Benedicto se fue y la nave va
Se marchó Benedicto XVI y todo sigue igual. Vino ¿para qué? Sus mensajes, ¿sirvieron para algo?. Me parece que no. ¿Tenía que lavarse la cara o dar la razón a los Rabinos?, ¿o era una cuestión personal por su pertenencia a las Hitlerjugend (Juventudes hitlerianas)?. No tengo ni idea, ya que, las interpretaciones de las palabras y movimientos de Benedicto XVI admiten múltiples variables. Tan es así que aún no me he recuperado de la impresión al ver aplaudir, cual locazas eurofans, a muchos de los periodistas que se trajo el Pontífice a su gira por Oriente Medio. Se asomaba el Papa desde la escalerilla del avión en al aeropuerto de Ammán cuando un grupo importante de esos periodistas aplaudían a rabiar a Benedicto XVI. No sé si era por la gracia con la que descendía de los cielos o por el gesto de llevar apretadas las canillas al aterrizar en territorio enemigo. Y todo eso, sin haber llegado a Israel, que era la parte más dura del periplo del Obispo de Roma y donde se preveía un combate de prima donnas entre curas y rabinos
Pues eso, llegó a Israel se metieron con él en la prensa, por la cosa de su parda infantoadolescencia, dio unas misas, calentó la oreja a los palestinos y se acordó de la madre del cordero que es el Muro de Separación. Entre medias y por bitajon-bitajon (seguridad), cabreó a más de medio Jerusalén. Desde los taxistas judíos a sus primos árabes pasando por los mangantes de las tiendas de la ciudad vieja y los turistas norteños que vienen a ver el Kotel (Muro de los Lamentos), todos se acordaron del Papa y de sus familiares. Quizá tanto despliegue policial pretendía eso precisamente, cabrear a los paisanos por la llegada del cristiano, pero lo cierto es que Benedicto XVI ha sido -con la excepción de la misas de Nazaret y Belén- muy difícil de ver para la feligresía. Pero se marchó sin haberse arrastrado por los suelos pidiendo perdón por ser alemán y haber conocido el régimen de Hitler (es lo que tiene el ser mayor). Ese régimen político en el que se pedía la documentación por la calle a cualquiera que fuera sospechoso; en el que se recluía en guetos con altos muros a los diferentes; en el que el racismo era la nota dominante y el que se encarcelaba a cualquiera durante meses sin acusación alguna. Un sistema, que utilizaba su potencia militar mientras el mundo miraba para otra parte o condenaba con timidez las baladronadas de aquel cabo chusquero y zumbado que alguna vez soñó un Reich de tres mil años.
Se marchó el Papa y todas aquellas intenciones de paz se esfumaron. Benjamín Netanyahu ya le ha dicho a Barak Obama, la semana pasada, que dos estados para dos pueblos ni hablar y el pasado día 21 -jornada que recuerda el glorioso día de la reunificación de Jerusalén- el primer ministro dejaba una perla para su pueblo y la comunidad internacional: "Jerusalén siempre ha sido y será nuestra". Completaba su discurso Netanyahu al asegurar que nunca ha habido tanta libertad de culto en Jerusalén como ahora. Me pregunto, ¿dónde vivirá este señor para opinar así? Quizá es que no conoce cuando en Navidad o Semana Santa se cierran a cal y canto los territorios y los cristianos no pueden ir a sus santos lugares. O cuando, un día sí y otro también, se cierran los accesos a la Explanada de las Mezquitas a los musulmanes mientras el ejército protege a los judíos que van a rezar al Muro. ¿Eso es libertad de culto?
Yo, de momento, me acuerdo de Avraham Burg, el ex presidente de la Knesset, el parlamento de Israel, que, al poco de dejar su cargo tras las últimas elecciones, profetizaba que “existe un riesgo potencial de un grave y sangriento conflicto entre judíos. Israel se dirige a un choque entre el concepto de democracia y el de teocracia judía”. ¿Quiere decir esto que si no tuvieran los judíos a los palestinos, la cera se la darían entre ellos? No sé pero lean el último mosqueo de muchos habitantes de Israel: una de las más altas instancias de la religión judía, el Consejo Religioso, ha decidido dirigirse a los futuros matrimonios con un folleto que es de obligado estudio para aquellos que antes de casarse tienen que asistir a clases preparatorias para el matrimonio.
El documento, no habla de reparto de responsabilidades y sí anima a los maridos a ayudar en las tareas domésticas. Conmina a la pareja a vivir sin estar cerca de la familia de la mujer y especialmente de las suegras, ya que dice el texto, "tienden a meterse en los asuntos de la pareja y pueden arruinar una relación". Tan clarividente folleto explica que el marido nunca debe ser débil ante su mujer: "si ella es irrespetuosa, el marido debe demostrar su enfado y no dirigirle la palabra hasta que ella recapacite". Además, en otra sección, dice que la mujer se parece a la arcilla y es el marido el que debe moldearla para que mejor le complazca, ya que está en la naturaleza de la mujer ayudar al marido.
Los consejos de los religiosos, también dirigidos a los seglares, afirman que el hombre debe comprar regalos a su mujer y nunca criticar su cocina. Debe el hombre, además, felicitar diariamente a la mujer hasta en cinco ocasiones, aunque sea mentira.
“Jerusalén no será dividida de nuevo” dice el pie de la foto que es precisamente la imagen de la división el día en que los judíos festejan la conquista de la ciudad durante la Guerra de los Seis Días.
Foto de portada del periódico Jerusalem Post publicada el día 22 de mayo de 2009. El autor es Bernat Armangue/AP



