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El suicidio de una estrella

Estos días me ha sorprendido bastante la conmoción popular que ha producido el suicidio de un portero de fútbol de Alemania. Robert Enke, 32 años, era portero del Hannover 96 y había sido también internacional, uno de los sucesores de Oliver Kahn.

Enke se arrojó la semana pasada a un tren. La conmoción ha sido tal que 45.000 personas acudieron a un funeral de cuerpo presente en el Estadio: el mayor funeral de la postguerra tras el del canciller Honrad Adenauer. Los periódicos abren desde hace 6 días con la noticia y los telediarios dedican los primeros ¡15 minutos!

No seré yo quien diga que Robert Enke no merece este tipo de manifestaciones populares. Sólo digo que me ha sorprendido. Enke tampoco era una estrella mediática como Kahn. Quizá lo explique no sólo el hecho de que Enke había jugado con la selección, si no las causas que han rodeado el suicidio. Enke padecía depresiones profundas desde hace años. Para colmo vivió hace 3 años la muerte de su hijita de 2 años, nacida con un problema cardiovascular. Enke y su mujer Teresa trataron de llenar un hueco imposible de llenar adoptando otra niña a principios de este año. Pero no lo superó. Además, tenía un miedo patológico a perder la titularidad, a no volver a ser internacional…

Todo esto ha compuesto ante los ojos de los alemanes el retrato de una persona a la que creían aparentemente triunfadora y que, sin embargo, arrastraba una pesada losa oscura en su vida privada.

No se habla mucho de suicidio en Alemania. Y eso que cada año se suicidan en este país unas 10.000 personas, lo que da un promedio de una cada un par de horas. En los últimos años se ha conseguido reducir algo esta cifra porque hace 20 años las estadísticas decían que se suicidaba un alemán cada 50 minutos. Dicen también las estadísticas que la mitad de los que se suicidan son mayores de 60 años. Y suelen ser de profesiones y sectores sociales medios altos…profesores, médicos, profesionales…

Si algo bueno encuentro en esta manifestación de duelo popular es que ha traído en parte a debate algunos problemas de nuestra sociedad que solemos arrinconar en los trasteros de la actualidad: la depresión que sufren miles y miles de personas y que los convierte en estigmatizados, porque no siempre se asume que una enfermedad mental es simplemente una enfermedad, y, por otro lado, la presión, el estrés a la que se nos suele someter la necesidad de triunfar, de conservar un puesto de trabajo a todos los niveles.

En el caso del restante 9999 suicidas de Alemania, a la depresión habría que sumar la soledad, el abandono, la falta de cariño familiar…

Alemania estos días ha vivido una catársis colectiva: “nadie podía imaginar esto”, dicen todos sus compañeros, incluído el entrenador de la selección que no lo había llamado en los últimos partidos…pero claro, los que presionan para que llevara a Adler son los mismos que ahora lloran a Enke.

4 Comentarios

Hola Miguel Ángel, en primer lugar mi pésame por la pérdida de este ser humano. Después mis felicitaciones a la sociedad alemana que es capaz de desarrollar una ceremonia pública de una muerte sin importar si fue suicidio o no lo fue. También felicitarte por dar cifras de suicidios e ir contra el lema "Al Pueblo, ojitos que no ven: corazón que no siente". Y ya por último me pregunto cuántos suicidios habrá en Etiopía, Somalia o en cualquiera de los numerosos pueblos del mundo que padece hambre colectiva. Un abrazo

Hace hoy justo una semana se tiró al Pisuerga una paciente mia de 63 años. Yo, habia estado con ella por la mañana. Lo habia intentado 3 veces con anterioridad, 2 con pastillas y otra clavandose un cuchillo de cocina en el pecho. Cuando vi los cortes que se habia hecho supe que a la siguiente intentona lo conseguiria. No quiso ingresar. Este es el tercer caso de suicidio que he tenido en casi 30 años de trabajo. Siempre se tiene la sensacion de no haber hecho lo suficiente. No es fácil entrar en el cerebro de alguien que ha tomado esta decisión. La respuesta de la mayoria es: "no lo entiendo, yo nunca lo haría", sin saber que la distancia que separa el querer vivir del matarse es delgada, delgada......

Has dado en el clavo! En Espania mueren más personas por suicidio que por accidentes de tráfico. Hoy en día sufrir una depresión es simplemente una deblidad de caracter. En determinadas profesiones como ser maestro, una depresión es incluso comprensible. Sin embargo, en posiciones de responsabilidad o cara al público es inaceptable. Puede costarte el puesto. Uno puede tener cualquier tipo de enfermedad pero toda relacionada con la psiquiatría es simplemente tabú. Hoy en día debido a los tratamientos farmacológicos combinados con los psicológicos los porcentajes de recuperación son grandes. El problema es que la gente lo oculta y no quiere ir al médico por el qué dirán. Pena!

No digo que no tengais razón...y no quiiero parecer insensible.Pero a mí la ceremonia que se organizó en torno a Enke me pareció ridicula.
Hasta no hace mucho un perfecto desconocido que no ganó absolutamente nada,elevado a los altares de la popularidad por llevar la camiseta de la selección.
Se deben abordar los problemas y no sólo cuando una "estrella" los tiene.Nadie voverá a hablar de esto hasta que no caiga otro rostro popular....así de claro!
Lamento la muerte de Enke,como la de cualquier otro que tiene un final trágico,sea por violencia,enfermedad o accidente...Pero ahí a dedicarle una calle! Me parece cuanto menos vergonzoso

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Miguel Ángel García


“Soy un ciudadano de Berlín”. JFK llevaba apenas unas horas en Berlín Oeste cuando se declaró berlinés. Al otro lado del muro, un hombrecillo verde, con un impecable sombrero ya pasado de moda, cruzaba airoso las calles del Berlín Este, por aquel entonces apenas habitadas por tranvías llenos de proletarios.
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