I

Cerrado por Reformas o si yo fuera Herr Rajoy

Por razones absolutamente comprensibles, Angela Merkel siente una especial debilidad por aquellos que apelan al  “sentido común” como la guía de sus vidas. Algo tan impreciso y ecléctico como “die Vernunft” (en alemán el sentido común es femenino, lo cual tiene mucho más sentido común) que impregna en el comportamiento un halo de coherencia aún cuando los actos y las decisiones se contradigan con lo previamente afirmado y planificado.
Se entiende el estrés que debe sentir la canciller ante tipos que representan la otra forma de orientarse en la vida,  la de “los iluminados”, como Rodríguez Zapatero. Lo que no impide, sospecho, una secreta admiración, más perceptible en el caso de otro iluminado como Sarkozy… pero eso es otra historia.
Presencié por la tele (canal 24 horas) la rueda de prensa del Jueves pasado de Angela Merkel y Mariano Rajoy desde Davos. Y mientras escuchaba las frases que casi podríamos haber escrito antes todos los periodistas pensaba en la sensación que debía sentir Angela Merkel de haberse quitado un peso de encima. Tras el idilio de los últimos meses con el una vez utópico Rodríguez Zapatero, Angela Merkel me recordaba a la amante que regresa al lecho conyugal tras una ausencia obligada por las circunstancias. “Con Rajoy, todo lo que hablemos se sobreentiende”, debía pensar. No tengo que convencerlo de nada, no tengo que amenazarlo con nada, no tengo que ponerme en guardia por si se le ocurre una idea genial, simplemente las cosas son como son y se hacen “como Dios manda”.
El de Rajoy y Merkel es un matrimonio político natural, no como el de Rodríguez Zapatero que era una unión de hecho, derecho y necesidad con los días contados.
Por definición, el sentido común, como la reivindicación de la bandera, se considera patrimonio conservador.
Opino, sin embargo, que el sentido común debería tener un Ministerio sin Cartera en el gobierno español. En el gobierno alemán no es necesario, ya que, por definición, se considera implícito a cada alemán por el mismo hecho de serlo.
Con el sentido común se puede hacer lo que se quiera sin contradecirse, adaptarse a las circunstancias. ¿Hay algo más progresista que cambiar de opinión?
De Merkel se ha dicho que es la canciller perfecta en el partido equivocado. Que en realidad es una socialdemócrata infiltrada. Y se citan sus cambios de opinión radicales, siempre en la misma dirección: nucleares “no, gracias”; bajadas de impuestos de momento “no, gracias”; servicio militar obligatorio “ya basta, gracias”, regulación de los mercados financieros… “si Dios quiere” y, con un poco de suerte… “gracias a Dios”.
De hecho, a estas alturas todos saben ya que si Alemania le va tan bien es porque después del suicidio político del SPD con la Agenda 2010 de Schröeder Angela Merkel contó con el SPD en el gobierno para superar la brutal crisis financiera de 2008. Lo mejor que le pudo pasar en 2005 fue precisamente que no pudo conseguir una mayoría suficiente para gobernar con sus actuales socios, la tropa de pepinillos liberales.
¿Cuánto siglos tendrán que pasar para que en España veamos una Gran Coalición? En momentos realmente delicados España se polariza, en lugar de converger hacia soluciones comunes.
Bueno, pues ha llegado el momento en que, como en España es imposible una Gran Coalición, lo que vamos a tener es una “Grosse Koalition”. Es decir: ha llegado el momento de empaparnos de sentido común alemán.
La agenda 2010 alemana empezó precisamente en España en 2010. Mientras las hormigas alemanas se aplicaban hace 10 años a poner en orden la casa las cigarras españolas pedíamos “otra de gambas” a cuenta de la hipoteca.
Una idea repite incansable Angela Merkel los últimos dos años: si queremos sobrevivir, tendremos que trabajar como chinos. El día en que China le quitó a Alemania el Campeonato Mundial de la Exportación, hace ahora 3 años, se convirtió en un verdadero trauma para la “virtuosa ama de casa suava”. (Nota: La imagen de la ama de casa de Suavia, centro de Alemania, región compartida por Baden-Württemberg y Baviera, es la imagen típica del ahorro y la aplicación germana y se le suele atribuír a Angela Merkel).
Trabajar como chinos y cobrar como chinos. ¿Y vivir como chinos? Creo que bastará con vivir como los alemanes. “Kartoffeln Braten” en lugar de “otra de gambas”.
Leeré con atención la reforma laboral que presente el gobierno español. A estas alturas creo que todos esperamos ya que despedir un trabajador será todavía más sencillo. Lo que no sé si estará tan claro es que contratar a un trabajador se convertirá en algo muy sencillo. En Alemania el despido de un trabajador en una empresa de menos de 10 empleados (la gran mayoría) es completamente gratis para el empresario. Contratar otro prácticamente también. ¿Está ahí el secreto de la ausencia oficial de paro en Alemania? Repartidos por las estadísticas como “Kurzarbeiter (trabajador con horario reducido), “Leiharbeiter (trabajador de agencia temporal), “Minijobber” (trabajador ocasional con 400 €, hay más de 7 millones de alemanes. Si no fuera por eso, el paro en Alemania podría estar ahora rondando los 10 millones, es decir, poco más o menos, el 23%, como en España.
Pero echemos mano del “Vernunft” : ¿qué es peor, un sueldo de hambre o el hambre de un sueldo?
Una de las reformas que me parece más urgente y que nadie parece necesitar es la de Educación. En Alemania la educación no se entiende como algo completamente separado del trabajo. De hecho, el Ministerio de Educación se llama de Educación y de Investigación. Y eso va en serio. La única partida que Alemania no redujo hace 3 años fue la de investigación. Y para entrar en un puesto de trabajo hay inevitablemente un periodo puente en que el estudiante es a la vez estudiante y trabajador en prácticas. Sin eso, es prácticamente encontrar un trabajo en el futuro. En España la conexión entre escuela, colegio, universidad con empresa está rota. Todos lo sabemos.  Sin embargo, no en todas las áreas. Tenemos una ejemplar que podría servir como modelo para casi todas las profesiones: el MIR. El día que vea copiado el sistema de los Médicos Internos Residentes en el resto de facultades Universitarias pensaré que en el gobierno hay alguien con “Vernunft”.
Si yo fuera Rajoy empezaría por ahí. En algún “post” anterior ya he hablado de la importancia que las prácticas tienen en Alemania. Y es verdad que aquí también se dan abusos. Pero es que  es que la perfección no existe ni en el sistema ni en la sociedad.
Lo que lamentablemente Herr Rajoy no podrá conseguir, por más reformas que emprenda, es insuflar en los empresarios españoles el sentido común de los empresarios alemanes. El “pietismo” alemán, la conciencia de responsabilidad colectiva, que obliga a un empresario a considerar a sus empleados como su segunda familia, a pensar a largo plazo y el con el empeño de mantener la empresa durante siglos, a no hacerse rico dando pelotazos, a no extraer de los beneficios empresariales lo que se debe invertir en innovación… eso no se consigue con una reforma laboral… sino, otra vez…con Educación.
“Die Vernunft”, el (la) sentido común, también se aprende. Si no, estaríamos perdidos. De nada serviría poner el cartel que se ve ahora mismo colgado a la entrada de España: “Cerrado por reformas”.

¿Porqué lo ponen tan difícil?

No podré votar en estas elecciones. Y eso que fui uno de los primeros en solicitar el voto por correo (trámite absurdo y creo que inconstitucional, puesto que es un derecho que debería reconocerse sin exigencia de solicitud). He recibido, eso sí, la propaganda de los dos princiapales partidos. Pero las papeletas no han llegado. Conozco otros casos en Berlín como el mío, y sé de otros que las han recibido ayer, en el último momento. Una situación tan intolerable bien merece un post. Que conste mi cabreo y el de mi mujer, que está en la misma situación. ¿No habíamos quedado en que la burocracia era uno de los males de España?

El mundo según Alemania

 
Hubo un tiempo en que Alemania se sentía responsable de la división política que existía en Europa. El símbolo por antonomasia de la división del mundo lo gestó y lo soportaba ella en su mismo corazón: el muro de Berlín pasaba justo ante la puerta trasera del Bundestag. Una vez derribado el muro, la unidad política alemana sólo podía afianzarse avanzando hacia la unidad europea. Su sincero sentimiento de culpa por las barbaridades cometidas llevó a los políticos alemanes a sentirse responsables del futuro de Europa. Ese sentimiento de culpa les obligó a renunciar a uno de sus mitos modernos más apreciados: el Marco alemán. Fue una condición de Mitterrand para no poner zancadillas a la unidad alemana. Una moneda no es sólo un instrumento con el cual se negocia, se compra y se vende. Es un símbolo más poderoso que una bandera. Alemania renunció a la bandera que mejor la representaba. En aquel tiempo, al entonces canciller Helmut Kohl, ya le advirtieron que el Euro nacía como una utopía, el nuevo símbolo de la unidad europea, pero con los pies de barro de cualquier utopía.
  Los alemanes llevan en los genes la crisis económica de los años 20. Para solucionar los problemas económicos tras la derrota de la Primera Guerra Mundial, ahogados por las reparaciones de guerra impuestas por los aliados, los gobernantes de la recién estrenada República de Weimar recurrieron al viejo truco empleado desde los tiempos de Nerón: imprimir moneda. En pocos meses, de un cambio cercano a 1 dólar por 1 marco, se pasó al increíble cambio de 1 dólar por 4 billones de marcos. Una barra de pan llegó a costar 1 billón de marcos. Se llegaron a calentar estufas con montones de billetes porque no había carbón. Las consecuencias, las conocemos todos. El ascenso de los Nazis, la Segunda Guerra Mundial, etc… ¿Hay que recordar que todavía no ha pasado un siglo de aquella época? ¿Que todavía vive gente que vio la barra de pan al precio de un billón de marcos?
  El Bundesbank se refundó prácticamente sobre un único presupuesto: el Bundesbank no hace política. Sólo hace política monetaria con un único objetivo: que no vuelva a repetirse una crisis de inflación como la de los años 20.
  Y una de las condiciones de Kohl para aceptar el Euro era que el Banco Central Europeo, además de tener su sede en Alemania, se creara a imagen y semejanza del Bundesbank. Y así se hizo. Y el Banco Central Europeo ha hecho su trabajo, contener la inflación, incluso mejor que el Bundesbank.
  Hasta que la crisis de hace 3 años hizo saltar todo por los aires poniendo al descubierto que, si bien había una moneda, no había un Gobierno, si bien el Banco Central cumplía su papel, los Gobiernos no hacían lo que correspondía al no tener bajo su control las riendas de un Banco Central propio. Devaluar moneda, imprimir billetes para pagar deudas ya no era posible. Y sin embargo, llegados a un determinado punto, muchos expertos coinciden que es casi la única opción. Es la única opción que los alemanes no aceptarán jamás porque ya no tienen sentimiento de culpa, sino sentimiento de haber pagado ya con creces.
 Bromeaba yo hace unos días con un colega diciendo que para ser el Presidente del Bundesbank no hace falta saber mucha economía: basta ser muy tacaño y cuando el Gobierno te pide dinero para pagar tensiones, decir “No”; cuando te pide dinero para pagar a los parados, decir “No”; y cuando te piden bajar los tipos de interés para ayudar a las empresas, subirlos para dejar claro que eres independiente y tienes un puño de hierro. Pero hace 10 años ya no había Bundesbank y no sabemos lo que habría hecho.
  A principios de la pasada década, Alemania tenía 5 millones de parados y se mostraba incapaz de digerir la ruina de la Alemania del Este. Había un Pacto de Estabilidad que era un bosquejo de lo que podríamos llamar gobernanza económica en la zona Euro. Poca cosa, porque apenas si fijaba que los estados no podían pasar de un 3% de déficit, la regla de oro del Bundesbank. Alemania y Francia se cargaron ese pacto al alimón. Hicieron callar a los que pedían sanciones por saltarse el pacto y forzaron al Banco Central Europeo a bajar los tipos de interés para ayudar a la recuperación alemana. De repente, los españoles, por poner un ejemplo, nos encontramos con tipos de interés que nunca habíamos soñado. Para quien había pagado intereses de un 18% por un crédito aquellos tipos de interés que bajaban paulatinamente hasta un 2%, eran como una compensación por la picaresca de la subida de precios que sufrimos cuando se implantó el Euro.
De repente, vivir del crédito era más rentable que ahorrar. Y pensamos que eso no tendría fin. Liderados por políticos poseídos por la euforia de inauguraciones y megalomanías, todos pensamos que éramos más ricos de lo que en realidad éramos. Los alemanes abrieron el grifo que hinchó nuestras burbujas, la inmobiliaria y la burbuja mental. Los españoles nos emborrachamos de fiestas y los alemanes sirvieron las copas.
 Mientras, ellos,  gobernados, por cierto, por los socialdemócratas y verdes, emprendieron una reforma brutal de su sistema de bienestar social. Alargaron la edad de jubilación, bajaron pensiones y congelaron sueldos, dejaron en cero la indemnización por despido de las empresas con menos de 10 trabajadores, pusieron en marcha mecanismos rápidos para que las empresas no despidan trabajadores en tiempo de crisis sino que repartan el trabajo y los salarios, permitieron sueldos de subsistencia para los trabajos menos cualificados con el argumento de mejor un trabajo que estar en el paro, bajaron las prestaciones sociales hasta los límites de la supervivencia...
  Los resultados se vieron lentamente al principio, pero se revelaron con toda su extensión cuando más falta hacía: en plena crisis.
   Cuando desde Alemania se ponían a cubierto de la crisis con medias como el trabajo reducido y a tiempo parcial, apoyos a la inversión en colegios y universidades y a las nuevas tecnologías,  en España asistíamos a la antología del disparate que va a marcar -y manchar- el legado de Rodríguez Zapatero: negar la crisis, un absurdo cheque bebé para todos prescindiendo de los ingresos, otro regalo de 400 Euros para todo el mundo, fueran cuales fueran sus ingresos, 13 mil millones tirados por las alcantarillas poniendo farolas amarillas y plaquetas blancas y rojas en las aceras delante de los corrales de los pueblos como si fueran la calle Ordoño II de León.
  Zapatero lleva dos años purgando aquellos despropósitos. Aquí se dice que afortunadamente dio marcha atrás a tiempo. Se derrochó mucho dinero y mucha credibilidad pero no se llegó a caer al precipicio.
Así las cosas, cuando hemos llegado al momento en que el problema ya no es Grecia, Irlanda o Portugal, sino Italia o España, la "solución Weimar", imprimir billetes, parece ya a muchos indispensable, lo mismo que los Eurobonos. Sólo que aquí está otra vez Alemania. Hoy por hoy no hay forma de convencer a los alemanes que ya no estamos en los años 20, ni siquiera en los 90, que el mundo ha cambiado mucho y que Europa está ante el precipicio.
Y es que así ven el mundo los alemanes: prefieren rellenar el precipicio con hormigón en lugar de improvisar un puente de tablas, caiga quien caiga.

Alemania como ejemplo

Hablamos distinto, pensamos distinto, sentimos distinto.  Somos distintos. Ellos empezaron a forjar un país y un imperio cuando el nuestro estaba en plena descomposición. Nuestra admiración por los alemanes siempre ha sido directamente proporcional a nuestra miseria y a su riqueza.  Por eso no es de extrañar que en este momento de miseria los españoles miremos hacia Alemania como el ejemplo no de lo que deberíamos ser, sino de lo que deberíamos haber hecho. Los políticos parecen aplicados estudiantes repetidores, sacando  a trancas y barrancas durante las vacaciones de verano asignaturas pendientes  al dictado de los apuntes atrasados de los aplicados alemanes. Asignaturas como la reforma laboral, la limitación del déficit en la Constitución, la contención de salarios, que los alemanes aprobaron con nota en los mejores años de la Universidad Ultraneoliberal.
Las dos últimas asignaturas que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se propone aprobar, aunque sea con un aprobado raspado son la inclusión en la Constitución de un límite al techo de défict y la reforma de los contratos en prácticas.
Al contrario de los que creen que es una barbaridad poner en la Constitución un límite al endeudamiento, yo soy de los que piensan que eso debería ser sagrado sin necesidad de que estuviera en la Constitución. Ya sé que hay muchos que piensan que el déficit de hoy es el crecimiento del mañana. Pero yo, sinceramente, en el déficit sólo veo las deudas del mañana.
Un día fui con mi tío Isaac a la feria Villablino con la intención de comprar una vaca…. Después de recorrer toda la feria, rascar unas cuantas cabezas de las resignadas reses, palpar unas cuantas ubres, mi tío sacó del bolsillo un fajo de billetes envueltos con una goma. “De todas las vacas que hemos visto, me dijo, vamos a intentar comprar la que nos gusta con este dinero, pero ni una peseta más. La vaca por lo que vale, pero ni una peseta más. Una vez, claro está, que hayamos descontado lo que nos cuesta una tapa de pulpo”.
A mi tío Isaac nunca le hubiera pasado lo que le pasa a miles de españoles endeudados hasta las cejas para los próximos 30 años: gastarse el dinero en tapas de pulpo y comprar la vaca a crédito cueste lo que cueste. “La vaca por lo que vale, pero ni una peseta más”. Lo que hay, hay.
Otra cosa es el momento que de repente los españoles nos reconvertimos en ahorradores protestantes. Esas cosas hay que hacerlas cuando las cosas van bien., cuando medidas así no se notan y a todo el mundo le parecen lógicas, cuando hay tiempo para preparar estrategias alternativas.  Es el problema del mal estudiante, claro… tener que estudiar durante las horas de siesta o de piscina del verano.
Este viernes me llamaron los becarios de TVE para ver si podía hacerles una intervención en su telediario contándoles cómo está el tema de las prácticas en Alemania porque el gobierno español acaba de liberalizar los contratos en prácticas.
Se les debió caer el alma a los suelos. Les conté que el 7% de paro juvenil en Alemania tiene un precio: para empezar, no hay un contrato de prácticas al uso, como en España. Hay dos tipos de prácticas: las obligatorias y las voluntarias. Las obligatorias son una parte de la educación y por lo tanto no tienen legislación laboral, no hay derecho a sueldo ni a vacaciones, etc.
En cuanto a las voluntarias los contratos se rigen por los convenios de los distintos sectores en cuanto a condiciones laborales, pero claro, con libertad para la empresa para fijar sueldos, ya que en Alemania no hay salario mínimo salvo en algunos sectores y en algunas regiones.
Los jóvenes alemanes encadenan un contrato de prácticas tras otro, sin límite de tiempo , ni  número de contratos, ni edad hasta que un empresario se digna a hacerles un contrato fijo.
Por la red circula un ranking de empresas alemanas en función de las condiciones que ofrecen a los “Praktikanten”. Esa palabra ha dado ya nombre a una generación. Aquí en Alemania se habla de “Generation Praktikum” o “Generation Prekär” como en España se habla de “Generación Perdida”. ¿Qué suena peor? Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Aquí no se concibe que alguien pueda encontrar un trabajo sin unas largas prácticas que empiezan a los 15 años, en la educación secundaria. Mi hijo tiene 14 años y el año que viene tiene que buscarse una empresa para hacer quince días de prácticas. Será su primer contacto con el mundo del trabajo. Las prácticas laborales están tan arraigadas que instituciones como las Cámaras de Comercio o de Artesanos (que en España nadie, incluidos los comerciantes no saben para qué sirven) organizan cursos y encuentros entre estudiantes y aspirantes a prácticas y empresarios para que se conozcan y contacten.
Cierto que la protección social en Alemania garantiza que un becario tenga una ayuda estatal que complemente el escaso o nulo sueldo que recibe por unas prácticas. Eso en España lo asume siempre la familia. Pero es que ya he dicho que somos distintos. Parte de lo que aquí proporciona el Estado, en España lo proporciona la familia.
En esas estamos, A los españoles en este momento se nos pueden aplicar un montón de las viejas fábulas y cuentos que han alimentado muchas de nuestras  pesadillas. La fábula de la cigarra y la hormiga la cuentan los periódicos y políticos alemanes a diario.
Hay algo en lo que coincidimos: nuestra miseria siempre ha sido directamente proporcional a nuestra soberbia, sus miserias también son directamente proporcionales a su soberbia.

¿Quién manda aquí?

No soy el único que se hace esta pregunta, desde luego. Muchos de los que han estado en la Puerta del Sol, y muchos que no han estado, seguro que se la han hecho estos días. ¿Quién manda aquí? ¿Angela Merkel, Nicolás Sarkozy, Obama, Hu Hintao?.
Hace un par de años muchos pensaban que Obama iba a cambiar el mundo.  “El hombre más poderoso del mundo” ha resultado ser menos poderoso de lo que creíamos todos. Pero  se puede decir que todos ellos juntos, Obama, Sarkozy, Merkel, reunidos en el G-20,  la mayor presunta acumulación de poder  jamás vista, no han podido hacer casi nada significativo contra la crisis que no sea inyectar dinero en los bancos.
A parte de “salvar el sistema financiero”, ¿de qué otros logros pueden presumir las personas “más poderosas del planea”? Hace 3 años hablaban todos de reformar el sistema financiero: ¿alguien ha visto la reforma por algún lado? Y sin embargo, creo que lo han intentado, que lo desean de verdad.
Produce bastante angustia ver estos días a los políticos europeos afanarse en encontrar una solución para Grecia. Se puede percibir sus buenas intenciones. Y su impotencia.
Y produce algo más que angustia, yo diría indignación, que está de moda, ver cómo los políticos europeos en estos momentos llaman atribulados a las puertas de Moodys, Standard and Poors, Fitch, para pedir permiso. ¿Si aplazamos un par de años las deudas de Grecia nos vais a bajar la calificación también a nosotros, a nuestros bancos?
Y desde lo alto de sus rascacielos en Wall Street, las agencias no se cortan un pelo: “lo más seguro”, responden estos días. Temblequeo de piernas. Como si el hecho de que Grecia aplace una deuda pudiera destruir toda la Unión Europea, que es, al fin y al cabo, su garante. Grecia, un país con 330 mil millones de PIB, casi 10 veces menos que Francia. 10 veces menos que California, que está más endeudada y nadie se inquieta lo más mínimo. ¿Alguien me lo puede explicar?.
Los políticos más poderosos de Europa pidiendo audiencia en un edificio de oficinas de Nueva York, pidiendo permiso para tomar medidas que son inevitables, implorando un poco de clemencia. En esas oficinas donde todo el mundo sabe, cuando Grecia falseaba sus cuentas, se les daba una triple AAA de solvencia, la misma que se daba a los “productos”  de los tahúres de las subprime.
Estos días los políticos españoles no gozan precisamente de buena prensa (¿alguna vez han gozado de buena prensa?), porque indignados somos casi todos. Pero yo me atrevería a romper una lanza por los políticos: creo que los corruptos son minoría y que tienen buenas intenciones. Pero que en estos días traslucen la misma impotencia que el ciudadano medio ante lo que parece “la única solución”, “el pensamiento único”, “ el no hay más remedio”.

Los pepinos y los muertos

 Durante esta semana que ya pasará a la historia en España como “crisis del pepino” hemos podido ver cómo se levantaba una ola de indignación sobre el comportamiento de las autoridades alemanas. Ministros, políticos de todos los partidos, incluidos de la oposición, asociaciones de agricultores, han exigido “disculpas de las autoridades alemanas” y que “Alemania pague los daños causados a los exportadores españoles”. Incluso he podido oir a alguien, creo que era de una organización agraria, haciendo llamamientos al boicot de productos y empresas alemanas.
Empiezo por recordar que aquí lo que está pasando estos días no se conoce como la “crisis del pepino”, aquí lo que hay es una alerta alimentaria y sanitaria muy seria, con 17 muertos ya en Alemania, cientos de hospitalizados en la UCI en peligro de muerte.
Cuando la ya famosa Cornelia Prüffer-Storks, Senadora (Consejera) de Sanidad de Hamburgo señaló que se había encontrado una bacteria E.Coli en pepinos españoles se contaban ya, creo recordar, 6 muertos y el número de enfermos que entraban en los hospitales de Hamburgo y de todo el Norte de Alemania subía por decenas cada hora.
¿Qué hubiera pasado si no se hubiera dado la alerta sanitaria? ¿Qué habría pasado si, por ejemplo, se entera la prensa que se ha encontrado una bacteria en pepinos españoles –o de cualquier otro país- y que las autoridades alemanas se lo habían callado? Y sobre todo ¿qué habría pasado si después se hubiera confirmado que era la cepa asesina?
Sobre si había mucha prisa por encontrar un culpable, a poder ser de fuera, se puede sospechar y opinar todo lo que se quiera.
Pero no sé si alguien tiene respuesta a esas preguntas que acabo de exponer.
Ya sé que el daño a todos los productos españoles ha sido muy alto: lo he comprobado en los supermercados. He comprobado que algunos colocaban en la puerta el cartel de “Hemos retirado de la venta los productos españoles” como reclamo para que lso clientes compraran los otros. He comprobado que tardaron más de 24 horas después de conocerse la inocencia de los pepinos en retirarlo. Sí. Pero eso es otra historia y en eso el Gobierno alemán no tiene ninguna culpa, ni la senadora Cornelia Prüffer-Storcks. Si acaso, la Comisión Europea que tardó en levantar oficialmente la alerta, supongo que hasta que recibiera confirmación oficial de los laboratorios.
Y a todo esto ¿porqué en poco tiempo se extendió como la pólvora una sentencia condenatoria a todas las verduras españolas entre la opinión pública alemana y europea?
¿Porqué en Alemania y en Francia se pudieron ver informaciones que recordaban las lamentables condiciones laborales de los invernaderos de Almería y las supuestas prácticas de regar con aguas residuales fecales los invernaderos?.
Si se llega a confirmar que esa bacteria venía de un invernadero de Almería hubiera sido la sentencia de muerte para todo el sector y la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo.
¿No es esto una advertencia para todo el sector agroalimentario español?
Por cierto, que los científicos sospechan que esta bacteria viene de aguas fecales humanas… Al loro.

Esos vagos del Sur...

 Ya sé que en España muchos se estarán rasgando las vestiduras al oír decir a Merkel  que no puede ser que griegos, españoles o portugueses se jubilen antes que los alemanes y que tengan más vacaciones.  Eso inmediatamente exige aclarar que la edad legal de jubilación en Alemania ahora mismo son los 65 y se ha ampliado gradualmente a los 67: a partir del 1 de Enero de 2012 empezará a contar un mes más de trabajo para que al final todos los alemanes se jubilen con 67 en el año 2029. Eso ya lo aprobó Alemania hace casi 7 años, con el Gobierno Socialdemócrata-Verde de Schröder. España ha copiado ese proceso, pero como lo ha puesto en marcha más tarde no ha tenido más remedio que ponerlo más rápido. Así, los españoles nos jubilaremos todos con 67 en el año 2027. Vamos, pues, más rápidos que los alemanes.

Griegos y portugueses (desde 2007) se jubilan con 65, aunque ahora se está hablando de ampliar a los 67 también.

En cuanto a las vacaciones, la ley alemana dice que las vacaciones mínimas son 24 días, incluidos sábados (20 días de lunes a viernes). Pero esa es la excepción, más que la regla, porque son normales contratos de 30 días de vacaciones.

Si miramos la jornada laboral, en España se trabaja 8 horas mientras que en Alemania se trabajan 7. Y puedo decir que cuando se dice que “…en Alemania se trabajan 7”, quiere decir que en Alemania no se trabaja ni un minuto más… pase lo que pase.

Habría mucho que hablar sobre esto, porque es verdad que en España hacemos demasiadas horas pero, tal como ha caricaturizado un programa sueco, no siempre se “trabaja de verdad”.

Es cierto que debemos trabajar menos horas y más intensamente, pero soy testigo de que cuando llega un momento de apuro a un trabajador español le puedes pedir que haga un esfuerzo. Aquí  sin embargo, no saben lo que es salirse del paso pase lo que pase. Genéticamente incompatibles: da lo mismo lo que pase, la intensidad del trabajo, las necesidades: siempre van al mismo paso. Si hay trabajo, trabajan, si no, ocupan la silla. Pero como haya que dar un acelerón, improvisar, etc… olvídate. Y a las 7 horas se van a casa.

Ya he dicho en más de una ocasión que para un alemán las horas de ocio son sagradas (y eso para mí es admirable, no criticable). Pero claro, si ese programa sueco nos caricaturizaba como colgados todo el día de facebook en el trabajo, para mí sería fácil caricaturizar a un alemán, como el que llega a su hora ( si no ha pedido hora con el médico (regular y habitual), se prepara un café (gratis), y sigue, como el día anterior, buscando las mejores ofertas de vacaciones, mirando la bolsa, leyendo las noticias sobre lo vagos que son los españoles, griegos y portugueses, sumando y apuntando los minutos de más trabajados cada día para ver si pueden sacar un día más de vacaciones, otra vez buscando vacaciones baratas a poder ser en España…

En fin, si vamos a continuar con tópicos, no llegaremos a ningún lado.

Pero tranquilos, estas palabras de Merkel suenan, más que a propuesta, a mitin para tratar de tranquilizar a los ánimos en las bases de su partido, adoctrinados a base de leer todos los días el BILD.

De momento, la oposición ya ha dicho que Merkel debería hacer propuestas en serio en lugar de soltar frases populistas para sus bases. Lo cual tranquiliza. No todos en Alemania piensan lo mismo.

Elemental, querido Watson

¿Os habéis fijado que cada vez que el Euro se acerca a valer 1,40 dólares sale una noticia de Alemania que pone patas arriba la moneda europea? Continuamente me preguntan desde España, en el último año y medio, por qué salen siempre estas noticias con tintes catastróficos desde Alemania… si los bancos alemanes serían de los más afectados si Grecia entrara en bancarrota y pagara sólo una parte de sus deudas. Yo no tengo respuestas: entiendo de economía incluso un poco menos que los expertos de las agencias de calificación. Lo que yo tengo también son preguntas. Y esa pregunta se las vengo haciendo yo también al diablillo con rabo y cuernos que compite con el Angel de la Guarda en soplarnos ideas absurdas al oído a lo largo del día. Está empeñado en convencerme del siguiente razonamiento: Alemania está convencida de que Grecia necesitará más dinero sí o sí. Lo da por hecho. Alemania tendrá que pagar: pero ¿hace falta recordar que esos créditos no son gratis y que habrá que devolver hasta el último céntimo con intereses?. Por ese lado… negocio…¿o no? Pero a Alemania le interesa un Euro débil para poder exportar. Y si arregla el problema del Euro en poco tiempo quizá el Euro empezaría una escalada peligrosa teniendo en cuenta cómo la situación de debilidad –natural- del Dólar y la situación de debilidad –artificial- del Yen. Y entonces ¿quién va a comprar los coches alemanes? Mira que tiene mala baba este diablillo con cuernos y rabo. Menos mal que no tiene ni idea de economía, incluso menos que los del FMI que cuando algún país pide una cuerda de salvación se la ponen al cuello. De todas formas, ahí dejo la pregunta para el inspector Clousseau. De Sherlok Holmes, adicto convencido a la Libra, y a algo más, no me fío ni un pelo (a pesar de que le robo el título). Y… No… A Torrente tampoco me lo imagino indagando por los rascacielos de Frankfort y los despachos de Berlín.

Prefiero un examen tipo test

El asesinato de Bin Laden pasará a la Historia como el paradigma de una paradoja jurídica, filosófica y moral tan antigua como el hombre: ¿el fin justifica los medios?.   Desde Rousseau creíamos superada la doctrina acuñada, aunque no inventada,  por Maquiavelo de que el fin sí justifica los medios. La sociedad occidental se ha levantado sobre principios de superación del axioma “Homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre) de Hobbes.  Que el mundo no es igual que antes del 11 de Septiembre lo sabemos todos. Hasta qué punto ha cambiado el mundo, y nosotros mismos, lo podemos ver tras la noticia de la muerte de Bin Laden.

Los libros que he estudiado, los profesores que me han dado clase, de Filosofía, Ética,  Política, Derecho…,  siempre me han contado que la nuestra es una sociedad de Derecho: es decir, que nadie se puede tomar la justicia por su mano. De la Historia he aprendido que con la Ley del Talión, “ojo por ojo, diente por diente” lo más probable es que nos quedemos ciegos y desdentados.

Eso es lo que he aprendido en los libros. Resulta que la vida es algo muy distinto a un libro de texto y  en ella he visto lecciones que cuentan otras cosas. Como todos, supongo. Y como todos, supongo, muchas veces me he imaginado situaciones extremas afectándome directamente (atentados, asesinatos, robos, violencia) y me he planteado cómo reaccionaría.

La verdad es que siempre he llegado a la conclusión de que a los libros de texto siempre les falta ese capítulo que debería hablar de cómo actuarías tú, qué considerarás justo llegado el momento. Y en este momento creo que suspendería cualquier examen si lo corrigiera el típico profesor que sigue el libro de texto.

Viendo las reacciones al asesinato de Bin Laden parece más que evidente que muchos principios sobre los que se asentaba la sociedad occidental se han desmoronado como terrones de azúcar.

Cuando ví la noticia en la CNN, en un hotel de Cracovia, a las seis de la mañana, tras el primer respingo, lo primero que pensé fue “…tengo curiosidad por saber qué van a decir los líderes europeos…”

No lo reseño porque es suficientemente conocido. Y convengo también en que es … explicable, comprensible.  Pero tenía mis dudas en el caso de Angela Merkel. Mi sorpresa fue que encontré una frase inusualmente clara para lo que suele estilar la Canciller “Me alegro de que se haya conseguido matar a Bin Laden”. Es la primera vez que en una noticia del TD, de apenas 30 segundos, dejo que se oiga integramente en alemán una frase sin poner por debajo la traducción, para que no hubiera dudas de la exactitud de sus palabras. Sí, Angela Merkel también tiró por la ventana los principios de una sociedad de derecho, pero, además, también tiró por la ventana los principios de la Democracia Cristiana (CDU, Unión Cristiano Demócrata). No me extraña que le hayan salido críticos dentro de su propio partido: de alguna forma me ha servido para comprobar que, efectivamente, hay demócratas cristianos todavía por el mundo.

Hoy he escuchado en la radio alemana comparar el asesinato de Bin Laden con el intento de asesinato de Hitler por Von Stauffenberg. ¿Cuántos muertos se hubieran evitado si el aristócrata tuerto hubiera conseguido matar a Hitler? Von Stauffenberg es un héroe en Alemania sólo por intentarlo. ¿Una contradicción de una sociedad democrática, occidental y con principios cristianos (nos guste o(Bu no)?

Recuerdo también que cuando Felipe González confesó en una entrevista que dudó dinamitar la cúpula de ETA muchos en España se rasgaron las vestiduras. (Ya las tenían hechas jirones por el GAl).

Lejos de mí soltar aquí moralinas: me limito a constatar hechos y plantear reflexiones con las que he tenido que lidiar para aprobar exámenes desde el Bachiller hasta las facultades de Periodismo o Derecho.

Sí, ya sé que todo puede sonar muy antiguo, abstracto, teórico, filosófico, trasnochado, en un mundo donde el Twiter te marca el ritmo de los pensamientos…En fin, habrá que releer otra vez los viejos libros de texto, subrayados y amarillentos. Incluso hasta me vuelvo a plantear leer los Evangelios. Cuando llegue al “…pon la otra mejilla” intentaré encontrar por enésima vez el silogismo que supere la contradicción entre el Bien y el Mal, la Justicia y la Impotencia, el Estado y el individuo…etc, etc, etc.

 

Minijobs

El último día de la anterior plataforma de los blogs cometí el error de meter un texto sobre Minijobs que no se ha podido leer. Lo vuelvo a introducir en la nueva plataforma después de comprobar que los sindicatos alemanes este 1 de Mayo han advertido contra el "dumping" salarial que amenaza a este país.

En país con más de 40 millones de población activa, la cifra de  3 millones de parados, un 7,3%, suena, sin duda a milagro: el milagro del empleo alemán. Como titular está bien, pero en Economía, lo sabemos todos, no hay milagros. El último que se conoce fue la multiplicación de los panes y los peces y no ha pasado por un control parlamentario.
Varios periódicos alemanes han puesto estos días, negro sobre blanco, algunas zonas oscuras de ese supuesto milagro del empleo.
Una de esas zonas oscuras se llama “MInijobs” (mini-empleos).
Es un contrato legal, que se inventaron al alimón Schröeder (SPD) y Fischer (Los Verdes) en 2003 para luchar contra una alta tasa de paro que por aquel tiempo rondaba el 10% y al mismo tiempo intentar que aflorara economía sumergida, trabajo negro.
En un Minijob, el empleado no paga impuestos, ni de renta ni de Seguridad Social, aunque el empleador sí los paga. Son trabajos que en teoría se emplean para necesidades ocasionales, con empleo a tiempo parcial (nada que ver con el llamado Kurzarbeit, otra fórmula de éxito en Alemania), en que está regulado el máximo de sueldo, 400 Euros, pero no un salario mínimo por hora, que depende de cada rama. Lo normal, dicen los sindicatos, es que la hora se pague entre 6-7 Euros la hora, un 20 por ciento menos de la de un trabajador con contrato regular.
Por supuesto, los derechos laborales, vacaciones…etc…, brillan por su ausencia.
Las ramas donde han proliferado los Minijobs son, sobre todo, la hostelería (bares, restaurantes, hoteles), donde estos contratos se han multiplicado un 500% en los últimos años. La mayoría, mujeres. También en servicios como cuidado de ancianos, enfermeros, construcción, repartidores, etc.
Muchos de estos trabajadores con Minijob ya tienen otro empleo: lo utilizan como complemento. Y  700.000 cobran además el llamado aquí Hartz iV (la ayuda social), aunque en este caso sólo pueden cobrar legalmente 160 Euros al mes.
¿No se parece mucho todo esto a economía sumergida, a empleo negro, a tapadera de paro?
Los sindicatos dicen que sí, que la proliferación de Minijobs son una tapadera del trabajo en negro: “te contrato por 400 €, tú no pagas impuestos y el resto te lo doy en negro”.
Y dicen además que estos minijobs son una barrera para la creación de empleo regular, a tiempo completo con todos los derechos.
Los Minijobs son contratos donde la mayoría son alemanes. Y ya he apuntado los 6-7 Euros a la hora que según los sindicatos son lo normal. Pero hay todavía un escalón más abajo: los inmigrantes que tienen que trabajar por 3 Euros la hora. Por supuesto, son hasta ahora ilegales y la mayoría son de países del Este sometidos hasta ahora a una moratoria. Der Spiegel  denunciaba recientemente redes de traficantes de “trabajadores” que traen en furgonetas a esos trabajadores hasta Alemania para ser explotados a cambio de 3 € la hora.
Eso ahora ya será legal. Los trabajadores de 8 países el Este (exceptuando Rumanía o Bulgaria) van a poder trabajar libremente en Alemania. Se esperan hasta 200.000 al año. ¿Qué mercado laboral les espera a estos trabajadores que tienen puestas en el mercado alemán la esperanza de salir de la miseria?.
Lo veremos, porque lo que se espera es que la mayoría de los polacos, checos, lituanos que vengan son trabajadores cualificados que no se conformarán con los 400 Euros de los Minijobs.
Esto ocurre en el país del milagro económico, donde se supone que se necesitan trabajadores y debería haber salarios altos. Una cosa está clara: en Alemania no se atan los perros con salchichas.  ¿Es este el futuro irreversible que espera a los trabajadores europeos?  

Miguel Ángel García


“Soy un ciudadano de Berlín”. JFK llevaba apenas unas horas en Berlín Oeste cuando se declaró berlinés. Al otro lado del muro, un hombrecillo verde, con un impecable sombrero ya pasado de moda, cruzaba airoso las calles del Berlín Este, por aquel entonces apenas habitadas por tranvías llenos de proletarios.
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