Obama, el europeo

    miércoles 16.nov.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    6 Comentarios

Si Barack Obama se hubiera presentado a las elecciones en cualquier país europeo en los años en que ha sido Presidente de los Estados Unidos, seguramente hubiera sacado mayoría absoluta en casi todos, por no decir en todos. En Alemania sus resultados habrían sido abrumadores. 200.000 personas se entusiasmaron con el entonces candidato Obama en Berlín.

Aquí vino, dijo, a tender puentes entre Estados Unidos y Europa tras la gran ruptura que supusieron las mentiras de la invasión de Iraq por G. W. Bush.

“Yes, we can” se convirtió en una especie de lema universal. Todo parecía posible. Por encima de todo, la paz en Afganistán, en Iraq, incluso en Oriente Próximo entre Israel y Palestina, la desaparición de esa infamia del género humano que era –y es- Guantánamo. Y tantas otras cosas: la reconciliación de razas, religiones, géneros… Tantas esperanzas se echaron sobre los hombros de Barack Obama cuando ganó la presidencia de EEUU.

Pronto nos encontramos con la realidad. El Presidente del país más poderoso del mundo, con mucha diferencia, no era capaz de cumplir prácticamente ninguna de sus promesas.

El mito Obama empezó a derrumbarse y se hizo visible con la concesión del Premio Nobel de la Paz. Nadie entendió cómo se daba ese premio tan pronto a un político que renegaba de las guerras convencionales de sus opositores pero defendía a capa y espada la nueva guerra con bombardeos de drones que causaban cada día decenas de “daños colaterales”, esa expresión que aprendimos todos del general Schwarzkopf durante la invasión de Iraq.

La retirada de las tropas de Estados Unidos de Iraq, con dos años de retraso, sólo dejó el paso libre para que medio Iraq quedara ocupado por los salvajes de Daesh, para que los talibanes resucitaran en Afganistán y nadie encontraba, ni quería participar en las soluciones para Guantánamo.

El fracaso de Obama en Oriente Medio es palmario, pero se me ocurre una disculpa: eran guerras heredadas, no es fácil solucionar conflictos enquistados. Y menos, con el Premio Nobel de la Paz en la solapa.

Pero quizá el mayor fracaso de Obama en su política internacional ha sido con las llamadas entonces “primaveras árabes”. Empezando por Túnez, siguiendo por Egipto, Siria, Libia.

Pronto quedó claro el error de cálculo de Obama y todos los que en su momento vieron –vimos- en las primaveras árabes el amanecer de un nuevo tiempo con el nuevo líder mundial en la Casa Blanca predicando el entendimiento universal y el multiculturalismo.

Las salvajes dictaduras del inmenso y variado mundo árabe habían ocultado hasta entonces el barril de pólvora que anidaba en esos países. Pólvora en cañones, tanques, misiles, metralletas y fusiles proporcionados por Estados Unidos, Europa, Rusia, China a todos aquellos que tuvieran algo que ofrecer para comprarlos: dinero o promesas de vasallaje.

Nada nuevo bajo el sol. Nadie ha percibido que Obama haya cambiado el papel de Estados Unidos en el mundo y, sin embargo, la mayoría se ha convencido de que se ha debilitado. 

Está claro que el mundo no se arregla con discursos, por más que los de Obama sean magistrales. Sus discursos sobre Europa – sobre la Unión Europea- son antológicos y merecería que Europa le diera el título de "ciudadano europeo de honor" . Y, sin embargo, la decepción de Europa con Obama ha ido creciendo con cada año de su mandato.

Está claro que Obama consiguió restablecer algunos de los puentes rotos con la invasión de Iraq, sobre todo el puente con Alemania, pero las relaciones de Obama con Europa tampoco han sido florecientes.

Dos maneras de entender la salida a la crisis finaciera y económica –la alemana y la estadounidense- contribuyeron a crear desconfianza entre Merkel y Obama. Desde luego, no ayudó que Merkel se enterara –si no es que lo sabía ya- que su teléfono estaba siendo sistemáticamente espiado.

Casi pudimos percibir el en el rostro de Obama al decirle tener que decir personalmente a Merkel que sólo podía asegurarle que “a partir de ahora, no te vamos a espiar”.

En ese hombre simpático, abierto, seguramente buena persona, hay un cierto halo de arrogancia que no se percibía en aquel político que levantó tantas esperanzas en el mundo.

Estos días he leído en prensa americana que esa es una de las críticas que le hacen muchos altos políticos americanos, uno de los inconvenientes para que encontrara más apoyo interno. Desde luego, debe ser muy difícil ser Presidente de los Estados Unidos y no dar la impresión de ser arrogante alguna vez.

Ahora, ya como “pato cojo”, Obama viaja por sexta y última vez a Alemania. Ya el hecho de que pase por Grecia antes, para apoyar que se perdone parte de la deuda, es significativo.

Y nuevamente, viene para tender puentes. En realidad, el viaje estaba pensado para ir dejando todo atado y bien atado para entregárselo a Hilary Clinton. De repente, todo lo que se pensaba atar en ese viaje, sobre todo el TTIPP (Tratado de Libre Comercio USA-UE), ha saltado por los aires.

Seguramente Obama se pasará el encuentro con Merkel el Jueves y con F. Hollande, Th. May, M. Renzi y M. Rojoy el viernes respondiendo preguntas sobre lo que nos espera con Trump. Y Obama intentará tranquilizar a los europeos. Un papelón para una despedida de Europa que habría imaginado diferente.

Hoy Obama ya no despierta en Alemania el entusiasmo de hace 8 años. Aún así, conserva un tirón popular incomparable con el de cualquier otro líder europeo.

Seguramente volvería a ganar si se presentara en Alemania, en Francia, en España. No lo tengo tan claro en Gran Bretaña, donde está claro que pocos se convencieron con su apasaionado discurso de las bondades de la UE.

Fuimos muy "naiv" al pensar que sólo un presidente podría cambiar el mundo. Ahora sabemos que harían falta una sucesión de Obamas para completar el trabajo. Pero el mismo pueblo que eligió hace ocho años a un supuesto visionario, ha elegido ahora a otro con la visión del mundo opuesta. La realidad quitó a Obama el título de visionario y lo dejó en un político práctico. Habrá que esperar que la realidad haga el mismo trabajo ahora con Donald Trump. Más nos vale.

Miguel-Ángel-Berlin   16.nov.2016 12:51    

¡Es el instinto, estúpido!

    miércoles 9.nov.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    2 Comentarios

Las grandes revoluciones de la historia las han hecho los analfabetos, los incultos, los hambrientos, los desclasados.

Las han hecho siempre echando mano del instinto, jamás del sentido común.

 Y siempre han sorprendido a los cultos, los informados, los bien alimentados, las clases acomodadas, al “establishment”.

Desde hace ya mucho tiempo, tratamos de comprender qué está pasando en el mundo: lo musulmanes se echan en manos del fanatismo, los griegos confían en la utopía, los británicos –y quién sabe si más- renuncian a Europa, los americanos al sentido común…

 Y nosotros, los lectores de periódicos, los que vemos los primeros 20 minutos del telediario, tratamos de explicarlo analizando las cifras macroeconómicas, los tipos de interés o el ganador de la Champions.

Y no la encontramos, porque nos empeñamos en explicar en un país la subida de la extrema derecha por las cifras de refugiados o inmigrantes, en otro nos explicamos la subida de la izquierda en el déficit o el superávit, las cifras del paro o los salarios, en otros, esas cifras se contradicen y no somos capaces de encajar ninguna de esas piezas.

Habrá que esperar décadas para una visión retrospectiva de la historia que explique esta época. De momento, me temo que tendremos que olvidarnos de explicaciones y recuperar una forma de interpretar el mundo que teníamos olvidada: el instinto.

El instinto es lo que ha llevado a Donald Trump a la Casa Blanca y era lo único que podía haberlo evitado. Pero los demócratas confiaron más en el sentido común de Hillary que en el instinto de Sanders.

Si la reflexión “¡Es la economía, estúpido!”, fue lo que hizo a Bill Clinton presidente, Hillary debía haberse dado cuenta de que el mundo ya no es igual.

 El mundo ha cambiado, eso es todo. Ya son 27 años de la caída del Muro de Berlín.

El Estado del Bienestar que el mundo occidental construyó tras las grandes tragedias del siglo XX ya no existe. Murió de éxito, sí, pero murió.

El estado de bienestar es muy aburrido. Los que verdaderamente gozan de bienestar, están dispuestos a aburrirse eternamente. Pero hay una gran masa que sólo conoce las migajas del estado de bienestar.

La gran inflexión al estado de bienestar que se produjo con el cambio de siglo con las políticas neoliberales han ido creando masas de excluidos. Ya no los llamamos proletarios por pudor antimarxista, pero eso es lo que son: proletarios con smartphone.

Mientras Asia está inmersa en “el milagro económico alemán” de la postguerra, convirtiéndose en la gran fábrica y taller del mundo, en una loca carrera capitalista dirigido por regímenes autoritarios ex comunistas, Occidente está de vuelta. Y, alarmado ante la competencia de Asia, ha destrozado su caro sistema de bienestar social retrocediendo décadas y tratando de copiar los mismos sistemas de producción, de salarios que los chinos.

Esa renuncia a sus valores, a sus logros sociales, laborales, esa condena a mucha gente a retroceder a los tiempos del proletariado, a salir a mendigar un salario de hambre en plaza del pueblo, hoy llamada internet, ha cuajado en masas de población indignada que, ve cómo cada día los más ricos son más ricos y los más pobres son más podres.

Durante años, se conformaron con la Champions. Pero hasta la Champions es aburrida por falta de competencia.

Y de repente, han visto que son mayoría y, despertando del letargo analfabeto, está castigando al sentido común.

Se rebelan contra el sentido común que ve normal que, por ejemplo, nadie se plantee prohibir en la bolsa esas operaciones de milisegundos en los que un especulador puede hacer una fortuna mientras ellos ganan 400 Euros al mes, si los ganan. Y tantas cosas que nuestros políticos ven normales, razonables, de sentido común…

 Todos hemos cambiado. Ya nadie confía en nadie. Por eso, todos los desorientados, se lanzan en masa hacia lo diferente. Y que explote por donde sea. Eso es lo que quieren: que pase lo que sea, pero que pase algo. El aburrimiento con la nevera vacía es muy peligroso. Pero el aburrimiento de los analfabetos es revolucionario. Son irracionales, pero siempre tienen razón.

Miguel-Ángel-Berlin    9.nov.2016 13:26    

Adiós, Angie

    lunes 26.sep.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    1 Comentarios

Ya se oyen los golpes de pico y pala cavando la fosa política de Angie.

Ya se preparan biografías, llenas de alabanzas, que esperarán en las “neveras” de las redacciones listas para ser emitidas cuando Angie declare que no se presenta a las elecciones.

En la CDU, pero sobre todo en la CSU, se encargan responsos y obituarios al tiempo que se lanzan puñales al muñeco de la que, hasta hace poco, era considerada año tras año la mujer más poderosa del mundo.

Sí, lo que parecía imposible, ha sucedido: Angie ha muerto. Pero, ¿ha muerto políticamente Angela Merkel?

Eso, a mi juicio, está por ver. Quizá esté más viva que nunca.

Elección tras elección, los alemanes dan bofetadas a sus políticos regionales en la cara de Angela Merkel. Se lo merece. Durante 16 años, desde que es Presidenta de la CDU, Angela Merkel se ha dedicado a eliminar sistemáticamente a los líderes de su partido que podían hacerle sombra, que podían hacerle la vida incómoda en Berlín desde sus sillas en los Länder.

El paisaje político regional de la CDU es desolador. De 16 länder, sólo 4 están presididos por políticos del partido de Merkel : Annegret Kram-Karrenbauer en Saarland), Volker Boufier en Hessen, Stanislaw Tillich en Sachsen y Reiner Haseloff en Sachsen Anhalt. El SPD tiene 9, Los Verdes 1, La Izqueirda 1 y CSU 1, en Baviera.

Pero pensar que Angela Merkel está acabada porque en Mecklenburgo Antepomerania la CDU ha quedado por detrás de AfD, Alternativa por Alemania, es leer en posos de achicoria.

En las 5 elecciones regionales que ha habido en los últimos 6 meses ha pesado mucho, naturalmente, el gran caos  provocado por Angela Merkel de abrir las puertas de Alemania a más de un millón de refugiados. Y puede que más incluso que la llegada masiva de refugiados, han pesado los atentados de París y Bruselas o los sucesos de la Nochevieja de Colonia.

La sensación de inseguridad ha calado en la sociedad alemana, a pesar de que aquí aún no ha habido atentados islamistas de la categoría de los de París o Bruselas. Tanto que un solo terrorista con una pistola desató el pánico en Múnich durante unas horas y la capital Bávara fue una ciudad en estado de excepción bajo la amenaza de “varios terroristas con armas largas”.

Resultó ser un desequilibrado de extrema derecha.

Otros dos casos de refugiados, uno con un hacha, que hirió a 5 personas y otro con una bomba, que sólo lo mató a él, alimentaron una histeria que se puede percibir cada día a pie de calle.

Esos atentados, y una amenaza difusa y futura, de que los refugiados van a llenar las calles alemanas de burkas y niqabs, de parados cobrando ayudas sociales que corresponderían a alemanes, es lo que ha levantado de sus sofás a miles de votantes alemanes que hacía décadas dormitaban la siesta del aburrimiento político alemán. ¿Para qué vamos a votar si tenemos a los políticos con más sentido común del mundo?

Angela Merkel utilizó desde un primer momento lo que aquí llaman la “movilización asimétrica”, es decir, campañas electorales de perfil bajo, que movilizan sólo a los convencidos, pero que tienen también la virtud de insuflar somnolencia en los contrarios, convencidos de que no hay alternativa. Incluso puso de moda la expresión “Alternativlos”

La mayoría de los votantes de Alternativa por Alemania provienen de la abstención. Un tercio de ellos se declaran desencantados con los partidos tradicionales. Creen que les tienen olvidados.

El “no hay alternativa” de Angela Merkel podía valer para un roto y para un descosido: para apoyar los paquetes de rescate a Grecia, para alargar la vida de las centrales nucleares, para cerrarlas después, para defender el retraso a la edad de jubilación y luego hacer excepciones significativas, para negar vehementemente el salario mínimo y para defenderlo con igual vehemencia después.

Pero, sobre todo, se resumía en que no había alternativa para Angela Merkel.

Y así, durante los ya 11 años de gobierno de Merkel, esa idea se ha ido asentando de tal manera que algún dirigente socialdemócrata llegó a decir que habría que considerar si interesaba presentar un candidato a la Cancillería.

Todo eso se ha acabado. No por nada, el nuevo partido eligió el nombre de Alternativa por Alemania. Para convencer a los adormecidos alemanes de que había una alternativa al Euro y una alternativa a Angela Merkel.

Y ha conseguido su objetivo. Evidentemente, las elecciones regionales han demostrado que los alemanes han despertado de su sopor y se han dado cuenta de que hay alternativa a Angela Merkel.

Otra cosa es que, en las próximas elecciones generales, voten por esa alternativa.

Aunque los análisis atribuyen invariablemente a la agenda 2010 de Schröeder el principal impedimento para que los socialdemócratas vuelvan a conseguir la Cancillería alemana, para mí no es la Agenda 2010, sino que… ya tienen una canciller socialdemócrata.

Angela Merkel les ha robado su espacio y ha intentado, y lo va a conseguir, robarles la pareja de baile. Ha empujado a la CDU al centro porque el olfato político de Angela Merkel le decía que, ante los vaivenes de los liberales (“una tropa de pepinillos”), tenía que buscar un acercamiento con los Verdes para tenerlos de compañeros de Gobierno.

Naturalmente, una ley física dice que si uno se desplaza a la izquierda, sin aumentar la masa, se abre un espacio por la derecha. Y por ahí se ha colado AfD. Ahora bien, para que ese partido protesta llegue a condiciones de gobernar tendría que ocurrir un terremoto político de unas dimensiones descomunales.

Alternativa por Alemania ha llegado para quedarse, eso está claro, y los políticos alemanes tendrán que acostumbrarse a la normalidad: un partido más a la derecha de la CDU sentado en el Bundestag, populista y demagogo, pero con la virtud de ejercer de despertador de los partidos establecidos.

AfD ha conseguido hacer a la extrema derecha alemana “salonfähig”, como se dice aquí, presentable en sociedad, aglutinando a mucha gente que nunca reconocerá ser de extrema derecha y a los que no dudan en mostrar su afiliación neo nazi. Hay quien se resiste a calificar a Afd de extrema derecha.

Aunque no toda AfD es extrema derecha, porque sus propuestas económicas encajarían con cualquier partido ultra liberal, sus propuestas sociales sobre los inmigrantes son clara y nítidamente de extrema derecha. Calificarlos de “derecha populista” sería un eufemismo. Afd es a Alemania lo que Frente Nacional es a Francia, y eso es extrema derecha.

Todos los titulares de los medios tras las elecciones regionales, invariablemente ponían el foco en las pérdidas de CDU. Pero, si analizamos detenidamente, todos los partidos, desde la CDU al SPD, pasando por los Verdes y La Izquierda, han pagado tributo a AfD.

Votante masculino, entre 40 y 60, trabajador con bajo sueldo o en paro, es el perfil mayoritario en AfD.

Para ellos, Angela Merkel es como un crucifijo para Drácula. Si Angie tenía hasta ahora ese “bonus” que hacía que muchos potenciales votantes del resto de partidos depositaran la papeleta naranja de la CDU o se quedaran en casa adormecidos con la “movilización asimétrica”, está claro que ahora Merkel también tiene un “malus” . El malus tiene un lema que es "Willkommenskultur", la cultura de la bienvenida" y Merkel se ha puesto ya manos a la obra para borrarlo, cerrar las puertas y hablar a partir de ahora, no de bienvenidas, si no de que los refugiados tienen que integrarse en la cultura alemana y, si no, adiós.

Angela Merkel tiene un año para minimizar el “malus” que despierta su nombre y recuperar el “bonus” que ha disfrutado durante estos años. Y estoy convencido de que, por más palos en las ruedas que le metan sus aliados de Baviera, la CSU, empeñados en llenar el hueco por la derecha con las mismas recetas de AfD, lo va a lograr.

Porque ahora que ya sabemos que hay alternativa a Angela Merkel, ahora que podemos dar por muerta a Angie,  quizá por primera vez, en este momento, Angela Merkel es “alternativlos”.

Miguel-Ángel-Berlin   26.sep.2016 14:46    

Tiempos extremos

    jueves 8.sep.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    3 Comentarios

Dicen que tu verdadera patria es tu infancia. Quintana de Fuseros (El Bierzo, León) es para mí la Arcadia feliz, ese paraíso terrenal atávico donde localizamos nuestro mito, el centro sobre el que gira el ciclo nacimiento, muerte, resurrección.

En Arcadia feliz todos los adjetivos son epítetos: los ríos corren cristalinos entre las majestuosas piedras, bajo la sombra de frondosos árboles, acompañados de trinar de pájaros, regando verdes prados y fértiles huertas. Un mundo mitológico construido con percepciones sensoriales, unas reales, otras idealizadas, todas cuajadas en el tamiz mágico de la infancia y horneadas a fuego lento y a distancia con el paso del tiempo.

Hasta un niño –yo viví allí hasta los 7 años, el periodo del pensamiento mágico- sabe que, en realidad, la Arcadia feliz no existe, que es la idealización de un mundo en el que la Naturaleza impone su Ley, la lucha por la vida.  Y en Quintana, la lucha por la vida a finales de la década de los 50 del pasado siglo y comienzos de la década de los 60, era una verdadera lucha, dura y esforzada. Desde el punto de vista de un niño actual una lucha brutal, pero para mí, por aquel entonces, era casi el Edén perfecto, no podía imaginar un lugar mejor sobre la tierra. Aunque he visto otros paisajes que la superan, Quintana es mi patria porque es mi infancia, y como la mía fue feliz, Quintana es mi Arcadia feliz.

O por lo menos, lo era hasta que leí “Tiempos Extremos”, de José Álvarez González. 20160902_162319

Algún libro he leído ya a lo largo de mi vida; algunos me han deslumbrado, otros me han divertido, unos admirado y un puñado de ellos impresionado, pero "Tiempos Extremos" me ha emocionado como sólo puede hacerlo quien es capaz de remover tus posos más profundos.

Cuando yo nací habían pasado ya casi veinte años desde el final de la Guerra Civil. Como para la gran mayoría de mi generación, la Guerra Civil era un episodio lejano en el tiempo porque veinte años en la vida de un niño es mucho tiempo.

No recuerdo cuando fui consciente de que en España había habido una Guerra Civil, sólo sé que durante mucho tiempo me causaba tal repulsión que casi prefería participar de la actitud de la mayoría: no mirar para atrás. La paradoja es que, cincuenta años después, me parece todo tan cercano que no entiendo cómo en este país hemos vivido de espaldas a algo tan tremendo.

Cuando era niño notaba que algo no encajaba en aquel Edén casi perfecto. Miraba las caras de mis vecinos y en ellos notaba algo más que el cansancio por el trabajo extenuante. Pero en mi casa, como en la mayoría, supongo, no se hablaba de la Guerra Civil. Alguna vez pregunté, naturalmente, pero notaba que mis padres sufrían con aquellos recuerdos, que sólo querían olvidar. Y yo lo entendía. Ahora me arrepiento.

 Si en los años 60 la vida en Quintana, en todos los pueblos del Bierzo,  era dura, nos podemos imaginar cómo sería entre 1936 y 1941. O quizá no podamos ni imaginarla.

 “Tiempos Extremos” es el mejor homenaje que  José Álvarez González puede hacer a la figura de su padre,  y de paso es el tributo del que la mayoría somos deudores. Se lo debemos a nuestros antepasados, a nuestros vecinos, a nuestros pueblos, a nuestra tierra.

Los alemanes lo han asumido. Nosotros aún nos negamos a admitirlo: la redención por el olvido no existe, sólo nos redimimos con la memoria.

Miguel-Ángel-Berlin    8.sep.2016 11:26    

Miedo al sol

    lunes 5.sep.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    1 Comentarios

En Mecklenburgo Antepomerania (Mecklenburg Vorpommern) es difícil cruzarse en la calle con un refugiado. El año pasado, de los 1.100.000 refugiados que llegaron a Alemania, se registraron sólo 23.080 en este “Land” del Noreste de Alemania. Un 2,03% del total. La mayoría de esos refugiados, además, se irán en cuanto puedan, porque en Mecklenburgo Antepomerania no hay trabajo. Si lo comparamos sólo con Berlín, donde se registraron 79.034, nos hacemos una idea de la diferente presión que han sufrido estos meses para acoger a los refugiados.

Mecklenburgo Antepomerania, 1.600.000 habitantes, ha perdido 300.000 desde 1990.

Los jóvenes se van. No hay industria, no hay trabajo. La agricultura (patatas, hortalizas, cereales), la pesca en el Mar del Norte, dan para lo que dan, pero nada más. La otra fuente de ingresos es el turismo en las playas del Norte, que tiene unas estupendas playas de arena muy blanca. Durante los dos meses más calurosos del año hay muchos turistas, pero el resto del año el sol se niega a salir por esos lares y el implacable viento del Noroeste obliga a meterse en una de esas casetas de mimbre, de espaldas a la playa.

Pocos en Alemania sabían quién gobernaba hasta ayer en esta tierra, un nuevo “Land” tras la unificación con el Este, con un peso mínimo en Alemania. Desde hace 8 años, una gran coalición al estilo de la de Berlín, sólo que en este caso, el partido más fuerte era el SPD, con 35,6% de los votos y el pequeño la CDU, 23%, después de perder cinco puntos en las elecciones de 2011.

Pudo haber elegido una coalición con Los Verdes, que tenían un 8,5% y die Linke (La Izquierda, con un 18%), pero eligió a la CDU.

Los neonazis del NPD consiguieron entrar en el parlamento de Schwerin con un 6%. Esto es tierra de neonazis.

Todo parecía discurrir con esa aburrida normalidad alemana. La tasa de paro no llega al 6% (gracias al maquillaje de cifras que hace que muchos que viven de las ayudas sociales no figuren como parados). No hay graves problemas en Mecklenburgo Antepomerania.

Así que los eslóganes de la pasada campaña electoral deberían haber sonado más o menos así: "Queremos más industria", "más trabajo para los jóvenes", "hay que elevar las pensiones", "queremos mejores infraestructuras" y, si acaso, "¡Queremos más sol!"

Pero no. Toda la campaña giró en torno a la política de refugiados de Angela Merkel y su gobierno de Gran Coalición.

El resultado, el SPD perdió 5 puntos, la Izquierda, 6 puntos, la CDU, 4 puntos y tanto Verdes como los neonazis del NPD, no consiguieron saltar la valla del 5% para entrar en el parlamento regional.

Alternativa por Alemania ha conseguido el 22% de los votos (casi 1 de cada 4) y ha conseguido lo que podemos llamar el "sorpasso" a la alemana: por primera vez en la historia un partido ha superado a la CDU de Angela Merkel.

Esa humillante derrota del partido de Angela Merkel no puede ocultar que Alternativa por Alemania ha conseguido votos de todos los partidos: muchos votantes socialdemócratas, de la izquierda comunista, de los verdes, han votado esta vez, junto a los neonazis, a un partido xenófobo. Y no nos olvidemos de que el odio al extranjero no se limita sólo a los refugiados.

Mecklenburg Antepomerania no es Berlín, aún queda un año para las próximas elecciones federales, pero la bofetada que ha recibido Angela Merkel en su patria política (aquí se presenta ella para diputada) es de las que hacen época.

Cada vez se pone más en tela de juicio su próxima candidatura como canciller de Alemania. Hasta ahora Merkel se ha mantenido firme, pidiendo hacer frente a los que sacan votos agitando el fantasma del miedo. Veremos si aguanta la presión para girar aún más de lo que ha girado ya poniéndose en manos de Turquía y Erdogán para parar el flujo de refugiados.

En Mecklenburg Antepomerania hay pocos inmigrantes pero el miedo basta. Ha triunfado el viejo fantasma alemán, el miedo al miedo.

Suspiran por el sol para llenar sus playas de turistas, pero juraría que, en el fondo, tienen miedo hasta de que un día salga el sol.

Miguel-Ángel-Berlin    5.sep.2016 13:19    

Brexit, la gran mentira

    viernes 24.jun.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    2 Comentarios

La Unión Europea, tal como la conocíamos hasta ahora, es historia.  Y no ha sido hoy, con el Brexit, cuando ha pasado a ser historia. Lo empezó a ser cuando empezó a renunciar a sus principios.  Empezó por renunciar a sus valores. Los primeros valores que lanzó por la borda fueron los valores sociales que destruyó coscientemente durante la crisis financiera, paso a paso, como decía Angela Merkel, por mor de la competitividad empresarial.

Después vino la destrucción de los valores políticos, de unidad, de cooperación, de solidaridad, como se puso obscenamente de manifiesto durante la crisis de los refugiados.

Tiene razón Angela Merkel al decir  que el futuro de la Unión Europea dependerá de cómo se interprete el Brexit, de qué conclusiones se saquen y por lo tanto qué medidas se adopten.

Con el Brexit, hemos asistido al triunfo de una gran mentira. El principal argumento del Brexit, las críticas a la Unión Europea, la necesidad de recuperar soberanía nacional, es la gran patraña histórica de nuestra época.

Se echa la culpa a la Unión Europea de casi todo lo que ocurre hoy y se ha convencido a los británicos de que todo se va a solucionar si se recupera “soberanía nacional”.  

La realidad es que todos esos fracasos han sido por todo lo contrario: lo que ha fracasado es que la Unión Europea no tenía suficiente autoridad, soberanía, capacidad para actuar. Ha sido la soberanía a la que se han agarrado los estados, empezando por Gran Bretaña, la que ha destrozado  la idea de Europa.

La gestión de la crisis, los paquetes de rescate de los bancos, la destrucción sistemática de los derechos sociales y laborales, no la perpetraron la Unión Europea ni sus funcionarios, por más que nos caigan antipáticos por su condición privilegiada.

La peor crisis de la historia de la UE la perpetraron con nocturnidad y alevosía sucesivas cumbres europeas en las que los que tenían la voz cantante eran los estados, o por ser más exactos, los gobiernos, los líderes europeos que sólo miraban sus particulares intereses nacionales no las instituciones europeas.

El culpable de la destrucción de la clase media y de los valores europeos no han sido los mediocres políticos de la Unión Europea, sobre todo de la Comisión, sino la obcecación neoliberal de los dirigentes europeos que capitularon ante la dictadura de los llamados mercados financieros, es decir, de los especuladores.

Y David Cameron, ese niño bien de la clase alta británica, que ya ha pasado a formar parte en lugar destacado de la “Lista de imbéciles de la Historia” siempre fue su más aplicado defensor. Hizo toda su carrera política poniendo a parir a la Unión Europea y convocó un Referendum, que, como sabe cualquiera, es la forma más primitiva que se conoce  para esparcir la demagogia más obscena.

¡Y ahora se pretende echar la culpa a la Unión Europea!

Mucho me temo que análisis “sereno” y las conclusiones y decisiones “correctas” que pide Angela Merkel, ya están sacadas de antemano.

Schauble, y Merkel, ya han interpretado que “no se puede responder a todo con “más Europa”.

Su objetivo será ahora impedir que Francia, Italia, quizá España (dependerá de las elecciones de pasado mañana), exijan otra política, inversiones, una mayor integración de la Eurozona, con presupuesto propio, un Fondo de Garantía de depósitos común, los Eurobonos…

Su respuesta será que eso impulsaría a los populistas de los países del Norte que quieren echar a los países del Sur de la Unión Europea o irse ellos. Y nos lo vamos a tragar.

 Mientras, me pregunto cuántas generaciones tendrán que pasar para que los que ahora son jóvenes británicos, perdonen a sus padres y abuelos que, después de haber disfrutado de los mejores años de la Unión Europea, los condenan ahora al aldeanismo rancio y pueblerino de la Inglaterra profunda.

Miguel-Ángel-Berlin   24.jun.2016 18:27    

¡Aníbal ante portas!

    miércoles 8.jun.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    3 Comentarios

A 15 días para el referéndum sobre el Brexit una encuesta ha puesto de manifiesto el peligroso momento que vive la Unión Europea.

La encuesta, hecha a 10.000 personas en 10 estados, muestra la caída inmisericorde en la confianza que los europeos tienen de las instituciones europeas.

Y resulta que la peor opinión sobre la UE no hay que buscarla en Gran Bretaña: en Grecia esa opinión negativa alcanza al 71% de los ciudadanos, en Francia un 61% y en España un 49%, un punto más que en Gran Bretaña.

Por porcentajes similares se mueven países como Alemania, Suecia, Holanda.

España encabeza la lista de países donde la buena opinión sobre la UE se ha derrumbado más estrepitosamente en los últimos dos años.

Dicho en otras palabras, si en este momento hubiera referéndums en otros países sobre la permanencia en la Unión Europea, la duda sobre qué saldría de ese referéndum se arrastraría hasta el recuento de la última papeleta.

Un escenario que nadie podía prever hace apenas unos años. El entusiasmo por la idea de Europa, que en España casi se podía confundir con euforia, se ha esfumado para convertirse en una amarga decepción.

Para la mayoría de españoles, como para la mayoría de europeos,  la Unión Europea era la plasmación práctica de una Europa democrática, pacífica, próspera y con valores sociales y culturales avanzados que acabarían por imponerse al nacionalismo, la demagogia, el oscurantismo y la autocracia.

Asusta comprobar de qué manera los políticos europeos han dilapidado ese capital de entusiasmo por Europa en relativamente poco tiempo. Y no es ningún secreto. No hace falta ser un experto para saber el porqué del crecimiento rampante del euroescepticismo.

La primera señal de alarma surgió en la primavera de 2005. Franceses y holandeses votaron en referéndum NO a una Constitución Europea.

Un año antes la UE había vivido la mayor ampliación en su historia. Un grupo de 10 países,  Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Chipre y Malta,  sumaban ya 25.

Conviene remarcar que 10 países habían pertenecido a la antigua órbita soviética.

Dos años después se incorporaron Rumanía y Bulgaria, Croacia en 2013.

En lugar de reflexionar sobre las causas del rechazo en países núcleo de la UE a esa Constitución Europea que por entonces a los españoles, aunque no nos preguntaron, nos parecía una consecuencia lógica de la inercia histórica, los políticos europeos metieron la cabeza en la arena y siguieron adelante como si no pasara nada con la ampliación a países que ni política, ni económica, ni cultural ni socialmente estaban en armonía con la idea de Europa.

Un actor fundamental de esa política fue Alemania, que buscaba desesperadamente mercados para su decaída industria. La jugada tenía lugar al mismo tiempo que alimentaba conscientemente la burbuja que se hinchaba por momentos en países como España valiéndose de los mercados que abría el Euro.

 Alemania consiguió lo que se proponía: económicamente, hacer al Sur, España, Italia, Grecia, dependiente económicamente de sus créditos y desplazar al Este los fondos estructurales y de cohesión  que le abrirían nuevos mercados.  Políticamente, reequilibrar el fiel de  la balanza europea que por entonces se inclinaba más hacia Occidente que hacia Oriente, creando una órbita de influencia alemana.

Es evidente que, visto desde un punto de vista puramente alemán, la estrategia funcionó.

La industria alemana revivió, las exportaciones alemanas empezaron a florecer otra vez, a pesar de la competencia china y Alemania se convirtió en el poder hegemónico en la Unión Europea.

De paso, Alemania se había librado de dos chinas en el zapato, la engreída Francia, donde la extrema derecha empezaba a sembrar la duda europea y la siempre irritante y impertinente Gran Bretaña. Conviene tener muy presente que no fueron los británicos los que dijeron NO a la Constitución Europea, sino los franceses, por más que seguramente también ellos lo hubieran dicho si se les hubiera preguntado.

El avestruz con la cabeza bajo la arena siguió haciendo de las suyas no sólo con las ampliaciones, sino con la configuración de las instituciones.

En 2007, sólo seis años después de la última reforma, el Tratado de Niza, se aprobó el Tratado de Lisboa donde, supuestamente, se hacía “la UE más democrática, más eficiente y mejor capacitada para abordar, con una sola voz, los problemas mundiales, como el cambio climático” (sic. UE).

El Tratado de Lisboa sonó a la mayoría de ciudadanos europeos como un sucedáneo de la Constitución Europea. Se aumentaron las competencias del Parlamento Europeo, se reforzó (un suponer) la figura del Alto Representante para Asuntos Exteriores, se creó el puesto permanente de Presidente del Consejo. Esto último, básicamente porque los americanos decían que cuando tenían que llamar a Europa no tenían un número de teléfono. A todas luces, siguen sin tenerlo.

En verdad, el Tratado de Lisboa fue un paso adelante con respecto al de Niza. Pero lo que los ciudadanos percibieron no fue que el Parlamento Europeo se convirtiera en un verdadero parlamento, sino en una imagen descomunal de burócratas con buen sueldo y jugosas dietas, el premio a políticos fracasados o de segunda división.

La figura del Alto Representante para Asuntos Exteriores, en lugar de fraguar paulatinamente una política de exterior común se convirtió en la imagen de una impotente, y ninguneada Catherine Ashton, respaldada también por un monstruo burocrático absolutamente inoperante.

Y qué decir del Presidente del Consejo Europeo, esa personalidad con un número de teléfono al que pudiera llamar el Presidente de los EEUU para preguntar cuál era la opinión de Europa sin tener que llamar a uno por uno a los Jefes de Estado o de Gobierno. Un anodino –y sibilino- Hermann van Rompuy sólo dejó en la memoria de los europeos que era aficionado a los poemas cortos japoneses. A todas luces, el Presidente de los EEUU sigue sin tener un número al que llamar que no empiece por el prefijo 0049.

Y entonces llegó la crisis, la mayor crisis económica desde la II Guerra Mundial.

Una crisis que empezó siendo crisis financiera, pronto acabó siendo una crisis económica y ha acabado siendo una crisis política, cultural, social, de valores, en toda su dimensión.

Todos tenemos muy reciente en la memoria cómo Angela Merkel, la mujer con el número de teléfono para preguntar por Europa, manejó esa crisis.

Con mano de hierro, entró en la cacharrería como un elefante. Se puso el mandil de la ahorradora ama de casa de Suavia y aplicó a todos por igual la receta de la austeridad a la alemana. Envalentonada por la buena marcha de la economía alemana, en una coyuntura asombrosamente favorable, cogió la vara del maestro franquista –la letra con sangre entra- y se dispuso a castigar como se merece a quien no hiciera los deberes.

El objetivo de Merkel, crecida en una familia puritana y un país de la órbita soviética, no era salvar a la UE, sino salvar el Euro, la garantía de las exportaciones alemanas. Si un día se vio el Euro como una concesión alemana, aquí pronto todos fueron conscientes que para Alemania la invención del Euro ha sido más exitoso aún que la invención del caballo de vapor.

 Asegurar a la banca alemana frente a los impagos de los vagos y derrochadores ciudadanos del sur fue  el presupuesto del que partió toda la respuesta europea a la crisis. Naturalmente, salvar a la banca alemana implicaba salvar al resto de bancos europeos que eran los que tenían que devolver los créditos interbancarios que financiaron las burbujas inmobiliarias y financieras.

Pero además, Angela Merkel tiene dos obsesiones: una, el envejecimiento de la población, la otra, la competitividad, garantizar que la industria alemana va a seguir vendiendo a donde sea y como sea.

 La visión estratégica a largo plazo de Angela Merkel –que la tiene- es que, para poder competir con China, hay que trabajar como chinos y cobrar como chinos.

La consecuencia de esas obsesiones, es que los ciudadanos europeos han percibido las instituciones de la UE como los salones donde se ha perpetrado la exterminación de la clase media europea, el retroceso en derechos laborales, la negación de la seguridad en el puesto de trabajo, la liberalización salvaje de las relaciones económicas por mor de la competitividad, la vuelta a la sociedad preindustrial, los salones de donde salen las órdenes para quitar dinero de la sanidad y de la educación, los salones donde se salva a los bancos y no a las personas, los salones donde Alemania hace y deshace a su antojo y para su propio beneficio.

La destrucción de la utopía europea ha empezado porque los ciudadanos han percibido la capitulación ante Angela Merkel. Y Angela Merkel había capitulado previamente ante el neoliberalismo, los bancos (los bancos en la sombra y los bancos al sol), los mercados financieros, los especuladores, las multinacionales, los evasores de impuestos, los ricos de este mundo.

Pero la gran paradoja de todo, es que se ha perpetrado finalmente porque, al final, los países europeos han traicionado a Angela Merkel.

La única gran decisión de estadista que Angela Merkel ha tomado desde su mandato fue abrir las puertas a los refugiados. Y eso al margen de que se juzgue como acertada o como desacertada. Las consecuencias de ese paso van a marcar no sólo el destino de Alemania si no también del resto de Europa. Porque los miedo latentes y patentes del ciudadano medio europeo ante el islamismo rampante han salido a la luz.

Suena casi a burla que precisamente países como Hungría o Polonia, donde el rechazo a los refugiados ha adquirido tintes absolutamente racistas, y se han opuesto con uñas y dientes al reparto ideado por la UE, se den las opiniones más favorables a la UE. En esos países lo que se vive en la calle es lo que ha llevado al Gobierno a partidos como Ley y Justicia, católico fundamentalista o Fidez, ultranacionalista húngaro.

Pero no sólo fueron estos países, donde los valores europeos todavía necesitan décadas para asentarse, sino la mayoría de los países europeos los que dejaron a Angela Merkel en la estacada con su millón de refugiados. Sonó a una especie de venganza por haber tomado la decisión sin consultar con nadie. Pero a esos países el tiro les puede salir por la culata.

Lo malo es que ese tiro por la culata no lo van a sufrir los gobernantes que se han negado a asumir que Europa tiene un problema a las puertas que se llama Oriente Medio y África, sino los ciudadanos europeos que han comprobado que cada país, cada gobierno, va a lo suyo. Hoy, como los antiguos romanos, muchos europeos corren gritando despavoridos tras los setos de sus jardines  como los romanos gritaban tras las murallas de Roma:  “¡Musulmanes (Aníbal) ante portas!”.

Como es bien sabido, sólo una larga, paciente e inteligencia campaña de desgaste y seguridad en sí mismo salvó a los romanos.

Ahora mismo nadie puede profetizar qué será de Europa. Los agoreros que pronosticaban la ruptura del Euro hace unos años nos sonaban a casi todos como pájaros de mal agüero que esperaban que se hiciera realidad la profecía a fuerza de repetirla. Ahora, esa maldición ha caído, por extensión, no sólo en el Euro sino en la idea de Europa.

Si se produce un Brexit o no, si el Brexit puede suponer que la UE se libre de una carga  impertinente o si estamos al principio de una progresiva podredumbre de la UE no se puede asegurar. Sólo cabe esperar. Unos, a que el cadáver de su enemigo, la idea de Europa, pase por delante de su puerta, los otros, a que de una vez por todas los europeos despierten de la pesadilla y dejen de oír los cantos de sirena que los llevan hacia los acantilados de Escila y Caribdis.

Miguel-Ángel-Berlin    8.jun.2016 16:38    

El enemigo público número uno

    lunes 11.abr.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    4 Comentarios

Hace aproximadamente un mes que el Banco Central Europeo dejó los tipos de interés en la zona Euro en 0. Aún puedo oír las campanas que se lanzaron al vuelo en países como España porque el BCE hacía lo que tenía que hacer. Pero desde aquí todos los días se puede percibir el crujir de dientes de los alemanes por esa política del BCE; el mismo artículo día tras día donde se advierte del abismo al que nos dirigimos, interminables programas de televisión,  donde cada alemán ha salido por lo menos alguna vez indignado contando con pormenores cómo aún recuerda los días en que podía irse de vacaciones con los intereses de la cuenta corriente,  alemanes de media edad asustados porque temen perder sus fondos de pensiones, ahorradores que sufren pesadillas porque temen que un día vean en la cuenta corriente que pagan una comisión por guardar sus Euros en el banco.

Uno, sureño e hipotecado, acaba por sentirse irremediablemente culpable. Porque a la descripción apocalíptica de la situación en la que se encuentran los sufridos alemanes (técnicamente casi paro 0) siempre sigue la misma explicación, una de las primeras frases que aprende un emigrante al llegar a Alemania a base de oírla machaconamente:

“Wer profitiert davon?” Respuesta: “Die hochverschuldete südländer Staaten”.

„¿Quién se beneficia? Los países del Sur fuertemente endeudados. “

Y así día tras día, a todas horas, en conexiones con la bolsa, en programas informativos, en ruedas de prensa, en congresos y fórums, en talkshows, en programas de humor.

Mario Draghi está a punto de ser declarado el enemigo público número uno. Ya lo es socialmente, sólo falta su ficha policial.

“¡Qué egoístas y cabezas cuadradas son estos alemanes!” ¿A que estabas pensando eso?

Uno de los ejercicios mentales más saludables que conozco es tratar de ponerse en la piel del otro para tratar de entender razones que, desde nuestro entorno, son incomprensibles.

¿Son los países endeudados del Sur de Europa los beneficiados de los tipos de interés cero?

En principio sí: pueden seguir endeudándose a intereses muy bajos. Antes de nada conviene aclarar que los tipos de interés 0 son para los bancos (consumidores y estados pagan intereses sí o sí, excepto Alemania que prácticamente se financia gratis desde hace años).

Pero ¿realmente eso es un beneficio? Los alemanes creen que los tipos de interés bajos son una droga que crea dependencia. Cuando uno ha probado eso sufre un síndrome fatal cuando los tipos ven a subir.

Pero, mientras tanto, los alemanes dan por hecho que los bajos tipos de interés anulan la voluntad de los estados para hacer reformas y ahorrar para reducir su deuda. ¿Tienen razón? Nada más hay que mirar el 5,2 de déficit del estado español en 2015.  ¿Quién puede retenerse de pedir un crédito y evitar dar malas noticias de nuevos recortes si los intereses son muy bajos? Al Gobierno de turno le pasa lo mismo.

Pero los riesgos de unos tipos de interés bajos no acaban en la pereza política que provocan en los gobiernos.

Bien, tipos de interés bajos, menos intereses por la hipoteca. Pero claro, otra vez, ¿quién se resiste? Es muy fácil caer, y lo saben miles de españoles, en la tentación de pedir más crédito del que podrás pagar si un día se ponen mal las cosas.

La consecuencia es: más demanda de hipotecas, más demanda de casas…, suben los precios. El efecto beneficioso de unos créditos bajos se agota enseguida: pagarás más por la vivienda. Pero además, como no compensa invertir en productos financieros, el dinero busca por instinto la inmobiliaria: la burbuja empieza a formarse (y eso está pasando en Alemania).

Y si en vez de pedir créditos, tu problema es que no sabes qué hacer con esos Eurillos que tienes ahorrados, no hace falta explicar porqué los tipos de interés bajos son un problema. Como los alemanes son los más ahorradores de Europa no costará entender su indignación con el BCE, al que culpan de todo lo que todavía nos les ha pasado: que tengan que pagar por tener dinero en el banco. Schäuble, incluso, ha acusado a Mario Draghi de ser el culpable, nada menos, de la mitad de los votos que ha sacado Alternativa por Alemania en las anteriores elecciones regionales.

Todo esto es bastante simple. Sólo que raramente lo veo reflejado en la prensa española para explicar porqué los alemanes son tan críticos con el BCE.

Estos años se han convertido en verdades irrefutables eslóganes como “La austeridad mata”.

No, no es la austeridad la que mata,  aunque sí demasiada austeridad. El error no es la austeridad sino la dosis de caballo aplicada en tiempos de crisis. Pero, aparte de eso, ¿alguien puede aportarme un argumento que desmienta esos temores que el Bundesbank proclama cada día y que todos los alemanes, de izquierda y de derecha, comparten de forma unánime?

En puro sentido común, el sentido del buen gobierno, en estos tiempos de crecimiento y subida de ingresos se debería aprovechar para sanear las cuentas, devolver deudas, racionalizar la administración, los gastos, hacer un presupuesto de gastos sostenible, etc.,

 Sinceramente, creo que hay una “corrupción” política que no es delito en sentido estricto, sino pura incompetencia y negligencia producto de nuestra débil  cultura democrática que es la que genera la mala administración y el endeudamiento del país a todos los niveles administrativos e institucionales.

Aplicar recortes en áreas sociales y de servicios públicos elementales es una consecuencia de esa “corrupción” social que el ciudadano enseguida relaciona con la corrupción generalizada.

Un país como España, con un sistema impositivo mejorable, pero comparable con el resto de Europa, debería ser capaz de identificar dónde hay que ahorrar para no provocar más pobreza social, para no seguir destruyendo a la clase media. Empezando por expurgar la corrupción, que es la expresión máxima de la falta de cultura democrática.

Y no nos olvidemos de que la corrupción no sólo existe en el sector público. ¿De qué otra forma se puede calificar cuando oímos que la forma de crear empleo es eliminar las indemnizaciones por despido y al lado las noticias sobre los bonos y las jubilaciones millonarias de los directivos?

Mientras tanto, estamos metidos en una especie de “contraditio in términis”. Hoy por hoy, Mario Draghi, el banquero que venía de los bancos involucrados en la crisis financiera de Lehman Brothers, es el enemigo público número uno del ultraliberalismo económico alemán. Y el BCE la institución que ha puesto patas arriba los fundamentos del capitalismo. Vivir para ver.

Y todo, porque las medidas de expansión monetaria del BCE no han conseguido impulsar la economía de la zona Euro de manera espectacular, entre otras cosas porque Alemania se niega a que los gobiernos apoyen la política del BCE con una expansión fiscal vía inversiones públicas. Draghi se pregunta inútilmente qué habría pasado si no hubiera hecho nada. Los alemanes se sienten confirmados en su tendencia a creerse posesores de la verdad.

La caza de Mario Draghi ha empezado. Al tiempo.

 

Miguel-Ángel-Berlin   11.abr.2016 19:27    

Ya están aquí

    domingo 13.mar.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    1 Comentarios

El gran triunfador de la noche electoral en 3 estados federados, Baden Württemberg, Renania Palatinado y Sahonia Anhalt , ha sido, sin duda, Alternativa por Alemania, el partido protesta, que está dirigido popr una mujer Frauke Petry que en campaña electoral dijo que si era necesario, habría que disparar contra los refugiados.
Incluso contra mujeres y niños llegó a decir la segunda del partido, Beatrix von Storch.
Semejante barbaridad no les ha impedido obtener el 24% de los votos y ser el 2º partido en Sajonia Anhalt, a costa de todos los partidos tradicionales, la CDU, Los Verdes, incluso la Izquierda, pero sobre todo , a costa del SPD, que pierde la mitad de los votos. El SPD ya no puede aspirar ni siquiera a ser el hermano pequeño de una Gran Coalición: sus votos no llegan para que el partido mayoritario componga un gobierno con mayoría absoluta.
En el rico Land Baden Württenberg la subida es menor, un 15%, y también castiga al SPD, que pierde aquí también casi la mitad de los votos, y a la CDU, que queda como segundo partido en un Land donde gobernó durante medio siglo.
También en Renania Palatinado Alternativa por Alemania ha conseguido un 12% de los votos. Pero aquí el gran perdedor es la CDU, que acariciaba el gobierno y ha bajado 4 puntos. El SPD ha vivido en ese Land la única alegría de la noche: se refuerza gracias al liderazgo de una mujer Malu Dreyer.
Tanto en este caso como en el del líder verde de Baden Wüttenberg, Winfred Krteschmann ha quedada clara la importancia de los liderazgos regionales.
Habría 3 lecturas urgentes:
1.El gran triunfador de la noche electoral ha sido Alternativa por Alemania, que ha adelantado al SPD en dos Estados Federados, impidiendo, por primera vez en la historia, que los votos de este partido valgan para formar un gobierno de gran coalición mayorítario.
2.- El castigo ha sido a todos los partidos, el SPD en número de votos, pero también cualitativamente a la CDU. Los Verdes y la izquierda también pierden votantes que se han pasado a Alternativa por Alemania. Nadie quiere coaligarse con Alternativa por Alemania, así que sería más difícil formar gobiernos.

3.- El SPD vuelve a sentir en al propia carne lo poco rentable que es ser el socio pequeño de una gran coalición. Te llevas todos los palos y los aplausos se los lleva el partido mayoritario. Lo han compobado también los Verdes de Renania Palatinado y la CDU en Baden Württemberg.  El SPD lo lleva comprobando en Berlín una y otra vez.

4.-Finalmente, veremos cómo Merkel presenta estos resultados: si como un castigo a su política de refugiados o un castigo a que sus líderes regionales se han intentado desligar en esa política y ponerla en cuestión.
La infidelidad también puede haber sido castigada.

Pero, sin duda, la primera conclusión: La extrema derecha ha venido para quedarse.

 

Miguel-Ángel-Berlin   13.mar.2016 21:04    

El fin del futuro (que no de la historia)

    lunes 29.feb.2016    por Miguel-Ángel-Berlin    3 Comentarios

El propio Fukuyama explica que la idea de "el fin de la historia" no es suya, que en realidad data ya de hace ¡dos siglos! Es decir, ya a principios del siglo XIX había quien pensaba que, con la marcha triunfal de Napoleón por Europa, se acababa la evolución histórica propiamente dicha. El triunfo de la ilustración sobre el oscurantismo.
No cabe duda de que con la perspectiva de hoy ese optimismo nos suena enternecedor.
Fukuyama se apropió de la idea al explicarla mejor que nadie porque, a finales del siglo XX, tenía a mano más argumentos que nadie antes.
¿Quién no vio en la caída del muro de Berlín, en el hundimiento de la Unión Soviética, el triunfo definitivo del capitalismo sobre el comunismo, el triunfo de la democracia sobre la dictadura, el triunfo de la libertad contra la opresión?
Un cuarto de siglo después, hemos comprobado otra vez lo naiv de esa percepción. La democracia no es, ni mucho menos, una idea política en marcha triunfadora, más bien parece una preciosa escultura griega con los brazos rotos y una expresión de desconcierto en la cara.
El mundo occidental asiste perplejo e impotente a acontecimientos a los que no duda en llamar como "primavera árabe" que acaban convirtiéndose en sangrientas guerras civiles y en el renacimiento del terrorismo internacional más salvaje que se haya conocido nunca.
Particularmente paralizante ha sido ver el renacimiento de sus cenizas del "enemigo soviético", encarnado en la Rusia de Vladimir Putin.
El desconcierto que se puede ver en las cancillerías europeas parece propio del que padece un síndrome de arrogancia por estar convencido de que sus valores son superiores y no encuentra explicación a su fracaso.
Pero que no cunda el pánico. Porque si cunde, si buscamos explicaciones fáciles a ese “de derrota en derrota” hasta la victoria final”, acabamos convirtiéndonos precisamente en un Putin cualquiera o en uno de sus clones enanos, Victor Orban, Kaczynski, Netanyahu...
Hasta aquí he dado por buena la identificación entre democracia y capitalismo, cuando, en mi opinión esa identificación es precisamente el germen de la arrogancia occidental.
Esa identificación se demuestra falsa porque, si bien la democracia no ha triunfado en el mundo, sí lo ha hecho, y de forma incontestable, el capitalismo, una prueba de que no son la misma cosa. (La dialéctica de Hegel, a mi juicio, es de lo poco que no se ha superado, la idea de que la realidad sólo se conforma por la contradicción).
Sí, el capitalismo ha triunfado, como está a punto de demostrar Barack Obama en Cuba. Sólo queda para el zoológico de la historia algún país en extinción como Corea del Norte.
Basta mirar a China y su rabioso capitalismo de estado para comprobar que el capitalismo ha triunfado definitivamente. Para él sí ha llegado el fin de la historia.
Pero la historia continúa, así que la única explicación que me queda es recurrir a la genial teoría de Schumpeter: “el capitalismo morirá de éxito”.
El capitalismo se estaba reinventando, allá por mediados del siglo XX, cuando el pensador austriaco-estadounidense nos descubrió la “destrucción creadora” del capitalismo, la capacidad de introducir nuevos productos, cada vez más baratos, que revolucionan continuamente los factores de producción y obligan a adaptar permanentemente el modelo productivo.
Desde luego, esa carrera hacia el llamado “coste cero”, implícita en el primer acto capitalista, la invención del dinero, se ha vuelto desbocada con la llegada de Internet.
Pero, ¿será el “coste cero” en la producción y la distribución de bienes, el abaratamiento final de todos los productos hasta hacerlos accesibles a todas las personas lo que acabe con el capitalismo?
Aconsejo vivamente la lectura del libro de Angel de Goya “Ahogarse al lado de la orilla” (Editorial Catarata), y su segunda parte, sobre la aplicación de la segunda ley de la termodinámica a la evolución de las civilizaciones. Sólo los saltos tecnológicos permiten la supervivencia o el triunfo de una civilización a lo largo de la historia.
No creo que sean las matemáticas, las estadísticas, las leyes físicas, las que maten al capitalismo.
Antes bien, creo que el capitalismo debe temer la venganza de la ética. Más que el fin de la historia, debe temer el fin del futuro.
El capitalismo no morirá porque se le acabe el combustible, la capacidad de inventar, sino por la implosión de su combustible, ese extraño combustible que no se acaba nunca, sino que, mientras más se consume, más se acumula: la avaricia.
Todo esto viene a cuento porque a uno le vienen a la mente viejas lecturas y trabajos universitarios después de leer los informes que denuncian que las diferencias entre ricos y pobres aumentan en todo el mundo: el mundo cada vez es más rico, pero los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos.
En un hotel de Davos, cabrían los ricos que poseen tanta riqueza como la mitad de la humanidad junta. Y a todos nos parece normal. Nos parece normal que un asalariado que gane 20.000 Euros pague más impuestos que un capitalista que haya ganado 1 millón en bolsa. Nos parece normal que, ante los problemas de sostenibilidad de un banco, sólo veamos dos soluciones: la fusión con otro banco hasta hacer el problema tan grande que no se pueda dejar caer y haya que salvarlo con el dinero de todos. Nos parece normal que, después de haberlo salvado, incluso se resarza a los accionistas con el dinero de todos (Bankia). Nos parece normal que para que una empresa sea rentable haya que pagar salarios de miseria y disponer de despido libre. Nos parece normal que un futbolista cobre millones y millones y, si no paga a hacienda, no pasa nada mientras siga metiendo goles. Nos parece normal comprar ropa y móviles que sabemos fabricados en fábricas de esclavitud. Y tantas y tantas cosas que me da pereza argumentar de forma más documentada.

La falacia del triunfo de la democracia y el capitalismo sobre otros planteamientos políticos y económicos la pone de manifiesto el último informe de la fundación Bertelsmann.
El Transformationsindex BTI, constata un retroceso general de la democracia y economía social de mercado en el mundo. Sólo seis países en el mundo alcanzan un índice óptimo de gobierno democrático, la mayoría de países fracasan en el objetivo de transformación y reforma democrática.

 

Miguel-Ángel-Berlin   29.feb.2016 17:01    

Miguel Ángel García

Bio Ich bin

“Soy un ciudadano de Berlín”. JFK llevaba apenas unas horas en Berlín Oeste cuando se declaró berlinés. Al otro lado del muro, un hombrecillo verde, con un impecable sombrero ya pasado de moda, cruzaba airoso las calles del Berlín Este, por aquel entonces apenas habitadas por tranvías llenos de proletarios.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios