Fieras de Circo
El chiste carecerá de sentido. Roma nunca hubiera sido la misma sin leones. ¿Quién construiría un Coliseo sólo para acróbatas?
Corren otros tiempos: cuádrigas sustituidas por plaga de automóviles, el Circo Massimo hoy es una campiña. La sociedad evoluciona y las fieras no deben vivir enjauladas.
Dentro de poco, el Parlamento italiano aprobará la eliminación de espectáculos con animales. Ni un euro de subvención a circos con fieras. Algunos ayuntamientos ya disponen de una normativa que prohíbe bestias salvajes en los espectáculos circenses. Sólo los que prescindan de animales podrán tener acceso a subvenciones públicas en Italia. Cuando veo una corrida de toros, siempre espero el indulto de la bestia. Me dicen que ocurre. Nunca lo he visto. Tal vez dentro de 2.000 años también se prohíban los toros. Para entonces, ninguno de los defensores de la Fiesta Nacional podrá alzar la voz. Tampoco ahora se han oído las quejas de Adriano, Nerón o Calígula.
Cada civilización busca prolongar sus características en los espectáculos. Los bravíos moradores del Imperio Romano adoraban las exhibiciones salvajes. Cuando la ley salga del Parlamento, el circo transalpino se convertirá en un lugar para la exhibición de payasos, trapecistas, acróbatas, funambulitas, escapistas... Vamos como la vida misma. Este chiste, entonces, no se entenderá.





