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Otra memoria histórica

Los nietos de Louis Renault han llevado a los tribunales la legalidad de la expropiación forzosa y sin indemnización en 1945 de las factorías de su nombre. 66 años después vuelve a los tribunales un caso singular, porque ninguna otra marca de esa entidad sufrió la nacionalización tras la Liberación. Su rival Peugeot (también bajo las órdenes alemanas durante la ocupación) se salvó porque financió y colaboró con la Resistencia. Los nietos Renault buscan hoy la indemnización que el Estado francés no otorgó entonces. Pero detrás está la más que evidente rehabilitación por la puerta falsa de quien colaboró gustoso con el ocupante nazi y obtuvo pingües beneficios por ello, a decir de historiadores y resistentes. El pronunciamiento del Tribunal de Gran Instancia de París, el 11 de enero.

3 Comentarios

Esto me suena a la desamortización de Mendizábal. Llegará un día en que la Iglesia meterá ent ribunales al Estado y hasta es posible que gane. Debe levitar uno pensando en que su riqueza podría duplicarse si te indemnizaran por tu abuelo muerto. Pero ya está bien de rehabilitaciones y resurrecciones de la mugre de aquellos aciagos e interesantes años.

La memoria y sus retoques, histórica si és, nada comparada al que se quedo por los caminos. Estos se beneficiaron de la guerra colaborando con los invasores, sus herederos quieren un lavado de imagen.


Pues ya nos contarás en enero. Que lo mismo los nietos tienen razón en la ilegalidad de la expropiación; independientemente de que el abuelo colaborara (supuestamente) gustoso con el ocupante, a decir de historiadores, resistentes y testimonios recogidos por la CGT, porque a él no se le puede preguntar, claro: murió en octubre de 1944, al mes de ser encarcelado.

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Luis Miguel Úbeda


Luis Miguel Úbeda, veterano periodista de Radio Nacional, es corresponsal de esta emisora en París. Desde allí escribe esta Bitácora, un blog construido con entradas informativas de la actualidad francesa, muy sugestiva para un observador extranjero cuya función es precisamente servir de intérprete a los que están fuera. El encuentro con lo ajeno produce también saludables interrogaciones sobre lo propio, perspectivas más relativas, menos dramáticas y emocionales.
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