3 posts de febrero 2010

La Justicia no es igual para todos

El culpable nunca paga su culpa si se llama Silvio Berlusconi. El primer ministro ha visto cómo el Tribunal Supremo absolvía a su abogado de haber cometido fraude en un juicio. Berlusconi le pagó para que engañara al juez. El máximo órgano judicial italiano reconoce la culpabilidad del abogado pero su delito ha prescrito. El libidinoso dio 600.000 dólares a su letrado para poder seguir haciendo de su capa un sayo. Pero hace mucho tiempo de eso. ¿Por qué los pecados no caducan ante Dios y sí ante los hombres dependiendo de quienes sean estos?

Confieso mi afasia judicial. Mi acné se desvaneció hace tiempo y con él voló, al limbo, la creencia ciega en algunos valores. También todo lo que representa el punto fiel de la balanza. Nunca somos iguales ante la ley. Sucede en todo el mundo. El problema de Italia, es que se ve mucho porque el primer ciudadano elegido por el pueblo, tiene demasiados tickets pendientes en la barra de la Justicia

El moho cubre los juzgados italianos para lustre de los poderosos. Así el arribista político hace su lectura y puede seguir diciendo “ nunca he sido condenado por un tribunal”. Pero eso no es lo mismo que decir “soy inocente de todas las acusaciones”, aunque él intente hacérnoslo creer.



Esta sentencia oxida más los barrotes de mi fe en la imparcialidad. Menos mal que siempre hay alguien ocurrente para levantarnos el ánimo. Se llama Luciano Casasole. Es un arquitecto de 64 años que está harto de la casta política italiana. Y se le ha ocurrido una singular protesta que merece más atención de la que le hemos prestado: armado con un potente foco de luz, se asomó a la terraza de un bed & breakfast y disparó directamente a la cúpula del Vaticano las palabras “STOP” “PENSIONI” “DEPUTATI”. Fue una ocasión única: Durante un rato, la gran cúpula de San Pedro se convirtió en una involuntaria pantalla de protesta ante la mirada atónita de los testigos. El Inspector Vaticano consiguió que el hombre dejara de emitir esas sombras. Ahora está en manos de la policía. En este caso, ¿ prevalecerá la permisiva justicia de los hombres o la implacable rectitud de Dios hará que Casasole pague caro su atrevimiento?

La autopsia del gato y minino al plato

“La carne de gato hay que tenerla tres días bajo el chorro del agua antes de guisarlo”. Beppe Bigazzi, cocinero de la RAI, tuvo la feliz idea de indicar las propiedades culinarias del felino doméstico y cómo aderezarlo, aprovechando un proverbio de estas fechas. Su compañera de plató no daba crédito. Él insistía con una obcecación kamikaze o como si deseara la jubilación pero prefiriendo inmolarse antes que pedirla. El popular presentador tiene más de setenta años y los últimos diez ha aparecido cada mediodía en la pequeña pantalla.

El gato es, casi, un producto nacional protegido. Por ejemplo, hace pocos días se cerró el caso del asesinato de un gato, en Varese. Cinco años de magistrados, investigaciones y jueces. Hasta la autopsia se le practicó al felino muerto, pero al final no se ha conseguido encontrar al culpable. En este ambiente, el cocinero sugirió cocinar gatos y muchas garras se han sumado a las uñas mininas para cortarle su televisiva cabeza en mitad de un concierto de maullidos alterados.

Pese a esto, el popular cocinero siguió con su trabajo. Días después, casi todos los medios de comunicación airearon las críticas de los protectores de animales. Y la nívea cabellera de Beppe Bigazzi desapareció engullido por una cuadrilla de gatos ávidos de venganza.

La represalia felina ha resultado implacable; eso sí, de no haber saltado el coro de lamentos en la prensa, ¿seguiría el presentador? Cada vez más, los gestos prevalecen sobre escrúpulos, propias creencias o certidumbres endebles.

Y así es como fue devorado el primer cocinero que no quiso dar gato por liebre...

Bostezos en el diván del sexo

Cuerpos que se enredan impulsados por el deseo. Sudorosos, intercambian saladas gotas en el frenesí. No hay palabras en el feudo del instinto. No hay reglas cuando se persigue la unidad y un cuerpo invade la textura ajena. Una norma en la delirante danza del vaivén desarbola la magia. Por eso compadezco al ex -marido de Madonna. El susurro de la fricción acompasado con gemidos forman una armonía sin partituras. A veces, un fondo musical ahoga esa orquesta de suspiros. Y se convierte en el complemento sonoro mientras se sorben gotas de deseo. La misma canción repetida, transforma el vaivén en una aburrida lambada de la costumbre

Por eso compadezco a Guy Ritchie. La reina del pop es una viciosa ( habría que saber qué entiende él por viciosa. Pero eso sería otra reflexión). Me asombra que ella sólo lo haga en un sillón que vende una firma italiana. En éste.

Debe ser cómodo y propiciador de la lívido además de resistente. Junto a la butaca, lo que verdaderamente la pone como una olla exprés son sus melodías: el silloncito tiene dos altavoces en los que Madonna Louise Veronica Ciccone sólo escucha sus propias cantilenas mientras se mueve en danza convulsa.

Nunca lo hace en la cama. Hay lugares más sugerentes. Estamos de acuerdo. Sin embargo, la repetición patológica del diván musical resulta una coacción para el deseo. “Loca, obsesiva y narcisista” . Así la califica el ex. Se sabe de memoria la letra de las 500 canciones de la diva. Y, posiblemente, se hartara de que, en el momento en que los cuerpos se sacuden con furia al acecho de otra dimensión, ella siempre le cantara “Give it 2 me”. Así, cualquier gemido de placer termina en bostezo de tedio. Guy Ritchie ha tenido que refugiarse en las deducciones de Sherlock Holmes. Elemental.


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Iñaki Díez


Iñaki Díez es el corresponsal de Radio Nacional en Italia, un país que conoce perfectamente y que analiza con gran habilidad.
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