2 posts de febrero 2011

Todos eran sus hijos

Mubarak se ha borrado de Egipto y el pueblo se ha echado a la calle. Miles de personas, muchas de ellas afónicas de exigir libertad, han deambulado por todo el país durante 18 días hasta que el héroe del 73 ha decidido dejar de salvar a sus hijos. Cuando el jueves por la noche Mubarak lanzaba su mensaje por la televisión veía en su cara el rictus de la soberbia y la mirada turbia. Me preguntaba: ¿en que estará pensando cuando se dirige a su pueblo llamándoles hijos? ¿Hijos de qué? ¿Hijos de quién?

Aún me parece pronto para pensar que los egipcios han conquistado la libertad y es que no me fío de su ejército. Muy mal tienen que estar las cosas para que sean los que mandan en los tanques los salvadores de la patria. La filosofía del padrecito se ha enquistado en la sociedad y no son precisamente los militares los más dispuestos a trasmitir libertad y democracia. Los mandos del ejército, además, pertenecen a la élite del país. Han estudiado en las escuelas militares de inspiración estadounidense mientras sus efectivos, alistados obligatoriamente, ven en sus años de milicia y según su formación académica, la posibilidad de comer tres veces al día. Pero decía que no me fío de los militares, además, porque creo que son los que le han preparado la fuga al ya ex presidente y son los que van a marcar el tempo de las reformas. Ya han dicho que respetarán los acuerdos internacionales, es decir, el acuerdo de Paz con Israel de 1979, pero ¿cómo actuarán con los palestinos de Gaza? ¿Serán tan tiranos con ellos como lo ha sido Mubarak? En Gaza se celebró la caída del presidente y se pidió el levantamiento del bloqueo mientras en Israel la preocupación es más que evidente; de hecho ya se ha ordenado la aceleración en los trabajos del muro fronterizo que se construye con Egipto y en el que se gastarán 1.200 millones de euros en sus 200 km. de extensión. Inmigración ilegal y contrabando de armas es la excusa para levantar un muro más para aislarse de las complicaciones externas.

Pero volvamos a los egipcios que desde la tarde noche del viernes sueñan con un país diferente pero que habrán de aguantar a los residuos de la autocracia ejercida por Mubarak. Egipto en sus treinta años de gobierno se ha montado para él y sus acólitos. Bancos, empresas, cargos públicos, turismo… Todo, absolutamente todo, se ha hecho para beneficio del ya ex presidente. También el ejército, por supuesto. Los partidos políticos que han sobrevivido a treinta años de dictadura se han adocenado y han permitido sin abrir la boca los abusos contra el pueblo. Es por eso por lo que Egipto necesita un cambio radical de las estructuras políticas y sociales. Así que entre los estómagos agradecidos del régimen, que aún mandan en Egipto, los políticos de medio pelo y una oposición sin un horizonte claro, los egipcios lo tienen bastante complicado. Tampoco me puedo olvidar del amigo americano. Acertado estuvo Obama al lanzar desde Egipto su mensaje al mundo árabe al principio de su mandato. Se abrazó con Mubarak de la misma manera que sus antecesores hicieron lo propio con Marcos en Filipinas y Noriega en Panamá. Tan acertado estuvo desde la Universidad de El Cairo que de lo prometido por Obama no ha habido nada. Ni tan siquiera su amistad, ya que, cuando tuvo que renegar del presidente lo hizo sin complejo alguno y sin darle las gracias por los servicios prestados. Y es que este mundo, aunque te lleves en la faja 40.000 millones de euros, que es la fortuna estimada de Mubarak y su familia está lleno de desagradecidos. En este caso ochenta y dos millones de habitantes. Qué pena y que causalidad, sólo Israel y Berlusconi han salido en defensa del dictador que a estas horas ya está en lugar seguro.

Foto Forjas.-

EGIPTO PATRIA DE LA ESPERANZA

Cuando tu material de trabajo es tu salvaguarda la cosa va bien. Muchas veces un micrófono o las cámaras, exhibidas con desparpajo, te abren puertas y controles policiales y militares. No es el caso estos días en El Cairo donde si te adivinan periodista te llevas en algunas partes de la ciudad un par de guantazos, te requisan o roban el material y te chulean el pasaporte. Aquí lo mismo te piden tus credenciales un niñato armado con un palo o una serdañí de 30 muelles o un fulano mal encarado y vestido de medio militar con alpargatas. Mientras tanto en la Plaza de Tahrir las gargantas muestran la esperanza de centenares de miles de personas a los que les han hurtado treinta años de libertad. Casi media vida. La plaza sigue siendo el lugar donde Egipto puede reescribir su historia con el permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide. Digo lo de la autoridad porque Estados Unidos ya dirige la operación recambio y digo tiempo porque éste corre en contra del pueblo. Da miedo pensar lo que puede ocurrir si Mubarak o sus acólitos se mantienen en el poder con los recursos policiales y militares que posibilita la presidencia. La represión puede ser sangrienta y nunca sabremos cuántos presos siguen en las cárceles ni quienes han sido los que han salido a las calles a repartir caos. Aquí parece saberlo todo el mundo y se apunta a los servicios secretos como los incontrolados que la noche del viernes dispararon sus pistolas contra los manifestantes de Tahrir.

Así como están las cosas la transición egipcia puede ser movida y peligrosa. Sacar del poder a los estómagos agradecidos del régimen será muy duro, lento y peligroso y las reformas democráticas beneficiarán, sin duda, a los que durante años han estrangulado las libertades. Pero mi duda y la de muchos ciudadanos de Egipto sigue estando en conocer el despacho donde se firmará el futuro de este país. Egipto, no se puede olvidar, controla el canal de Suez. Es uno de los pasos marítimos más transitados del mundo y por el que navegan miles de superpetroleros desde el Golfo hacia el Mediterráneo. Con el crudo al alza y siendo como es el país árabe más poblado del mundo siempre ha ejercido una especial influencia en la región. Mubarak, aliado indiscutible de Estados Unidos e Israel, ha ejercido de carcelero para con los palestinos de Gaza en el Sur , pero por cosas de las corruptelas políticas, las autoridades egipcias hacen muy mucho la vista gorda con el contrabando que entra a Gaza desde por los túneles que comunican la Franja y Egipto.

Sea como sea este país está pletórico. Jóvenes menores de treinta años que no han vivido en libertad se ven como protagonistas de su historia. Se sienten los autores intelectuales y personales de un sueño que toma cuerpo: un país plenamente democrático con un gobierno elegido por todo el pueblo. Mientras escucho los gritos de la multitud veo como Tahir empieza a tener vida propia y son ya muchas las tiendas de campaña que se han instalado para resistir y seguir solicitando que Mubarak se vaya. Fuera de la plaza siguen campando algunos perdularios y maleantes que de vez en cuando tiran piedras contra los acampados. Otean por las esquinas si hay occidentales y periodistas a los que identificar. Gentuza que intenta manchar una revolución en la que la prensa se ha dado, así misma, mucha relevancia. Dicen o han dicho siempre los maestros de esta profesión que el periodista nunca es noticia y yo me planteo si en esta crisis no nos hemos mirado demasiado el ombligo. Esta reflexión es eso simplemente un elemento de debate. Espero opiniones.

-Una cosa más sobre el contrasentido de muchas cosas de la vida. La palabra mubarak significa bendición. Hay que.............

Miguel Molleda


Miguel Molleda Rábago es el corresponsal de Radio Nacional en Jerusalén. Periodista de amplia trayectoria profesional en Radio Nacional de España, donde ingresó por oposición en 1986, se ha especializado en relaciones internacionales y ha informado para la radio pública de los principales acontecimientos ocurridos en las postrimerías del siglo pasado y comienzos del siglo 21. Después de un breve periodo de corresponsal en Bruselas fue enviado especial en Rumanía tras la caída del Muro de Berlín. Informó desde Bucarest de la desaparición del régimen de Ceaucescu y las transformaciones que siguieron en Europa Central y Oriental.
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