Pecado venial
Jesús también bebía vino. No deja de ser curioso que, según el Evangelio de San Juan, el primer milagro de Jesús fue convertir seis garrafas de agua en vino y del bueno. Claro que Jesús no conducía un Volkswagen Phaetón y lo más que le podía pasar es que no guardara el equilibrio sobre el asno. Ni al César ni al Sanedrín les daba por poner controles de alcoholemia. De tanto leer el Evangelio a la Obispa Margot Kässmann se le debió olvidar el Código de Circulación. Es una lástima.
El sábado pasado, sobre las 11 de la noche, se saltó un semáforo en rojo. El diablo borrachin quiso poner una patrulla de policía en el cruce de Willy Brandt Strasse, en Hannover. Y ahí se acabó su carrera.

En Octubre pasado, esta mujer menuda, de apenas 1,60 de altura, pero de gran altura moral y teológica se convirtió, casi por unanimidad, en Presidenta del Consejo de las Iglesias Evangélicas de Alemania. Para 25 millones de fieles protestantes la Obispa de Hannover Margot Kässmann era una referencia espiritual como puede ser el Papa para los católicos. Es posible que, desde la perspectiva del catolicismo español cueste comprenderlo, porque Margot Kässmann era divorciada y con 4 hijas, pero así es.
No sólo era una referencia espiritual, también, en muchos sentidos, social y política. Margot Kässmann no dejaba indiferente a casi nadie porque rompía muchos esquemas, incluso en la progresista iglesia protestante alemana. Locuaz y abierta, no tenía reparos en acudir a programas de televisión en los que, por ejemplo, se convirtió en un ejemplo para muchas mujeres alemanas por la forma en que luchó, y enseñó a luchar, contra un cáncer de mama. Úlimamente había puesto en aprietos al gobierno al pedir que volvieran las tropas de Afganistán.
Margot Kässmann tampoco ocultaba sus debilidades, sus dudas, sobre todo tras el divorcio, hace unos 4 años, de su marido.
Kässmann ha dudado durante 3 días si podía seguir como Presidenta de los protestantes alemanes. La cúpula evangélica le perdonó el pecado y le dio su apoyo. Pero ella decidió que no: "He cometido un error muy grave y ya no tengo la autoridad necesaria para este cargo". Dimitió también de obispa. Seguirá como Pastora.
He leído por ahi que, en otro caso parecido ocurrido en España, el del diputado Ignacio Uriarte, que además estaba en la Comisión de Seguridad Vial, alguien de la cúpula de su partido decía que no veía razones para que el diputado dimitiera.
Creo, sinceramente, que esta es la diferencia entre los políticos alemanes y los españoles. Aquí nadie tuvo que decirle a Magot Kässmann que dimitiera y nadie se atrevió tampoco a decir que no veía razones para que dimitiera. Todos dijeron que debía tomar la decisión ella misma. Y todos se han quitado el sombrero ante su decisión.
Las bodas de Canaan (El Veronés)
A Kässmann ya todos le han perdonado su pecado, aunque haya sido en Cuaresma.
"Le podía pasar a cualquiera", dicen todos, pero "ellos" no son cualquiera.



