3 posts de enero 2009

GAZA + HORROR = FANATISMO

Yabalia, sus gentes y escombros después de 23 días de bombardeos

En la Franja de Gaza más que ganarse una guerra se ha conquistado un cementerio que diría el Capitán Alegría. Se ha redestrozado a un pueblo y se ha humillado aún más a sus gentes. Lo perimetral de la ocupación israelí en Gaza ha dado paso al pisoteo de los más elementales derechos de las personas. Hay paz dicen, pero las patrulleras de la armada disparaban este jueves pasado contra los pescadores en la playa de Gaza. El día antes, habían matado “preventivamente” a dos hombres del mar que, entre otros muchos, desde hace años, no pueden salir a faenar por el control de seguridad de la Armada israelí.

La ruta de los horrores o un paseo por las tinieblas. Se puede elegir el camino por el que recorrer la Franja y siempre nos encontraremos con lo mismo: destrucción y muertos, polvo y casas en ruinas. Cementerios en los que se trabaja con excavadora, chabolas y cascotes; limoneros y olivos pisoteados y destrozados por los buldózer y los Merkava -que contrasentido en hebreo significa carro de lujo tirado por caballos- hambre para los próximos años y rabia enquistada en los genes de las mil próximas generaciones de palestinos. La electricidad va y viene, hay un porcentaje altísimo de viviendas sin agua y la depuración de las residuales no funciona. Las escuelas abren por fin sus puertas este sábado. Muchas de ellas, gestionadas por Naciones Unidas, han servido de refugio a miles de personas durante los bombardeos, algunos de los cuales no han respetado las siglas de la ONU. En Gaza la tragedia no abandona. Al silencio de las bombas de Israel le ha seguido el ahogado grito de los represaliados. Ahora son los nacionalistas de Al Fatha los que acusan a Hamas de matarlos acusándolos de espías y de servidores del sionismo. Como si no hubiese suficiente dolor.

Pero Gaza esta dispuesta a sobrevivir por encima de cualquier cosa o cualquier situación. Beit Lahia, Yabalia o Beit Hanoun, en el norte, parecen la Zona Cero. Los puntos más cercanos a la valla de seguridad son, efectivamente, un paseo por las tinieblas; Khan Yunis y Rafah, en el sur, son la ruta de los horrores. El ejército se ha cebado en la destrucción y no parece estar nada claro eso de respetar a los civiles y las monsergas fascistas de las Leyes de la Guerra. Y entre medias de ese horror: los niños.

Gustavo Martín Garzo escribía el domingo 18 de enero en El País que “la muerte o la mutilación de un niño es uno de esos límites que no se pueden cruzar sin que todo lo que hemos construido, nuestro mundo y nuestros valores, se derrumbe como un castillo de naipes”. En el hospital de Shifa, en Gaza, entraba en la mañana de este viernes un muchacho de doce años. Llevaba los intestinos fuera literalmente y media cara destrozaba por la metralla. Falleció al poco de ingresar. Su delito había sido ayudar a desescombrar su casa destrozada por un bombardeo. Un proyectil latente explosionó cuando trabajaba con su familia. Esto es lo que se llama tregua o alto el fuego. Estos muertos no son de esta guerra, no son victimas. Son eso, daños al entorno. No figurarán en las estadísticas y seguro que tampoco entrarán en el grupo a indemnizar por Hamas quien proclama la victoria ante Israel encima de miles de toneladas de escombros y muertos. Son civiles en su mayoría, muchos de los cuales murieron abrasados, según los médicos, por las bombas de fósforo. El cretinismo, la vía más directa al fanatismo, ya fue reconocido como enfermedad. Pocos comentarios hay que hacer.

Pero Gaza sobrevivirá. No sé cómo, pero lo hará. De estas tierras de Filisteos se marcharon también el jueves medio centenar de españoles con la inestimable ayuda del Consulado General de Jerusalén. Quieren paz y rehacer su vida, seguro que lo van a tener difícil. Al menos ya no vivirán en el centro penitenciario de Gaza, un lugar al que se asoma el mundo, estoy convencido, tapándose la nariz.

Los españoles después de días de espera abandonaban Gaza

El niño, con un tiro en la cabeza y el pescador, en muerte cerebral fueron atacados en tiempo de alto el fuego.

GAZA O EL ARTE DE LA DIPLOMACIA. VERGONZOSO


Bajo el humo de los bombardeos están Gaza y sus habitantes.

Inocentes o no inocentes sus vidas valen todas lo mismo. No soy quien para decidir quien es el bueno y quien el malo, pero se quien empezó todo y que la ocupación por Israel de los territorios palestinos es el detonante de esta matanza. Me siento raro y extraño en Jerusalén o en la frontera de Gaza tras veintiún días de ofensiva. Esta carnicería duele, tiene que doler en lo más profundo del corazón de cualquier persona. Una encuesta de un periódico israelí dice que más del 90% de la población de este país está de acuerdo con la escabechina. Van más de 1.130 muertos y más de 4.800 heridos ¿Cómo se puede estar a favor de la muerte y de la destrucción?

Quiero pensar que ese porcentaje no sabe o no entera. Que la retórica les afecta y no se lo plantean. Simplemente. Que hacen demasiado caso a la información sesgada y sectaria. Que no se fijan en lo que está pasando porque no les interesa. Así de claro. Que el discurso es farragoso y la monserga se la trae al pairo. Que no saben quienes son los palestinos. Que la facundia se repite y que los muertos son todos terroristas. Que es mejor que mueran ahora mil que después cinco mil en atentados islamistas. Que lanzan misiles por cohetes y que son ocho años de ataques sin piedad de esos mierderos perdularios palestinos. Que hay miles de victimas por los Quasam y que desde que Israel se marcho de Gaza no han dejado de atacar a los pobres vecinos de Skelon o Sderot. Esto es lo que algunos, muchos, israelíes me han dicho. Es lo que escucho a diario en los medios informativos; lo que leo en periódicos y webs. Directamente. Sin rubor. Así de simple.

Decía lo de la retórica y el mensaje porque muchos de los defensores de Israel adoptan ese concepto tan manido de que repitiendo mil veces una mentira se convierte en verdad. Oigo en la radio a representantes del estado judío e insisten en lo de siempre: los misiles palestinos, las victimas de los atentados y dale y dale…..Shlomo Ben Ami, un intelectual y al que considero un hombre de paz, hablaba el otro día en el programa de Juan Ramón Lucas y calcaba los mismos argumentos. Más clarito era el Premio Nobel de la Paz y presidente de Israel, Simon Peres. Decía en la visita a una base militar que Israel había matado a muchos milicianos. Se le olvidaba un pequeño detalle al tan laureado presidente: los muchos muertos como consecuencia de los ataques de su ejército y que engordan la macabra lista de victimas en su mayoría mujeres, niños y ancianos.

Lo que la propaganda parece haber olvidado, repito, es que el problema viene de la ocupación; que Hamas fue apoyado por Israel para dividir a los palestinos en los tiempos de el Rais Arafat y que cuando abandonaron Gaza la clausuraron por tierra, mar y aire ¿De que se quejan en Israel? ¡Si les han encerrado! Si salen por el mar la patrullera los destroza, por los pasos no pueden y por el sur Egipto cierra Rafah a sangre y fuego. La solución está, quizá, en que los palestinos aprendan a volar con sus manitas, claro que a buen seguro los aviones sin piloto los derribarían como pajarillos. Gaza, la mayor cárcel del mundo va camino de ser el mayor cementerio del mundo si los artistas de la diplomacia no lo solucionan.

Los hechos y los miedos (II)


Así se ven las bombas de Israel contra Gaza en el octavo día de la ofensiva.


Cohetes palestinos sobre la ciudad israelí de Sderot

Miguel Molleda


Miguel Molleda Rábago es el corresponsal de Radio Nacional en Jerusalén. Periodista de amplia trayectoria profesional en Radio Nacional de España, donde ingresó por oposición en 1986, se ha especializado en relaciones internacionales y ha informado para la radio pública de los principales acontecimientos ocurridos en las postrimerías del siglo pasado y comienzos del siglo 21. Después de un breve periodo de corresponsal en Bruselas fue enviado especial en Rumanía tras la caída del Muro de Berlín. Informó desde Bucarest de la desaparición del régimen de Ceaucescu y las transformaciones que siguieron en Europa Central y Oriental.
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