Toma el ministerio y corre
Bibi Netanyahu ya tiene su propio camarote de los Hermanos Marx. Lo ha conseguido y, además, esta mañana de miércoles negociaba con Hogar Judío -un partido de ultraderecha que agrupa a los colonos- su ingreso en un gobierno que parece una orgía política de todos contra todos y a dos vueltas. No me sorprende un ejecutivo de coalición con el Likud, Ysrael Beitenu, SHAS y Hogar Judío, lo que me extraña es que Avoda, el partido de inspiración socialista, los laboristas que hicieron el estado de Israel, el partido que implantó como sistema de trabajo el cooperativismo de los Kibutz, participe de este gallinero.
Son pocos los que ven futuro en este ejecutivo de ultraderecha que agrupa a partidos con planteamientos para con los palestinos que hacen palidecer a cualquier demócrata. Claro que los argumentos para relacionarse con los vecinos árabes hacen temblar de miedo a cualquiera. No sé qué pensarían los 1400 delegados laboristas que el martes por la tarde votaron a favor de coaligarse con Netanyahu, pero está claro que se les olvidaron las dificultades que pasaron, para bien o para mal, sus padres y abuelos para crear un estado como el de Israel. La escisión en este partido laborista de nuevo cuño se acerca de forma inexorable. La escandalera del congreso extraordinario que aprobó la coalición con el Likud pasará a los libros de historia del partido; Barak tampoco olvidará fácilmente los insultos que le dedicaron, pero, mudan los tiempos y nosotros con ellos, pareció pensar el todavía Ministro de Defensa y director de la ofensiva militar que acabó con la vida de 1400 personas entre diciembre y enero pasado en Gaza. La realidad pone de manifiesto que la deriva laborista y su permisividad con los asentamientos o el militarismo a ultranza, les ha pasado factura. ¿Se habrá preguntado Barak lo que pensarán aquellos votantes que entregaron su decente y humilde voto para combatir a aquellos a los que ahora se alía? Con su decisión, el líder laborista pervierte el sistema democrático, hunde un poco más a su partido y separa de la política a los excépticos que le apoyaron y que, según las encuestas, querían evitar a la ultraderecha en las pasadas elecciones.
Ya conté en el anterior post que en el variopinto gobierno que tiene que estar constituido antes del próximo 3 de abril estará, entre otros, Avigdor Lieberman, el líder de Yisrael Beitenu, un personaje que ocupará la cartera de Exteriores y del que Egipto, a consecuencia de sus desprecios y comentarios racistas, dice que no dejará entrar en su territorio. Habrá que ver si este nuevo gobierno obliga a los árabe/israelíes a jurar lealtad al estado tal y como propugna Lieberman ¿Si no, qué? ¿Van a expulsar del país al 20% de la población? Los interrogantes son muchos y habrá que ver quién será el encargado de responder en este gobierno que aún debe designar a su número dos. Más alucinante sería que fuera Barak ese vice primer ministro. De momento, él y sus correligionarios dispondrán de cinco carteras ministeriales, incluida la de Defensa.
El laborismo, incapaz de aglutinar al centro y a la izquierda en Israel -quizá por su belicismo y deriva desde hace años a posturas conservadoras-, no tendrá ocasión de refundarse. La ocasión de actuar como un partido de oposición con ideas propias para combatir a los ultras, sean del sector que sean, la han perdido al unirse, precisamente, a los que tienen que combatir. Barak aseguraba que “quieren ser el contrapeso”, los que den cordura y sensatez a un ejecutivo con partidos que enseñan los dientes a los árabes en cuanto pueden. Mucho me temo que la vaguedad del acuerdo Likud-Avoda en asuntos como asentamientos, negociaciones con la Autoridad Nacional Palestina o respeto a los acuerdos internacionales se van a quedar en papel mojado.
Si ante los ojos de la comunidad internacional, especialmente Estados Unidos, Netanyahu quería presentar este guirigay como un gobierno de corte liberal sin dependencia de la ultraderecha, no lo está consiguiendo por mucho coche oficial que ofrezca a Barak.



