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On benefits. Los subsidios británicos

Estar on benefits es una expresión muy común en la vida cotidiana británica. Se refiere a las personas, o familias, que viven de las subvenciones públicas que reciben, y que pueden percibir por distintos conceptos: por estar en paro o tener unos ingresos muy bajos, por invalidez, por tener hijos o para pagar la vivienda, por ejemplo.

Con el tiempo ha crecido la convicción entre la mayoría de los británicos de que es demasiada la gente que puede sobrevivir sin necesidad de trabajar, y que es injusto que personas con ingresos no muy altos tengan que pagar con sus impuestos las ayudas que, también otra convicción generalizada, generosamente otorgan las diversas instituciones públicas.

De todas, la ayuda a la vivienda (housing benefits) es la que desata más pasiones. Quienes están en contra señalan los casos más escandalosos. El Sunday Times citaba este domingo pasado casos en que los ayuntamientos (es un subsidio que depende de los ayuntamientos de distrito) pagaban unas 2.000£ por semana de alquiler a algunas familias. Hablaba de docenas de casos, no de centenares. Y, por supuesto, hablaba de Central London, de los barrios céntricos que son dominio de la avaricia de los landlords, los propietarios (a veces grandes empresas, a veces aristócratas que poseen esos terrenos desde hace siglos) que siguiendo la ley de la oferta y la demanda suben los precios hasta cotas obscenas sin que nadie los regule. Para hacerse una idea de cómo están los alquileres en Londres, esta web donde consta la media  actualizada por barrios y por número de dormitorios. El precio es del alquiler semanal (pw= per week). 

El sentimiento de que hay demasiada gente que abusa de las ayudas públicas y que no acepta trabajos poco remunerados porque no le compensa y prefiere vivir -sobrevivir más bien- de los subsidios ha calado en la población británica. Consciente de ello el gobierno Cameron está decidido a recortar esas ayudas, con el argumento de que así esas personas estarán más motivadas para buscar y aceptar trabajos poco remunerados.

La propuesta es que lo máximo que pueda recibir una familia, sumando todas las ayudas, sea 26.000£ (unos 31.200€) al año.  Dentro de ese máximo, el tope para pagar un alquiler será de 400£ (unos 480€) por semana.

Uno de los grupos que más ha hecho oir su oposición ha sido la Cámara de los Lores y, en concreto, los obispos. En la Cámara de los Lores hay 26 obispos anglicanos. Su argumento, y el de quienes comparten sus críticas, es que este tope en las ayudas perjudicará especialmente a las familias con hijos que vivan en Londres. Y piden, por ejemplo, que en esa suma de subsidios no se compute la ayuda por hijo.

Una pregunta habitual del gobierno Cameron y de quienes están a favor del recorte -que son mayoría-  es ¿y por qué el contribuyente tiene que pagar a gente en paro alquileres que muchos de ellos, los contribuyentes, no pueden pagar? ¿Por qué alguien que no trabaja ni paga impuestos puede permitirse vivir en barrios que están fuera de mi alcance y encima lo hace con mis impuestos? ¿Por qué mis impuestos que tanto esfuerzo me cuestan van a parar, al final, a esos landlords?

En el caso de las ayudas públicas en general en el Reino Unido hay una filosofía y es que el Estado no puede dejar a nadie desamparado, a su suerte. En el peor de los casos uno puede contar siempre con el Estado como último recurso. En el caso de la vivienda el razonamiento de quienes defienden el actual modelo es evitar la segregación, evitar que haya unos barrios de ricos y otros de pobres. Un ejemplo habitual es éste: a alguien que ha tenido la desgracia de quedarse en paro no se le puede además obligar a mudarse a otro barrio más barato con lo que supone de desarraigo, cambio de escuela y de amigos para los hijos, perder la red de apoyos familiares o de amigos que tenía en el barrio donde residía. Bastante tiene con haberse quedado sin trabajo. Y, ¿cómo no?, a menudo comparan con lo que llaman el modelo francés para evitarlo, el donut francés: un centro de la ciudad donde sólo puede vivir gente con ingresos altos y una periferia, las banlieues, donde viven los más pobres.       

Quienes se oponen a la propuesta de limitar el dinero de los alquileres que pagan los ayuntamientos no dudan en usar a veces los términos limpieza étnica y guetos. E insisten, a menudo con escaso éxito, en que a base de subvenciones sólo se logra mal vivir. 

Según los cálculos, el tope afectaría a unas 67 mil familias y con ello el gobierno ahorraría 290 millones de libras.  Pero tendrán que revisarlo porque esta tarde lo han tumbado en la Cámara de los Lores.  En el enlace anterior hay un cuadro comparativo intresante de la BBC calculando cuánto reciben 2 familias, una con tres hijos, y otra con diez.

The Guardian publica en su web el testimonio de algunas personas que viven on benefits.

 

¿Queréis un referendum? Pues, ya.

(Post actualizado, al final, con la declaración oficial)

Es más o menos lo que han estado diciendo algunos conservadores (y unionistas) británicos estos últimos meses al gobierno independentista escocés. Y lo que hoy ha discutido el gobierno de David Cameron (de conservadores y liberaldemócratas) en el primer consejo de ministro de este año. ¿Que los escoceses quieren convocar un referendum para independizarse del resto del Reino Unido? Pues que lo hagan ya. Cuanto antes.

El argumento que usan David Cameron y George Osborne, los dos conservadores que parecen llevar la voz cantante en esta cuestión, es que el plazo de "en la segunda mitad de la legislatura", entre 2014-2016, que estableció Alex Salmond, el primer ministro escocés (del independentista SNP, Partido Nacionalista Escocés, con mayoría absoluta) genera una incertidumbre que daña la economía escocesa.  Pero a nadie se le escapa que en su caso, como en el de Salmond, hay que ver sus posturas al tiempo que se leen las encuestas de opinión pública.

Según las encuestas, sólo un tercio de los escoceses está a favor de la independencia. La cifra más alta reciente es de un 38%.  De ahí la jugada de Cameron. Según se ha filtrado a la prensa, porque aprobarse no se ha aprobado nada, lo que Cameron pretende es ofrecerle a Salmond un referendum vinculante sobre la independencia a condición de que se celebre cuanto antes y que la pregunta se limite a SÍ o NO a la independencia. Confiando en que las encuestas no fallen, la mayoría de escoceses rechace la independencia, y a otra cosa.

Pero es una jugada arriesgada, como ya han advertido casi todos los analistas, porque nada alimenta más el independentismo escocés que la interferencia de políticos ingleses, sobre todo si son conservadores. Un chiste reciente dice que en Escocia hay más pandas que parlamentarios tories (conservadores). Hay dos pandas, recién llegados al zoo de Edimburgo.

El gobierno escocés ya ha reaccionado diciendo que no acepta que Londres le dicte cuándo convocar el referéndum y qué preguntar.  Dos cuestiones clave, determinantes, para el resultado de ese referendum.

Alex Salmond se plantea dar una tercera opción al electorado en el referendum, la devolution max, autonomía máxima. Que sería independencia económica, pero siguiendo dentro del Reino Unido, dejándole cuestiones como Defensa y Exteriores a Londres. Muchos analistas escoceses subrayan hoy que Salmond, que conoce perfectamente las encuestas y sabe también que constitucionalmente la última palabra la tiene el parlamento británico, lo que busca es esa mayor autonomía financiera y alargar y ampliar su mandato.

The Times, nada sospechoso de ser filoindependentista, nombró a Alex Salmond británico del año este pasado 2011. Hay consenso en considerarlo el político más astuto de la isla y en las filas unionistas hay frustración porque no ven ningún lider escocés (un inglés, imposible) capaz de enfrentarse a Salmond y defender la unión del Reino Unido.   

PD 1 Aquí nadie discute que los escoceses pueden expresar su opinión en un referendum, la discusión está en quién convoca, cuándo y con qué pregunta.

PD2 La unión de los reinos de Inglaterra y Escocia es de 1707. Y el símbolo más gráfico de esas

unión es la bandera británica:

 Union-jack

 

Hecha con la superposición de la cruz de San Jorge (Inglaterra):

 

 

 

Gb-eng

 San Andrés (Escocia):

 Flag-of-scotland

 

 

 

y San Patricio (Irlanda):

 St patrick

 

Actualizado el 10/01/12:

El ministro para Escocia, Michael Moore, escocés y liberaldemócrata, ha expuesto esta tarde en la Cámara de los Comunes la postura del gobierno británico sobre el referendum y lo ha planteado así:

Escocia no tiene competencias consitucionales para convocar un referendum sobre su independencia, ahora bien, reconocemos, dice Londres, que el gobierno escocés tiene un mandato democrático para convocarlo porque ganó las elecciones autonómicas con mayoría absoluta, y ese referéndum fue una de sus promesas.

Para resolver ese problema, dice el gobierno Cameron, os ofrecemos transferir temporalmente las competencias necesarias para poder convocar legalmente ese referendum, pactando previamente con Londres las condiciones de ese referendum. Y advierte de que, si lo convocan unilateralmente, perderán en los tribunales.  

En el debate parlamentario el ministro británico ha dejado claro que su postura es que sólo los escoceses ("people in Scotland" ha dicho) podrán votar en ese referéndum. Aquí puede leerse la declaración oficial.

El gobierno escocés ha reaccionado criticando una vez más lo que considera una interferencia intolerable de Londres y ha anunciado una fecha para el referéndum: otoño de 2014. Más tarde de lo que quieren el gobierno Cameron y todos los unionistas. 

  

 

   

Follow the money

Follow the money, seguid el rastro del dinero, es la frase que ponen en boca de Garganta Profunda en la película sobre el Watergate (All the President's Men). Mark Felt, Garganta Profunda, nunca pronunció esas palabras, pero según explicaron Carl Bernstein y Bob Woodward (los periodistas del Washington Post que destaparon el Watergate) a ellos les pareció bien la idea del guionista porque sintetizaba el sentido de las palabras de Felt. Y mucho más que eso.

Follow the money y entenderán el sí, pero no constante del gobierno de David Cameron y los políticos y analistas británicos en general respecto a la Unión Europea y a la llamada crisis del euro.

Los euroescépticos y eurófobos, que son la gran mayoría de británicos, se sienten reivindicados e incluso parece a veces que se alegran de la crisis del euro porque pueden entonar aquello de "ya os lo dijimos, la moneda única con economías y políticas tan dispares no va a funcionar" y afear en público a quienes osaron en su día plantear el ingreso del Reino Unido en el euro. 

Escuchando al coro británico podría pensarse que antes de la crisis del euro no había crisis en el mundo. David Cameron y su ministro de economía, George Osborne, forman parte de ese coro e insisten más que nunca en que con ellos el Reino Unido jamás renunciará a la libra esterlina ni a la autonomía nacional del Banco de Inglaterra, y utilizan sin disimulo la crisis en la zona euro para echarle la culpa de por qué la economía británica no se recupera y va peor de lo que preveían los planes de este gobierno. El 40% de las exportaciones británicas van a la zona euro. Un tercio de los créditos exteriores de la banca británica van a Europa.  

Pero, a pesar de formar parte del coro, Cameron y Osborne, por responsabilidad de gobierno, han tenido que enfrentarse a los diputados más eurófobos (unos ochenta son de su propio partido, el Conservador) y pedirles que se calmen porque, por mucho que el tiempo y esta eurocrisis les haya dado la razón, están interesados como el que más en que la crisis se supere pronto y el euro se salve porque su economía, la británica, está directamente ligada a la del euro.

Y ese equilibrio de euroescéptico pragmático, como Cameron se define, no es el único que practica el primer ministro. Abomina el euro, se niega a entrar en él o a poner dinero en los fondos para su rescate, pero quiere participar e influir en las decisiones que tomen los 17 países del euro por miedo a que las medidas que tomen puedan perjudicar al Reino UnidoFollow the money.

La City es el nombre  que se le da al distrito (los distritos, de hecho, con la ampliación a Canary Wharf) financiero de Londres. Centro de las transacciones bancarias y especulativas en Europa y en el mundo, junto con Wall Street. Y el dinero que mueve la City supone para la economía británica en torno al 10% de su PIB, similar a lo que es el turismo, o era la construcción, para la economía española. Follow the money. El coro británico tiene miedo -a veces parece que pánico- a que los gobiernos de la zona euro (en especial, Alemania y Francia) aprovechen esta crisis para quitarle peso a Londres como capital financiera y ésa es  una de las razones por las que el gobierno Cameron se opone a la llamada tasa Tobin (o Robin Hood) sobre las transacciones financieras. Sólo la aceptarían, si la adoptaran todos los países del mundo, cuando desapareciera el miedo a que bancos y entidades financieras radicadas en Londres se plantearan emigrar a otros países donde no les gravaran sus operaciones.

Y en ese coro hay un silencio notable. Se olvida demasiado a menudo que el origen de esta crisis global fueron las operaciones financieras de riesgo cuyo epicentro está en Wall Street y, sí, en la City de Londres. 

Hay voces disidentes, o disonantes, en la política y entre los analistas económicos, pero son minoría. Uno de ellos es William Hutton, columnista del Observer, que defiende que no hay alternativa al euro y que con la peseta, el dracma y las liras esta crisis sería mucho peor. Otro es Seumas Milne que ayer rebatía la idea de que los intereses de la City son intereses nacionales. 

En cuanto a ese argumento que con ligereza se le oye a más de un político y de un comentarista de que la solución a esta crisis es que tal o cual país salga del euro, la disidencia no está sólo en la prensa de tendencia progresista/izquierdista. El Financial Times cuenta en un artículo cómo la escisión dentro del euro es una de las hipótesis con las que trabajan en la City y la conclusión es que los únicos beneficiados serían algunos hedge funds, que para el resto de la economía sería un desastre.

Y después de todo esto, buen fin de semana o, por seguir con las citas cinematográficas, Good night, and good luck.

PD Algunos asiduos al blog me han preguntado por qué escribo tan poco últimamente. Porque apenas tengo tiempo de seguir la actualidad y leer lo mínimo necesario para intentar comprenderla. En constante catching up.  

No es la U, es la E. De Europa

"No es la U, sino la E lo que realmente se nos atraganta (de la UE). No tenemos ninguna objeción a las uniones. Somos una. Es Europa lo que no nos gusta o de lo que no nos fiamos". A esta conclusión llegaba en su artículo del sábado en el Times Matthew Parris (periodista y ex parlamentario conservador. Y euroescéptico), al analizar -y desmontar- los argumentos más habituales de los euroescépticos, o eurófobos habría que decir, británicos. 

Eso fue el sábado. El miércoles se produjo en BBC2 un espectáculo inusual por el que BBC tuvo que pedir perdón a la Comisión Europea. En Newsnight, el informativo de análisis por excelencia desde hace décadas, debatió, una noche más, la crisis del Euro. Entre los invitados estaba Peter Oborne, del conservador Daily Telegraph. Oborne es conocido por ser eurófobo y provocador. En el estudio de Bruselas estaba Amadeu Altafaj, portavoz de economía de la Comisión Europea.  Al mando del programa esa noche, su periodista emblemático, Jeremy Paxman, el mayor inquisidor -y carismático- periodista del Reino.

La primera pregunta de Paxman a Altafaj llevó el sello de la casa "¿Le gustaría disculparse por la falta de liderazgo europeo en esta crisis?". Ésa fue la primera. Se puede discutir si un portavoz y no un mandatario es el destinario indicado de esa pregunta, pero la pregunta en si está en linea de Paxman. El incidente vino a los pocos minutos cuando Oborne, en su ataque a la moneda única y quienes la defienden o han defendido, se refirió a Altafaj como "ese idiota en Bruselas". Paxman no se inmutó. Peor. Al darle la palabra a Altafaj se dirigió a él como "Sr. Idiota en Bruselas..." Oborne volvió  a llamar a Altafaj idiota una segunda vez y en el plano abierto del estudio se vio a un Paxman que se reía como los niños en clase cuando un alumno hace una gamberrada. Oborne volvió una tercera vez a llamar idiota a Altafaj. Fue entonces cuando Altafaj abandonó el estudio. Sólo entonces Paxman amonestó a Oborne, "quiere dejar de llamarle idiota (...) lo único que ha conseguido es que se vaya y nos quedemos sin sus argumentos".   

No daba yo crédito a lo que estaba viendo. Porque lo que muchos envidiamos de los británicos y la BBC es su capacidad para discutir de todo y sin insultos. Sobre la monarquía, la independencia de Escocia, la religión... Las posiciones pueden ser diametralmente opuestas y apasionados los argumentos, pero el arma que suelen usar los británicos para rebatir, herir y despreciar (en un plató o en el parlamento) es la ironía, el humor. Humor a menudo ácido, cruel incluso. Puede hacer más daño que el mero insulto, pero, estarán conmigo, es un grado mayor de refinamiento en el debate.

Después de ese debate y otros similares que he seguido en estos dos años llegué a la conclusión -que no sorpresa- de que cuando se trata de Europa los británicos, los eurófobos, pueden llegar a perder las formas con una facilidad inusitada cuando discuten otras cuestiones. 

Oyendo algunos comentarios de políticos, economistas y periodistas británicos últimamente se podría pensar  que sólo está en crisis la Eurozona. Que todos los males de esta crisis vienen del euro, y que los Estados Unidos y el Reino Unido están al margen de ella.  

Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre el porqué de esa visceralidad antieuropea. La insularidad, la dificultad de pasar en pocas décadas de imperio a simple miembro de un club. Hay consenso en que la eurofobia de los británicos sería menor de no estar alimentada a diario por la prensa sensacionalista, los tabloides, y hay una tesis que dice que los tabloides se ensañan con "Europa" porque a diferencia de los individuos (los famosos que pueblan las páginas de esa prensa)  es poco probable que"Europa" presente una demanda por difamación en un juzgado y apele a las duras leyes anti libelo de este país. 

Con Europa, al parecer, todo vale. Es la E.   

¿Y el gobierno? El gobierno es un gobierno de coalición entre un partido abrumadoramente euroescéptico o eurófobo (el Conservador) y otro europeísta (el Liberaldemócrata), con un primer ministro, David Cameron, que se define como "euroescéptico práctico" y un vice-primer ministro, Nick Clegg, que es un declarado europeísta, crítico, pero europeísta. Y la vida y la realidad económica han hecho que Cameron y su ministro de economía, George Osborne, lleven ya meses en una situación paradójica. Ellos, conservadores y euroescépticos, insisten un día y otro también en que es en el interés del Reino Unido que la Eurozona vaya bien porque casi la mitad de las relaciones económicas del RU son con la zona euro. Y abogan Cameron y Osborne por una mayor unión europea, eso sí, circunscrita a la zona euro. Y ya, de paso, si para ello hace falta reformar el Tratado (¡Bruselas no lo quiera! reza el gobierno irlandés. Otro referendum, no) ellos, el Reino Unido, aprovecharían para "repatriar" algunas competencias cedidas a Bruselas. 

Continuará... 

Pausa para descansar, repostar y reflexionar

Agosto. El mes en que los colegios y el parlamento están de vacaciones. El mes en que informativamente, a priori, todo va a medio gas.  A priori porque que cuando irrumpe una noticia en agosto es de las gordas. La muerte de Diana, el hundimiento de un submarino nuclear en el Ártico, un golpe de Estado en Moscú, el crack del 98 en Rusia y, este año, puede que el crack de los EEUU que, si se produce, nos sacudirá, de nuevo, a todos de formas en estos momentos poco predecibles.

El mes de las vacaciones. Las que nos hemos tomado en la corresponsalía. Tiempo en que me propongo conocer un poquito mejor este país o -por usar la terminología de los británicos- los países/naciones que forman el Reino Unido. El año pasado fue Escocia, este año toca Gales. Tiempo también para descansar, repostar y reflexionar.

Descansar después de una temporada intensa de trabajo. Repostar porque trabajar al ritmo inhumano que han impuesto los canales de información 24 horas e internet, ese terrorífico 24/7 como lo llaman los estadounidenses (trabajar, o estar a disposición del trabajo, las 24 horas del día, los 7 días de la semana), y en tiempos de crisis (hay que producir más con los mismos medios o menos), no sólo agota física y mentalmente, sino que nos convierte en vehículos que deben estar siempre en marcha y recorrer cada vez más kilómetros, pero con menos tiempo para parar en la gasolinera a repostar. Hablo por mí, pero me consta que no soy la única.  Cada vez escribo más y leo menos. Peligroso. Recibimos más información que nunca, pero cada vez tenemos menos tiempo para digerirla. Peligroso. Cuanto más complejo es el mundo -o a mí me lo parece, puede que sea cosa de la edad- de menos tiempo disponemos para estudiarlo y recapacitar. Las nuevas tecnologías, es decir, internet, sus llamadas redes sociales y el abanico de aparatos móviles que nos mantienen conectados permanentemente, nos pueden llevar a la adicción, a autoimponernos jornadas y semanas laborales más largas de las que jamás consentiríamos en un contrato o un convenio colectivo. ¿Es normal leer un artículo interesante en la prensa y tener remordimiento de conciencia, si en ese momento no puedes "tuitear" el enlace?   

Me voy como siempre con esas y otras muchas dudas sobre mi trabajo, su ejercicio y su sentido. Reflexionar. 

No sé si cumpliré el propósito de tomarme vacaciones también del mundo virtual. Del blog, de twitter... Veremos.

Para  iniciar la descompresión/desintoxicación termino con un clásico. "La mer", de Charles Trénet.

Que tengan un buen mes de agosto.

 

La lengua del imperio

 

También conocida como lingua franca o lengua vehicular.

Estoy siguiendo la información de la matanza de Noruega, como casi todo, a través de las dos cadenas de información británicas, BBCNews y SkyNews. Y está siendo otra ocasión de constatar dos cosas:

1) La ventaja para las radios y televisiones de trabajar con la lengua del imperio. BBC, además de tener uno o varios corresponsales en todos los rincones del mundo, encuentra siempre portavoces y testigos capaces de expresarse en inglés. Una gran ventaja para los medios audiovisuales.

2) Noruega es uno de esos países donde casi todo el mundo por debajo de los 50 años se expresa muy bien en inglés. Y en el caso de los jóvenes son prácticamente bilingües en noruego e inglés. Los supervivientes de la matanza, aún en estado de shock, narraban su experiencia en inglés sin aparentemente ningún esfuerzo por hablar una lengua extranjera. Las ruedas de prensa del primer ministro se desarrollan indistintamente -preguntas y respuestas- en noruego e inglés. 

Mi experencia me lleva a pensar que es el resultado de los sistemas educativos, reforzados por la ausencia de doblaje en las películas o series de televisión, y de que su lengua mayoritaria, el noruego, es minoritaria. Noruega no llega a los cinco millones de habitantes.  

Concluir, como hacen algunos, que tener el inglés, actual lengua del imperio, como lengua materna es una ventaja puede ser precipitado o inexacto. Cierto que cuando las negociaciones internacionales, o las comunicaciones internacionales en casi cualquier ámbito, son cada vez más en inglés siempre jugará con ventaja quien mejor domine esa lengua. ¿Y quién puede dominar mejor una lengua que quien la tiene como primera? Pero tener la lengua del imperio, o de un eximperio, lleva a la pereza. ¿Para qué aprender otros idiomas, si con el mío puedo sobrevivir en casi todo el mundo? ¿Para qué aprender otro idioma, si los demás me entienden en el mío?

Esa ventaja de que los demás hablen tu lengua puede volverse en contra porque el monolingüe acaba siendo alguien peor capacitado en un mundo cada vez más globalizado. Ya el año pasado escribí en este blog que se reduce de manera alarmante (para ellos) el número de multinacionales británicas dirigidas por británicos. Una de las razones que esgrimió un responsable de Marks&Spencer (dirigida ahora por Marc Bolland, un holandés) fue que entre dos candidatos bien preparados el extranjero solía dominar el inglés y otras lenguas, mientras que demasiado a menudo el británico solo dominaba el inglés. Y eso cuando se busca un mercado internacional es un handicap.

Coincidiendo con el Día de Europa el 9 de mayo la BBC dedicó un artículo en su web al hecho de que los británicos son un 12% de la población de la Unión Europea, pero solo un 5% de los empleados en las instituciones europeas. Y lo achacaba al escaso dominio de lenguas extranjeras. 

Hay  otra desventaja. Cuando solo hablas una lengua, solo te enteras de lo que se dice en esa lengua. Y eso lleva a que "los otros" conozcan al monolingüe del imperio mejor de lo que el monolingüe del imperio conoce a "los otros".

Extrapolando los occidentales en general -que formamos parte de este imperio, aunque sea en calidad de provincias- podemos incluirnos en esa lógica egocéntrica. "Los otros" (los orientales, los árabes...) nos conocen mejor a nosotros de lo que nosotros los conocemos a ellos. Y eso para "nosotros" es una desventaja, no una ventaja.

PD personal. El debate sobre las ventajas o inconvenientes de educar a niños en el bilingüismo o trilingüismo me parece que no ha lugar porque considero que las ventajas superan con mucho a los inconvenientes.  Uno de los posibles inconvenientes es que quienes nos relacionamos habitualmente en más de una lengua en ocasiones dudamos en una palabra o expresión. Los  reflexivos, la preposición o el caso que rige un determinado verbo... Es especialmente delicado cuando tu instrumento de trabajo es precisamente la lengua. Y a veces metemos la pata. Yo lo hice recientemente al decir que Cameron "había hecho un mea culpa", en lugar de "entonado un mea culpa". Quiero puntualizar que cuando como en esa ocasión cometo errores (¿y por qué no se pueden 'hacer' los errores?) no me quedo "tan ancha". Intento hablar y escribir lo mejor posible los cinco idiomas que hablo con fluidez y cuando fallo me ruborizo, entono el mea culpa, tomo nota y procuro que no se me olvide para no repetir el error.

El lado oscuro del periodismo británico. Y más.

Tabloids.  Los "tabloides", los periódicos sensacionalistas británicos, y sus prácticas han desatado el último escándalo en el que se juntan periodismo, política y negocio. Intentaré contarlo lo más breve y claramente que pueda. No es fácil.

Phone hacking. El "pinchado", intervención, escuchas, entradas en teléfonos ajenos. En 2005 estalló la primera parte del escándalo News of the World, el periódico de más tirada, dicen, en lengua inglesa y... del grupo Murdoch (volveremos a ello más abajo). Un periodista del diario contrató a un detective para que escuchara los mensajes dejados en el teléfono móvil del príncipe Guillermo. Periodista y detective fueron a la cárcel.  El periódico insistió en que se trataba de un caso aislado, ya saben, la manzana podrida de un frutero impecable, y que el director del periódico, Andy Coulson, no lo había autorizado, ni estaba al corriente. Pero Coulson dimitió. 

Andy Coulson estuvo poco tiempo en paro. Lo fichó David Cameron, líder del Partido Conservador, como director de comunicación (spin doctor) y cuando logró formar gobierno se lo llevó con él al 10 de Downing Street, a dirigir la comunicación del gobierno. Volveremos también a ello.

Tras el juicio, la policía dio la investigación por terminada. Caso cerrado. Pero en los últimos años han ido apareciendo personalidades de relieve público que sospechaban que sus teléfonos móviles habían sido pirateados, intervenidos por terceros. Eran en general gente del mundo de farándula y el deporte, pero también políticos, en especial uno peleón (con los puños, si hace falta), John Prescott, que fue viceprimer ministro de Tony Blair.

El volumen de afectados, confirmados o supuestos, creció tanto que al final, en enero, la policía, Scotland Yard, se vio forzada a reabrir la investigación. Y la posición de Andy Coulson, el exdirector del periódico, que mantenía que él no se enteró de nada, se hizo insostenible en el gobierno y dimitó.

Lo último y gota que ha colmado el vaso. Este lunes pasado The Guardian publicó una información que es la que ha dado un giro macabro y mucho más indignante al caso. Según The Guardian y supuestamente -insisto, supuestamente- News of the World (NOW) "pinchó" el teléfono móvil de una adolescente desaparecida, que luego apareció muerta, durante la investigación policial para encontrarla. Esperen que hay más.

El detective no se limitó a escuchar los mensajes que le habían dejado a esa chica, sino que cuando encontró el buzón de voz lleno borró algunos de los mensajes para dejar espacio a más. Como eso se produjo cuando la chica estaba aún en paradero desconocido, esa actividad en su teléfono llevó a la policía y a la familia de la chica a pensar que aún estaba viva.

En menos de veinticuatro horas de esa publicación se ha convocado por trámite de urgencia un debate de tres horas en el parlamento, este miércoles.

Pero esperen, que hay más.

Rupert Murdoch (ya dije que volveríamos a él). El periódico en el punto de mira es uno de los del grupo multimedia Murdoch (News Corporation). El que tiene The Sun, The Times, The Sunday Times, SkyNews ( un 39% de BSkyB) y, en los Estados Unidos, Fox y el The Wall Street Journal. El peso y poder del grupo Murdoch en el panorama mediático y, más importante, la política británcia, es una de las cuestiones más calientes de los últimos tiempos. Dinero, opinión pública y poder.  O, simplemente, poder.  

Esperen que hay más.

Murdoch está a un paso (el gobierno Cameron ya le ha dado luz verde) de logar el 61% de las acciones que no posee de BSkyB, la gran plataforma televisiva del Reino Unido. El resto de medios, la competencia, han intentado evitarlo escribiendo incluso -dejando a un lado por una vez grandes rivalidades- una carta conjunta al gobierno. Algunos de los críticos han llegado a comparar el poder mediatico-político que tendrá Rupert Murdoch (que, por cierto, no es ciudadano británico ni reside aquí) en el Reino Unido con el de Silvio Berlusconi en Italia.

Los dos arietes contra Murdoch son, lo han adivinado, The Guardian, y, obvio, la BBC, el gigante y vaca sagrada pública, con cuyo imperio Murdoch lleva años intentando acabar. Duelo de titanes.

Esperen que hay más.

Kingmaker. El hacedor de reyes, o, para el caso, de gobiernos y primeros ministros. El grupo Murdoch contribuyó en gran parte a difundir la imagen -exitosa- de Margaret Thatcher como una ama de casa de clase media. Al apoyo de Murdoch -via los editoriales del Sun- le atribuyen también la victoria in extremis de John Major en 1992. En 1997 Tony Blair ató el apoyo de Murdoch y luego, tras la victoria arrolladora, le dio las gracias. Murdoch, The Sun, apoyó al Partido Laborista hasta septiembre de 2009 cuando sentenció que Gordon Brown y los laboristas estaban agotados y era hora del recambio, de David Cameron. 

Cabe plantearse la pregunta, de todos modos, de si quienes ganan lo hacen gracias al apoyo del gran magnate o si el gran magnate los apoya porque ve que son los que van a ganar y, en estas cosas de las prebendas de los medios y los gobiernos, para el negocio es mucho mejor estar a buenas con el gobierno.   

Miedo. Miedo a los periódicos de Murdoch es la razón, denuncian muchos de los críticos, por la que la policía dió carpetazo a la investigación cuando, como ahora se ve, quedaba mucho por averiguar. La razón también por la que muchos parlamentarios no han querido forzar el debate, ni más investigaciones hasta que el escándalo ha sido mayúsculo y ha trascendido los chismes de famosos y entrado en lo altamente insensible y macabro. 

La defensa. El caso del pinchazo a la chica desaparecida hace más dificil la defensa de esas prácticas, pero muchos son los periodistas británicos que defienden estas prácticas de pinchar teléfonos, pagar a fuentes o tender trampas argumentando que es en interés del público, y que hay un doble rasero, que cuando eso lo hacen periodistas de la "prensa seria" pueden llegar a premiarlos.

Y, ahí, con el interés del público hemos topado. Interés, ventas, audiencias...

 PD Ya advertí que no me sería fácil ser breve

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Actualización. Miércoles 6:

-También pincharon los teléfonos de los padres de dos niñas desaparecidas y asesinadas. Y puede que los de familiares de las víctimas de los atentados del 7 de julio de 2005.  Y NOW ha confirmado que pagaron a la policía para conseguir información.

Testigos de un suicidio

Muchos telespectadores de la BBC fuimos testigos de un suicidio el lunes por la noche. El suicidio de Peter Smedley, un empresario de 71 años que sufría un dolencia neuronal en el sistema motor y viajo a Suiza, a la clínica  Dignitas de Zurich, para que lo ayudaran a suicidarse. Como él, y según cifras que publican los medios británicos, lo han hecho unos 160 ciudadanos británicos en los últimos nueve años.

Vimos como Peter se tomaba el vaso que contenía la dosis de veneno sentado en un sofá. Su mujer, a un lado acariciándole la mano, en el otro, una asistente de la clínica sosteniéndole la cabeza mientras se dormía entre toses y pidiendo un vaso de agua que no le dieron. Imposible ver esa escena sin inmutarse.

La muerte es lo más absoluto e irreversible de nuestras vidas.  

El autor y conductor del documental (Choosing to die) de la BBC (la televisión pública británica) fue un conocido escritor, Sir Terry Pratchett, a quien le han diagnosticado la enfermedad de Alzheimer y, en parte, planteó el documental como un ejercicio de introspección sobre una posible futura decisión propia.

El debate sobre el suicidio asistido está muy vivo en el Reino Unido desde hace tiempo y el de la BBC no ha sido el primer documental sobre la cuestión, ni el primero en que se ha visto morir a alguien en esa clínica suiza. Es dificil que nadie cambiara su opinión a raíz del programa, como no lo hicieron los seis participantes en el debate que le siguió en BBC2.

Una de las cosas que impresionó del documental es que Peter no era un enfermo terminal y, aparentemente, viéndolo y escuchándolo, el único problema que tenía, aparentemente, era la casi imposibilidad, de caminar. La médico suiza que lo atendió y asesoró hasta morir contó que empezaba a tener problemas internos para digerir, pero que, si se hubiese tratado de un paciente (y cliente) suizo, lo habría mandado a casa y le habría recomendado que retrasara el suicidio unos meses, pero que al ser extranjero no lo hizo porque  sabía que una de las cosas que aterraban a Peter era esperar demasiado y no poder ser capaz de hacer ese viaje a Suiza.

Y ése es uno de los argumentos de quienes piden la legalización del suicidio asistido aquí en el Reino Unido. Que puedan recurrir a ello aquí apurando la autonomía de sus cuerpos y sus mentes. Y sus bolsillos. Argumentan que en estos momentos ese suicidio asistido está sólo al alcance de quien está aún capacitado para viajar hasta Suiza y costearse ese viaje y que lo primero hace que muchos decidan suicidarse antes de lo que quisieran.

El argumento de quienes se oponen está bastante desprovisto públicamente de contenido religioso porque no lo consideran eficaz, a pesar de que muchos de los activistas son sacerdotes o creyentes. No suelen apelar a la "santidad de la vida" o a que la vida no pertenece al individuo. Su argumento fundamental es que quienes quieren acceder a un suicidio asistido (cuando no puedan hacerlo por si mismos) son una minoría, y que legalizar esa reivindicación pondría en peligro a un número mayor de personas vulnerables que se sentirían presionadas para "quitarse de enmedio" para evitar ser una carga para sus familias y la sociedad. Y más en tiempos de crisis y de recortes en los presupuestos y prestaciones públicas. Obviamente quienes luchan por la legalización reclaman ambas cosas. Que a ellos les dejen elegir morir, sin peligro de cárcel para quien les ayude, y que la sociedad, el Estado, vele por ayudar, asistir, sostener a quienes quieran seguir viviendo.

Una de las cosas que me ha sorprendido viviendo en el Reino Unido es la relativa frecuencia con que se habla del suicido como una opción del individuo. Cuando se lo comenté a uno de los activistas en contra de la legalización me dijo que era una visión distorsionada por los medios de comunicación, a los que acusan, si no de una conspiración, sí de una campaña muy fuerte a favor de la eutanasia y cuyo principal agente es, según ellos, la BBC.

Con motivo de la emisión del documental la BBC encargó un sondeo de opinión sobre la posible legalización del suicidio asistido y, de acuerdo con las respuestas, los británicos distinguen entre ayudar a morir a alguien que tiene una enfermedad terminal y a alguien cuya enfermedad, en principio, no es mortal. En el primer caso la mayoría lo aprueba, en el segundo, están divididos a partes iguales.

 Los activistas de cada lado coinciden en reivindicar vivir sus vidas con la mayor dignidad posible, pero discrepan en lo que esa dignidad significa para ellos.

 

 

El arzobispo de Canterbury

No es, ni de lejos, lo de Thomas Becket y Enrique II (Henry II), pero la polémica del día en la política británica es la crítica que ha hecho el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, a las reformas (y recortes) del gobierno Cameron-Clegg.  En una frase el arzobispo llega a cuestionar la legitimidad del gobierno de conservadores y liberaldemócratas para emprender semejantes reformas en la sanidad, educación y estado del bienestar. Escribe Williams "con una velocidad notable se nos compromete a unas políticas radicales a largo plazo por las que nadie votó". El arzobispo acusa al gobierno de aplicar unas reformas profundas sin que haya habido el debido debate público previo, y de hacer oídos sordos al miedo que tienen los ciudadanos a las consecuencias de esas reformas en el sector público.

El arzobispo de Canterbury es la máxima autoridad religiosa de la Iglesia de Inglaterra (el Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra, recordemos, es el monarca británico) y ha escrito esa crítica en el editorial de la revista News Statesman. Una publicación de izquierdas que, siguendo una moda reciente, invita a personalidades de la sociedad a editar uno de los números de la revista.

 

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 El arzobispo podía haber expresado sus críticas en el parlamento, en la Cámara de los Lores (Lords) que sigue siendo por designación o herencia, donde él es uno de los 26 obispos con "escaño", pero lo ha hecho en una revista de izquierdas y todo indica que la repercusión ha sido mayor que si lo hubiese hecho en la Cámara.

La polémica la ha generado la crítica al gobierno y, sobre todo, el hecho de que cuestione su legitimidad para tomar esas medidas, pero el arzobispo en dos páginas de editorial va más allá. Critica también a la oposición laborista por lo que considera falta de propuestas alternativas. Y critica los fallos de la democracia actual.

"Muchos en la izquierda y la derecha sienten que las placas tectónicas de la política británica -¿y europea?- se están moviendo. Una política de gestión, que intenta con éxito menguante negociar vida a la sombra de las grandes finanzas, no es atractiva, ya sea bajo la etiqueda del (Nuevo) Laborismo o de los Conservadores. Hay, en medio de mucha confusión, un clamor cada vez más alto por una reflexión sobre la democracia misma, y su urgencia la subraya lo que está ocurrriendo en Oriente Próximo y el Norte de África".  

Sobre la propuesta de la "gran sociedad" (big society) el arzobispo comparte en parte la crítica de que son ganas del gobierno de deshacerse de la reponsabilidad de algunos servicios y delegarlos en la sociedad civil por motivos económicos, pero adminte que sí hace falta algo en ese sentido, aunque critica la precipitación. "El viejo sindicalismo y las tradiciones cooperativas no pueden reinventarse de la noche a la mañana y, en algunas áreas, hay que inventarlas por primera vez. Y no ayuda el resurgir del lenguaje seductor del 'pobre que se lo merece' y el 'pobre que no se lo merece'."

El primer ministro, el conservador David Cameron, ha contestado al arzobispo diciendo que tiene todo el derecho a opinar, pero que él discrepa profundamente de su opinión. 

 

A toro pasado

A toro pasado voy a contar una anécdota vivida hace una semana. El fin de semana pasado, el sábado 28 de mayo, fui al fútbol. A ver una final en Wembley. En el viaje de ida, con el metro repleto de aficionados de los dos equipos, pero, así, a ojo, más del Manchester United que del Barcelona, pedía yo desde mi desapasionamiento futbolero -pero acompañada de dos culés con camiseta y bufanda- que el partido fuera limpio, sin expulsiones (sobre todo del Man Utd) y sin penalties (sobre todo contra el Man Utd). Y, por encima de todo, que ganara quien ganara lo hiciera claramente, que nadie pudiera discutir lo justo del resultado. Más que nada lo pedía yo por tener  la fiesta del viaje de vuelta en paz, sin altercados.

Para cuando  nos tocó volver en metro ya no se veían camisetas, ni bufandas del Manchester United en el estadio de Wembley, ni en sus aledaños, pero en mi vagón del metro, de bote en bote, había dos rezagados junto a quienes tuvimos que apretujarnos. Yo y los dos parientes que me acompañaban.  "Vaya, también es mala suerte que para dos rezagados que quedan me toquen a mí" pensé yo, que en esto de ir a estadios de fútbol estoy un poco verde. Y aquí empezaron las sorpresas agradables.

Eran dos hombres de mediana edad, cuarentones o cincuentones, y desde el primer momento entablaron conversación amable y con sentido de humor. Pidieron un "souvenir" del Barça y mi hermano les regaló uno de los banderines que había en los asientos del estadio. Uno de ellos, lata de cerveza en mano -y era evidente que no era la primera, ni la tercera del día- empezó a decir cosas del tipo que era una bendición haber visto jugar al Barcelona (con la derrota 3-1 en caliente) y, muy especialmente, a Messi. Que era Dios, que era mejor que Maradona y que Pelé. Y que le dejaría esa bandera del Barça en herencia a sus nietos como testigo de que había visto jugar a ese equipo... Ya he dicho que esa cerveza no era la primera del día. Por nuestra parte tuvimos que hacer la concesión de que Georgie Best fue casi tan bueno como Messi. Y, claro, callar lo que sabíamos de la cara oscura de su luna.

Del rato detenidos en la estación de Wembley Park a la de Baker Street fueron veinte o treinta minutos en que nos estuvieron deleitando con una amplia muestra de su repetorio de canciones, la mayoría con tanto ingenio poético y talento musical como groserías (sobre todo, machistas). Al final nos despedimos con besos y abrazos.

En unos asientos, alejados de la conversación, había un grupo de jóvenes aficionados del Barça desconcertados, si no molestos, porque no entendían que si su equipo era el que había ganado fuesen los ingleses quienes monopolizaran los cantos en ese vagón. Mi otro pariente, un primo, les decía algo así como "dejadlo, no cantéis. Nosotros tenemos mejor equipo, pero a cantar no hay manera de que les podamos ganar".

Cuento esta anécdota porque me dio por reflexionar y por pensar que tal vez, si en lugar de coincidir unas personas ya maduras y que hablábamos inglés y por encima de todo queríamos tener la fiesta en paz, se hubiesen juntado aficionados de otro perfil y con dificultades para comunicarse entre ellos, tal vez, ese viaje de vuelta en un vagón de metro abarrotado habría sido una experiencia desagradable en lugar de lo que para nosotros fue un rato de lo más ameno y divertido.

En los casi dos años que llevo en Londres he percibido que el Manchester United es uno de los equipos más detestados en Inglaterra. Es muy probable, pero  en ese trayecto en metro se ganaron un par, o tres, de simpatías.

Y tal vez todo fuera una anécdota intrascendente. Sin más.

PD A los habituales de este blog a quienes, como diría el gran Pepe Isbert, debo una explicación, se la voy a dar. O casi. Mi ausencia se ha debido a una serie de elementos que se han vuelta en contra. Y uno de ellos es que una vez más se cumple eso de que quien mucho abarca poco aprieta, y me he encontrado con que no podía seguir contribuyendo a este blog con la dedicación que quienes lo visitan se merecen.      

Anna Bosch


Hubo un tiempo, a principios del siglo XX, en que el mapa mundi que colgaba por estas tierras tenía una cuarta parte de color rosa, el color de los dominios del Imperio Británico. Una cuarta parte del mundo estaba bajo la corona del rey, o la reina, de Inglaterra. De aquel imperio hoy probablemente quede sólo la BBC World Service (God save the BBC World Service!) y la Special Relationship con el imperio actual, los EEUU, sus antiguas Trece Colonias corregidas y aumentadas.
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