Caldo
La mera conjugación de estas letras evoca cálida humedad. Caldo es el reconstituyente invernal que sacude el frío del cuerpo. Caldo es un grado de saturación de la temperatura que sirve para denominar “calor” en italiano. El caimán no descansa ni cuando el caldo romano satura el aire sofocando las ideas en un mar de sudor.
Los turistas parecen boxeadores sonados dando tumbos entre las piedras recalentadas por los siglos. Con los rostros encarnados y los ojos abiertos como un radar en busca del oasis deambulan por la Roma estival, hostil con el visitante. Sin el consuelo del aire acondicionado, las siluetas persiguen la sombra de los edificios. La ciudad ,rehén del letargo canicular, apenas se mueve. Pero el caimán continúa con las fauces prestas, en aparente calma, dispuesto a dar la dentellada definitiva a la ley de escuchas, también conocida como Ley Mordaza.
El aire parece mercurio respirado en una sauna. No se agita ni por la sacudida de un terremoto. En julio, la ciudad es asfixiante como la peor pesadilla. El ambiente es perfecto para engendrar a una criatura de la opresión: la Ley Mordaza, algo edulcorada, está lista. Cuando descienda la temperatura no se podrá hacer nada para pararla. Berlusconi, el caimán, habrá ingerido otro manjar de la democracia.



