2 posts de septiembre 2009

Jack Jones

Muchos de los delegados que desde este domingo participan en la Conferencia del Partido Laborista han querido recordar y homenajear la figura de Jack Jones, uno de los líderes históricos del sindicalismo británico, fallecido tristemente el pasado mes de abril. Es posible que a muchos jóvenes españoles su nombre no les evoque más que una marca de ropa pero lo cierto es que a mediados de los años 30, mucho antes de que ellos nacieran, Jack Jones se alistó en las Brigadas Internacionales para defender la democracia y la libertad en España. Hoy, al igual que sus compañeros de partido, me gustaría dedicarle unas líneas para recordar la aventura extraordinaria de su vida.

James Larkin Jones nació el 29 de marzo de 1913 en Garston, un barrio del sur de Liverpool situado a orillas del río Mersey. Su padre le puso ese nombre en honor al líder socialista y republicano homónimo que fundó el Partido Laborista irlandés. Más tarde todos le conocerían como Jack.

A Jack Jones le tocó vivir una infancia dura. Su familia vivía en una casa humilde de York Street infestada de ratas, cucarachas y chinches. No había gas ni electricidad y la luz de que disponían procedía o bien de las velas o bien de una pequeña lámpara de parafina. La vida le enseñó pronto a Jack la virtud de compartir porque nada más venir a este mundo tuvo que hacerse un hueco en la misma cama en la que dormían sus cuatro hermanos.

A los 14 años, como tantos otros chavales de su edad, dejó la escuela y empezó a trabajar en la dársena del puerto. No tardó mucho en entrar en contacto con el movimiento obrero y siendo aún un adolescente se afilió al Partido Laborista. Su activismo político le llevó a participar en varias manifestaciones en contra de la Unión de Fascistas Británicos de Oswald Mosley. En una de ellas acabaría siendo golpeado por un grupo de Camisas Negras (Blackshirts) armados con puños americanos.

Este tipo de enfrentamientos entre la clase obrera y los seguidores del fascismo fueron habituales en la Gran Bretaña de los años 30. Quizá el más conocido de todos ellos fue la Batalla de Cable Street. El 4 de octubre de 1936 Oswald Mosley había organizado una gran marcha en East-End londinense, la zona donde residía buena parte de la comunidad judía de la época. Cientos de Camisas Negras tenían previsto desfilar por el barrio pero una grupo amalgamado de socialistas, anarquistas, comunistas y judíos, movilizado para la ocasión, se lo impidió.


(Cartel de la época llamando a la movilización)

Una placa conmemorativa recuerda hoy en Dock Street el triunfo de los anti-fascistas. En la última frase, en grandes letras mayúsculas, se puede leer They shall not pass! (¡No pasarán!) la traducción al inglés del famoso ¡Ils ne passeront pas! que exclamó Pétain en la Batalla de Verdún, en la Primera Guerra Mundial , y que más tarde inmortalizó Dolores Ibárruri en el discurso que pronunció el 19 de julio de 1936 tras el golpe militar del General Franco.

(Placa conmemorativa de la batalla de Cable Street)


Tres meses antes de la Batalla de Cable Street había estallado en España la Guerra Civil. Desde el Reino Unido, especialmente desde el movimiento obrero, se miraba con preocupación todo lo que estaba sucediendo en nuestro país. El gobierno británico, sin embargo, receloso de la izquierda y con el primer ministro conservador, Stanley Baldwin, a la cabeza, abogó por una política de no intervención, la misma que defendería más adelante su sucesor en el cargo, el también tory Neville Chamberlain.

La inacción del gobierno llevó a muchos británicos a alistarse en las Brigadas Internacionales. Jack Jones, que había organizado reuniones con los obreros españoles en Merseyside, se preparó desde el primer momento para ir a luchar a la península. Le recomendaron sin embargo que se quedara en Liverpool para organizar el envío de voluntarios y también para visitar a las familias de los brigadistas que habían resultado muertos o heridos batallando en defensa de la República. Uno de ellos fue precisamente su amigo George Brown, un joven izquierdista de origen irlandés que pereció en la Batalla de Brunete en 1937.

Con el paso de las semanas Jack logró que le dejaran ir a luchar a España. "No fui a la guerra impelido por un sentimiento de aventura -recordaba- sino por un sentimiento de que estaba en el lado correcto, en el lado de la justicia". En el campo de batalla solía llevar una cazadora de cuero negro que le habían regalado sus amigos en Liverpool. "No era el mejor camuflaje pero no podía soportar la idea de no llevarla puesta".

Antes de la Batalla del Ebro, Jack Jones conoció a Edward (Ted) Heath, un joven conservador de 21 años que había llegado a Barcelona para observar la experiencia de la Guerra Civil y entrevistarse con los líderes del Frente Popular. 32 años después Ted se convertiría en primer ministro del Reino Unido y la mejor prueba de que no era un tory al uso es que fue su gobierno el que ratificó en 1973 el ingreso de Gran Bretaña en la Unión Europea. El propio Jack, erigido en los años 70 como principal líder sindical del país, confesó tener mejores relaciones con Ted Heath que con su sucesor en el cargo, el laborista Harold Wilson.

En julio de 1938 el Batallón Británico de las Brigadas Internacionales participó en la ofensiva del Ebro con la que el Ejército republicano pretendía recuperar la iniciativa de la guerra. El resultado no pudo ser más desastroso. El contraataque del bando nacional, con artillería pesada y bombardeos aéreos, causó tantos estragos que obligó a retroceder inmediatamente a las tropas de la República.

En uno de esos combates Jack Jones resultó gravemente herido. Cayó al suelo, con el brazo derecho completamente inutilizado. No pudo siquiera volver a levantar su rifle y pensó que lo mejor que podía hacer era dejar que cayera la noche para intentar regresar a la retaguardia. Al ponerse el sol descendió reptando de la colina en que la se encontraba y pudo ser trasladado a un hospital de Mora de Ebro que según sus propias palabras parecía "un matadero".

Las heridas que sufrió fueron tan graves que a Jack Jones no le quedó otra posibilidad que regresar a Inglaterra. Sus lesiones no le impidieron sin embargo seguir trabajando en favor de la República y tampoco casarse con Evelyn, la mujer de su malogrado amigo George Brown, con la que había establecido una relación tras la muerte de éste en Brunete. Mick Jones, uno de los hijos de Jack, me confesó hace unos meses: "hay una cosa segura y es que sin la Guerra Civil yo no estaría aquí".

En septiembre de 1938 el presidente del Gobierno de la República, Juan Negrín, anunció ante el Comité de No Intervención de la Sociedad de Naciones su decisión de repatriar a las Brigadas Internacionales, a las que prometió conceder la ciudadanía española tan pronto la paz y la democracia regresaran a España. “El Gobierno de la República –dijo Negrín en su discurso del 25 de octubre- reconocerá y reconoce a los internacionales, que tan bravamente han luchado con nosotros que ya pueden decirse son connaturales nuestros, el derecho a reclamar, una vez terminada la guerra, la ciudadanía española”.

Ya de regreso en Inglaterra y tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Jack Jones, empezó a trabajar a tiempo completo para el Sindicato General de Trabajadores y Transportes (TGWU). Bajo su dirección en los años 70 esta trade union logró superar los dos millones de afiliados y convertirse en la más importante del Reino Unido. Jack Jones llegó a tener tanta influencia que un año antes de su jubilación en 1978 un sondeo de Gallup reveló que la mayoría de los británicos creía que amasaba en sus manos más poder que el primer ministro laborista, James Callaghan. No en vano a Jack se le conoció popularmente como el 'Emperador Jones'. El propio Gordon Brown se ha referido a él como “un gigante del Laborismo” y “uno de los sindicalistas más importantes de la Historia” .

Con sus aciertos y con sus errores Jack Jones fue ante todo un ejemplo de integridad. Siempre supo de qué lado estaba, quiénes eran los suyos y que su causa era la de los más desfavorecidos. Quizá por ello rechazó una oferta de Callaghan para entrar en el Gobierno y quizá por ello se negó tajantemente a aceptar un asiento en la Cámara de los Lores. Una vez jubilado Jack Jones siguió comprometido en la lucha social como líder de la Convención Nacional de Pensionistas, cargo que compaginó con el de presidente de la Fundación de las Brigadas Internacionales (IBMT).


La primera y última vez vi a Jack Jones (en el centro de la foto con una corbata roja) fue el 19 de julio de 2008 en el homenaje a las Brigadas Internacionales celebrado, como cada año, en los Jubilee Gardens. Allí, como os comentaba en el anterior post, se encuentra una escultura de Ian Walters que recuerda a los 2.100 británicos que acudieron a España para combatir en defensa de la República (526 se dejaron la vida en el intento). En el plinto de la escultura puede leerse un verso de Volunteer, un poema de Cecil Day-Lewis escrito en tiempos de la Guerra Civil, que ilustra a la perfección el coraje y la determinación que demostraron Jack Jones y otros hombres y mujeres de su generación.

They went because their open eyes could see no other way
(Fueron porque sus ojos abiertos vieron que no había otro camino)




(Monumento a las Brigadas Internacionales, Londres)


Jack Jones murió el pasado 21 de abril a los 96 años de edad. Faltaba poco más de un mes para que el gobierno español, en virtud de la Ley de la Memoria Histórica, cumpliera 70 años después la promesa de Negrín y concediera a los brigadistas internacionales la ciudadanía española. "Mi padre - recuerda Mick Jones- no ha podido por desgracia recoger el pasaporte pero lo realmente importante es que falleció sabiendo que ya era ciudadano español, lo cual le llenaba de orgullo".

El pasado 9 de junio el Embajador de España en Londres, Carles Casajuana, entregó a los siete brigadistas británicos que aún siguen con vida sus respectivos pasaportes. Jack Jones lo recibió igualmente a título póstumo. Según Casajuana la concesión de la ciudadanía española constituye un acto de gratitud y reconocimiento a un grupo de hombres y mujeres extraordinarios que en los años 30 lo dejaron todo para ir a luchar a España por la democracia y por la libertad. Frente a él, emocionados, estaban Paddy Cochrane, Sam Lesser, Thomas Watters, Penny Feiwel, Jack Edwards, Lou Kenton y Joseph Kahn, todos ellos nonagenarios, y algunos como Penny, incluso centenarios. El discurso que a continuación pronunció Sam Lesser arrancó las lágrimas de muchas de las personas que se congregaron en la Embajada para asistir al homenaje.

Los siete brigadistas internacionales agasajados con la nacionalidad española aprovecharon la ceremonia de la Embajada para mostrar su preocupación por el hecho de que 70 años después del fin de la Guerra Civil española el Partido Nacional Británico (BNP), de extrema derecha, hubiera obtenido dos diputados en las últimas elecciones al Parlamento Europeo. Nuestra lucha de entonces –recordaban- aún no ha concluido.

En el imaginario colectivo de las Brigadas Internacionales está muy presente el Valle del Jarama, escenario de una de las batallas más truculentas de la Guerra Civil. Allí el Batallón Británico y el Batallón Lincoln, el de los americanos, lucharon codo con codo con el Ejército Republicano para contener el avance de las tropas de Franco. Esta hermosa canción que recuerda su sacrificio se convertiría a la sazón en uno de los himnos de las Brigadas Internacionales.


I live by the river

Como en London Calling, la mítica canción de The Clash, yo también vivo al lado del río. La casa-corresponsalía de RNE está situada en Pimlico, a escasos metros de la ribera norte del Támesis. Es un barrio agradable y sobre todo bien comunicado: Downing Street, el Parlamento, Buckingham Palace, la Embajada española... todo a tiro de piedra, fundamental para un periodista, y especialmente para uno de radio, siempre amenazado por el tic-tac del reloj.

Todos los días desde la ventana de la oficina veo pasar los aviones en ruta hacia el aeropuerto de Heathrow. Entran desde el este y sobrevuelan la ciudad a tan baja altitud que es imposible no escuchar el estruendo de sus motores, un rugido sibilante que en más de una ocasión se ha colado por los micrófonos de esta corresponsalía. Confieso que muchas veces me paro a observar los aviones. Lo hago con detenimiento, fijándome sobre todo en los que vienen desde latitudes lejanas, intentando atisbar en su fuselaje algún logo o alguna palabra que me dé alguna pista sobre su procedencia. Casi siempre lo consigo: South African Airways, Cathay Pacific, Air India.. Pienso y trato de reconstruir al azar la historia de alguno de sus pasajeros, pensando en qué motivos le habrán traído a esta ciudad. "¿Turismo?, ¿trabajo? A lo mejor, como tantos otros, viene para quedarse...".

Londres es posiblemente la ciudad más cosmopolita del mundo, un crisol de razas y culturas que uno puede sentir y palpar a cada paso que da: la mezquita de Regent's Park, China Town, el olor a curry de Brick Lane, el pulso afro-caribeño de Brixton, o el inconfundible sabor mediterráneo de Portobello Road. En Londres se hablan cerca de 300 lenguas y se profesan, que se sepa, 14 religiones diferentes. La ciudad es un gran rompecabezas y cada parte del mundo, por diminuta que sea, está representada con al menos una pequeña pieza. La nuestra, la de los españoles, es bastante grande.

El Reino Unido es el principal emisor de turistas a España. 17 millones de británicos nos visitan cada año y eso lógicamente se ha traducido en un acercamiento social, económico y cultural. A los británicos les entusiasma, por ejemplo, la gastronomía española. A lo largo y ancho del país proliferan los bares de Spanish Tapas a los que los brits acuden gustosos a saborear un buen pincho de tortilla o una ración de paella valenciana. Los vinos españoles, muy afamados, se pueden encontrar sin dificultad en los lineales de cualquier supermercado y también en las cartas de los mejores restaurantes.

Caminar por la acera y no toparte con un anagrama del Santander se ha convertido casi en misión imposible. Las empresas españolas han entrado con fuerza en sectores estratégicos de la economía británica: finanzas, telecomunicaciones e infraestructuras son algunos ejemplos. Un día te desayunas con la noticia de que Telefónica se ha hecho con el control de O2 y al siguiente con los titulares indignados de los diarios sensacionalistas contándote que Ferrovial ha comprado BAA, el principal gestor aeroportuario del Reino Unido.

Todos los fines de semana puedes seguir la Spanish La Liga en Sky Sports o ver como los futbolistas españoles de la Premier copan las portadas de la prensa deportiva. Los británicos disfrutan también con las músicas y danzas de nuestra tierra. En la calle de Regent Street, sin ir más lejos, se registró el año pasado el récord Guiness de sevillanas: 456 personas de todas las razas y colores bailando al compás de ‘Mirála Cara a Cara’, ‘Amor de Primavera’ o ‘Carmen la Cigarrera’. En Londres por haber hay hasta un club taurino y cuando tengo sed de cerveza puedo, si quiero, acercarme al Bar Galicia "a tomar unha Estrela". Nuestras lenguas vernáculas se pueden estudiar en muchas universidades y lo mismo puede decirse de nuestra historia. Los británicos sienten una gran fascinación por la Guerra Civil y en los Jubilee Gardens, justo al lado del London Eye, hay una preciosa escultura de Ian Walters que recuerda a las Brigadas Internacionales.

Muchas veces los españoles cuando viajamos al extranjero -con la excepción de América Latina- hablamos alto y sin tapujos en la calle, en el metro o donde quiera que estemos, partiendo de la base de que nadie nos va a entender. Nunca se debe hacer eso en Londres. Esta ciudad está trufada de españoles: turistas, estudiantes universitarios, jóvenes que vienen a aprender inglés, recién licenciados que buscan su primer empleo, e incluso emigrantes e hijos de emigrantes que llegaron a Londres en los 60 y 70 escapando de las miserias del franquismo. Además, como os he dicho antes, 1 de cada 5 británicos visita España al menos una vez al año y el tiempo que pasan en nuestro país, aunque no es mucho, les permite tener un conocimiento rudimentario de nuestra lengua.

Londres es, en cualquier caso, una isla dentro de otra isla. Creo que los británicos deberían mirar al otro lado del Canal de la Mancha y emular a sus vecinos franceses. Si Paris es la Île-de-France, Londres bien podría ser The Island within the Island. La vida en la capital es muy diferente a la vida en el resto del Reino Unido y la mejor forma de comprobarlo es darse un paseo por las calles de Liverpool, Manchester, Edimburgo o Belfast.

La única pretensión de este blog es acercaros el día a día de las islas, tanto de Gran Bretaña como de Irlanda. Intentaré haceros llegar esas noticias que a veces no encuentran acomodo en la agenda cada vez más homogeneizada de los medios de comunicación. Trataré también de profundizar en el análisis de la actualidad, una posibilidad que a los periodistas de radio no siempre nos ofrecen las crónicas de 50 segundos. Este blog nace -y termino ya- con vocación interactiva. Os invito a todos a participar, a debatir, y por supuesto a discrepar, cuando así lo estiméis oportuno.

I'll keep you posted!

Os dejo, por si os apetece escucharla, una versión de London Calling de Bruce Springsteen (Hyde Park, 28/06/2009). Las canciones del Boss me han acompañado desde que era un niño y me siguen acompañando, como no, en esta apasionante aventura de Albión. Además, hoy cumple 60 años así que ¡felicidades para él!


Íñigo Picabea


Soy Iñigo Picabea Andrés, el corresponsal de RNE en Londres desde septiembre de 2010. Cuentan que, una vez, un periódico británico tituló así su información meteorológica: “Niebla en el Canal de la Mancha, el continente está aislado”.
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