliarias y financieras.

Pero además, Angela Merkel tiene dos obsesiones: una, el envejecimiento de la población, la otra, la competitividad, garantizar que la industria alemana va a seguir vendiendo a donde sea y como sea.

 La visión estratégica a largo plazo de Angela Merkel –que la tiene- es que, para poder competir con China, hay que trabajar como chinos y cobrar como chinos.

La consecuencia de esas obsesiones, es que los ciudadanos europeos han percibido las instituciones de la UE como los salones donde se ha perpetrado la exterminación de la clase media europea, el retroceso en derechos laborales, la negación de la seguridad en el puesto de trabajo, la liberalización salvaje de las relaciones económicas por mor de la competitividad, la vuelta a la sociedad preindustrial, los salones de donde salen las órdenes para quitar dinero de la sanidad y de la educación, los salones donde se salva a los bancos y no a las personas, los salones donde Alemania hace y deshace a su antojo y para su propio beneficio.

La destrucción de la utopía europea ha empezado porque los ciudadanos han percibido la capitulación ante Angela Merkel. Y Angela Merkel había capitulado previamente ante el neoliberalismo, los bancos (los bancos en la sombra y los bancos al sol), los mercados financieros, los especuladores, las multinacionales, los evasores de impuestos, los ricos de este mundo.

Pero la gran paradoja de todo, es que se ha perpetrado finalmente porque, al final, los países europeos han traicionado a Angela Merkel.

La única gran decisión de estadista que Angela Merkel ha tomado desde su mandato fue abrir las puertas a los refugiados. Y eso al margen de que se juzgue como acertada o como desacertada. Las consecuencias de ese paso van a marcar no sólo el destino de Alemania si no también del resto de Europa. Porque los miedo latentes y patentes del ciudadano medio europeo ante el islamismo rampante han salido a la luz.

Suena casi a burla que precisamente países como Hungría o Polonia, donde el rechazo a los refugiados ha adquirido tintes absolutamente racistas, y se han opuesto con uñas y dientes al reparto ideado por la UE, se den las opiniones más favorables a la UE. En esos países lo que se vive en la calle es lo que ha llevado al Gobierno a partidos como Ley y Justicia, católico fundamentalista o Fidez, ultranacionalista húngaro.

Pero no sólo fueron estos países, donde los valores europeos todavía necesitan décadas para asentarse, sino la mayoría de los países europeos los que dejaron a Angela Merkel en la estacada con su millón de refugiados. Sonó a una especie de venganza por haber tomado la decisión sin consultar con nadie. Pero a esos países el tiro les puede salir por la culata.

Lo malo es que ese tiro por la culata no lo van a sufrir los gobernantes que se han negado a asumir que Europa tiene un problema a las puertas que se llama Oriente Medio y África, sino los ciudadanos europeos que han comprobado que cada país, cada gobierno, va a lo suyo. Hoy, como los antiguos romanos, muchos europeos corren gritando despavoridos tras los setos de sus jardines  como los romanos gritaban tras las murallas de Roma:  “¡Musulmanes (Aníbal) ante portas!”.

Como es bien sabido, sólo una larga, paciente e inteligencia campaña de desgaste y seguridad en sí mismo salvó a los romanos.

Ahora mismo nadie puede profetizar qué será de Europa. Los agoreros que pronosticaban la ruptura del Euro hace unos años nos sonaban a casi todos como pájaros de mal agüero que esperaban que se hiciera realidad la profecía a fuerza de repetirla. Ahora, esa maldición ha caído, por extensión, no sólo en el Euro sino en la idea de Europa.

Si se produce un Brexit o no, si el Brexit puede suponer que la UE se libre de una carga  impertinente o si estamos al principio de una progresiva podredumbre de la UE no se puede asegurar. Sólo cabe esperar. Unos, a que el cadáver de su enemigo, la idea de Europa, pase por delante de su puerta, los otros, a que de una vez por todas los europeos despierten de la pesadilla y dejen de oír los cantos de sirena que los llevan hacia los acantilados de Escila y Caribdis.

Miguel-Ángel-Berlin    8.jun.2016 16:38    

El enemigo público número uno

    lunes 11.abr.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    4 Comentarios

Hace aproximadamente un mes que el Banco Central Europeo dejó los tipos de interés en la zona Euro en 0. Aún puedo oír las campanas que se lanzaron al vuelo en países como España porque el BCE hacía lo que tenía que hacer. Pero desde aquí todos los días se puede percibir el crujir de dientes de los alemanes por esa política del BCE; el mismo artículo día tras día donde se advierte del abismo al que nos dirigimos, interminables programas de televisión,  donde cada alemán ha salido por lo menos alguna vez indignado contando con pormenores cómo aún recuerda los días en que podía irse de vacaciones con los intereses de la cuenta corriente,  alemanes de media edad asustados porque temen perder sus fondos de pensiones, ahorradores que sufren pesadillas porque temen que un día vean en la cuenta corriente que pagan una comisión por guardar sus Euros en el banco.

Uno, sureño e hipotecado, acaba por sentirse irremediablemente culpable. Porque a la descripción apocalíptica de la situación en la que se encuentran los sufridos alemanes (técnicamente casi paro 0) siempre sigue la misma explicación, una de las primeras frases que aprende un emigrante al llegar a Alemania a base de oírla machaconamente:

“Wer profitiert davon?” Respuesta: “Die hochverschuldete südländer Staaten”.

„¿Quién se beneficia? Los países del Sur fuertemente endeudados. “

Y así día tras día, a todas horas, en conexiones con la bolsa, en programas informativos, en ruedas de prensa, en congresos y fórums, en talkshows, en programas de humor.

Mario Draghi está a punto de ser declarado el enemigo público número uno. Ya lo es socialmente, sólo falta su ficha policial.

“¡Qué egoístas y cabezas cuadradas son estos alemanes!” ¿A que estabas pensando eso?

Uno de los ejercicios mentales más saludables que conozco es tratar de ponerse en la piel del otro para tratar de entender razones que, desde nuestro entorno, son incomprensibles.

¿Son los países endeudados del Sur de Europa los beneficiados de los tipos de interés cero?

En principio sí: pueden seguir endeudándose a intereses muy bajos. Antes de nada conviene aclarar que los tipos de interés 0 son para los bancos (consumidores y estados pagan intereses sí o sí, excepto Alemania que prácticamente se financia gratis desde hace años).

Pero ¿realmente eso es un beneficio? Los alemanes creen que los tipos de interés bajos son una droga que crea dependencia. Cuando uno ha probado eso sufre un síndrome fatal cuando los tipos ven a subir.

Pero, mientras tanto, los alemanes dan por hecho que los bajos tipos de interés anulan la voluntad de los estados para hacer reformas y ahorrar para reducir su deuda. ¿Tienen razón? Nada más hay que mirar el 5,2 de déficit del estado español en 2015.  ¿Quién puede retenerse de pedir un crédito y evitar dar malas noticias de nuevos recortes si los intereses son muy bajos? Al Gobierno de turno le pasa lo mismo.

Pero los riesgos de unos tipos de interés bajos no acaban en la pereza política que provocan en los gobiernos.

Bien, tipos de interés bajos, menos intereses por la hipoteca. Pero claro, otra vez, ¿quién se resiste? Es muy fácil caer, y lo saben miles de españoles, en la tentación de pedir más crédito del que podrás pagar si un día se ponen mal las cosas.

La consecuencia es: más demanda de hipotecas, más demanda de casas…, suben los precios. El efecto beneficioso de unos créditos bajos se agota enseguida: pagarás más por la vivienda. Pero además, como no compensa invertir en productos financieros, el dinero busca por instinto la inmobiliaria: la burbuja empieza a formarse (y eso está pasando en Alemania).

Y si en vez de pedir créditos, tu problema es que no sabes qué hacer con esos Eurillos que tienes ahorrados, no hace falta explicar porqué los tipos de interés bajos son un problema. Como los alemanes son los más ahorradores de Europa no costará entender su indignación con el BCE, al que culpan de todo lo que todavía nos les ha pasado: que tengan que pagar por tener dinero en el banco. Schäuble, incluso, ha acusado a Mario Draghi de ser el culpable, nada menos, de la mitad de los votos que ha sacado Alternativa por Alemania en las anteriores elecciones regionales.

Todo esto es bastante simple. Sólo que raramente lo veo reflejado en la prensa española para explicar porqué los alemanes son tan críticos con el BCE.

Estos años se han convertido en verdades irrefutables eslóganes como “La austeridad mata”.

No, no es la austeridad la que mata,  aunque sí demasiada austeridad. El error no es la austeridad sino la dosis de caballo aplicada en tiempos de crisis. Pero, aparte de eso, ¿alguien puede aportarme un argumento que desmienta esos temores que el Bundesbank proclama cada día y que todos los alemanes, de izquierda y de derecha, comparten de forma unánime?

En puro sentido común, el sentido del buen gobierno, en estos tiempos de crecimiento y subida de ingresos se debería aprovechar para sanear las cuentas, devolver deudas, racionalizar la administración, los gastos, hacer un presupuesto de gastos sostenible, etc.,

 Sinceramente, creo que hay una “corrupción” política que no es delito en sentido estricto, sino pura incompetencia y negligencia producto de nuestra débil  cultura democrática que es la que genera la mala administración y el endeudamiento del país a todos los niveles administrativos e institucionales.

Aplicar recortes en áreas sociales y de servicios públicos elementales es una consecuencia de esa “corrupción” social que el ciudadano enseguida relaciona con la corrupción generalizada.

Un país como España, con un sistema impositivo mejorable, pero comparable con el resto de Europa, debería ser capaz de identificar dónde hay que ahorrar para no provocar más pobreza social, para no seguir destruyendo a la clase media. Empezando por expurgar la corrupción, que es la expresión máxima de la falta de cultura democrática.

Y no nos olvidemos de que la corrupción no sólo existe en el sector público. ¿De qué otra forma se puede calificar cuando oímos que la forma de crear empleo es eliminar las indemnizaciones por despido y al lado las noticias sobre los bonos y las jubilaciones millonarias de los directivos?

Mientras tanto, estamos metidos en una especie de “contraditio in términis”. Hoy por hoy, Mario Draghi, el banquero que venía de los bancos involucrados en la crisis financiera de Lehman Brothers, es el enemigo público número uno del ultraliberalismo económico alemán. Y el BCE la institución que ha puesto patas arriba los fundamentos del capitalismo. Vivir para ver.

Y todo, porque las medidas de expansión monetaria del BCE no han conseguido impulsar la economía de la zona Euro de manera espectacular, entre otras cosas porque Alemania se niega a que los gobiernos apoyen la política del BCE con una expansión fiscal vía inversiones públicas. Draghi se pregunta inútilmente qué habría pasado si no hubiera hecho nada. Los alemanes se sienten confirmados en su tendencia a creerse posesores de la verdad.

La caza de Mario Draghi ha empezado. Al tiempo.

 

Miguel-Ángel-Berlin   11.abr.2016 19:27    

Ya están aquí

    domingo 13.mar.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    1 Comentarios

El gran triunfador de la noche electoral en 3 estados federados, Baden Württemberg, Renania Palatinado y Sahonia Anhalt , ha sido, sin duda, Alternativa por Alemania, el partido protesta, que está dirigido popr una mujer Frauke Petry que en campaña electoral dijo que si era necesario, habría que disparar contra los refugiados.
Incluso contra mujeres y niños llegó a decir la segunda del partido, Beatrix von Storch.
Semejante barbaridad no les ha impedido obtener el 24% de los votos y ser el 2º partido en Sajonia Anhalt, a costa de todos los partidos tradicionales, la CDU, Los Verdes, incluso la Izquierda, pero sobre todo , a costa del SPD, que pierde la mitad de los votos. El SPD ya no puede aspirar ni siquiera a ser el hermano pequeño de una Gran Coalición: sus votos no llegan para que el partido mayoritario componga un gobierno con mayoría absoluta.
En el rico Land Baden Württenberg la subida es menor, un 15%, y también castiga al SPD, que pierde aquí también casi la mitad de los votos, y a la CDU, que queda como segundo partido en un Land donde gobernó durante medio siglo.
También en Renania Palatinado Alternativa por Alemania ha conseguido un 12% de los votos. Pero aquí el gran perdedor es la CDU, que acariciaba el gobierno y ha bajado 4 puntos. El SPD ha vivido en ese Land la única alegría de la noche: se refuerza gracias al liderazgo de una mujer Malu Dreyer.
Tanto en este caso como en el del líder verde de Baden Wüttenberg, Winfred Krteschmann ha quedada clara la importancia de los liderazgos regionales.
Habría 3 lecturas urgentes:
1.El gran triunfador de la noche electoral ha sido Alternativa por Alemania, que ha adelantado al SPD en dos Estados Federados, impidiendo, por primera vez en la historia, que los votos de este partido valgan para formar un gobierno de gran coalición mayorítario.
2.- El castigo ha sido a todos los partidos, el SPD en número de votos, pero también cualitativamente a la CDU. Los Verdes y la izquierda también pierden votantes que se han pasado a Alternativa por Alemania. Nadie quiere coaligarse con Alternativa por Alemania, así que sería más difícil formar gobiernos.

3.- El SPD vuelve a sentir en al propia carne lo poco rentable que es ser el socio pequeño de una gran coalición. Te llevas todos los palos y los aplausos se los lleva el partido mayoritario. Lo han compobado también los Verdes de Renania Palatinado y la CDU en Baden Württemberg.  El SPD lo lleva comprobando en Berlín una y otra vez.

4.-Finalmente, veremos cómo Merkel presenta estos resultados: si como un castigo a su política de refugiados o un castigo a que sus líderes regionales se han intentado desligar en esa política y ponerla en cuestión.
La infidelidad también puede haber sido castigada.

Pero, sin duda, la primera conclusión: La extrema derecha ha venido para quedarse.

 

Miguel-Ángel-Berlin   13.mar.2016 21:04    

El fin del futuro (que no de la historia)

    lunes 29.feb.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    3 Comentarios

El propio Fukuyama explica que la idea de "el fin de la historia" no es suya, que en realidad data ya de hace ¡dos siglos! Es decir, ya a principios del siglo XIX había quien pensaba que, con la marcha triunfal de Napoleón por Europa, se acababa la evolución histórica propiamente dicha. El triunfo de la ilustración sobre el oscurantismo.
No cabe duda de que con la perspectiva de hoy ese optimismo nos suena enternecedor.
Fukuyama se apropió de la idea al explicarla mejor que nadie porque, a finales del siglo XX, tenía a mano más argumentos que nadie antes.
¿Quién no vio en la caída del muro de Berlín, en el hundimiento de la Unión Soviética, el triunfo definitivo del capitalismo sobre el comunismo, el triunfo de la democracia sobre la dictadura, el triunfo de la libertad contra la opresión?
Un cuarto de siglo después, hemos comprobado otra vez lo naiv de esa percepción. La democracia no es, ni mucho menos, una idea política en marcha triunfadora, más bien parece una preciosa escultura griega con los brazos rotos y una expresión de desconcierto en la cara.
El mundo occidental asiste perplejo e impotente a acontecimientos a los que no duda en llamar como "primavera árabe" que acaban convirtiéndose en sangrientas guerras civiles y en el renacimiento del terrorismo internacional más salvaje que se haya conocido nunca.
Particularmente paralizante ha sido ver el renacimiento de sus cenizas del "enemigo soviético", encarnado en la Rusia de Vladimir Putin.
El desconcierto que se puede ver en las cancillerías europeas parece propio del que padece un síndrome de arrogancia por estar convencido de que sus valores son superiores y no encuentra explicación a su fracaso.
Pero que no cunda el pánico. Porque si cunde, si buscamos explicaciones fáciles a ese “de derrota en derrota” hasta la victoria final”, acabamos convirtiéndonos precisamente en un Putin cualquiera o en uno de sus clones enanos, Victor Orban, Kaczynski, Netanyahu...
Hasta aquí he dado por buena la identificación entre democracia y capitalismo, cuando, en mi opinión esa identificación es precisamente el germen de la arrogancia occidental.
Esa identificación se demuestra falsa porque, si bien la democracia no ha triunfado en el mundo, sí lo ha hecho, y de forma incontestable, el capitalismo, una prueba de que no son la misma cosa. (La dialéctica de Hegel, a mi juicio, es de lo poco que no se ha superado, la idea de que la realidad sólo se conforma por la contradicción).
Sí, el capitalismo ha triunfado, como está a punto de demostrar Barack Obama en Cuba. Sólo queda para el zoológico de la historia algún país en extinción como Corea del Norte.
Basta mirar a China y su rabioso capitalismo de estado para comprobar que el capitalismo ha triunfado definitivamente. Para él sí ha llegado el fin de la historia.
Pero la historia continúa, así que la única explicación que me queda es recurrir a la genial teoría de Schumpeter: “el capitalismo morirá de éxito”.
El capitalismo se estaba reinventando, allá por mediados del siglo XX, cuando el pensador austriaco-estadounidense nos descubrió la “destrucción creadora” del capitalismo, la capacidad de introducir nuevos productos, cada vez más baratos, que revolucionan continuamente los factores de producción y obligan a adaptar permanentemente el modelo productivo.
Desde luego, esa carrera hacia el llamado “coste cero”, implícita en el primer acto capitalista, la invención del dinero, se ha vuelto desbocada con la llegada de Internet.
Pero, ¿será el “coste cero” en la producción y la distribución de bienes, el abaratamiento final de todos los productos hasta hacerlos accesibles a todas las personas lo que acabe con el capitalismo?
Aconsejo vivamente la lectura del libro de Angel de Goya “Ahogarse al lado de la orilla” (Editorial Catarata), y su segunda parte, sobre la aplicación de la segunda ley de la termodinámica a la evolución de las civilizaciones. Sólo los saltos tecnológicos permiten la supervivencia o el triunfo de una civilización a lo largo de la historia.
No creo que sean las matemáticas, las estadísticas, las leyes físicas, las que maten al capitalismo.
Antes bien, creo que el capitalismo debe temer la venganza de la ética. Más que el fin de la historia, debe temer el fin del futuro.
El capitalismo no morirá porque se le acabe el combustible, la capacidad de inventar, sino por la implosión de su combustible, ese extraño combustible que no se acaba nunca, sino que, mientras más se consume, más se acumula: la avaricia.
Todo esto viene a cuento porque a uno le vienen a la mente viejas lecturas y trabajos universitarios después de leer los informes que denuncian que las diferencias entre ricos y pobres aumentan en todo el mundo: el mundo cada vez es más rico, pero los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos.
En un hotel de Davos, cabrían los ricos que poseen tanta riqueza como la mitad de la humanidad junta. Y a todos nos parece normal. Nos parece normal que un asalariado que gane 20.000 Euros pague más impuestos que un capitalista que haya ganado 1 millón en bolsa. Nos parece normal que, ante los problemas de sostenibilidad de un banco, sólo veamos dos soluciones: la fusión con otro banco hasta hacer el problema tan grande que no se pueda dejar caer y haya que salvarlo con el dinero de todos. Nos parece normal que, después de haberlo salvado, incluso se resarza a los accionistas con el dinero de todos (Bankia). Nos parece normal que para que una empresa sea rentable haya que pagar salarios de miseria y disponer de despido libre. Nos parece normal que un futbolista cobre millones y millones y, si no paga a hacienda, no pasa nada mientras siga metiendo goles. Nos parece normal comprar ropa y móviles que sabemos fabricados en fábricas de esclavitud. Y tantas y tantas cosas que me da pereza argumentar de forma más documentada.

La falacia del triunfo de la democracia y el capitalismo sobre otros planteamientos políticos y económicos la pone de manifiesto el último informe de la fundación Bertelsmann.
El Transformationsindex BTI, constata un retroceso general de la democracia y economía social de mercado en el mundo. Sólo seis países en el mundo alcanzan un índice óptimo de gobierno democrático, la mayoría de países fracasan en el objetivo de transformación y reforma democrática.

 

Miguel-Ángel-Berlin   29.feb.2016 17:01    

Europa ante el abismo

    viernes 19.feb.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    1 Comentarios

Tengo la impresión de que en España pocos son conscientes de lo que se está jugando estos días en Europa. Y es comprensible. Todos estamos abrumados por los casos de corrupción, sumidos en la incertidumbre de quién va a gobernar –y cómo-, todos seguimos adormilados por la inoperancia de un gobierno en funciones, que en lo tocante a Europa ha estado 4 años en funciones, completamente ausente, desaparecido e indiferente, pendiente sólo de disimular los tirones de oreja que le llegaban desde Bruselas.
Y, sin embargo, lo que se está cocinando estos días será absolutamente trascendental para nuestro futuro.
La crisis de los refugiados ha revelado cuán diferente es el grado de madurez democrática y de asunción de los valores europeos de los ciudadanos y los gobiernos que estos han elegido en los 28 países de la UE.
En el Este de Europa hay gobiernos –con un amplio respaldo popular- que en algunos aspectos, -libertad de prensa, separación de poderes- se distinguen muy poco de las dictaduras.
En el Centro y Norte de Europa – Francia, Austria, Holanda, Dinamarca, Suecia, Finlandia- hay fuerzas nacionalistas de extrema derecha decididas a dinamitar la Unión Europea.
En el Sur de Europa -España, Italia, Grecia- la brutal crisis económica ha dejado tales heridas, aún abiertas, que convierte a esos países en zombis para todo lo que no sea los acuciantes problemas del día a día. El manejo de la crisis desde las instituciones comunitarias ha disminuido de forma alarmante el entusiasmo europeísta que siempre demostraron los países mediterráneos.
Y en el corazón de Europa, Alemania, está naciendo también una peligrosa corriente nacionalista radical y antieuropea.
Angela Merkel, erigida por méritos propios en la auténtica líder europea, está viviendo el peor momento de sus más de 10 años de Canciller, contestada dentro y fuera.
Y precisamente en este momento de patética debilidad europea, David Cameron está tratando de retrasar el reloj europeo 25 años, a la época en que la UE, la Unión Europea, era sólo la CEE, la Comunidad Económica Europea, conocida popularmente como el Mercado Común. Para Cameron, Europa es simplemente un mercado.
Un estudio del banco suizo UBS, uno de los mayores del mundo, dice que el principal riesgo geoeconómico para el futuro no es el BREXIT, si no el MERKELEXIT, la posible pérdida de liderazgo de Angela Merkel.
Nos guste o no, nuestro futuro como europeos está hoy por hoy ligado a la suerte política que pueda correr Angela Merkel en estos meses.
A estas alturas, Merkel debe ser consciente de los errores monumentales cometidos durante la crisis. El egoísmo pone vendas en los ojos, y Merkel se puso muchas vendas durante la crisis para no avanzar más de prisa en la integración Europea.
La primera venda en los ojos, de la Alemania de antes de Merkel, fue forzar la entrada en la UE de países del Este porque se suponía que iban a reforzar el liderazgo de Alemania en una UE cuyo peso en la balanza se inclinaba hacia Francia. Es evidente que ha sido una astronómica ventaja económica para Alemania. Y también política, hasta ahora. Ahora mismo, esos países son los mayores críticos de Alemania, como hace un par de años lo eran los países del Sur, los más alejados a los valores que hoy día representa Alemania.
La segunda venda en los ojos fueron los Mecanismos de Rescate inventados para salvar de la bancarrota a los países endeudados y, al decir países, quiero decir a los países y sus bancos, no a sus ciudadanos.
Los Mecanismos de Rescate, Mecanismo de Estabilidad Financiera, Facilidad Europea de Estabilidad Financiera, Mecanismo de Estabilidad, son apéndices exteriores, sucedáneos de lo que hubiera sido la solución lógica en una Unión Europea en evolución: los Eurobonos.
Pero quedó claro desde el principio que Alemania no aceptaría nunca la mutualidad de la deuda. El enorme beneficio económico que Alemania, como país exportador, ha logrado de la Unión Europea, habría compensado la mutualidad de la deuda en términos contables.
Pero convencer a los alemanes de eso, y con ello al resto de países de la órbita alemana, es un trabajo de titanes imposible de asumir para una generación y mucho menos para un político.
Esa mutualidad de la deuda no sería más que la consecuencia final de un proceso que llevaría a un gobierno económico de la UE, con armonización total de políticas fiscales. Es decir, una renuncia de soberanía descomunal. La creación de una auténtica Unión Europea, porque las instituciones actuales no son dignas de ese nombre.
La política de austeridad impuesta por Alemania, fue vista desde fuera como un síntoma de falta de solidaridad. Lo que está viviendo Angela Merkel ahora no es más que una reacción a su política de austeridad europea cortoplacista, destinada a ganar elecciones en Alemania, contrarrestando el impulso y la inercia de integración económica que hubiera convertido a Europa en una verdadera Confederación de Naciones al estilo de USA.
Si tú te has negado a mutualizar la deuda, ¿por qué vamos nosotros ahora a mutualizar tu problema con los refugiados?
Es verdad que los países del Norte, y Alemania, en cuestión de derecho de asilo nos llevan décadas. Pero también es verdad que durante años han dejado a países como Italia, Grecia y España a solas con sus problemas de inmigración ilegal. “Ese es vuestro problema” era la respuesta europea a las llamadas de España cuando la crisis de los cayucos. Y esa ha sido la respuesta que ah obtenido Italia ante el problema de los barcos con inmigrantes desde las costas libias.
Ahora que Grecia e Italia han decidido dar billete a los refugiados para seguir su camino hacia el Norte de Europa es cuando Alemania verdaderamente se da cuenta de que durante años ha estado protegida en su castillo.
En el Este de Europa, en al conocida como ruta de los Balcanes, proliferan ya más vallas que durante la guerra fría. Y no sólo en esos países que un día fueron de la órbita comunista. Austria, un país de contrastada solidaridad y compromiso con los refugiados y el asilo, ha puesto vallas en sus fronteras, quiere imponer contingentes diarios que van contra la Convención de Naciones Unidas para los refugiados. Suecia, el país ejemplo en materia de asilo, está haciendo controles en frontera como hace más de 50 años.
Schengen ya no existe en la práctica a muchos niveles en muchas fronteras. Los países toman medidas unilaterales que dinamitan uno de los triunfos más espectaculares del proceso de la unión europea.
Llos errores cometidos por Angela Merkel estos años pueden pasar una factura descomunal a toda la Unión Europea. Esos errores no sólo los pagará Alemania al tener que asumir el error de abrir unilateralmente las puertas a los refugiados.
La factura la pagaremos todos los europeos. Se ha roto el entusiasmo de los ciudadanos europeos, si es que alguna vez lo hubo, se ha roto la confianza, se está haciendo pedazos la idea de Europa.
Quizá ha llegado el momento de refundar la idea de Europa desde la base. Quizá ha llegado el momento de pensar que 28 países son demasiados, hoy por hoy, para constituir una verdadera UE. Quizá hay que reinventar un proceso a dos o tres velocidades.
La salida de GB de la UE será un fracaso político monumental para la idea de la Unión Europea, de eso no hay ninguna duda. Pero no está tan claro que un posible BREXIT sea una catástrofe económica para la Unión Europea. Sí creo que lo será para Gran Bretaña, pero eso es asunto suyo. Si quieren seguir flotando en el Atlántico, viviendo de ensoñaciones imperiales, es la decisión de los británicos. Volveremos a ver renacer las ansias independistas de los escoceses.
Quizá ha llegado el momento de soltar lastre, asumir el costo y reconstruir una Unión Europea con aquellos países que verdaderamente se lo crean.
No tengo ninguna duda de que ha llegado el momento también de poner el listón más alto, una Unión Europea con un gobierno europeo real, con un Constitución Europea que expulse a todos los países donde las pulsiones nacionalistas les impiden un mínimo la plena integración en un proyecto común.
Pero no veo esa perspectiva por ningún lado en este momento. Alemania, el único país que podría asumir y liderar ese proceso, está ahora también ocupada en tapar los agujeros por los que entra el agua a borbotones.
Y como verdaderamente estemos a las puertas de una nueva recesión mundial, que hunda la supuesta fortaleza económica alemana, ya nos podemos preparar para hacernos con chalecos salvavidas porque la frágil barca europea hace agua por todas partes.
Necesitamos verdaderos líderes capaces de moldear estados de opinión alejados de populismos, nacionalismos y soluciones simplistas. Y no los veo por ningún lado.

 

Miguel-Ángel-Berlin   19.feb.2016 12:57    

NADIE DIJO QUE FUERA FÁCIL

    martes 5.ene.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    1 Comentarios

Una de las cosas que tiene gobernar es que tienes que tomar decisiones y asumir sus consecuencias.

Nadie sabe qué pasaba por la cabeza de Angela Merkel cuando pronunció aquella simple frase que marcará su legado como Canciller de Alemania: “Wir schaffen das”. Lo conseguiremos.

Parto de la base de que el pensamiento de Angela Merkel es cualquier cosa menos simple.

Probablemente nadie mejor que ella sabía qué significaba decirles a los alemanes que conseguirían manejar la llegada de más de un millón de personas, darles alojamiento, comida, servicios sanitarios, educación.

Y que el trabajo no se terminaba ahí. En realidad, lo más difícil vendría después. ¿Cómo se va a integrar toda esa gente que viene de un mundo totalmente distinto, con otros valores, otras costumbres, otra religión?

Acabo de ver un reportaje en la televisión alemana sobre un grupo de mujeres alemanas que ayudan voluntariamente a mujeres refugiadas a aprender a montar en bici. Algo tan sencillo como eso, no es algo que podamos dar por sobreentendido. En todo el mundo árabe una mujer en bici no sólo es algo extraordinariamente exótico. Probablemente es algo cercano a la blasfemia.Unas pocas mujeres sirias intentaban aprender a dar sus primeras pedaladas, decían que querían aprender a vivir como las mujeres de aquí. Podemos apostar a que no lo tendrán fácil.

No he visto ninguna mujer de origen turco, incluso nacida aquí, pedaleando por Berlín. De hecho, tampoco he visto muchos hombres turcos. ¿Conseguirán muchas mujeres musulmanas poder montar libremente en bici?

Si algo tan inocuo para nosotros como montar en una bicicleta puede ser toda una victoria para las mujeres del mundo musulmán, podemos imaginárnoslas ante otras “costumbres” que se dan por sobreentendidas entre nosotros.

Con detalles como ese tendrán que enfrentarse todos los que se involucren en la integración de los refugiados.

Porque esa nimiendad no es más que un síntoma del mundo del que vienen.

La policía de Colonia ha dejado completamente atónita (no encuentro otra expresión para decir que la ha dejado en estado de shock) a toda Alemania informando de lo que pasó la Nochevieja pasada.

Unas mil personas, a juzgar por las imágenes de los móviles, se juntaron durante la Nochevieja en la plaza que hay frente a la estación y la catedral de Colonia.

En las imágenes se ve a gente lanzando vengalas apuntando directamente no al cielo, sino a la gente. Pero lo peor vino después.

Grupos de hombres acosaron a decenas, quizá centenares de mujeres, las agredieron sexualmente, les robaron bolsos, carteras, móviles. Ya se han puesto 90 denuncias. Una por violación. Al parecer, las mujeres agredidas hablan de que eran grupos de hombres de rasgos norteafriacanos y árabes (quizá marroquíes, tunecinos, argelinos). Mientras unos las agredían, otros las rodearon para impedir que huyeran.

Voy a insistir en las cifras: ya van 90 denuncias, así que pueden ser muchas más. Y la policía habla de que en estos hechos participaron cientos de hombres, se ha dado la cifra de cerca de mil. Si eran todos norteafricanos y árabes es algo que la policía tendrá que investigar y comprobar. También si se reunieron allí y se coordinaron por las redes sociales precisamente para eso.

Y si todo esto se comprueba, ¿podemos imaginarnos las consecuencias?

Los de Pegida y de la extrema derecha llevan meses difundiendo por redes sociales rumores, supuestas violaciones en los albergues, ataques… Hasta ahora la policía lo ha negado. Son rumores extendidos adrede para azuzar el odio a los refugiados.

He visto, por ejemplo, videos de casas donde viven refugiados donde se ve la calle convertida en un estercolero por la basura arrojada por las ventanas. ¿Cuánto se tarda en enseñar a separar la basura a alguien que ni siquiera ha arrojado nunca la basura a un cubo?

Pero lo de Colonia ha descolocado a todos. Lo de Colonia y lo de Hamburgo. Porque en Hamburgo se han presentado ya por lo menos 15 denuncias. Si todo esto se comprueba, la extrema derecha tendrá otra baza contra la que será difícil argumentar. La sociedad alemana, muy predispuesta al miedo, difícilmente puede digerir sin problemas hechos como esos.

Creo que fue un  obispo español el que dijo “no todos los refugiados son trigo limpio”. A ese obispo se le crucificó “ipso facto” (desconozco si dijo algo más y se sacó de contexto o si realemente se trató de una cavernada más).

Podemos ser tan naív como queramos, ponernos todo lo políticamente correctos que nos dé la gana, vestirnos con el "buenismo prêt á porter" al uso, pero la realidad es muy tozuda. Y si no se llama a las cosas por su nombre y se asumen los hechos como son, el fracaso está asegurado. 

¿Qué esperábamos? ¿Que de unos países donde la religión parece haberse quedado en la Edad Media, metidos en guerras continuas, en dictaduras interminables, llegaran sólo inofensivos y maltratados seres humanos? No hace falta mencionar que algunos de los terroristas de París entraron, al parecer, como refugiados.

No. Nadie dijo que fuera fácil. Pero quizá Merkel tampoco contaba con que se lo pondrían tan difícil. Y no precisamente los atribulados, desconcertados e incluso asustados alemanes.  

Miguel-Ángel-Berlin    5.ene.2016 14:07    

2016 "Wir schaffen das"

    miércoles 30.dic.2015    por Miguel-Ángel-Berlin    1 Comentarios

Muchos alemanes confiesan que este pasado año 2015 se han sentido por primera vez orgullosos de ser alemanes. Orgullosos de verdad, no envalentonados por hacer ganado un mundial de fútbol, por vender más coches que nadie o por tener un PIB per cápita mejor que la mayoría.

En verdad 2015 no empezó como un año prometedor, al contrario. Justo hace ahora un año se convocaban elecciones anticipadas en Grecia. El triunfo incontestable de Syriza fue como un mazazo en las decrépitas instituciones de la Unión Europea.  Alemania, con Wolfgang Schauble a la cabeza, se erigió a sí mismo en el policía implacable de la austeridad. Grecia, el alumno rebelde, debía recibir una lección que sirviera de escarmiento, un aviso para navegantes. El aviso sigue en pié.

Luego vinieron otros mazazos, el atentado contra Charlie Hebdó, el accidente de Lufthansa. Todas catástrofes con connotaciones apocalípticas.  

El Gobierno alemán organizó el año pasado unos encuentros llamados “Bürgerdialog” (Diálogo entre los ciudadanos o con los ciudadanos) para hablar de cómo se puede mejorar la vida de los ciudadanos. La propia Merkel  ha participado en decenas de esos diálogos.

Un día de Junio, en uno de los encuentros con jóvenes y adolescentes, una niña palestina le preguntó a Merkel qué pasaría con ella y su familia, que habían llegado como refugiados y sobre los que pesaba una amenaza de expulsión. La niña, en un perfecto alemán, le dijo que quería quedarse aquí y estudiar para ser profesora.

Merkel estaba en ese momento muy presionada por un lado por los que creen que hacía demasiadas concesiones a Grecia y por otro, por el auge de las manifestaciones de Pegida, que cada vez reunían más ciudadanos indignados con el número de refugiados que llegaban a Alemania. Entonces se calculaba que el año 2015 se sobrepasarían los 200.000, el doble que el año 2014.

 La respuesta de Merkel hizo correr ríos de tinta. Le respondió, en un tono bastante frío, pensando más en sus votantes que en la niña, que Alemania no podía asumir tanta gente, que habría que expulsar a muchos, porque si no, vendrían muchos más de Oriente Próximo, de África… y eso no puede ser. “Eres una niña muy simpática, pero comprende que algunos no podrán quedarse”. La niña rompió a llorar y Merkel se acercó a consolarla. En realidad, fue una imagen bastante natural, dentro de lo que cabe, para una canciller, incluso humana, aunque quedó patente que lo fuerte de Merkel no son las relaciones humanas. En las redes sociales se extendió la imagen de Angela Merkel como la de la política implacable, calculadora, que hace llorar a los niños y no sabe cómo consolarlos.

Dos meses y medio después, el 30 de Agosto, en una rueda de prensa , atrasada durante el mes de Julio por la crisis griega, Merkel sorprendió a todo el mundo con su respuesta cuando le preguntaron por la postura de Alemania sobre el incremento continuo de las llegadas de refugiados: Alemania ha superado mucho retos, hemos superado la reunificación. Por eso digo que conseguiremos también esto. “Wir schaffen das” . Traducción: “Podemos” o, si prefieren, “Lo conseguiremos”.

Esa frase, sumada al aviso de que Alemania no repatriaría a los refugiados que llegaran de Siria y que el Convenio de Dublín estaba obsoleto, se extendió por los campamentos de Turquía, Líbano, Jordania y las machacadas ciudades de Iraq, Siria, Afganistán, Pakistán… “Alemania nos abre sus puertas”.

Lo que vimos pocos días después de pronunciar esa frase en la estación de trenes de Múnich son imágenes que entrarán a formar parte de la historia de este país.

Cerca de 10.000 personas entrando cada día en Alemania, sin control, sin pasaportes, sin registro, después de hacer miles de kilómetros a lo largo de la llamada ruta de los Balcanes.

Al mismo tiempo, vimos a miles de alemanes, en Münich y en otras muchas ciudades, volcarse con los refugiados, no sólo para recibirlos con chocolatinas y pancartas de “Willkommen”, sino donando ropa y comida, pero sobre todo, donando su tiempo, ayudando incansables a proporcionarles ropa, comida, asistencia sanitaria. Las palabras de Merkel  “Wir schaffen das” pasarán como el símbolo de ese momento histórico, pero en realidad, ha sido la sociedad alemana quien, en estos meses finales del año han cambiado la imagen que el mundo tenía de Alemania, quizá para siempre. Alemania ya no es el implacable policía de la austeridad, sino el país de la buena gente.

Pero cualquier comprender que aquí muchos se echaran las manos a la cabeza. No imagino una pesadilla mayor para un  Ministro de Interior. Y la aparición de un pasaporte falsificado en la zona de los atentados de París parece confirmar esos temores.

Alemania ha asumido un reto de dimensiones históricas. Un reto que cambiará este país para siempre. No sólo por el dinero que va a tener que gastar para dar comida, alojamiento, servicios sanitarios, educación a más de un millón de personas y quizá a otro millón que vendrán en 2016.

El gran reto es qué va a ser de toda esa gente. ¿Se van a integrar en la sociedad alemana? ¿Van crear sociedades paralelas? ¿Va a perder Alemania su sello “demócratacristiano”, como piensan muchos? La “islamización”, el “Alemania se abole a sí misma”, son temores que cada vez arrastran a más ciudadanos que hasta ahora pasaban por ser la “mayoría silenciosa”. En las organizaciones de beneficencia la mitad son ya refugiados. El caldo de cultivo para los mensajes de la extrema derecha está especialmente abonado. Alternativa por Alemania, que como partido anti Euro no tuvo ninguna oportunidad, como partido anti refugiados tiene ya una previsión de un 10% de los votos.

En el resto de Europa, los partidos de extrema derecha o ya han tomado los gobiernos  o los tienen cercados : Polonia, Hungría (y aún está Jobik un poco más allá), Francia Dinamarca, Holanda, República Checa, Eslovaquia, Austria, Reino Unido y Ukip, Finlandia, Suecia…

La Unión Europea está ante una prueba descomunal, mucho mayor que la planteada por la crisis griega.

Convendría plantearse: ¿qué sería de la Unión Europea en este momento si no estuviera Angela Merkel?

 Los escenarios que se abren darían para muchas películas. Si 2015 fue un año de infarto, 2016 promete no dejarnos indiferentes.

Miguel-Ángel-Berlin   30.dic.2015 16:02    

Alemania tiene una misión

    lunes 28.dic.2015    por Miguel-Ángel-Berlin    1 Comentarios

A comienzos de 2015, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, los más relevantes políticos alemanes, con el Presidente Gauck a la cabeza, la Canciller Merkel, el Ministro de Exteriores Steinmeier y la Ministra de Defensa von der Leyen, anunciaron al mundo que Alemania se implicaría más en la solución de los conflictos internacionales.

   En aquellos momentos, me vinieron a la memoria dos citas que, a distinto nivel, han pasado a la historia.

   Una la pronunció Josef Stalin en 1935 cuando desarmó al embajador francés, que le advertía del poder Papa, con la famosa pregunta: "¿Cuántas legiones tiene el Papa?"

   La otra la pronunció el ex-ministro de exteriores polaco Radoslaw Sikorski hace  cinco años en Berlín: "Temo más a Alemania cuando se empeña en no hacer nada que cuando hace algo".

   ¿Cuántas divisiones tiene Alemania para poder pintar algo en el mundo actual?, me preguntaba yo desde mi silla en el centro de prensa de la Conferencia de Múnich.

   Pronunciada por un polaco, la segunda frase tiene su aquél.  

  Y yo me preguntaba al mismo tiempo si todos los polacos la firmarían en el caso de que realmente Alemania tuviera muchas divisiones.

   Llevo tanto tiempo oyendo eso de "Alemania, un gigante económico y un enano político" que me cuesta imaginarme en otro escenario.

   Y en realidad ha pasado muy poco tiempo desde que, en Abril de 2011, el Ministro de Exteriores de Merkel, Guido Westerwelle, se abstuviera en el Consejo de Seguridad de la ONU sobre la intervención, o sea, sobre los bombardeos al régimen de Gadafi en Libia.

   A la vista de los resultados, la intervención en Libia es una de las "operaciones militares" más desastrosas de los tiempos modernos, compitiendo directamente con la invasión de Iraq por Georg W. Bush. Gadafi jamás habría sido tan peligroso para Occidente como lo puede ser un estado islámico radical al otro lado de las playas europeas. Sus veleidades panafricanas suenan a juegos de "dictadorcito" al lado de los planes del "califato".

   Pero la gran contradicción de todo esto es que, Alemania, teniendo razón, quedó fuera de juego, al otro lado de la mesa de sus aliados naturales, USA, UK, Francia, compartiendo el bando de la abstención con Rusia y China. Guido Westerwelle pasó por ser un "naiv" de la política internacional. Merkel, que respaldó esa medida, también.

La brecha que se abrió en ese momento en lo que se conoce como la "Alianza Transatlántica", en palabras gruesas "Occidente", no se va a curar fácilmente por más que Alemania preste a Francia 650 soldados para hacer el servicio de cuartel en Mali o aviones Tornado para espiar los movimientos de Daesh en Siria. En total, Alemania participa en 14 misiones internacionales, con unos 3.500 militares (algunas misiones apenas si cuentan con una docena de militares alemanes).

   A estas alturas viene bien recordar que la OTAN dispone de unas cuantas divisiones militares, y "los otros", Rusia, China, también tienen una cuantas divisiones disponibles.

Dos visiones del mundo con di-visiones y, en medio, otra visión del mundo con ninguna división.

   Pero, inasequible al desaliento, Alemania, Merkel, con ninguna división, sí tiene una "misión".

Ya pocos dudan de que, a estas alturas del siglo XXI, Alemania ha redimido sus culpas de la II Guerra Mundial. En algún momento habría que pasar página. Pero Alemania no ha completado su misión. No vale con demostrar un pacifismo más que arraigado en los genes de la moderna sociedad alemana. Y tampoco cuela parapetarse siempre en la retaguardia de USA o de la OTAN con la carpeta llena de contratos sustanciosos allí donde se vaya despejando el terreno.

   Alemania tiene la misión de hacer que la "tercera vía" sea una realidad. Pero eso difícilmente lo conseguirá si no se sacude de una vez por todas el complejo de culpa, si no se aclara a sí misma qué papel quiere jugar en el mundo.

    La política internacional alemana se está acercando en estos momentos a la cuadratura del círculo.

1.-Depende energéticamente de Rusia y al mismo tiempo, pretende erigirse en líder de las sanciones a Rusia.

2.-Pretende marcar el paso en la OTAN y habla de un ejército europeo, pero cuenta con un ejército ridículo, más propio de un chiste de Gila, donde los soldados tienen que repartirse las balas reciclables, a los fusiles se les tuerce el cañón con el calor, los aviones y helicópteros no despegan y la mayoría de los vehículos y armamentos no tienen repuestos.

3.-Depende de Turquía para solucionar la crisis de los refugiados y al mismo tiempo envía armas a los peshmergas, por más que esas armas sean teóricamente sólo para combatir a Daesh.

4.-Es uno de los países en el punto de mira de Daesh, uno de los que más yihadistas radicales ha generado y su implicación se reduce a mirar por unos telescopios desde 3.500 metros de altura.

5.-El respaldo a Israel es una razón de Estado y, sin embargo, hace negocios gigantescos vendiendo armas a los emiratos del Golfo y Arabia Saudi.

6.-Advierte, con razón, de los efectos globalizadores pero han tenido que soltar Grecia e Italia a un millón de personas con el pelo moreno en dirección al Norte para que se dé cuenta de que el Mediterráneo es un mar que se puede cruzar en un bote de goma.

7.-Todavía sigue considerando al Este de Europa como su patio trasero, sólo que ahora, ese patio es también el patio trasero de toda la Unión Europea. Estoy hablando, sobre todo, de Kósovo.

8.-Todavía no se ha dado cuenta de que vendió por un plato de lentejas el futuro de la Unión Europea cuando abrió las puertas a los países del Este donde ni la economía, ni la política, ni la sociedad, estaba preparada para asumir los valores europeos, aunque estuvieran preparados para comprar sus coches. El retroceso actual en la idea de Europa viene, en primer lugar, por la ampliación apresurada forzada por la avaricia económica alemana.

  Y, a pesar de todo, el mundo necesita más que nunca a Alemania. Estados Unidos se empequeñece a marchas forzadas, oscilando entre el “buenismo” al estilo alemán y el disparate a lo Trump, en Rusia hay alguien que se cree Vlad el Terrible, Japón se ha jubilado definitivamente y China sigue siendo el desconocido y exótico Catai de la Edad Media. Pero sobre todo, se la necesita en Europa. Gran Bretaña sigue flotando a la deriva en el Atlántico soñando con glorias pasadas, Francia se empeña en soñar con glorias futuras mientras su enanismo internacional se vuelve enternecedor y el resto de países europeos son como un puñado de mosquitos rondando la manada de elefantes.

Miguel-Ángel-Berlin   28.dic.2015 17:12    

Made in Germany 2015, el año del cambio

    miércoles 21.oct.2015    por Miguel-Ángel-Berlin    5 Comentarios

El año 2015 pasará a la historia de Alemania. Los alemanes llaman a 1989, el año de la caída del muro, “Das Jahr der Wende”, el año del cambio. Pero 1989 fue en verdad un año de cambio para la DDR (RDA, República Democrática Alemana), no para la BRD (RFA, República Federal Alemana), que, simplemente, se hizo más grande. Cambiar, lo que es cambiar, en la RFA no cambió nada.

Pero 2015 ha sido el año en que van a empezar muchos cambios en Alemania. No serán tan vertiginosos, y vistosos, como los cambios que vimos entre Noviembre de 1989 y Octubre de 1990, cuando se consumó la unificación alemana. Pero, a largo plazo, puede que sean más profundos, porque van a afectar no al sistema político o económico de este país, sino a la esencia, al sustrato ideológico, político, económico, social y sicológico sobre el que se sustenta Alemania y que se puede resumir en la etiqueta “Made in Germany”.
El año 2015 será recordado por dos acontecimientos que marcarán un antes y un después.
Uno de esos acontecimientos es el escándalo de Volkswagen, el otro, el de la crisis de los refugiados. Al lado de ellos, la crisis griega es un tema menor.
Primero, unos pequeños apuntes de historia en plan “¿Sabías que…?”
¿Sabías que el término “Made in Germany” no lo inventó Alemania para resaltar la calidad de sus productos?
En realidad, fue todo lo contrario. El término fue un invento de los responsables de la aduana británica a finales del Siglo XIX para marcar aquellos productos de baja calidad que se importaban desde Alemania, falsificaciones de los productos de buena calidad de las fábricas inglesas.
Pero, gracias a las llamadas “virtudes alemanas”, laboriosidad, puntualidad, precisión, fiabilidad, en los años 60 del siglo XX se dio la vuelta a la tortilla y el “Made in Germany” vale hoy más que cualquier campaña de publicidad por millonaria que sea.
En los beneficios que reporta el “Made in Germany” está comprendida toda la prosperidad de este país y sustentado el estado del bienestar de últimos 50 años.
No le quita mérito que ese milagro estuviera cimentado, primero en el perdón de las deudas de guerra, después en la laboriosidad y fiabilidad de los “Gastarbeiter”, los emigrantes turcos, españoles, italianos, griegos…
Pero, con razón, los alemanes se apropiaron de esas virtudes y no hay nada de lo que los alemanes estén más orgullosos. Y convencidos.
Y lo que es muy importante: han logrado convencer a todo el mundo.
Se suele decir que los alemanes no saben hacer “marketing” como los italianos. Pero si eso es no saber “marketing”, que me expliquen lo que es el “marketing”.
En realidad, no necesitan campañas de publicidad para sus productos. Con el “Made in Germany” basta. Las virtudes se dan por sobreentendidas.
Hasta ahora, a mi me había costado mucho explicar el “Pero…” de mis respuestas a la pregunta de si los alemanes son tan virtuosos como se cree.
Presumo que, a partir de ahora, me costará mucho menos. Vw-kfer-05


Lo que significó para el “Made in Germany” la salida del primer “Käfer” (el “escarabajo”), puede significar en sentido contrario, 73 años después, el fraude del software en los motores de Volkswagen. Ese fraude es el mayor ataque que se podía concebir no sólo a la industria alemana, sino a la conciencia alemana.
Creo que no es necesario insistir en lo que este escándalo significa: la negación de todas las supuestas virtudes alemanas.
Hay otra fecha de la que los alemanes están muy orgullosos: el Campeonato del Mundo de 2006. No lo ganaron, pero aquel año los alemanes recuperaron el orgullo de ser alemanes, dejaron de pasar vergüenza y blandieron la bandera alemana como símbolo del país reunificado, fuerte, redimido de sus culpas pasadas, un país de nacionalistas sin nacionalismo.
Ahora sabemos que Alemania consiguió aquel mundial a base de engrasar a la los de la FIFA con dinero del magnate (que no me traicione el orden de las letras) de Adidas Robert Louis-Dreyfus.
Automóviles y fútbol. ¿Hay algo más que identifique a los alemanes? Sí, Goethe, por ejemplo, pero también están los innumerables premios Nobel, las salchichas, las sandalias con calcetines…y Beckenbauer.
Aunque una encuesta reciente revela que los alemanes identifican a su país antes con Volkswagen que con Goethe y sospecho que pasaría lo mismo con otro de los iconos de la Alemania actual Franz Beckenbauer.
El “Kaiser” era el Jefe del Comité para la candidatura al Mundial de Fútbol 2006 y el que, al parecer, consiguió que su amigo de Adidas pusiera unos cuantos millones de marcos para asegurarse los votos de un puñado de funcionarios de la Fifa. Se sospecha que, además de pagar para que el mundial viniera a Alemania, cobró por dar el mundial a Moscú y Qatar.
El, el “Káiser”, la quintaesencia del orgullo alemán, el “Volkswagen” del Fúbtol.

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Lo que ha pasado en Volkswagen y parece que ha pasado en el fútbol y Beckenbauer es como si se descubriera que Goethe o alguno de los Nobel hubiera cometido plagio.
¿He dicho “plagio”? Ya cuesta hacer la lista de los que han perdido su título de “Doctor”, que aquí se pone en las tarjetas de visita, en las placas de los buzones de las casas, en la correspondencia normal y en las presentaciones, por haber plagiado la tesis doctoral.
La última que puede perderlo es la que, hasta ahora, era tenida por la posible sucesora de Merkel como candidata a la cancillería, la Ministra de Defensa, Úrsula von der Leyen, médica, o sea doctora, de profesión.
Ya he comentado alguna vez que en la prensa alemana jamás se ve la palabra “Korruption” asociada a Alemania.
Aquí la prensa denuncia casos de “fraude de software”, evasión de impuestos, soborno, economía sumergida, ingresos adicionales de diputados (que en España consideraríamos pura y simple corrupción), subida desmesurada de costes en obras públicas, plagio, etc…
Con cada una de esas expresiones, si se habla de Grecia, España o Portugal, leeríamos en cada párrafo la palabra corrupción, un término inevitablemente ligado a los llamados “Sudländer” (países del Sur) que también están ligados a “Schuldländer (países endeudados).
Jamás aparecerá la palabra “Korruption” para hablar del escándalo Volkswagen, de la evasión de impuestos de Uli Hoenes, de los supuestos sobornos de ida y vuelta en el caso Beckenbauer.
Una de las preguntas recurrentes con las que tengo que enfrentarme cuando me encuentro con algún español es “¿Y los alemanes, son tan trabajadores y tan cumplidores como dice su fama?”
Automáticamente ya sé que tengo que tener cuidado con lo que digo, porque los españoles tendemos a sacar conclusiones con las primeras palabras, sin esperar al final de la frase, como inevitablemente tienen que hacer los alemanes por culpa de la enrevesada gramática de su lengua. Ya sabemos que, con frecuencia se hacen preguntas para reafirmarnos en nuestras creencias, más que por ampliar nuestra visión.
Así que, si digo, “Sí, son trabajadores y cumplidores, serios y legales, decentes y de fiar, pero…”, mi interlocutor seguramente ya no llegará al “pero”, se quedará con el “Sí” y pensará que soy uno más de los abducidos por la hegemonía alemana.
Si digo, “No, en realidad no son tan trabajadores, ni cumplidores, ni legales, ni de fiar, pero…”, mi interlocutor seguramente se habrá quedado con el No y me habrá catalogado en el grupo de los “no integrados”, de los que odian a Alemania por su hegemonía.
Llegados a este punto, que cada cual saque sus conclusiones.
Lo que 2015 ha puesto definitivamente en tela de juicio es la “deutsche Scheinheiligkeit”, la “hipocresía alemana”.
Este país tiene una habilidad innata para vivir de las apariencias, para tapar con un manto de buenas maneras y convencionalismo la corrupción que anida en la sociedad. En toda sociedad. Porque tampoco digo que aquí haya más corrupción que en otros lugares, de ninguna manera. Incluso afirmo que hay menos corrupción que en otros lugares, mucha menos.
Mientras en España nos damos de garrotazos todos los días, al estilo del cuadro de Goya, en Alemania todos se preocupen que la corrupción de unos pocos no se suponga generalizada a todos.
En este país todo es “super”, “prima”, “wunderbar”, “ideal”, me decía el otro día una amiga, “…y luego te das cuenta de que es todo pura mentira y apariencia”.
Desde luego, este país vive de las apariencias, lo cual, como los datos demuestran, reporta muchos beneficios. Es una campaña de publicidad permanente. Y hablar bien de uno es la primera de las reglas de toda campaña de publicidad. No como los españoles, que estamos todo el día poniéndonos a parir unos a otros.
Quizá sea la hipocresía consustancial al luteranismo, donde la clave de la fe no es la plasmación en buenas obras, sino, simplemente, tener éxito en la vida, ya que eso es una señal de bendición divina. La confesión de los pecados ante otro humano no está en el catecismo protestante.
O quizá tengan suficiente con la inmensa culpa del Nazismo y el Holocausto. Quizá ese peso es tan grande que ya no están dispuestos a aceptar más pecados colectivos.
El año 2015 han salido a la luz demonios que en Alemania parecían definitivamente arrojados a las tinieblas: los demonios del nazismo.
Neonazis ha habido siempre en Alemania en estas décadas. Pero han sido una minoría ejemplarmente ignorada, despreciada y condenada por las fuerzas políticas y por una inmensa mayoría de la sociedad alemana.
Pero en 2015 miles de personas han acudido a marchas y concentraciones de Pegida, promovidas por conocidos neonazis, que se atreven incluso a disfrazarse de Hitler, para denunciar la “descristianización, la islamización, de Occidente”.
Como si Hitler y el Nazismo hubieran sido ejemplos de cristianismo. Arga


Hemos visto pancartas y oído frases pronunciadas en tribunas públicas que ponen los pelos de punta. Ejemplo: “…lástima que los campos de concentración ya no estén en funcionamiento”.
Y lo más inquietante es que esas marchas no sólo hay neonazis, sino ciudadanos que nunca se reconocerían como tales, ciudadanos “inofensivos” que creen que la patria, su patria, está en peligro.

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Nunca, desde la postguerra, había habido tal sustrato de mensajes nazis calando de forma natural en amplias capas de la sociedad alemana. Hasta dónde va a llegar eso, nadie se atreve a afirmarlo. Pero, probablemente veremos en las próximas elecciones a un partido con mensajes claramente xenófobos con unos cuantos escaños en el Bundestag, por primera vez en la historia de Alemania tras la guerra.
Lo que no consiguió la crisis del Euro lo va a conseguir la crisis de los refugiados.
La llegada de cientos de miles de refugiados a Alemania será un acontecimiento que marcará la historia de este país. No sólo por el desafío logístico, económico, que significa. Lo será, fundamentalmente, por el desafío social que significará manejar la integración o “desintegración” de toda esa gente. Angela-merkel-ist


Cuando a primeros de Septiembre, en la rueda de prensa del verano aplazada por la crisis griega, oí a Angela Merkel decir su famosa frase: “ ¡Lo conseguiremos!”, casi no podía creérmelo. Acababa de lanzar la mayor operación de cambio de imagen de la historia de Alemania. De repente, este país, el policía de la austeridad, el país de los soberbios, arrogantes, impertinentes e implacables alemanes, pasaba a ser el país de la gente con corazón, tolerantes, solidarios.
Angela Merkel, y con ella la mayor parte de la sociedad alemana –hasta ahora- ha dado una lección de humanidad a Europa y al mundo.
Por desgracia, apenas un mes después, el escándalo Volkswagen arrojaba una mancha tan gigantesca sobre la imagen del “Made in Germany”, que probablemente Alemania no será capaz de rentabilizar en todo lo que vale su solidaridad con los refugiados.
Todavía no me atrevo a pronosticar qué va a pasar con el asunto de los refugiados, si “lo vamos a conseguir”, o si Alemania acabará por levantar una valla como Hungría. Tampoco si los políticos alemanes conseguirán convencer a los indignados “ciudadanos inofensivos” de que no se unan al flautista de Hamelín con bigote de Hitler. Y tampoco cómo gestionará Volkswagen el gigantesco escándalo que tiene encima.
De lo que sí estoy convencido es de que el año 2015 es el verdadero “año del cambio” en Alemania, el año en que Alemania ha despertado de su hipócrita somnolencia.
El año del examen de conciencia y confesión de los pecados, el año en que los sepulcros blanqueados dejan al descubierto los cadáveres putrefactos, el año de la humildad, el año en que el nazismo se huele otra vez en las calles de la Alemania oscura…
Pero también el año en que otra ha surgido otra Alemania, luminosa, abierta, generosa y liberada de culpas, miedos y complejos. Un país del que todos los alemanes pueden sentirse orgullosos, una nación sin nacionalismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Miguel-Ángel-Berlin   21.oct.2015 14:26    

Miguel Ángel García

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“Soy un ciudadano de Berlín”. JFK llevaba apenas unas horas en Berlín Oeste cuando se declaró berlinés. Al otro lado del muro, un hombrecillo verde, con un impecable sombrero ya pasado de moda, cruzaba airoso las calles del Berlín Este, por aquel entonces apenas habitadas por tranvías llenos de proletarios.
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