2 posts de diciembre 2013

Siria: la guerra de todos nosotros

Siria ha superado los mil días de guerra y los muertos a causa del conflicto sobrepasan las cien mil personas, los refugiados y desplazados se cuentan por millones. Es la guerra más feroz del comienzo de siglo y la que pone al descubierto con toda crudeza los intereses mezquinos que la alimentan. Siria se desangra
De una revolución a una guerra civil y a una invasión. La revolución se torció, la guerra civil se desencadenó y la invasión se fomentó. Siria es una pieza clave en esto que se ha dado en llamar el complejo tablero de Oriente Medio. La destrucción de este país modificaría sobremanera otros complejos entramados en la región.
 
No es sólo la ceguera del régimen del presidente Bashar al Assad. Es también la ceguera voluntaria de las potencias que han tomado partido atizándola como se ha visto en pocos conflictos hasta convertir al país árabe en los que es hoy: un infierno. Esa ceguera voluntaria ha posibilitado la invasión de Siria por la red criminal de Al Qaeda hasta tal punto que está en el trance de borrar del mapa a los grupos rebeldes que se levantaron contra Damasco. Quienes han apoyado y apoyan a estos grupos con armas y dinero son paradójicamente nuestros ricos aliados.
 
Hace un año, en mi última entrada sobre Siria, comparaba esta guerra con la  de la antigua Yugoslavia y lo ilustraba con imágenes del Réquiem por Vukovar. Me quedé corto. Hoy ya hay muchos Vukovar  en Siria. Sin embargo mantengo el final de aquella entrada: Como en Yugoslavia se aguardará a su autodestrucción. Réquiem por Siria, que sin embargo, será también nuestra propia guerra, cuando sus consecuencias se revuelvan contra nosotros.

Mandela

La muerte de Nelson Mandela ha sido una de esas noticias que ocupan todo el espacio y concitan una extraña unanimidad desde todos los vértices del poder global. En la blogosfera y en las redes sociales, en la prensa y los medios audiovisuales, en las declaraciones rimbombantes, el nombre de Mandela ha acaparado toda la atención y ha sido el tema predominante. Las reacciones se han sucedido desde todos los lugares del mundo. Gobiernos y líderes políticos han rivalizado en ensalzar la figura del ex-presidente surafricano. Sorprende sin embargo la escasa autocrítica de muchos países a la hora de un obituario no carente de hipocresía. Elecciones en Suráfrica de 1994

Desde esta región del mundo ese cinismo no ha sido escaso. La presidencia de Egipto, aupada al poder por el golpe militar del pasado 3 de julio, declaró 3 días de duelo nacional por la muerte  de Madiba. Pero fue incapaz de declarar ni uno solo tras la muerte de 900 egipcios, seguidores de los Hermanos Musulmanes, masacrados a mediados de agosto en la plaza cairota de Rabaa al-Adawiya. Masacre de Rabaa al-Adawiya

El gobierno de Israel se unió como todos al coro de países en la hagiografía de Mandela. Sin embargo las relaciones entre el fallecido líder surafricano y Tel Aviv no fueron buenas a causa de la ocupación de Palestina que Nelson Mandela condenó hasta sus últimos días. Mandela, que llamó al dirigente palestino Yasser Arafat "compañero de armas", no aceptó las repetidas invitaciones a visitar Israel hasta 1999, cuando pensaba que estaba cerca un acuerdo de paz que alumbraría la creación del estado palestino. No fue así.  Arafat y Madela

Nelson Mandela condenó en Estados Unidos la discriminación racista aún presente, la desigualdad económica y la injusticia social en el país de la Estatua de la Libertad. También criticó la "guerra contra el terror" de George Bush y denunció el asesinato ordenado por Barak Obama del líder yihadista Osama bin Laden sin someterle a juicio. Nunca criticó al ex-presidente cubano, Fidel Castro, ni al ejecutado presidente libio, Muammar Gadaffi. En la televisión estadounidense dijo: "Uno de los errores de los occidentales es pensar que sus enemigos deben ser nuestros enemigos." En Detroit, el emporio de la industria automovilística de Estados Unidos ahora en bancarrota, ensalzó la lucha de los sindicatos de trabajadores, cuando la moda hoy es tratar de destruirlos como se está haciendo con sus derechos.

Es bueno recordar la figura de un hombre como Nelson Mandela, símbolo de la dignidad humana, en el momento de su muerte. Así lo hizo también en estas horas su amigo el Arzobispo Emérito surafricano Desmond Tutu, que sin embargo no se olvidó de señalar las traicioneras lealtades de Mandela al final de sus días. Del mismo modo, muchos poderes mundiales y panegiristas de ocasión deberían ser mas prudentes en los adjetivos y menos oportunistas. De otro modo se puede pensar que en realidad sólo hablan de sí mismos con el pretexto del difunto.

Miguel Molleda


Miguel Molleda Rábago es el corresponsal de Radio Nacional en Jerusalén. Periodista de amplia trayectoria profesional en Radio Nacional de España, donde ingresó por oposición en 1986, se ha especializado en relaciones internacionales y ha informado para la radio pública de los principales acontecimientos ocurridos en las postrimerías del siglo pasado y comienzos del siglo 21. Después de un breve periodo de corresponsal en Bruselas fue enviado especial en Rumanía tras la caída del Muro de Berlín. Informó desde Bucarest de la desaparición del régimen de Ceaucescu y las transformaciones que siguieron en Europa Central y Oriental.
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