4 posts de septiembre 2009

El autobús no tiene quien lo guíe

La manzana prohibida es la más sabrosa. Pasado un tiempo, envenena. Un conductor de autobuses de Nápoles comió del árbol prohibido hasta empacharse y ahora paga las consecuencias.

Los usuarios vespertinos de una línea que une la ciudad con un barrio periférico llevaban tiempo quejándose del exiguo servicio que se les prestaba. Y se abrió una investigación.

Toda la jornada detrás de un volante tiene sus ventajas. El conductor, como usted, también es reo de un salario pero, por el contrario, ve pasar ante sus ojos toda una romería de gente variopinta, coches que serpentean en busca de ganar un centímetro en el atasco, edificios que cambian de altura y formas...

Harto de pasar por delante de su casa en horas de servicio decidió, un día, hacer una parada para cenar. Aparcó su autobús y se dio a la pitanza. Lo malo es que se convirtió en norma y cada día, al pasar junto a su casa, estacionaba su autobús para darse una panzada en horas de servicio. Cada tarde hacía un trayecto menos. En el subconsciente general no hay cuentas pero los pasajeros percibieron esa mínima falta al tener que esperar más de lo normal.

No ha hecho falta Sherlock Holmes para seguir la pista. Un autobús aparcado junto a una hilera de coches no pasa desapercibido ni para Rompetechos. La policía sorprendió al hombre en su domicilio dando gustosa cuenta de la cocina casera. Ahora está suspendido de empleo y sueldo. Al leer la noticia, he visto la cara imborrable de Alberto Sordi personificando el momento en que los agentesdescubren al hambriento conductor.

Las putas del fútbol

“Mamma, vedi la nuova maglietta!”. Imagino esa expresión al llegar a casa. Es la sorpresa candorosa de un adolescente que ve como su equipo de fútbol tiene nuevo sponsor al inicio de la temporada. Imagino a la protectora madre italiana, que preserva al cachorro de cualquier contagio perverso, cogiendo la camiseta y soltando un “Macché!”. Imagino a la mujer despavorida mientras sus manos extienden el trapo delante de unos ojos convertidos en saltones globos que huyen de las cuencas como afluentes desbocados en días de lluvia. La perplejidad es lo que tiene.

En un pequeño pueblo italiano, una entidad de fútbol ha conseguido la publicidad de un prostíbulo para los equipos inferiores. “Alibi” se lee en camisola. Y todos en el pueblo saben a qué se refiere. Los directivos de la Sanfiorese no piensan dar un paso atrás. “Con lo que cuesta encontrar un patrocinador en estos tiempos de crisis, como para que vengan implacables padres con escrúpulos”, deben pensar.

Además, apostillo yo, el fútbol siempre ha tenido un lenguaje erótico-putero: vaselina, penalti, chupón, mamada, mamón, penetración, meterla, hacerle la picha un lío, conforman el diccionario del hincha.

Estos jugadores que portan la indecencia tienen entre 14 y 16 años. Casi ninguno a esa edad se turba por semejante propaganda. Pero sí ha habido padres desquiciados. Han vetado a la escuadra como talibanes enfurecidos. No todos. Son muchos los que aceptan la situación. Pero a estos no se les oye. Su discreción los hace invisibles. Pasa siempre en la vida...¿Dejaríais a vuestros hijos jugar con esa camiseta?

No sé qué dirían esos padres susceptibles si vieran maniobrar así al camillero a la hora de retirar a su hijo...


En pericia, también hay grados...

Un día de hospital

“Siga la línea gris y tome el ascensor a la séptima planta”. Así empezó mi primer contacto con un hospital italiano. Tenía la hora concertada, pero al llegar a la consulta me piden el ticket sanitario ( afortunadamente lo tengo), la tarjeta azul ( ya empiezan los problemas), el carné del hospital ( se añaden contrariedades) y, posteriormente, el pase por caja para hacer efectivo el pago del servicio.

Antes de la consulta, primero he de ir a la planta 3 ,que está justo bajo la entrada de la calle. He dejado de hacer preguntas hace tiempo. Sí, sé que estáis pensando ¿eso quiere decir que la entrada está en la cuarta planta? Sí. No quise saber por qué. Sólo me guiaba un propósito: salir de aquel laberinto.

En la planta tercera, bajo la entrada del hospital, hay una gran sala, alargada y estrecha como un mal sueño, que se alimenta de seres en busca de impresos. Cojo número para que me atiendan: el 77. Miro las enormes pantallas colgadas del techo de esa sala estrecha como una alucinación. Van por el 42. Respiro hondo. Busco donde sentarme y me cubro de una gruesa capa de paciencia.

Pocos minutos después, entre mi silla y la pared, un celador arrastra una cama. Observo alimentado de hastío. En la cama, un enfermo al que han rapado la cabeza, es transportado absorto con un gota a gota acoplado al lecho y dos vendas en la cabeza. Tiene más pinta de enfermo que de haber sufrido un accidente. Sigo con la mirada esa peculiar comitiva que desfila ante la indiferencia general, hasta que salen de la sala.

Pasa media hora y apenas ocho personas han circulado por ventanilla. Sigo esperando. El destino aún me deparaba un nuevo aprieto. Me entran ganas de ir al baño. Me falta poco para hacer contorsiones como Peter Sellers en “El Guateque”. La lentitud con que se despacha desde la ventanilla, me permite la libertad de buscar un baño. Con espíritu aventurero, me alejo de la larga estancia. Como el marinero que deja atrás el puerto, vuelvo la vista y veo aquel enjambre propio de “El camarote” de los hermanos Marx. Unos se levantan, alguno acude a una ventanilla, otros se sientan, otro da vueltas a la sala siguiendo las aspas de los grandes ventiladores colgados del techo. ¡Qué suerte, al menos hoy no hace calor!- pienso.

Cuando regreso, miro la pantalla. Llaman al número 60. Sólo quedan 17. Busco otro aposento y contemplo la nada, con la mente obstruida de vacío y los sentidos embotados. En poco tiempo, me empieza a vencer el sueño. Las conversaciones son murmullos que cortejan el inconsciente. Trato de disimular, pero las pestañas son demasiado pesadas. De repente, un militar, vestido de camuflaje atraviesa la estancia. No puedo decir si iba o no armado. Para cuando abrí los ojos sólo pude ver el destello de su sombra. No me extrañaría nada que en este campo de batalla fuera necesaria una misión de rescate.

Trato de relajarme, pero una niña se ha sentado a mi lado. Habla como lo hacen los niños: a voces. Deja en cada palabra la última de sus fuerzas. Afortunadamente para ella, infelizmente para mí, recupera inmediatamente la energía para prorrumpir con nuevo vocablo. Casi siempre es lo mismo “Ma mamma, quando andiamo via?"

Me siento prisionero como Tom Hanks en “La terminal”. Tal vez para liberarme tenga que actuar como Michael Douglas en “Un día de furia. La burocracia campa de espaldas a la eficacia. No obstante, si has llegado hasta aquí, perdona por haberte hecho partícipe de esta desazón. Contar la experiencia , era un exorcismo necesario. La secuencia que sigue se aproxima mucho a mi experiencia. Mr Bean, a veces parece italiano, hasta en la formar de aparcar...

EL IMPERIO CONTRAATACA

Sin prisa, pero sin perdón. “¡Todo el mundo callao’!” Berlusconi inicia una cruzada contra la libertad de expresión en dos frentes: no quiere oír una voz crítica de portavoces de la Comisión Europea, o amenaza con bloquear el funcionamiento de la institución de los 27. “¡ Heil!”

Por otra parte, pide un millón de euros al periódico La Repubblica por reiterar diez preguntas durante más de dos meses. Es intolerable el control de los medios que tiene el primer ministro. Como lector, me resulta absurda y cansina la redundancia de las mismas preguntas a Il Cavalliere. Que si frecuenta menores, que si los vuelos de estado, que si... La repetición diaria de las cuestiones, más que un ejercicio de periodismo, es una insustancial manera de aburrir.

Berlusconi es así desde que es Berlusconi. Entonces, ¿por qué este año se ha destapado la Caja de Pandora de todos sus asuntos privados? ¿Por qué empieza toda esta marejada de suciedad contra este tipo, unas semanas después de que decidiera subir los impuestos de la televisión de pago que él no controla? ¿Por qué los medios de Murdoch, poseedor de esa televisión, han sido los principales arietes de esta campaña?

El Imperio Berlusconi contraataca contra todo lo que sale de sus límites. Pero Italia es mucho más que este Yoda pese a que algunos intereses políticos y empresariales, se empeñen en forzarnos a ser sólo simpáticos R 2 D 2.

No abrigo muchas esperanza, pero veremos si el próximo congreso del PD nos trae a un Luke Skywalker

Iñaki Díez


Iñaki Díez es el corresponsal de Radio Nacional en Italia, un país que conoce perfectamente y que analiza con gran habilidad.
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