4 posts de diciembre 2008

Los hechos y los miedos

Actualización 30/12/08 - Adjunto nuevas fotografías de la zona

Bombardeo israelí en la mañana de este martes junto la frontera de Gaza.

Martes de preparativos para la incusión por tierra a la Franja.




No se puede entrar, no te puedes acercar. Gaza está cerrada a cal y canto por el ejército judío y sus formalidades en muchos casos injustificadas. Solo se permite la entrada a los F-16, los misiles y los tanques Merkava. Israel se ha cuidado muy mucho al planificar la operación terrestre que ha denominado Plomo Sólido. No quiere testigos y menos periodistas, parece que solo quiere victimas. Pretende ventilarse a bombazos a lanzadores de cohetes, radicales, milicianos perdularios y a todo el que huela a islamista. Quieren demostrar que las victimas son ellos, que solo sufren los vecinos fronterizos de Gaza ¿Que pasa que los palestinos, encerrados en un territorio basurero no padecen a pesar de no tener hospitales operativos, recibir bombazos, estar sin combustible, comida o medicamentos? Parece que quiere darse a entender que los palestinos son seres sin alma. Que no sufren por sus miles de muertos, la gran mayoría civiles. Que son seres menores a los que se puede despreciar y matar con tanques, misiles, aviones con o sin piloto o, simplemente, cegando sus posibilidades de desarrollo.

Tendrá que ser la historia la que se encargue de dejar muy claro que la hidra del Movimiento de Resistencia Islámico, Hamás, fue alimentada por Israel. Que los judíos pretendían reducir la autoridad de Arafat y potenciaron a los que ahora quieren aniquilar.



Frente a las fuertes explosiones de los bombardeos y columnas de humo que se elevan tras la valla de seguridad que separa Israel de Gaza, centenares de soldados esperan pacientemente la orden de entrada a Gaza. Siguen llegando impresionantes excavadoras y tanques, más tanques. A las puertas de Gaza y frente al ojo electronico que otea desde un gran zepelin hay una romería a la que no han faltado unos rabinos con un equipo de música a todo volumen que han bailado (dando un espectáculo lamentable) por la paz. Dentro de Gaza el horror continúa. La operación militar frente a Hamas sigue cobrándose vidas civiles. En la mañana de este lunes cinco niños de una misma familia.

Será que los palestinos no tienen derecho a la vida. Una encuesta de urgencia realizada en las últimas horas en Israel afirma que el 81% de los ciudadanos está de acuerdo con la matanza, perdón, la operación militar. Relajados pero sin pausa, algo más de un centenar de soldados de la brigada de Tanques Hatikva 7 preparaban este lunes por la mañana a las puertas de Gaza, en el paso de Heretz, a los temibles Merkava para una invasión que se llevará vidas y misérrimas haciendas. Los tanques han entrado ya muchas veces y han destruido todo lo que se ha puesto en su camino. Pero es igual, los palestinos seguirán lanzando cohetes Quasam. Los mismos petardos a los que Israel responde con toda su potencia de fuego. Cuanto más tiempo estoy aquí, más me convenzo que los judíos no tienen miedo a los cohetes Quasam, a lo árabes o a la bomba nuclear iraní. Tienen miedo de ellos mismos. Creo que temen descubrir en lo que realmente se han convertido.


*Las fotos corresponden a los preparativos militares junto al paso de Eretz.

Paté de Garbanzos

Tienen que ser los garbanzos, el efecto humus, no puede ser de otra manera. Es la judía una sociedad gritona que vive en dos sitios: Jerusalén y el resto de Israel. Parece un partido de fútbol de altos vuelos. Al norte del país jardines naturales y playas, al sur playas y una sociedad liberal con música occidental. Son los contrasentidos de un estado en cuya capital, Jerusalén, si miras a sus balcones, descubrirás mucha basura y desorden. Es la demostración palpable del peso en la vida cotidiana de la ética y de la estética; del influjo de ambos principios y de sus consecuencias en nuestro devenir diario. Ver Jerusalén es contemplar que una legión de gatos se pasean a diario por los descubiertos contenedores de basura; acompañan a los viandantes por el centro de la Ciudad de Paz y buscan sobras para comer entre tanta mierda. Al lado, olor a orín y desperdicios, cristales rotos y plásticos, manchas en el suelo de todo tipo y cómo no, el pañalito del bebe con su caquita muy bien envuelta pero en el suelo. Podrían haber llamado a Jerusalén “la limpia”, seguro que los primeros pobladores, Saladino, los Romanos o los Templarios habrían tomado buena nota y esto sería otra cosa.

Tienen que ser los garbanzos o el efecto humus para que haya ciudadanos tan mugrientos en esta ciudad que quiere ser la capital absoluta del estado de Israel. Sorprende que en bares y restaurantes los servicios no estén muy sucios, pero la calle es la selva. Balcones y azoteas son un catálogo de inmundicias y muebles destrozados y polvorientos, motores de aire acondicionado y trapos y ropas de todo pelaje y colorido. Jerusalén, tan vieja y da sensación de ciudad inacabada, de escombrera polvorienta esculpida en piedra autóctona por la que patinas en cuanto caen cuatro gotas. Serán las obras públicas o la falta de efectivo en la municipalidad, pero lo cierto es que la basura te acompaña por cualquier lado en esta urbe cuyo centro está todo levantado para poner en marcha el tranvía. Miedo me da la cantidad de guarrería que podrán acaparar los raíles del convoy que estará más protegido cuando funcione que el tren blindado alemán del frente del este en la II Guerra Mundial. Las carreteras no le van a la zaga, los arcenes y bordillos vieron pasar la última maquina limpiadora en tiempos del segundo templo y un gran número de conductores tienen la fea costumbre de meter más de medio coche en los pasos de peatones. Da gusto ver al paisano o hablando por teléfono o con la música a todo volumen en el espacio para los viandantes ante la para nada sorprendida cara del municipal, que raja por el celular con su santa madre. Esto lo digo por lo de la Tierra Santa, claro.

Hay evidentemente diferencias muy claras entre la ética y la estética pero, también, es bien cierto que una cosa lleva a la otra y viceversa. Una sociedad que no muestra interés por sus calles y ciudades pone de manifiesto que lo cercano le excede. Quizá piensan que da lo mismo el como me reconozca con los míos o como me ven los de fuera. Es igual la suciedad y los escombros. Puede ser al fin y al cabo egoísmo. Es una muestra más de una gentes que se fijan en lo accesorio y que no discriminan. Paseamos entre la basura que tiramos en cualquier lado e ignoramos al resto. Somos los elegidos parecen imponer. Será por eso que Israel no ha dejado entrar en el país a Richard Falk, el relator de Derechos Humanos de Naciones Unidas por su comparación de los israelíes con los nazis en su trato a los palestinos. Serán los garbanzos, el efecto humus o la madre que los parió pero las últimas declaraciones de algunos políticos duelen en lo más profundo del corazón. Es el caso de Moshe Feigling, el ultraconservador miembro del Likud (Consolidación), partido que presidido por Bejanmin Netanyaju, dicen las encuestas ganará las próximas elecciones generales. Asegura tan destacado político que Hitler fue un genio y que los palestinos son inferiores. Es el caso de Avigdor Liberman, ex ministro con Ehud Olmert, que se dice dispuesto a ayudar, de inmediato, a todos los árabes israelíes que quieran renunciar a la ciudadanía israelí. Lo que ahora no cuenta es que está decidido a que esa renuncia no tenga que ser voluntaria y si obligatoria. Por último, es el caso de Tzipi Livni, la actual canciller israelí y líder de Kadima (Adelante), que en estos días afirmó que los árabe israelíes deberán irse al estado palestino cuando éste sea creado. Será el efecto humus o los garbanzos pero hay manifestaciones que por muy electorales que se adjetiven son incompresibles para un demócrata y cualquier ser humano.

Los balcones y fachadas de las ciudades denotan alegría o tristeza, organización, caos o pulcritud, pero también en las zonas árabes de la ciudad el moderno arabismo tiene que ver más bien poco con el urbanismo. La suciedad de sus calles y sus barrios, al margen de la injusticia que el ayuntamiento aplica a estas zonas, me demuestra que estas dos sociedades, el este y el oeste, son mezquinas y ciertamente enfermas de guerra y odio. En cierto modo viven como los faroles de Ramón Gómez de la Serna: en lo alto de la noche, en lo alto de la vida para si mismos. Hubiera disfrutado mi admirado periodista narrando las peripecias de una ciudad tan barroca en la suciedad. Fantaseando todas las fantasías posibles y apuntando entre gatos pulgosos y perfume a odio todas las realidades. Cruzando cuantas veces se pueda la carta del vano mundo. El mismo mundo que morirá de un apagón.

Y ahora para descanso de los lectores y vecinos me voy de vacaciones. Intentad la felicidad y haced el amor. Llorad, no os de vergüenza, con los villancicos y las pelis plastas. Quereos, por Dios, que ya hay suficiente odio en este perro mundo.

Fotografías: fachadas y balcones del centro comercial de Jerusalén

NECESITO UNA EXPLICACIÓN


Palestina en el paso de Rafah ¿No es esta la cara de la felicidad?

La felicidad no es cosa de risa, sin embargo pasear, por ejemplo, por los rincones más escondidos de la destruida Gaza, es encontrar siempre una cara risueña. Pero ¿por qué son felices los palestinos? ¿De qué se ríen? Salieron de un régimen cleptocrático (Oscar dixit) para caer en manos de los radicales de Hamas. Cambiaron nacionalistas de bolsillos XXL por islamistas de amplios y duraderos rezos. Les canjearon un descontrol muy organizado por un control asfixiante y así les va. Claro que eso es dentro de la Franja de Gaza porque fuera está Israel y su ejército; los misiles lanzados desde aviones sin piloto, las patrulleras en la costa, el zeppelín y su ojo gran hermano sobre el cielo y los tanques Merkava que apoyando a los soldados de tierra cuando entran en Gaza hacen temblar a millón y medio de personas.


Siempre en Palestina con la V de la Victoria

Pero repito ¿por qué son felices los palestinos? Gaza se ha cubanizado gracias al apoyo inestimable de Israel y su bloqueo y Cisjordania es un territorio sembrado de mojones y controles policiales en sus carreteras. Los habitantes de la Franja se han inventado un combustible a base de aceite de freír y aguarrás; los vecinos de Hebrón acabaron por llevarse la peor parte en el desalojo de los colonos israelíes el pasado día 4. Mientras los colonos ultraconservadores fueron llevados en volandas y uno a uno por ejército y policía, los palestinos cobraron de lo lindo por el ejército y la policía a pesar de ser los sufridores de los colonos. En Sderot, lugar donde causan terror los misiles (así definen los israelíes a los artesanales cohetes Quasam) lanzados desde Gaza, el Instituto Cervantes va a programar un ciclo de cine en solidaridad con sus habitantes; en Belén, Ramala, Hebrón y en un sinfín de poblaciones palestinas cisjordanos donde el ejercito de Israel campa por sus respetos y muere gente todos los meses, el Cervantes no se solidariza con palestino alguno ¿Por qué son felices los palestinos? ¿Por qué, como decía Cervantes, cada uno es artífice de su ventura? No lo se. Ellos dicen que celebran día a día sesenta años de resistencia; sesenta años de triunfo sobre los escombros, creo yo.


Más felicidad y victoria en Gaza

Por tanto ¿de qué se ríen los palestinos? Pero si están rodeados. Si no es por Israel es por sus mandatarios o sus dirigentes religiosos. En Gaza los derechos de las mujeres han retrocedido dramáticamente desde la llegada del Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas). En Cisjordania no hay día sin detenciones. Claro que ahora van ha ser liberados 230 de los más de 11.000 palestinos detenidos en cárceles de Israel. Es la pescadilla que se muerde la cola. Hoy detenemos a unos cuantos y los liberamos pasado mañana como gesto de buena voluntad con el presidente palestino, Mahmud Abbas. Un personaje que se ha marchado los últimos días a la Meca a rezar y que ha hecho que la liberación de los presos se retrase hasta que no se haga las correspondientes fotos en tal acontecimiento.


¿Se puede ser feliz con este panorama en Belén?

No lo entiendo creedme ¿por qué son felices los palestinos? Con la cantidad de dinero que entra en los territorios de las organizaciones internacionales y de los países donantes ya va siendo hora que se empiecen a ver los resultados. Pues no, las carreteras, las escuelas, la sanidad y los servicios siguen siendo un desastre. Lo de las carreteras es muy curioso. O bien circulan por ellas los desastrados vehículos palestinos o grandes cuatro por cuatro con ampulosas letras en negro. Da gusto por la mañana Jerusalén. Sus calles están atestadas de potentes coches blancos con la letras UN y que van a la compra o a llevar o recoger a los niños a los selectos colegios de la ciudad. Mola mucho un carro con letras de Naciones Unidas para ir el jueves por la noche a la disco en Belén o a los bares de la parte árabe de Jerusalén. Es muy cool.


Uno de más de los estorbos para entrar en Gaza. Eretz

Que alguien me lo explique por favor ¿Por-qué-son-felices-los-palestinos? En Gaza las milicias siguen disparando cohetes Quasam a sabiendas de que la respuesta de Israel no discrimina civiles o milicianos, en el sur el contrabando desde Egipto encarece mucho más la cotidiana vida de los habitantes de la Franja cuyos hospitales ven morir gente a diario por falta de medicinas. Mientras tanto por los túneles entre Egipto y Gaza las drogas, las prostitutas y el lujo entran con la misma alegría y velocidad que los tanques por el norte de la Franja.


Paso de Rafh el día que cayo otro muro, el fronterizo con Egipto.

Respiró hondo, tenso sus manos y estiró los dedos mientras se colocaba el cuello de la corbata. Además, aprovechó sus eléctricos movimientos para mirar de reojo y saber cuantas cámaras le seguían. El maestro Baremboin había ocupado con elegancia su lugar ante el piano dando por finalizado el molesto murmullo que, normalmente, golpea en las paredes de los auditorios. El silencio de la sala, acabado el parloteo, solo era roto por los fumadores que con sus toses de salón al inicio de los conciertos, quizá muy políticos ellos, quieran advertir al resto de su presencia. Era un recital a beneficio de los niños palestinos, era un evento gratuito y el anfiteatro estaba prácticamente lleno. Lo curioso del caso es que el número de palestinos en el Centro de Cultura de la ciudad de Ramala era mínimo. Diplomáticos, cooperantes, periodistas y eso sí, un bebe del terreno que vaya funcioncita que nos dio…..

CAMELLEROS CON CONTADOR

Contenedor de basuras junto a las oficinas de prensa del gobierno israelí.

Soldados israelíes a la espera de entrar en Gaza.

Muro de seguridad entre Gaza e Israel. El humo del fondo es producto de un bombardeo judío.

Para mí que los taxistas de Jerusalén, al igual que los de Beirut como decía “El Negro” Fontanarrosa, han sido antes camelleros. Gobiernan estos modernos conductores de ganado sus coches en una ciudad, especialmente el centro, complicadísima para vehículos y peatones. Es un grupo duro en una ciudad dura; es un sector dividido: taxistas judíos/taxistas árabes para una urbe dividida. Mi taxista judío, por ejemplo, asegura sin sonrojo que todos los palestinos son terroristos (no consigo entender como se distinguen judíos y palestinos con solo mirarse a los ojos……. ¿quizá el odio?) y que si se le ocurre cruzar a Belén, previo paso por el control policial del muro de separación, le matarían de inmediato. Esto no puede ocurrir, ya que, los judíos tienen terminantemente prohibido cruzar ese nuevo muro de la vergüenza y entrar en territorio cisjordano ¿Qué pasa entonces? Aún a pesar de que íntimamente pienso que los palestinos estarían dispuestos a compartir patria con los judíos, pasa que los taxistas judíos solo pueden trabajar en territorio amigo. Pasa entonces que el arco clientelar se reduce por lo que la caza del turista/peregrino/extranjero se convierte en un deporte nacional donde la tajada que te quitan de la cartera, como te descuides, escuece de verdad; pero a ver quien entiende a estos que, aún sabiendo inglés te hablan en hebreo cerrado y casi clásico por si eres versado en el complicado idioma.

Los árabes no se quedan a la zaga. Hace unos días una tranquila familia de peregrinos de Teruel se lió a golpes con toda una fila de taxistas palestinos en uno de los puntos de mayor concentración turística de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Por lo visto les querían chulear y además al cabeza de familia le llamaron ivien sharmuta (hijo de puta). El era no muy alto pero si fibroso y sacudía sin grito alguno que daba gusto; su señora, más aguerrida, repartía puñetazos a mansalva entre los improperios de aquellos que no están acostumbrados a que una mujer se les rebele. Otros tres miembros del citado clan se encargaban del marcaje y estorbo a los que se acercaban. Vamos que los del volante cobraron de lo lindo. Yo, que he padecido al gremio del taxi en algunos países de Oriente Medio me puse a cien y hasta me dieron ganas de cantar lo de “zoy epañol, epañol, epañol” pero con la policía allí y con esa cara de mal ganao que tiene los maderos de la Ciudad Vieja cualquiera.

Sirva pues de advertencia, amigo peregrino, que diría el maestro Remesal, si te has de montar en un taxi. Que no te la metan con la escusa de que es Shabat (descanso judío) o que el destino está muy cerca y no les es rentable la carrera. Además y como eres de fuera la policía, si les presentas reclamación, es posible que te hagan el mismo caso que Falete a su antiguo novio.

Comisaría de Hamas destruida por un misil israelí


Entierro de un bebe tras un bombardeo de Israel en Gaza.

Dicho lo cual es muy cierto que habitar por estos lares hará cuando te marches que no recuerdes con quien has vivido o reído, pero nunca se te olvidará con quien has llorado; porque aquí se acaba llorando de rabia. Si no es por los taxistas o los gigantescos contenedores de basuras que trasmiten un hedor insoportable en todo el centro de la ciudad es por verte diferente. Estúpido por soñar que el muro de Cisjordania caerá y desaparecerán los controles policiales de las carreteras palestinas. Raro, por no entender que pasa con los palestinos; extraño por adivinar que la gran operación militar se acerca a Gaza de forma inexorable; absurdo por pensar que la paz es posible y que los acuerdos de Oslo algún día se cumplirán. Ridículo por creer que los palestinos mudarán la mandíbula de cristal y se harán fuertes ante los fundamentalismos en Gaza o los colonos en Hebrón. Y grotesco por leer, sin asombro alguno, que un año después de los acuerdos de Annapolis han muerto a manos del ejército de Israel 523 palestinos, 87 de ellos menores de edad. Más de 2.100 han resultado heridos, los asentamientos han seguido extendiéndose y el gobierno israelí no ha abierto ninguna de las diez instituciones palestinas que cerró en 2001.

¿Pero no ha llegado el momento de que judíos y palestinos tengan unos buenos taxistas?

Miguel Molleda


Miguel Molleda Rábago es el corresponsal de Radio Nacional en Jerusalén. Periodista de amplia trayectoria profesional en Radio Nacional de España, donde ingresó por oposición en 1986, se ha especializado en relaciones internacionales y ha informado para la radio pública de los principales acontecimientos ocurridos en las postrimerías del siglo pasado y comienzos del siglo 21. Después de un breve periodo de corresponsal en Bruselas fue enviado especial en Rumanía tras la caída del Muro de Berlín. Informó desde Bucarest de la desaparición del régimen de Ceaucescu y las transformaciones que siguieron en Europa Central y Oriental.
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