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Lampedusa y el síndrome

Construidos a cinceladas de costumbre, los cambios nos desorientan. También a quien lleva el alma errante dibujada en una curiosa mirada revestida de despiste. Seis aviones en una semana, cuatro ciudades distintas y un solo pensamiento: el síndrome.

Madrid, Roma, Palermo y Lampedusa. En poco más que unos minutos salgo de la cama, tomo un avión y desayuno en Madrid. El cuerpo agradece esta premura. El cerebro se rebela. Uno se acostumbra a caminar por la calle abstraído en sus pensamientos mientras escucha conversaciones en un idioma distinto al que teje sus pensamientos. Por eso, al llegar a Madrid y caminar por sus calles, terminé dudando. “Estos hablan en castellano. ¿A lo mejor necesitan algo? Puede que estén perdidos...” Hasta que caigo en la cuenta de que ya no estoy en Roma. Sonrío. Es el síndrome del corresponsal. Horas después ya estoy de vuelta en tierra pizza a pezzi

Largas horas de incertidumbre acompañan a las pateras para cruzar el estrecho de Sicilia. Viajan incómodos. Buscan un futuro aunque sea mutilado porque su presente es ciego.

En Lampedusa, he visto gente humanitaria pero tienen miedo. El alcalde trata de calmarlos. Desde su mirada, que se levanta más de dos metros sobre el suelo, se deja ver inmediatamente. Me pregunto para qué una isla tan pequeña tiene un alcalde tan grande. La única utilidad que veo, es ser el primero en atisbar pateras.

Los que llegan están desesperados. Al principio se conforman con que les alojen y les den de comer. Pero no quieren permanecer mucho en ese trozo de tierra rodeado de agua turquesa. Ahí entran en conflicto el síndrome del clandestino y el invadido de un territorio pequeño al margen de muchas leyes. Nadie se pone el cinturón de seguridad para conducir, los motoristas no llevan casco e, incluso, en las restaurantes hay ceniceros aunque en Italia hace muchos años está prohibido fumar en un lugar cerrado. Son italianos de carnet de identidad. Pero habitan en territorio indómito. Su síndrome de libre abandono está hoy amordazado por sombras de jóvenes extraños que pasean por sus calles escasamente iluminadas al caer la noche. Lampedusa coquetea con Europa aunque geográficamente acaricie Africa.

Es tierra donde nada se desperdicia. Los barcos que llegan con inmigrantes son desguazados inmediatamente por grupos de desvalijadores anónimos. No importa que la Justicia incaute las barcas como prueba. No importa que todos se conozcan en la isla. Horas después de la llegada de las barcazas, timón, maderas, motores y combustible no forman una unidad. Se han convertido en pequeños tesoros de los desvalijadores. Es el síndrome de la necesidad porque Lampedusa es físicamente un paraíso que tiene una puerta abierta por donde entra el fuego del infierno


8 Comentarios

A este paso terminaremos todos por tener síndrome musulman. Parece que la historia se repite diez siglos despues

Tener síndrome del trabajador, tendremos quer ayudarles allí a gestionar dentro de la suma de capacidades mínimo impacto ayudando incluso formando mayor desarrollo, una vez se acepte que el caos trae mayores desgracias y se lancen canales apropiados seguros.

Creo que este texto hara reflexionar a muchisimas personas sobre lo que piensan de la gente que viene buscando un futuro mejor.

Y lo que no cuentas es que casi todos tienen síndrome de francia porque quieren ir a ese país con el que les une un pasado de Agua Brava, qruiero decir, Colonial.
Au revoir, chéri

Qué bonito lo que cuentas del alcalde de Lampedusa!
.
El mundo es inabarcable para el que no sabe dónde ir y estrecho para quien no quiere compartir su tierra.

Salud.
J.H.

Sobra el término que encabeza estas palabras. No haré comentario aunque me gustaría pero el autor me ha dejado sin palabras. Cuántos mundos en tan poco espacio, en tan pocos metros cuadrados!. Cuánta belleza y cuánta miseria contada con tan pocas palabras. Gracias Iñaki. He echado mucho de menos no poder entrar más a menudo en el blog. Pero después de leer este último la pena es mayor. Abrazos

Valdi, tienes toda la razón. Iñaki es un narrador privilegiado que tiene el don del humor, la ternura y la palabra, aunque se haga de rogar bastante. Siempre merecen la pena sus reflexiones.
un saludo.
J.H.

Considero impropio calificar a los pobres desvalidos que huyen del horror, la miseria, el hambre y la falta de posibilidades, con la libertad supuestamente poética de "fuego del infierno".
Le deseo al autor de la nota que nunca tenga que padecer las necesidades que pasa ese conjunto de coterráneos (ya que todos habitamos la misma tierra.

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Iñaki Díez


Iñaki Díez es el corresponsal de Radio Nacional en Italia, un país que conoce perfectamente y que analiza con gran habilidad.
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