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¿The Falklands o las Malvinas?

Argentina y el Reino Unido han vuelto a enfrentarse a propósito de las Malvinas. A principios de esta semana el secretario de estado para Europa, Chris Bryant, en una comparecencia parlamentaria, reprochó al gobierno de Cristina Fernández la promulgación, el pasado diciembre, de la Ley 26.552 que incluye el archipiélago de las Malvinas, las Islas de Georgia del Sur, las Islas Sandwich del Sur y el territorio antártico británico dentro de una provincia argentina. El Foreign Office presentó formalmente sus quejas al Encargado de Negocios de Argentina en Londres mediante una nota verbal.

El pasado 3 de enero, coincidiendo con el 177 aniversario de la ocupación de los tres archipiélagos, la Cancillería argentina recordó que en 1833 "las fuerzas británicas ocuparon las Islas Malvinas, desalojando por la fuerza a sus pobladores y a las autoridades argentinas establecidas legítimamente, hecho que la República Argentina protestó inmediatamente y nunca consintió". En el comunicado, el gobierno de Cristina Fernández insiste en que los derechos de soberanía son imprescriptibles y condena “la negativa británica a abordar la cuestión de fondo para encontrar una solución pacífica y definitiva a la controversia". En la Cumbre Progresista celebrada recientemente en Viña del Mar (Chile) el primer ministro, Gordon Brown, hizo saber a la presidenta argentina que el Reino Unido nunca discutirá la soberanía de las Malvinas, palabras de tono tan ácido que bien podrían haber salido de la boca de la mismísima Margaret Thatcher.

A primera vista podría resultar sorprendente ver cómo casi dos siglos después Argentina y el Reino Unido siguen disputándose la soberanía de un archipiélago donde viven poco más de 3.000 personas y cuya actividad económica se ha reducido hasta ahora básicamente a la ganadería y a la pesca. Aparte de su valor estratégico (en la Primera Guerra Mundial las islas sirvieron de base para derrotar a los alemanes que intentaban hacerse con el control del Cabo de Hornos) podría decirse que las Malvinas no tienen mucho que ofrecer. Ronald Reagan, con la bastedad que ha caracterizado a algunos presidentes republicanos, las describió como “esas pequeñas islas heladas de ahí abajo”. Nada que ver con el genio literario de José Luis Borges, que elaboró una metáfora tan simpática como certera, al decir que la guerra de las Malvinas le recordaba a dos calvos peleándose por un peine. El tiempo le ha quitado sin embargo la razón.


Un mar de petróleo


Resulta que las Malvinas flotan no sólo sobre las aguas gélidas del Atlántico Sur sino también sobre un mar de hidrocarburos. Gas y petróleo en abundancia. Los científicos creen que bajo su plataforma continental podría haber hasta 60.000 millones de barriles de crudo (sólo 20.000 menos que en el yacimiento de Ghawar, en Arabia Saudí, que posee supuestamente las mayores reservas del mundo). La constatación de esta realidad ha despertado el interés de varias petroleras británicas -que ya han iniciado prospecciones en la zona- y también de YPF, la filial argentina de Repsol, que ha mostrado su disposición a explorar el lecho marino del archipiélago. David Hudd, vicepresidente de Falkland Oil and Gas, declaró en diciembre al diario The Sun que los beneficios son potencialmente enormes tanto para las petroleras como para las Malvinas y el Reino Unido.

La existencia de hidrocarburos ha llevado a argentinos y británicos a enfrentarse no sólo por la soberanía de las Malvinas sino también por la soberanía de sus aguas territoriales y lechos marinos. Hace 10 años la ONU, al amparo de la Convención sobre el Derecho del Mar, abrió un procedimiento para que los estados que así lo desearan pudieran presentar sus propuestas para extender los límites exteriores de sus plataformas continentales de las 200 millas náuticas actuales a 350. El pasado mes de mayo finalizó el plazo de solicitudes. En su reclamación Argentina pide la soberanía de una parte de la plataforma continental de la Antártida y vuelve a recordar que “no reconoce ni reconocerá la titularidad ni el ejercicio por parte de cualquier otro Estado, comunidad o entidad, de ningún derecho de jurisdicción” en las áreas marítimas correspondientes a las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgia del Sur.

(Propuesta de Argentina presentada al CLPS)


Paralelamente el gobierno británico envió a la Comisión sobre los Límites de la Plataforma Continental (CLPS) su propuesta para ampliar la plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas. En ella recuerda que el Reino Unido “no tiene ninguna duda de que la soberanía sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgia del Sur, así como de sus áreas marítimas” le pertenece.


El infructuoso intento de Leopoldo Galtieri y su Junta Militar de retomar el control de las Malvinas mediante la fuerza y las desastrosas consecuencias de la guerra de 1982 (649 argentinos y 258 británicos muertos) han demostrado que la única manera de resolver este contencioso en las aguas del Atlántico Sur es a través de la negociación. En 1985 la resolución 40/21 de la Asamblea General de la ONU instó a Argentina y al Reino Unido a negociar una solución pacífica y definitiva a la cuestión de las Malvinas. Ambos países restablecieron sus relaciones diplomáticas en 1990 si bien es cierto que desde entonces el diálogo no ha dado muchos resultados. Es francamente difícil, por no decir imposible, hablar cuando una de las dos partes no quiere hacerlo. Gordon Brown dejó muy claro en Viña del Mar que el gobierno británico, al igual que con Gibraltar, no está dispuesto a discutir la soberanía de las Malvinas como tampoco está dispuesto a hacerlo el Partido Conservador en caso de que gane las elecciones generales del próximo mes de mayo.

Frost contra Thatcher


Margaret Thatcher fue apodada la Dama de Hierro no sin motivo. Su recalcitrante rechazo al comunismo, sus pulsos constantes con la clase obrera y la respuesta militar a la invasión de las Malvinas le valieron la fama de mujer inflexible y autoritaria. Supongo que la mayoría de vosotros habréis visto ya la película El desafío: Frost contra Nixon en la que el periodista británico, David Frost, desarma, entrevista a entrevista, a un Richard Nixon que trata de lavar su imagen tras el escándalo del caso Watergate y mostrarse aún presidenciable. Años después, el mismo David Frost (que a sus 70 años sigue presentando un programa semanal en Al Jazeera) entrevistó a Margaret Thatcher a propósito del Belgrano, un crucero de la Armada Argentina hundido por un submarino británico el 2 de mayo de 1982. La primera ministra ordenó el ataque a pesar de que el buque navegaba fuera de la Zona Exclusiva de 200 millas que el Reino Unido había establecido en torno a las Malvinas. 323 de los 1091 tripulantes que viajaban a bordo perdieron la vida. La entrevista no tiene desperdicio. Thatcher mandó callar a Frost hasta en tres ocasiones y lejos de mostrar contrición por el hundimiento del Belgrano aseguró que volvería a dar la orden de hundirlo. Lo dijo además con esa mirada de “Calígula” que la caracterizaba (la expresión no es mía sino de François Mitterand).

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Os dejo por último unas imágenes de archivo de la guerra de las Malvinas que aparecen en This is England, una película muy recomendable de Shane Meadows. La música es de Ludovico Einaudi.

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7 Comentarios

De las únicas colonias que interesa hablar hoy en día es de las que venden en el súper. Buen post.
Saludos. Fernando.

Realmente interesante. Gracias por los enlaces y la documentación. Me gustan mucho también tus crónicas radiofónicas. Saludos.

Por aquí otro Fernando con otro comentario.

Acabo de descubrir tu blog. Me alegro que lo hayas empezado. Siempre me habían gustado tus crónicas para la radio, pero el blog es un complemento excelente.

En cuanto a este post, ¿no te parece increíble que sigan con esto después de tanto tiempo? A veces pienso en lo que diríamos de España si esto ocurriera aquí.

En todos sitios cuecen habas, I guess ;)

Saludos!

Muy buen blog, lo acabo de descubrir.
Soy argentino y, por ende, mi posición será cualquier cosa menos imparcial (mucho mas desde vuestro punto de vista).
Me gustaría decir que yo creo que sí que vale seguir peleando por estas cosas.
Por un lado por una cuestión de "honor" o "patria", si se quiere. Aclaro que no soy nacionalista ni mucho menos, mas bien todo lo contrario: tengo inclinaciones anarqusitas...
Y por otro lado por el tema económico. Tal y como está el mundo hoy en día y como parece que estará en mediano plazo, deseo que mi país, el de mi familia y el de muchos de mis amigos esté lo mejor posible. Ojo, con este mismo pensamiento, deseo exactamente lo mismo para España (aplica la descripción en su totalidad). Tengo la leve sospecha de que si seguimos con la dirigencia de los ultimos 40 años dilapidaríamos todos los recursos, pero bueno: al final eso ya nos tocará decidirlo a nosotros.

Ya en el plano más sentimental, pero no por ello menos cierto, vale la pena aclarar que los ingleses y ahora sus hermanos estadounidenses (por favor abstenerse de llamarlos americanos, gentilicio muy abarcativo) fueron, son y serán piratas. Todas sus acciones a lo largo de la historia demuestran que no son más que piratas. Adonde se meten ellos, siempre hay problemas. Y, por ende, no los puedo ver.

Ojalá algún día devuelvan las Malvinas, Gibraltar y todas las colonias que aún poseen a sus dueños originales.

Gracias por dejarme opinar y saludos

Gracias Juan, super interesante, regresamos ahora de Ushuaia donde se nota muchissimo que queda abierta la herida.

Laurent

Reorganización de la materia orgánica para obtener más biogas, ayer intenté diseñar una trampa marina para la obtención anaerobia qué cosas se me ocurren.

Lo has explicado todo a la perfeccion, habia oido hablar de estos conflictos pero nunca supe como surgieron ni como se desarrollaron, asi que te lo agradezco.

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Íñigo Picabea


Soy Iñigo Picabea Andrés, el corresponsal de RNE en Londres desde septiembre de 2010. Cuentan que, una vez, un periódico británico tituló así su información meteorológica: “Niebla en el Canal de la Mancha, el continente está aislado”.
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