La herencia de Oskar
Uno de los hombres más carismáticos de la política alemana de las últimas décadas abandona la política federal. En un post anterior ya contaba que Oskar “el Rojo” tenía cáncer. Parece que, una vez operado, Oskar Lafontaine ha decidido regresar a sus cuarteles de invierno en el Sarre y dejar para siempre la política federal.
Su abandono ha provocado un pequeño seísmo en la política alemana que lleva ya dos días haciendo cuentas de qué efectos puede tener en el mapa político la desaparición de un político amado por muchos, odiado por muchos más y temido por casi todos los que se tenían que enfrentar a su micrófono.
El día en que Oskar Lafontaine tiró los trastos de Ministro de Finanzas y Presidente del Partido Socialdemócrata (1999) por no estar de acuerdo con la línea centrista que el Canciller Schröder impuso al SPD empezó a cambiar la historia de la izquierda en Alemania.
Ese pedazo amargo de la tarta socialdemócrata ha endulzado los últimos años de los que estaban condenados a soportar el estigma de comunistas de la ex-RDA. Gracias a Lafontaine, rabiosamente populista pero de trayectoria democrática intachable, los excomunistas han salido del ostracismo de herederos del SED y la Stasi y se han convertido en un partido con un 11 por ciento del voto en las últimas elecciones. ¿Y ahora qué?. Coincidiendo con el abandono de Lafontaine en el pujante partido, hasta hace un par de meses, ha empezado a oírse el ruido de sables entre los llamados fundamentalistas y los realistas. Veremos cómo sobreviven a Lafontaine. Pero el seísmo ha sacudido también al antiguo partido de Lafontaine, los socialdemócratas. Tras el desastroso resultado electoral ya se habían resignado a tragar quina y preparar la foto de una futura alianza con Die Linke para poder aspirar alguna vez al Gobierno (lejos los tiempos en que un partido podía aspirar a gobernar sólo). Ahora ya se puede leer por ahí que “los verdaderos herederos de Lafontaine” no están en la Izquierda sino en la Socialdemocracia. Oskar era, teóricamente, el problema: nunca le perdonaron la traición. Pero eso es sólo en teoría. Las ideas de Lafontaine y los socialdemócratas cada vez parecían más alejadas. Será interesante ver ahora si los huidos con Lafontaine han perdonado al SPD.



