La venganza de las tertulias
A los alemanes les gusta hablar. Su acusada inclinación por largas charlas sobre cualquier tema se puede comprobar a diario en los innumerables debates en los programas de televisión a los que acuden... ¡Ave María Purísima! ¡Hasta los obispos!
Y dan la impresión de que mientras hablan, los alemanes piensan. Ya lo decía Sarkozy: “Mientras Francia actúa, Alemania reflexiona”. Debe ser el idioma, que determina una especial forma de pensar, heredada del Latín , que provoca el retrasar hasta el final la acción del verbo, cuando ya estén fijados con precisión declinativa todos los detalles accesorios, también llamados complementos.
Y sí, llevan ya muchas semanas debatiendo si hay que prestarle a Grecia algún Euro alemán para salvarla de la bancarrota. Aquí no se ha planteado como un préstamo a Grecia, es decir, con pago de intereses incluido, sino que siempre se ha hablado de “ayudar a Grecia”, de “darle nuestro dinero a Grecia”. Con ese planteamiento se puede entender que el 90 por ciento de los alemanes se metan instintivamente la mano en el bolsillo donde llevan la cartera cuando alguien les menciona Grecia.
Con la inestimable ayuda de la prensa, incluídos periódicos serios, pero, sobre todo, de un periódico popular –me resisto en llamar sensacionalista al Bild porque creo que no tiene nada que ver, por ejemplo, con los tabloides británicos- se ha creado una opinión pública tan corta de miras que quizá un día pase factura a la que hasta ahora ha sacado más partido de ese populismo de la tacañería: Angela Merkel.
Empezaron por recomendar a los griegos que vendieran islas para pagar sus deudas (de todos es sabido que los alemanes sienten una fascinación atávica por las islas del Mediterráneo). Ahora ya estamos en eso de que "¡qué pintan los griegos en Europa, con lo chalaneros que son!" Han empezado por los griegos, pero ya sabéis por dónde sigue el mapa del Mediterráneo hacia el Oeste.
Cada vez que Merkel habla de prestar dinero a Grecia menciona dos expresiones que parecen condenadas a ir juntas de por vida: estabilidad del Euro y contribuyentes alemanes. Pero tengo la sensación de que los alemanes las han percibido por separado, que no han comprendido hasta ahora lo que significa estabilidad del Euro. Aquí todos culpan a los derrochadores griegos, pero nadie se pregunta para qué sirvieron las instituciones europeas, Banco Central Europeo fundamentalmente, cuando Grecia maquilló sus cuentas para entrar en el Euro, el comienzo de toda esta debacle.
¿Tan fácil es engañar a un organismo como el Banco Central Europeo, a todos los Comisarios de la Unión Europea, a todos los bancos europeos que le prestaron dinero y le dieron la bienvenida a ese paraíso del consumo en que prometía convertirse la zona Euro? Por lo visto, sí.
¿Tan fácil es contar con la complicidad de Goldman Sachs o Lehman Brothers para preparar el timo de la estampita?. A dónde hemos llegado: después de ver lo que hemos visto estos dos años, el crimen masivo e institucionalizado en los grandes bancos, que han llevado al hambre y la desesperación a millones de personas, seguimos igual.
El Deutsche Bank vuelve a tener beneficios record con las mismas operaciones financieras especulativas de antes de la crisis. Dicen que su presidente Ackermann ha convencido a Merkel de que no hay que poner regulaciones a los bancos. (A saber lo que le habrá contado si es verdad que la ha convencido). Los grandes bancos americanos siguen ganando la partida al bienintencionado Barack Obama, los Chinos siguen jugando el juego… Nos hemos endeudado hasta los tuétanos para pagar las aberraciones de los bancos, los brokers, los yuppies y toda la jauría de avaros de este mundo y ahora tenemos que volver a pagar más para salvar países.
Y a los alemanes parece que lo único que les molesta de todo esto es tener que prestar 8.500 millones de Euros a Grecia. Pusieron a disposición de los bancos alemanes ¡medio billón! de euros en avales, algún banco les ha costado él solito más de 100.000 millones y el propio banco público que deber dar el crédito a Grecia tenía cadáveres en el armario.
Pero hasta aquí hemos llegado: los griegos: que se salven a sí mismos, que se salgan del Euro, recuperen el Dracma, se bajen sueldos y pensiones a la mitad y así las cosas volverán a ser como cuando los alemanes llegaban a una isla como su potente Marco. ¡Qué tiempos aquellos!



