GAZA + HORROR = FANATISMO
Yabalia, sus gentes y escombros después de 23 días de bombardeos
En la Franja de Gaza más que ganarse una guerra se ha conquistado un cementerio que diría el Capitán Alegría. Se ha redestrozado a un pueblo y se ha humillado aún más a sus gentes. Lo perimetral de la ocupación israelí en Gaza ha dado paso al pisoteo de los más elementales derechos de las personas. Hay paz dicen, pero las patrulleras de la armada disparaban este jueves pasado contra los pescadores en la playa de Gaza. El día antes, habían matado “preventivamente” a dos hombres del mar que, entre otros muchos, desde hace años, no pueden salir a faenar por el control de seguridad de la Armada israelí.
La ruta de los horrores o un paseo por las tinieblas. Se puede elegir el camino por el que recorrer la Franja y siempre nos encontraremos con lo mismo: destrucción y muertos, polvo y casas en ruinas. Cementerios en los que se trabaja con excavadora, chabolas y cascotes; limoneros y olivos pisoteados y destrozados por los buldózer y los Merkava -que contrasentido en hebreo significa carro de lujo tirado por caballos- hambre para los próximos años y rabia enquistada en los genes de las mil próximas generaciones de palestinos. La electricidad va y viene, hay un porcentaje altísimo de viviendas sin agua y la depuración de las residuales no funciona. Las escuelas abren por fin sus puertas este sábado. Muchas de ellas, gestionadas por Naciones Unidas, han servido de refugio a miles de personas durante los bombardeos, algunos de los cuales no han respetado las siglas de la ONU. En Gaza la tragedia no abandona. Al silencio de las bombas de Israel le ha seguido el ahogado grito de los represaliados. Ahora son los nacionalistas de Al Fatha los que acusan a Hamas de matarlos acusándolos de espías y de servidores del sionismo. Como si no hubiese suficiente dolor.
Pero Gaza esta dispuesta a sobrevivir por encima de cualquier cosa o cualquier situación. Beit Lahia, Yabalia o Beit Hanoun, en el norte, parecen la Zona Cero. Los puntos más cercanos a la valla de seguridad son, efectivamente, un paseo por las tinieblas; Khan Yunis y Rafah, en el sur, son la ruta de los horrores. El ejército se ha cebado en la destrucción y no parece estar nada claro eso de respetar a los civiles y las monsergas fascistas de las Leyes de la Guerra. Y entre medias de ese horror: los niños.
Gustavo Martín Garzo escribía el domingo 18 de enero en El País que “la muerte o la mutilación de un niño es uno de esos límites que no se pueden cruzar sin que todo lo que hemos construido, nuestro mundo y nuestros valores, se derrumbe como un castillo de naipes”. En el hospital de Shifa, en Gaza, entraba en la mañana de este viernes un muchacho de doce años. Llevaba los intestinos fuera literalmente y media cara destrozaba por la metralla. Falleció al poco de ingresar. Su delito había sido ayudar a desescombrar su casa destrozada por un bombardeo. Un proyectil latente explosionó cuando trabajaba con su familia. Esto es lo que se llama tregua o alto el fuego. Estos muertos no son de esta guerra, no son victimas. Son eso, daños al entorno. No figurarán en las estadísticas y seguro que tampoco entrarán en el grupo a indemnizar por Hamas quien proclama la victoria ante Israel encima de miles de toneladas de escombros y muertos. Son civiles en su mayoría, muchos de los cuales murieron abrasados, según los médicos, por las bombas de fósforo. El cretinismo, la vía más directa al fanatismo, ya fue reconocido como enfermedad. Pocos comentarios hay que hacer.
Pero Gaza sobrevivirá. No sé cómo, pero lo hará. De estas tierras de Filisteos se marcharon también el jueves medio centenar de españoles con la inestimable ayuda del Consulado General de Jerusalén. Quieren paz y rehacer su vida, seguro que lo van a tener difícil. Al menos ya no vivirán en el centro penitenciario de Gaza, un lugar al que se asoma el mundo, estoy convencido, tapándose la nariz.
Los españoles después de días de espera abandonaban Gaza
El niño, con un tiro en la cabeza y el pescador, en muerte cerebral fueron atacados en tiempo de alto el fuego.



