2 posts de noviembre 2008

A morrearse a casa

Paseaba mi amigo por un céntrico parque de Jerusalén de la mano de su novia. Eran las primeras horas de la tarde de un luminoso día de noviembre, un mes en el que los termómetros han llegado a los 23 grados. Decía que mi amigo paseaba apaciblemente con su chica y estoy seguro que algún arrumaco se le escapó: un besito ¿a ti quien te quiere? ¿Quién es la más guapa de Jerusalén? etc. Y en esto, un joven ultraortodoxo, de esos que visten de negro y lucen largos rizos desde las patillas les increpó. Bueno, mejor dicho, como un blindado se lanzó hacia ellos reclamándoles a gritos y malos modos decencia y buen comportamiento. Como si de un cura integrista de la España de los cincuenta se tratara, el vigilante de la moral y la decencia poco menos y los manda a galeras, a picar piedras al Negev o sanear el Mar Muerto. Este insignificante pero muy molesto detalle para la pareja pone en evidencia los valores de una parte de la sociedad que en Israel, entre otros ve con malos ojos el limpio amor de una relación entre hombre y mujer (y viceversa por si acaso, que radicales los hay en todos los lados).

Junto a Jerusalén no hay uno, hay dos muros: uno es el que separa los territorios cisjordanos y otro es el que moralmente divide a una sociedad que quiere discurrir acorde con sus tiempos y maneras ante otra anclada en el siglo XV. Es ese colectivo radical que no permite que las mujeres viajen en los autobuses junto a los hombres o donde ellas son, exclusivamente, amas de cría o maquinas paridoras. Es una sociedad endogámica donde la elección de ellas como esposas, en muchos casos, se hace por catálogo o donde la homosexualidad ocasiona cruentas batallas callejeras entre ultraortodoxos y policías. Es un grupo que vive en barrios cerrados y que de muy buena gana convertiría a Jerusalén en un gigantesco gueto. Gentes que sin pagar impuestos marcan y obligan en Shabat o Yom Kipur; que no permiten autobuses urbanos durante el descanso semanal y que rodean la ciudad con un gran alambre que determina su territorio religioso. Unas gentes que quieren controlar la educación del país judío y que pretendían más poder para los tribunales rabínicos en la sociedad hebrea.

Es ese mismo colectivo que ha conseguido que tres mil soldados se hayan convertido al judaísmo en un país donde parece estar pasada de moda la separación de poderes. Una sociedad que mira para otro lado cuando se conoce que Israel, al que no reconocen como estado los ultraortodoxos, solo ha investigado hasta final de 2007 setenta y tres de los 2.219 casos de muertes de palestinos a manos de sus militares desde septiembre del año 2000. Lo dice la organización de Derechos Humanos israelí, Yesh Din. Naciones Unidas, esta semana aseguraba que el bloqueo israelí en Gaza es un "asalto masivo a los derechos humanos". Vamos, una tontería comparado con la peligrosidad social de las carantoñas de una pareja en un parque. Los muros suben y suben ¿hasta dónde llegarán?

Generoso gen

Existe un gen que influye en la generosidad humana, según dice el Departamento de Psicología de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Sostiene la estudiosa sección que el hombre es generoso a pesar de las influencias externas que determinan su colectivo social e incluso que si alguna persona no lo fuera, la familia y los estudios pueden cambiar la tendencia.

La prestigiosa institución académica hebrea, la misma cuyo cofundador fue Albert Einstein y que dice haber alumbrado a cinco premios Nobel, asegura en el citado estudio que la influencia genética existe y que el ADN está interrelacionado con las diferentes formas de comportamiento. Para añadir más interés se asegura que entre los 30.000 genes con que cuenta el ser humano hay uno que determina la generosidad, otro el optimismo y otro más para el pesimismo. El reto de los investigadores parece estar en cómo actuar para crear conductas más generosas y permitir una mejor adaptación de las personas para conseguir la felicidad.

Mientras escribo este post, la situación humanitaria de la Franja de Gaza es dramática. Los pasos fronterizos han vuelto a ser cerrados por el ejército de Israel tras el disparo de varios cohetes Qassam por parte de las milicias palestinas. Son los mismos proyectiles artesanales que siembran el terror en las poblaciones cercanas a Gaza. Han sido diecinueve días de bloqueo y pocas horas de apertura; apenas 50 camiones con víveres, medicinas y combustible han entrado.

Avancemos en las investigaciones y veamos si es posible crear en el laboratorio el gen de la generosidad que por estas tierras tanto escasea

Miguel Molleda


Miguel Molleda Rábago es el corresponsal de Radio Nacional en Jerusalén. Periodista de amplia trayectoria profesional en Radio Nacional de España, donde ingresó por oposición en 1986, se ha especializado en relaciones internacionales y ha informado para la radio pública de los principales acontecimientos ocurridos en las postrimerías del siglo pasado y comienzos del siglo 21. Después de un breve periodo de corresponsal en Bruselas fue enviado especial en Rumanía tras la caída del Muro de Berlín. Informó desde Bucarest de la desaparición del régimen de Ceaucescu y las transformaciones que siguieron en Europa Central y Oriental.
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