1 posts de mayo 2010

CUENTO CHINO EN GAZA

Poca ayuda necesitan los habitantes de Gaza para matarse o morirse. Ya no les hacen falta ni los bombardeos de Israel, ni la ausencia de medicamentos en los hospitales. Ahora se matan con los generadores de electricidad “Made in China” que entran desde Egipto por los túneles de Rafah. Según los datos facilitados por la ONG Oxfan, en el último año y medio, estos pequeños grupos electrógenos de ínfima calidad han provocado cien muertos. Incendios y asfixias han sido las principales causas de muerte con estos aparatos que ocasionan accidentes domésticos y que los habitantes de la Franja utilizan para conseguir electricidad, para iluminar, cocinar o alimentar los frigoríficos domésticos. Niños y mujeres han sido mayoritariamente las víctimas de estos generadores, aparentemente inofensivos, que los egipcios introducen por miles en Gaza aprovechando la crisis y el bloqueo que impone Israel a la Franja.

La falta de electricidad se ha demostrado como uno de las principales dificultades para la vida diaria de los gazatíes. Cuando Israel dispone, el suministro de combustible para la estación trasformadora de electricidad no llega. El lanzamiento de un cohete Kassam o un disturbio, cerca del paso fronterizo de Nahal Oz ocasiona el corte del suministro que, si bien a diario es escaso, en esas ocasiones, es nulo. No disponer de electricidad en Gaza es sinónimo de frío en invierno, abrasivo calor entre abril y octubre y aguas residuales sin reciclar que inundan e inutilizan depuradoras; es sinónimo, igualmente, de ausencia de operaciones quirúrgicas en los hospitales o de que en muchas escuelas no se pueda ofrecer una educación normal. Es por ello por los que los cubanizados habitantes de Gaza se buscan la vida como pueden. Hace unos meses crearon un combustible con aguarrás y aceite de freír que, si bien permite a los coches circular, su combustión produce un olor de todo punto desagradable.

Se buscan la vida sí, pero estando en ello también la pierden. Por su culpa, o por la de otros. Cuando los milicianos de Hamás derribaron la frontera de Rafah, en enero de 2008, los primeros lugares a los que fueron los que pasaron desde Gaza a Egipto, fue a las gasolineras. A muchos de ellos les llenaron las garrafas para el combustible con mitad gasolina mitad agua. A otros y por ignorancia, les daban el cambio de las compras con billetes del Monopoly. Fueron tres días en los que los listos no dieron abasto. Se vendieron cientos de motocicletas chinas para muchos jóvenes de la Franja que pocas semanas después estaban destrozadas por la escasa calidad de sus componentes; vamos, algo similar a lo de estos pequeños grupos electrógenos que combustionan mal y matan silenciosamente por la emisión de gases. El año pasado murieron 87 personas entre incendios y asfixias. Otras 23 han muerto en los cuatro primeros meses de este año por idénticas cuestiones.

Así las cosas, Gaza y sus habitantes padecen no sólo la ocupación y bloqueo perimetral de Israel, también padecen la voracidad de sus vecinos que ven en la desgracia de Gaza un elemento para enriquecerse. Cuando en enero de 2009, tras la operación Plomo Fundido, intentaba junto a otros compañeros de la prensa entrar en Gaza a través del paso de Rafah pude ver como un hombre juraba por sus muertos a los vigilantes de la frontera que necesitaba entrar en Gaza para llevar alimentos y medicinas a unos familiares. Junto a él, numerosos bultos que eran custodiados por varios jóvenes. La situación de la Franja era dramática. Habían sido 1400 los muertos palestinos, la mayoría civiles, por los bombardeos de Israel. En la Franja faltaba de todo y él quería entrar, no para llevar medicinas, los bultos eran repuestos de moto para motos chinas.


Gazatíes comprando combustible en Rafah


Motos chinas a Gaza. Aquel día y al precio de 700 dólares entraron cientos de ellas.

Aquí los medicamentosos recambios.-Fotos Forjas

Miguel Molleda


Miguel Molleda Rábago es el corresponsal de Radio Nacional en Jerusalén. Periodista de amplia trayectoria profesional en Radio Nacional de España, donde ingresó por oposición en 1986, se ha especializado en relaciones internacionales y ha informado para la radio pública de los principales acontecimientos ocurridos en las postrimerías del siglo pasado y comienzos del siglo 21. Después de un breve periodo de corresponsal en Bruselas fue enviado especial en Rumanía tras la caída del Muro de Berlín. Informó desde Bucarest de la desaparición del régimen de Ceaucescu y las transformaciones que siguieron en Europa Central y Oriental.
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