3 posts de octubre 2009

Bring the troops home!

Entre 5.000 y 10.000 personas se manifestaron el sábado en las calles de Londres para exigir el regreso de los 9.000 militares británicos desplegados en Afganistán. La marcha, convocada por Stop the War Coalition, desembocó en Trafalgar Square y estuvo encabezada por John Glenton, un militar británico que se enfrenta a la acción de un Tribunal Militar por negarse a regresar a Afganistán.

Le acompañaban, portando una pancarta en la que se podía leer Bring the troops home!, familiares de soldados muertos en las campañas de Irak y Afganistán, entre ellos, Peter Brierley, el padre de un militar fallecido en Irak que hace unas semanas se negó a darle la mano al ex primer ministro británico, Tony Blair, porque "las tenía manchadas con la sangre de su hijo".


A lo largo de los últimos ocho años la participación del Reino Unido en la misión de Afganistán ha sido apoyada por los dos grandes partidos políticos (Laboristas y Conservadores), ha disfrutado de cierto respaldo social y ha contado con la connivencia de los medios de comunicación.

Los estudios demoscópicos más recientes revelan sin embargo una contestación social creciente a la participación británica en la guerra de Afganistán:

Channel 4 - Yougov (24/10/2009)

- El 62% de los británicos quiere que las tropas vuelvan a casa antes de un año.

- El 84% de los británicos cree que las tropas británicas están perdiendo la guerra.

The Times - Populus (14/10/2009)

- El 68% de los británicos está a favor de la retirada de las tropas antes de un año.

BBC (07/09/2009)

- El 56% de los británicos se opone a la participación del Reino Unido en el conflicto


The Independent - Comres (28/07/2009)

- El 52% de los británicos está favor de retirar las tropas inmediatamente.

- El 55% de los británicos cree que la guerra no se puede ganar militarmente.


Este cambio que se está operando en la opinión pública británica se debe a varios motivos:

1.- El recrudecimiento de la violencia en la provincia sureña de Helmand, donde está destacado el contigente británico, se ha traducido en un incremento del número de soldados muertos. 222 militares han perdido la vida desde el inicio de la guerra, la cuarta parte de ellos en el último medio año. Los artefactos explosivos (Improvised Explosives Devices) son responsables de la muerte de 8 de cada 10 militares fallecidos en Afganistán. El 75% de los británicos considera -según un sondeo de The Independent- que la falta de equipamiento adecuado está comprometiendo la seguridad de las tropas.

2.- El fracaso de la democratización de Afganistán escenificado en última instancia en unas elecciones fraudulentas marcadas por la baja participación. El gobierno afgano ha sido incapaz en todos estos años de promover el desarrollo económico y de extender los derechos sociales (particularmente los de las mujeres).

3.- La justificación del conflicto con el argumento de combatir el terrorismo. El primer ministro británico, Gordon Brown, insiste en que tres de cada cuatro atentados terroristas planeados en el Reino Unido tienen su origen en la frontera afgano-pakistaní. La realidad es que los atentados del 7/7 fueron planeados en Gran Bretaña y perpetrados por ciudadanos británicos, al igual que también eran británicos los tres terroristas que orquestaron en 2006 un intento de atentado para detonar bombas líquidas en siete vuelos trasatlánticos con salida desde Heathrow y destino a Canadá y Estados Unidos.

4.- El coste del conflicto en vidas humanas. Miles de civiles afganos: hombres, mujeres, niños.. imposible saber exactamente cuántos, han perecido desde el inicio de la guerra. Muchos de ellos han perdido la vida como consecuencia de errores fatales de la aviación aliada.

5.- La extensión del conflicto a Pakistán que amenaza con desestabilizar todavía más a un país desangrado en los últimos 60 años por las guerras y el terrorismo (Cachemira, Baluchistán, tensiones interconfesionales entre sunníes y chiíes..). Pakistán, potencia nuclear, es una de las piedras angulares de la seguridad en la región.

6.- El drenaje de recursos económicos en un momento en que la recesión y el desempleo ahogan a miles de familias.

Lo más probable es que el deterioro de la seguridad en Afganistán y el consiguiente refuerzo de los contigentes militares de Estados Unidos y de la OTAN agudicen todavía más la contestación social a la guerra. La presión ciudadana fue determinante para la retirada de las tropas norteamericanas de Vietnam. ¿Ocurrirá lo mismo con Afganistán? De lo que no cabe duda es de que la campaña militar es cada vez más impopular, no sólo en Reino Unido sino en la práctica totalidad de los países que participan en ella.

La extrema derecha en 'prime time'

Este jueves a las diez y media de la noche millones de británicos se sentarán frente a sus televisores para ver Question Time, uno de los programas estrella de la BBC dedicado al análisis de la actualidad política. El formato del programa –que lleva 30 años en antena- es semejante al de “Tengo una pregunta para usted”. David Dumbleby, un carismático y veterano presentador de 70 años, modera un debate con cinco invitados y alterna sus propias preguntas con las del público presente en el plató.


La gran novedad esta semana es que uno de los políticos que aparecerá en Question Time es Nick Griffin, eurodiputado y líder del British National Party (BNP), un partido de extrema derecha que tiene como banderas el racismo y la xenofobia. En la mesa, junto a Griffin, se sentarán el ministro de Justicia, Jack Straw; la Baronesa Warsi, conservadora de origen pakistaní y miembro de la Cámara de los Lores; Chris Huhne, portavoz de Interior de los Liberal Demócratas; y Bonnie Greer, una dramaturga americana afincada en Londres defensora de los derechos de las minorías étnicas.


El BNP es –según su constitución- un partido que “defiende la preservación del carácter nacional y étnico del pueblo británico y que se opone completamente a cualquier forma de integración racial entre británicos y pueblos no europeos”. En el programa que presentó en las elecciones generales de 2005 solicitaba la anulación de todas las leyes que impiden la discriminación racial en el trabajo. Su jefe de filas, Nick Griffin, admiró al Ayatolá Jomeini y al Coronel Gaddafi por su odio a los judíos y en 1998 fue condenado por incitación al odio racial después de negar el Holocausto y ensalzar a las Waffen SS.


Ric Bailey, el consejero político de la BBC y antiguo director ejecutivo de Question Time, ha defendido la decisión de invitar a Nick Griffin en aras de mantener la imparcialidad de la radiotelevisión pública. Bailey recuerda que el BNP obtuvo en las últimas elecciones al Parlamento Europeo el 6% de los votos y dos eurodiputados, y explica que “la BBC no puede aplicar estándares diferentes a los partidos a causa de sus políticas particulares”.


La presencia de Nick Griffin en Question Time ha reabierto en última instancia el debate sobre los límites de la libertad de expresión. ¿Se le debe dar a una persona que promueve la discriminación racial –es decir, la violación de un derecho fundamental- la oportunidad de expresar sus opiniones en la televisión pública?


La clase política está dividida. En el seno del Partido Laborista hay figuras prominentes como Alan Johnson, el ministro del Interior; Peter Hain, el ministro para Gales; o el diputado Jon Cruddas que se oponen diametralmente a la presencia de Griffin en Question Time. Alan Johnson considera, por ejemplo, que la invitación de la BBC le confiere al líder del BNP una legitimidad que no merece.


El primer ministro, Gordon Brown, y el ministro de Justicia, Jack Straw, respaldan sin embargo la presencia del Partido Laborista en el debate porque en su opinión la mejor manera de contener a la extrema derecha es enfrentarse a ella y desmontar sus razonamientos. El Partido Conservador y el Liberal Demócrata mantienen una postura similar. Damien Green, portavoz de Inmigración de los tories, dice que lo que tienen que hacer los partidos mayoritarios es rebatir los argumentos del BNP; y Nick Clegg, jefe de filas de los Lib-dem, ha proclamado que “si la BBC invita a uno de esos matones fascistas elegidos al Parlamento Europeo a participar en uno de sus programas estrella, queremos estar allí para hacerle frente”.


El BNP, por su parte, está encantado con la posibilidad de que Nick Griffin pueda debatir en prime time con los representantes de los grandes partidos británicos. La expectación es tan grande que en su página web cuentan hasta los segundos que faltan para el inicio del programa: “Cuenta atrás para Question Time: 3 días, 3 horas, 15 minutos y 53 segundos. El jueves a las 22:35. ¡No te lo pierdas!”.

La lucha por el voto gay en el Reino Unido

Faltan menos de nueve meses para las elecciones generales y los grandes partidos políticos se han lanzado a la conquista del voto gay. La comunidad homosexual tiene en el Reino Unido un peso demográfico importante. Se estima que en este país hay alrededor de 4-5 millones de gays y lesbianas. La referencia más actual que existe es el Estudio Nacional de Actitudes Sexuales y Estilos de Vida (NATSAL II) publicado en 2000 y para el cual fueron entrevistadas 11.000 personas. El 8,4% de los hombres y el 9,7% de las mujeres reconoció haber tenido alguna experiencia sexual con otra persona del mismo sexo. Los porcentajes bajan al 6,3% y al 5,7% respectivamente cuando se habla de relaciones sexuales con contacto genital.

Tras la derrota conservadora en las elecciones de 2005, David Cameron, se hizo con el liderazgo de los tories con la promesa de modernizar el partido. Cameron ha cambiado desde entonces la imagen y el discurso de los Conservadores con respecto a la cuestión homosexual: ha respaldado las uniones civiles entre gays y lesbianas; ha incluido a dos homosexuales en su gobierno en la sombra (Alan Duncan Smith y Nick Herbert); ha apoyado la candidatura de varios gays y lesbianas para las próximas elecciones generales; ha permitido el surgimiento en el seno de su partido de una agrupación de defensa de los homosexuales (LGBTories) y ha pedido públicamente perdón por la llamada Sección 28, la ley que los Conservadores aprobaron en 1988 y que prohibía a las autoridades locales "promover intencionadamente la homosexualidad o publicar material con la intención de promover la homosexualidad".

Todos estos gestos han sido saludados por la comunidad homosexual del Reino Unido pero no le han servido a Cameron para granjearse su apoyo mayoritario. Según una encuesta publicada esta semana por Pink News, el 67% de los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales (LGBT) considera que el Partido Conservador es homofóbico. Sólo el 23% piensa lo contrario. La encuesta revela también que si las elecciones se celebraran a día de hoy el 36% de los LGBT votaría a los Laboristas, el 25% a los Liberal-demócratas y únicamente el 22% a los tories. Un panorama muy diferente del que dibujan los sondeos generales. La comunidad homosexual británica mantiene todavía un alto grado de desconfianza hacia los Conservadores por varios motivos.

En primer lugar porque han sido los Laboristas los que han promovido la abrumadora mayoría de las leyes que se han aprobado desde 1885 para acabar con la discriminación de gays y lesbianas. La homosexualidad en el Reino Unido fue parcialmente despenalizada en 1967, siendo primer ministro el laborista Harold Wilson. Tres décadas más tarde, los laboristas, a las órdenes de Tony Blair, redujeron la edad de consentimiento hasta los 16 años, equiparándola con la edad mínima requerida para las relaciones heterosexuales; autorizaron a gays y lesbianas a servir en el Ejército (hasta entonces las fuerzas armadas rechazaban anualmente a unas 200 personas por ser homosexuales); despenalizaron completamente las relaciones homosexuales y declararon ilegal discriminar a alguien por su orientación sexual; reconocieron el género de los transexuales; y promovieron la aprobación de la Ley de Uniones Civiles, que ha posibilitado que a día de hoy 34.000 parejas homosexuales hayan podido contraer derechos muy similares a los de un matrimonio heterosexual, entre ellos el de adoptar niños.

En segundo lugar, porque los Conservadores se han opuesto en el pasado reciente a la abolición de la Sección 28, a la igualación de la edad de consentimiento o al derecho de las parejas homosexuales a adoptar niños. Tampoco ha caído nada bien entre los homosexuales el hecho de que los eurodiputados tories se abstuvieran en la votación celebrada el pasado septiembre en el Parlamento Europeo para condenar las leyes anti-gays recientemente aprobadas en Lituania. El propio David Cameron, a pesar de haber pedido perdón por la Sección 28, votó en 2003 en contra de su anulación y el año pasado decepcionó igualmente a la comunidad de LGBT al votar en el Parlamento a favor de restringir el acceso de las parejas lesbianas a las técnicas de fecundación in vitro.

En tercer lugar, porque los Conservadores han establecido una alianza en el Parlamento Europeo con partidos políticos considerados homofóbicos por la comunidad de LGBT. La presencia esta semana en la Conferencia Conservadora del polaco Michal Kaminski, portavoz del nuevo grupo de Conservadores y Reformistas en la Eurocámara, provocó que Ben Summerskill, el presidente de la organización pro-gay Stonewall, decidiera finalmente no participar en la fiesta que LGBTories había organizado en el club Spirit de Manchester. Kaminski fue grabado en video en el año 2000 refiriéndose a los gays como “maricones”. Un periodista le preguntó si consideraba que el término maricones era o no ofensivo y ésta fue su respuesta: “Así es como habla la gente, ¿qué debería decir? Son maricones”.

En cuarto lugar, porque gran parte de la comunidad de LGBT ha acusado a Cameron de hacer muchos gestos y poca política. En este sentido le han pedido en reiteradas ocasiones que aclare cuáles son sus planes para profundizar en los derechos de los homosexuales en el caso supuesto de que llegue al poder. ¿Va a permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo? ¿Levantará la prohibición que impide a gays y lesbianas donar sangre? ¿Pondrá fin a la deportación de homosexuales buscadores de asilo que huyen de la persecución en países como Irán o Nigeria? Estas mismas preguntas se las formulan, por supuesto, al Gobierno de Gordon Brown. De momento ni laboristas ni conservadores han encontrado las respuestas.

A pesar de las conquistas de los últimos años las asociaciones que defienden los derechos de los homosexuales creen que todavía falta camino por recorrer para acabar con la discriminación de gays y lesbianas. Empezando por la cuestión del matrimonio. Muchos homosexuales no simpatizan con esta institución pero son partícipes de la opinión de que una ley específica para la unión civil de gays y lesbianas constituye una suerte de apartheid. Hasta el momento los dos únicos partidos de la política británica que se han comprometido a apoyar el matrimonio entre personas del mismo sexo son los Liberal-demócratas y los Verdes. El pasado mes de junio, coincidiendo con el 40 aniversario de los disturbios de Stonewall, el diario The Times publicó un sondeo que puso de relieve que el 61% de los británicos está a favor de legalizar el matrimonio entre homosexuales.

Una historia de persecución

El Reino Unido tiene una larga historia de represión de la homosexualidad. El Estatuto de 1533, aprobado por Enrique VIII, consideraba la sodomía un delito penado con la muerte. Permaneció en vigor casi tres siglos, hasta 1828. A partir de ese año, la pena de muerte prevista para los delitos de sodomía fue sustituida por una pena de prisión.

En 1885, el Parlamento dio luz verde a una nueva Ley Criminal según la cual las llamadas 'indecencias', entre las cuales se incluían las relaciones homosexuales consentidas entre adultos, pasaron a ser tratadas como delitos menores. Diez años después, en 1895, un jurado del Tribunal de Old Bailey, en Londres, consideró a Oscar Wilde culpable de haber violado la sección 11 de la Ley Criminal por haber mantenido un affair con Alfred Douglas. El escritor irlandés fue condenado a dos años de trabajos forzosos que cumplió, en su mayoría, en la prisión de Reading. A la salida de la cárcel Wilde le escribió a un amigo: "Sí, al final acabaremos venciendo, pero el camino será largo y rojo con martirios monstruosos". Y no le faltaba razón.

En la primera mitad del siglo XX, cerca de 100.000 británicos fueron condenados por haber consentido relaciones homosexuales. La mayor parte de ellos dieron con sus huesos en la cárcel. A algunos, como Alan Turing, se les ofreció la posibilidad de conmutar la pena de cárcel por una castración química.

Alan Turing fue el inventor de la Bombe, la máquina que permitió descifrar los mensajes encriptados de las Enigma alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Tal fue la importancia que tuvo su trabajo que en 1999, fue incluido por la revista Time entre las 100 personalidades más influyentes del siglo XX. En 1952, cuando la homosexualidad aún estaba penada en el Reino Unido, Turing reconoció haber mantenido relaciones sexuales con otro hombre. Fue en consecuencia procesado por un delito de indecencia, desposeído de su trabajo en el gobierno, y condenado a prisión. Al final pudo eludir la cárcel aceptando someterse a un tratamiento de castración química con hormonas femeninas. Su vida, no obstante, no volvió a ser la misma. Se suicidó dos años después.

A principios del pasado septiembre, más de 30.000 personas, entre ellas el científico Richard Dawkins o el escritor Ian McEwan, firmaron una carta abierta al primer ministro, Gordon Brown, pidiéndole que presentara una disculpa pública por el trato que las autoridades habían dispensado a Alan Turing. El premier británico accedió al requerimiento:

"Alan Turing fue juzgado con arreglo a la ley de la época y no podemos hacer retroceder el reloj, pero sí puedo decir que el tratamiento que recibió fue completamente injusto (...) En nombre del gobierno te pedimos perdón. Te merecías algo mucho mejor".

La disculpa de Brown fue muy bien acogida por las principales asociaciones de defensa de los derechos de los homosexuales. Peter Tatchell, portavoz de Outrage!, insiste no obstante en que el gobierno debería pedir también perdón a las cerca de 100.000 personas que, en virtud de las leyes anti-gay de la época, fueron mandadas a prisión por haber mantenido relaciones homosexuales. En la petición popular se solicita asimismo a la Reina Isabel II que ordene a Turing como caballero a título póstumo aunque de momento no ha habido respuesta por parte del Palacio de Buckingham.

Íñigo Picabea


Soy Iñigo Picabea Andrés, el corresponsal de RNE en Londres desde septiembre de 2010. Cuentan que, una vez, un periódico británico tituló así su información meteorológica: “Niebla en el Canal de la Mancha, el continente está aislado”.
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