5 posts de abril 2010

D'Artagnan resiste la crisis

Se quedó con la primera parte del lema:“ todos para uno”. Y gracias a ello sobrevive intacto a los inmisericordes zarandeos de la trémula economía. No es el único desvalijador de la Fontana de Trevi pero, D’Artagnan, sí es el más famoso por reincidente.

La célebre fuente de Bernini es una empresa que garantiza 700.000 euros de ingresos anuales a Cáritas Diocesanas. No da para una Dolce Vita pero es un montante considerable en estos tiempos en los que la desconfianza encoge el bolsillo. Con esa cantidad, la institución surte a un supermercado donde los necesitados pueden llevarse productos de primera necesidad, totalmente gratis.

Cada mañana a las 8, unas aspiradoras especiales succionan las monedas depositadas en la fuente. En los días de invierno, cuando apenas se ven turistas , este icono de la ciudad eterna, recolecta 1.500 euros. La cantidad se multiplica en estas fechas. Tal vez un avispado menesteroso sembró la idea de que tirando una moneda al agua, el visitante volvería a Roma. Los ingresos son constantes. Pero Cáritas lamenta que, antes de que pasen las aspiradoras oficiales, han pasado por allí una banda de truhanes. No sólo D’ Artagnan. Algunos desfalcan el estanque con la naturalidad del oso que espera la llegada de una trucha, delante de todo el mundo, sin cabida para el rubor



En marzo, la policía detuvo por última vez a D’Artagnan. Llevaba 600 euros encima. Entra en comisaría por una puerta y sale por la otra. ¿Cuál es su delito? ¿Coger de una poza las monedas que tira la gente? ¿Dónde está la infracción? D’Artagnan lleva mucho tiempo viviendo de la fuente ( para beber ya tiene las monedas). Cáritas se lamenta porque, sin los robos, podría ayudar a más necesitados. Nunca al mosquetero que será indigente pero no se resigna a vivir acorralado por la desgana de la penuria.

Don Quijote en la Corte de Sancho

¿Quién dijo que la política es aburrida? Entiendo que os cueste mucho seguir, siquiera un minuto, de los debates que luego son interpretados por sesudos analistas que, como en una partida de mus, interpretan “31” cuando un parlamentario tiene un triste tic.

En Italia es otra cosa. No he perdido la afición al cine, pero desde hace tiempo tengo la oficina llena de cajas de palomitas. Cada debate parlamentario, cada ejecutiva de un partido es una invitación a una paquetito de maíz tostado. Y no penséis que es por escuchar el sonido de las neuronas femeninas en el momento del orgasmo. Nunca se me hubiera ocurrido pensarlo a no ser que un científico viniera a ponerme el símil delante del tímpano

Las diferencias entre Fini y Berlusconi eran un comentario a voces. Ahora ya tenemos las voces y las imágenes.


Como un Don Quijote desorientado, el caballero de la fina figura dijo que no ponía en cuestión a su líder. Y el Sancho Panza, que es quien manda en este cuento inmortal, le invitó a bajarse del rocín, renunciar y hacer política. Don Quijote sabe que a lomos de Rocinante se vive mejor y, de momento, no abandona su montura que es la presidencia de la Cámara de Diputados.

Italia vive un episodio como éste con un simple sonrojo. La sangre no llega al río y la gente sonríe por la calle sin que partidarios de uno u otro se miren con ojos asesinos mientras esputan reproches. Italia, en esto, nos da un saco de lecciones. No sé si de madurez democrática, de diplomacia o de hipocresía. Esta mañana, todos toman el café con una sonrisa en los labios. Y eso se agradece mientras espero en la cola para pagar mi enésimo paquete de maíz. Lo bueno de esta peli es que, aunque no aparezca el cartelito, todos sabemos que “continuará”. Y a mí , me pilla prevenido

La DGT italiana

Poco antes de Semana Santa la DGT difundió un video con las “aberraciones” realizadas por los conductores en las carreteras españolas: una motocicleta adelanta por el arcén, un coche que da capotazos toreros a una raya continua, un conductor habla por teléfono mientras guía... No es para tanto- pensé-, en esta cultura de la conducción mía impregnada de permisividad italiana. Las transgresiones mostradas por nuestra Dirección General de Tráfico suponen prácticas habituales en Italia. No sólo se habla por teléfono cuando se conduce un coche. Los motociclistas lo usan y gritan al telefonino mientras sortean vehículos y personas, el arcén se ha convertido en un carril “Vietato”, pero esa palabra tiene más pliegues que nuestra “Prohibido” por lo que voy viendo en estos años. Muchas veces, por el arcén adelantan automóviles como si estuvieran disputando una carrera. Tampoco pasa nada por hacer un giro a la izquierda en un cruce aunque una línea continua me lo impida. ¡No voy a hacer 100 metros más si se ve claramente que no viene nadie!- es el pensamiento imperante-.

POr eso las presuntas actitudes dementes de nuestros conductores, aquí sólo han producido una sonrisa.

Y para probarlo, salí a la carretera. Apenas a 10 minutos de casa, en autopista, encuentro un coche parado porque no sabe si, la que tiene delante, es la salida que debe utilizar o, por el contrario, ha de continuar. No me pareció oportuno parar detrás para hacer una foto de su infracción aunque, estoy seguro, que ningún conductor me lo hubiera recriminado. Pero hubiera supuesto un riesgo excesivo para obtener una prueba, además de una infracción cometida también por mi parte. Me adentré por una carretera nacional de doble sentido. Cinco minutos circulando por esa mezcolanza de asfalto, piedrilla y agujeros, me permitieron obtener esta foto:

Los números son obstinados hasta la incomprensión. Nuestra red de carreteras es enviada en Italia. El parque automovilístico italiano es bastante más grande que el nuestro. Saliendo de las autopistas, aún hoy, parece que circulamos por las antiguas calzadas romanas: he cambiado 3 ruedas porque las zapatillas de mi vehículo se han topado con agujeros más profundos que la negrura de los malos pensamientos. Y sin embargo, 42 muertos en las carreteras españolas y 22 muertos en las italianas durante la Semana Santa. No sé cómo lo consigue la DGT italiana.

Los sapos del nido del Aquila

Nadie ha descolgado la colada un año después. Los sapos sí han vuelto. Las sábanas ondean al viento como un coro mudo de bienvenida. En el Aquila, el tiempo se paró hace un año. Las telas tendidas en la primera planta de un edificio resquebrajado siguen esperando. Nadie vendrá a recogerlas. Terminarán por formar parte de los escombros de la casa cuando sea demolida.

Doce meses después del terremoto, hay demasiado rastro de lo que se quedó en aquella loca huida durante una noche en que la tierra se sacudió sus incomodidades.

Hoy la ciudad está parada. Edificios apuntalados y escombros se amontonan en el primer aniversario. No hay dinero para la reconstrucción. A nadie se le ha ocurrido lo que a unos frailes de Nápoles: organizan una rifa para reformar el convento. Llevan varias semanas vendiendo papeletas. El premio es un utilitario. El sorteo se realizará el domingo que viene después de misa de una. Imagino al sacerdote extrayendo la “bola mágica” ante una parroquia que, tras rezar, desea el mal fario del vecino en beneficio propio. ¿Y quien hará de notario? ¿Habrán comprado también boletos los padres franciscanos? ¿Serán de fiar los métodos clericales en cuestión de apuestas? ¿Es lícito fomentar el juego a los ojos de Dios?

Hablando de ojos. Los de los sapos se saltaron de sus órbitas hace un año. Estaban, como locos, fecundando las charcas ( que es lo que toca en esta época), hasta que pusieron “pies en polvorosa”. Fue 5 días antes del terremoto. Su básico sistema sensorial les alertó de que en las entrañas de la tierra se cocía un plato de mal gusto. Hace unos días lo revelaron unos científicos ingleses. Así que si usted vive en una zona de riesgo sísmico, ponga un sapo en su vida y si desaparece, empiécese a preocupar.

El Aquila hoy no tiene nido. La tierra lo movió 25 centímetros. Colocar todo en su sitio 25 centímetros más lejos, va a costar. Muchos dicen que una década. Otros, más escépticos o pragmáticos, hablan de un cuarto de siglo.

El Café Dei Fratelli Nurzia volvió a abrir hace unos meses en mitad de la Zona Cero. Sus clientes son abogados, operarios. ingenieros y algún vecino que se cuela a ver cómo está su casa. Es el único aroma de normalidad en mitad de un tablado con olor a rancio, humedad y abandono. Los dueños del café sí que le han echado valor. Se me olvidó preguntar si tenían sapos...

¡A por el Papa!

Es la consigna tras la que se alinean una buena parte de agnósticos sin escrúpulos, ignorantes gregarios y rencorosos sacerdotes católicos con sed de venganza.

Este Papa fue el primero que dijo a un clérigo que no volviera a ejercer el sacerdocio público mientras viviera, después de los episodios de abusos sobre menores de Marcial Maciel. Ahora, le estallan los casos de pederastia como globos rellenos de agua en una fiesta infantil que buscan calar al distraído.

La actuación de parte de los hombres de Iglesia en los casos de abusos sexuales es denunciable y punible. No se ha hecho nada en el pasado. Ahora, a todo el mundo le ha entrado una prisa irrefrenable por hacer justicia. Pero hay mucho justiciero ciego. “Me dan asco los curas pedófilos” escuché el otro día. Sólo se me ocurrió contestar “ me dan asco los pedófilos, sean o no curas”. Desde la Curia Vaticana también se me ha dicho, “no se debe juzgar los hechos de ayer con la claridad de hoy. Eran tiempos diferentes”. Ambas expresiones provocan la reflexión.

Tambiéntengo mis dudas de hasta dónde llegó a saber el cardenal Ratzinger sobre las escabrosas inclinaciones de parte del clero. Como máximo responsable de la Inquisición, que fue durante más de 23 años, se puede tener la duda razonable de que algún susurro podría haber caído en sus oídos.

En este asunto se pronuncian todo tipo de disparates ignaros: “el Papa tiene que dimitir”, se oye desde Alemania. “No debe venir a Inglaterra” berrea The Independent . Voces que responden a intereses y otras que se suman por el simple hecho de que ser gregario es cómodo. Los pusilánimes aúnan sus gritos a los de la mayoría y no reciben críticas. También de agnósticos está el mundo lleno e incluso de ateos. Todo muy digno desde la coherencia y el respeto.

En este truculento capítulo del catolicismo, la Iglesia se suma al vagón de la ligereza: las palabras del predicador de la Casa Pontificia han supuesto una pasión añadida a la Semana Santa. Raniero Cantalamessa, predicador ya en tiempos de Juan Pablo II, ha pedido perdón por poner voz al paralelismo entre pederastia y antisemitismo. En la nada quedaron sus reflexiones sobre la violencia doméstica que fueron el núcleo central de su discurso. Pero él es el único culpable. Un desliz, cargado de buenas intenciones, arruinó su prédica. Ahora ha pedido perdón. Los errores se amontonan por todas partes como despojos de una cacería.

Iñaki Díez


Iñaki Díez es el corresponsal de Radio Nacional en Italia, un país que conoce perfectamente y que analiza con gran habilidad.
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