1 posts de abril 2009

GENEROSIDAD INCONTROLADA

Pueden decir el mundo y los políticos lo que quieran, reunirse cuantas veces lo deseen, agrupar donantes y poner miles y miles de euros pero yo, particularmente, no veo solución a corto, medio o largo plazo al conflicto entre Israel y los palestinos. Lo tiene muy claro Ramón Lobo cuando señala en El País que “la política internacional es una compleja madeja que no obedece a cómodos plazos electorales de cuatro años. A veces, mirar hacia otro lado mata, es obsceno, y a la larga resulta demasiado caro desde el punto de vista político”. No estoy de acuerdo con el final de la frase, por razones obvias para esta región. Aquí, desde el punto de vista político israelí, los muertos dan votos; la violencia, prestigio y la mano dura, gobiernos.

En el tiempo en que los palestinos entierran a sus muertos por la represión de Israel, Occidente lava su conciencia con dinero. Hemos transformado la cooperación y sus presupuestos en detergente mientras Israel consuma su proceso para judaizar a los palestinos. Poco a poco los están convirtiendo en invisibles en su propia tierra. Israel destruye con sus tanques, aviones y excavadoras muchas de las cosas que se construyen con nuestro fondos de cooperación para Gaza o Cisjordania. El mundo, aparentemente escandalizado, pone el dinero y los proyectos, Israel parece dar las coordenadas de lo que hay que recomponer; la cooperación cae en la trampa y aplica su esfuerzo para algo que debería ser tarea de los ocupantes y a la par de los destructores.


No acabo de comprender donde se queda tanto dinero como invierte Europa en Gaza o Cisjordania. Tiene que haber algún listo o lista que se beneficie de tanta generosidad incontrolada. Ramala, capital Fatah, es una ciudad horriblemente organizada, sin transporte público, con escuelas y centros médicos deficientes, sin un ayuntamiento coordinado y con una seguridad ciudadana de cuya policía me fío más bien poco. Gaza, capital Hamas, es tierra devastada mil veces por las bombas de Israel. Muchos edificios de ONG u oficinas o centros de distribución de ayuda están arrasados, incluidos los almacenes de alimentos de Naciones Unidas. Los islamistas gobiernan sobre los escombros y los cementerios y resisten al bloqueo a través de los túneles a los que parasitan con impuestos.

En zona nacionalista el dinero llega a espuertas, ministro de Exteriores que aterriza en la zona tira de cartera. Los palestinos también se encargan de poner proyectos sobre la mesa cuyo precio, qué casualidad, se acerca muy mucho al desembolso que el político tenía previsto. En Hamastán, como son los malos, ni calderilla. Hay que castigar a la población por haber votado a los perdularios. El extranjero ministro o alto cargo que por allí circula llega apenado y para ver, contar y por supuesto no compartir, el drama palestino. A esto se le suma el síndrome de los cuatro portazos es decir, la subida de adrenalina que otorga salir del coche oficial ante la prensa (Paco Cantalapiedra dixit…). Qué placer poner cara de preocupación e interés mientras se escucha él raca raca de las cámaras de fotos y el portazo del chófer, después los de los dos escoltas y finalmente el del propio político que, zapato de tafilete a tierra, se besaría, si le dejara el tufo de las calles, con las escasas farolas que alumbran Gaza. No llevamos dinero pero nos hacemos acompañar de mucha prensa a la que adornamos con chalecos antibalas y cascos de kevlar; si los periodistas vienen desde Bruselas, mejor -luego mandan la correspondiente foto a su madre o pareja vestidos de aguerridos reporteros y la familia da por bien pagada la carrera del chico-. De vuelta, a su entender ya seguro, hablará de que Israel tiene derecho a la autodefensa y de la necesidad de un gobierno de unidad palestino tras unas nuevas elecciones que volverá a ganar Hamas. Tal y como están las cosas, quien de verdad está ayudando a todos aquellos que sufrieron más directamente la operación Plomo Fundido es Hamás, le pese a quien le pese.

La compasión mantiene abierta la herida pero la extrema generosidad tampoco la cura. ¿Se evalúa de verdad en los foros internacionales el trabajo de cooperación y el de los cooperantes en territorios como Gaza y Cisjordania?. Cooperamos, ¿para qué?. Tanto dinero, ¿dónde va?. ¿A quién ayudamos, a los palestinos, o les hacemos el trabajo a los ocupantes? Idénticas preguntas me formulo con el periodismo ante el poderoso estado de Israel y su trato para con todo aquel que no es judío. Al final, ¿sirve de algo nuestro trabajo?

Junto al también dañado Instituto Hispano Palestino de Educación había un orfanato que los tanques arrasaron en la ofensiva de diciembre y enero pasados. Estaba construido con la ayuda de la Agencia Española de Cooperación y apoyado por la Universidad de Barcelona. Sólo es un ejemplo

Miguel Molleda


Miguel Molleda Rábago es el corresponsal de Radio Nacional en Jerusalén. Periodista de amplia trayectoria profesional en Radio Nacional de España, donde ingresó por oposición en 1986, se ha especializado en relaciones internacionales y ha informado para la radio pública de los principales acontecimientos ocurridos en las postrimerías del siglo pasado y comienzos del siglo 21. Después de un breve periodo de corresponsal en Bruselas fue enviado especial en Rumanía tras la caída del Muro de Berlín. Informó desde Bucarest de la desaparición del régimen de Ceaucescu y las transformaciones que siguieron en Europa Central y Oriental.
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