Apartar la mirada

Las duras imágenes que estos días nos llegan de los refugiados sirios tratando de llegar a Alemania han traído a mi memoria algunos recuerdos de los seis años (2001-2007) que pasé en Marruecos como corresponsal. Me cuesta olvidar el impacto inicial que me produjo la dimensión de la pobreza imperante en el país que me acogía. En la España que yo acababa de dejar también había mendigos, gente sin hogar y mujeres con bebés entre sus brazos pidiendo limosna.  Pero lo de Marruecos era distinto. No era una mendicidad puntual, localizada en núcleos urbanos deprimidos y en segmentos sociales más o menos definidos y perfectamente identificables. Allí la pobreza se hacía omnipresente. Como dirían los castizos, formaba parte del paisaje.

Sin proponérmelo, en pocos meses acabé conociendo las mil y una formas en que la miseria le mira a uno a la cara con la intención dejarle una arruga de dolor. Estaba claro que mi condición de occidental contribuía a convertirme en candidato a ser abordado diariamente por toda clase de mendigos. En los mercados, los semáforos, las cafeterías o en la puerta de casa. El problema no era cuestión de unas monedas más o menos. Era verme la cara todos los días con gente necesitada que, sin palabras, apelaba a mi conciencia y a mi caridad. Seguramente no era su intención, pero me hacían sentir responsable de una injusticia que hasta entonces había permanecido ajena a mi vida. O eso creía.

Cuando compartí esta opinión con otros colegas españoles o franceses, descubrí que todos vivían sensaciones y experiencias similares.

Hasta cierto punto era lógico y normal. Éramos profesionales privilegiados en un país con un alto índice de pobreza. ¡Qué esperábamos!

Recuerdo la historia de un hombre maduro, desdentado, con un traje raído y zapatos que posiblemente morirían sin conocer el betún. Me abordó en el centro de Rabat para contarme la película de terror en que se había convertido su vida. Mantenía un tono de dignidad para describir la enfermedad degenerativa que sufría. La pérdida del puesto de trabajo, de ingresos. La ausencia de cobertura sanitaria y de cualquier otra prestación social. La indigencia. Y lo peor, la falta de respuesta a las demandas de su familia. Había descubierto con dolor, pero de manera inevitable, que su hija de 18 años se prostituía para cubrir sus gastos más elementales.

Este hombre no pedía limosna, al menos explícitamente. Reconoció que buscaba un acercamiento solidario, el simple gesto de comprensión de quien, si no en ese momento, tal vez en el futuro pudiera ayudarle. Le pregunté lo obvio: porqué me contaba eso a mí, a un desconocido, y no a un familiar, a un amigo, un vecino…

La clave estaba en que yo, por alguna razón, no aparté la vista cuando me paró en la calle. Cuando descubrió que mi mirada no evitaba la suya supo inmediatamente que tendría en mí un interlocutor, un leve rayo de esperanza. “Eso les distingue a ustedes, los europeos, del resto de la gente adinerada de este país”, me dijo.

Y fue entonces, -al ver mi cara de asombro, supongo- cuando me dio a conocer un código para mí desconocido, pero que luego pude comprobar era ampliamente utilizado por los marroquíes más pudientes. Describió con detalle cómo debía actuar si quería evitar con eficacia a la legión de menesterosos con que me cruzaba cada día: “Cuando vea que se acercan hacia usted con la intención de pedir, gire la cabeza hacia el lado opuesto y coloque la palma de la mano frente a la otra persona, dejando claro que no quiere que se acerque más. Y no se le ocurra mirarle a los ojos, porque entonces no se la quitará de encima”.

De hecho los mendigos callejeros de Marruecos saben que no tienen nada que hacer con los adinerados del país cuando actúan así. Mirada esquiva y una mano que hace de barrera física. Nada más disuasorio. Insistir es perder el tiempo, o peor.

Fue un tiempo duro. Una época en la que llegué a sentir que mi salud estaba en peligro.

 

 

 

 

¿Felicidad plena?

Espinosa

 

La fotografía de la vuelta de Javier Espinosa y su hijo recibiéndole se ha convertido en una de las imágenes más conmovedoras de los últimos tiempos. “Es la plena felicidad”, dicen que dijo su mujer en el reencuentro. Normal. Y hubo muchos compañeros periodistas que hicieron suya la expresión a la hora de calificar la foto.

Siempre he defendido que no hace falta tener hijos para ser responsable en la vida. Y mucho menos para sentirse feliz. Dicho esto, me acuerdo de otras liberaciones recientes en las que los secuestrados se abrazaban también a sus familiares en la pista del aeropuerto. Pero no había niños corriendo con los brazos abiertos. Momentos también felices, claro, pero no era lo mismo. Nadie hablaba de felicidad plena. Los  titulares eran otros: “Desenlace feliz”, “Al fin liberados”…

 Quienes tienen o han tenido hijos pequeños saben la satisfacción que supone que te esperen con los brazos abiertos simplemente cuando llegas a casa hecho polvo del trabajo o de un largo viaje. No llego ni a imaginar lo que tiene que ser el reencuentro tras un secuestro.

Pero claro, no hay que olvidar un detalle, y es que esos pequeñajos que tanto nos abrazan luego crecen. Se hacen adolescentes antes de lo que pensamos y somos nosotros los que acabamos esperándoles en casa o en un aeropuerto con los brazos abiertos dando gracias cada día porque no les pase nada.

¿La felicidad es esto? Pues no lo sé. No me atrevo a decir ni sí ni no. En cualquier caso sí les puedo asegurar que no está muy lejos de la imagen que han dejado Espinosa y su hijo, que al fin y al cabo no es más, ni menos, que el abrazo de todo padre con su pequeño.

Lo paradójico es que hay muchas parejas en España que no tienen la más mínima intención de iniciarse en el camino de la felicidad materno-paterno filial. El otro día lo leí en un artículo en El Diario Vasco. No solo se esgrimen, como es de suponer, razones económicas. Argumento de peso sin duda para pensárselo antes de tener hijos. Sino que se apuntan nuevas tendencias, nuevas corrientes sociales en las que las parejas no contemplan ni por asomo tener descendencia, al margen de su situación económica.

En Dinamarca, donde la tasa de natalidad lleva cayendo en los últimos 27 años, se ha puesto en marcha una campaña titulada “Hazlo por Dinamarca”. Que consiste en facilitar el sexo y la procreación entre las parejas. ¿Cómo? Pues incentivando los viajes al extranjero, que es donde estadísticamente se concibe a uno de cada diez nuevos daneses. El mejor momento, por lo visto, es durante las vacaciones y en lugares lejos de los rutinarios. Quienes consigan quedarse embarazados durante su asueto podrán entrar en el sorteo de tres años de suministros para el vástago gratis, un carrito y unas vacaciones para toda la familia. El objetivo, pues que vuelva a haber más jóvenes que viejos, algo que lógicamente preocupa al gobierno danés.

DinamarcaLes dejo aquí el video de la campaña “Hazlo por Dinamarca”, que por cierto arrasa en la red.

Por su parte, nuestro Instituto Nacional de Estadística ya ha avisado que de mantenerse la actual tendencia demográfica España perderá 2,5 millones de habitantes  durante la próxima década, y a partir de 2017 habrá más muertes que nacimientos.

Nosotros no tenemos campaña para viajar al exterior y pasar noches de ensueño en hoteles de lujo. Pero tenemos la foto de Espinosa y su hijo.

Si esta no es una buena razón para animarse es que, definitivamente, estamos perdidos. Y nuestras pensiones. O qué se creen.

 

Ejercicio de agudeza visual (digital)

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En los blogs y en los periódicos, tanto de papel como digitales, muchas veces se utilizan las fotografías únicamente para ilustrar los textos. Y eso que siempre repetimos el mantra de que una imagen vale más que mil palabras. Pero nuestros abnegados compañeros gráficos saben que los “plumillas” difícilmente nos resistimos a la tentación de seguir acaparando  999 palabras para dejar la última, o la primera, a la foto, a la imagen.

Les prometo sin embargo que en esta ocasión voy a hacer un esfuerzo de contención para que, a su vez, hagan ustedes un ejercicio de agudeza visual. La instantánea que encabeza este comentario la capté en un vagón del metro de Londres. En la Central Line, una de las líneas más concurridas.

Observen que en la bancada de la derecha (parece el Parlamento de Westminster) todos los pasajeros centran la atención en sus respectivos dispositivos digitales. Algunos incluso para abstraerse por completo utilizan los auriculares. En la parte izquierda (la ubicación es puramente casual, no hay mensaje subliminal) e incluso en el fondo aparecen algunos periódicos de papel.

Tengan en cuenta que a la entrada de la mayor parte de las estaciones del metro de Londres  se entregan periódicos y revistas gratuitos como Time Out, o Metro. Repletos de publicidad, por eso son gratuitos, y dedicados al ocio o a cierto famoseo. Una lectura ligera en cualquier caso para un trayecto no muy largo.

La foto la tomé a la altura de la estación de Marble Arch, dos paradas antes de llegar a Oxford Circus, mi destino. Unos pocos minutos por lo tanto para reflexionar sobre un par de cuestiones que la falta de tiempo, ya disculparán, me obliga a plantear sin rodeos:

Cuadro dig2¿Cuánto tiempo van a sobrevivir los periódicos de papel de pago tal y como hoy los conocemos? Y es más ¿durante cuánto tiempo la tv va a seguir manteniéndose como la pantalla principal de nuestras vidas?

Aquí al lado les dejo un cuadro con datos sobre el empleo diario de los medios tradicionales y los digitales en el Reino Unido. Los van a entender fácilmente. Fíjense en el más llamativo. Todo el conjunto de “pantallitas inteligentes” se ven ya más que la gran caja tonta de la tv.

¿Hacia dónde vamos? Es la gran pregunta que se hacen los entendidos en la cosa sin saberlo muy bien.

Yo solo sé que me bajo en esta. Ya he llegado a Oxford Circus.

 

 

¿Sueñan los verificadores con periodistas eléctricos?


Tengo que reconocer que cuando alguien de la redacción de Madrid duda sobre la importancia o no de alguna noticia del Reino Unido, echo mano de un recurso infalible para convencerle: “Lo dice la BBC”.

 Muy pocos se atreven a cuestionar lo que emite la cadena pública británica. A ver quién es el listo. Y hasta cierto punto es normal. Nadie les gana en medios, en historia, en credibilidad, en independencia… En todo lo que vds quieran. Aunque también es verdad que en los últimos años han vivido crisis internas de profundo calado relacionadas con escándalos de abusos sexuales. Pero bueno, eso no viene al caso.

Y estoy seguro que lo mismo han debido de pensar tanto los dos encapuchados de ETA como los dos no encapuchados, pero envueltos en el título de verificadores, cuando decidieron grabar y entregar la cinta en exclusiva a la cadena británica con el ridículo arsenal que ven aquí debajo: “Que lo diga la BBC”… (Que a nosotros nos da la risa).

Arsenal

Porque reconocerán conmigo que la puesta en escena del Hotel Carlton en Bilbao fue, si no de chiste, cuando menos decepcionante. Mucha aglomeración de medios y mucha expectación internacional para, al final, quedarse todo en la lectura de un par de folios con el sello de ETA. Ojo al detalle, que la firma es imprescindible. Deja bien a las claras quién escribe el guión de este teatrillo en dos idiomas que amenaza con convertirse en culebrón. Y eso que no hay peor gesto y signo de mala educación que decir que te vas, despedirte, y no hacerlo. Pero bueno, si solo fuera una cuestión de educación...

A lo que vamos. Que el video de la BBC, aunque ridículo, ha cumplido perfectamente su función. De hecho nada más terminar la comparecencia y lectura de los verificadores (y seguimos sin hacer preguntas a cambio de aceptar cualquier excusa) la página web de la cadena de tv colgó el video para que todos lo tuiteáramos y se viera en los telediarios.

20140221123738Lo vino a decir el verificador Ram Manikkailingan (a la izda.) cuando levantaba los folios para los gráficos: “He visto cosas que vosotros no creeríais”. Como el replicante de la película Blade Runner. Ya saben, la que se inspiró en la novela de Philip K. Dick, “Sueñan los androides con ovejas eléctricas”, y que tiene como tema central el impreciso límite entre lo natural y lo artificial.

Los verificadores han visto naves en Orión y arsenales que ETA ha decidido sellar con un sello en el papel. Y como prueba aquí está la cinta. Bien es cierto que en 2011 los terroristas recurrieron al “Der Spiegel”, “The Guardian” y algún periódico más, además de la BBC, para difundir su “conflicto” a nivel internacional. Pero esta vez con la cadena británica les ha sido suficiente. Ha cumplido con su papel perfectamente. Esperó a que terminara la comparecencia de los verificadores en Bilbao para colgar en la red el exclusivo vídeo. La prueba irrefutable sobre la que se apoyan los dos folios. “Lo dice la BBC”.

Para el próximo viaje interestelar al zulo de la puerta de Tannhauser hará falta mucho valor y poca vergüenza.

¿Sueñan los verificadores con periodistas eléctricos?

 

Las cuchillas de Melilla

Abro la temporada de este blog con un tema que nada tiene que ver con Londres ni el Reino Unido. Aunque bien mirado, la inmigración en todas sus dimensiones afecta a Europa en su conjunto, especialmente a aquellos países que por razones geográficas, económicas o históricas se han convertido en los últimos años en lugares de recepción de personas en busca de una vida mejor.

Dicho esto, tengo que reconocer que ha habido una razón de peso que me ha llevado a escribir sobre este tema. Y es que en su día pude conocer personalmente la mezcla de sentimientos, por llamarlo de alguna manera, que empuja a una persona a lanzarse sobre la famosa valla de Melilla y sus cortantes cuchillas.

Allá por el verano de 2005 el reportero de la corresponsalía de TVE en Rabat, Keko Dorado y quien esto escribe decidimos conocer de cerca la tragedia de los inmigrantes subsaharianos en su última etapa en Marruecos. Porque en las anteriores, nos contaban ellos mismos, muchos morían en la arena del desierto víctimas de cualquier enfermedad o simplemente de hambre y sed. Hombres, mujeres y niños.

Pero ya frente a Melilla quedaban atrás todas las penalidades del Sahara y la vida clandestina en Marruecos, donde por cierto viven perseguidos y apaleados por la policía. Y con Europa ya enfrente, “solo” queda saltar una valla de seis metros de altura reforzada con una concertina (qué palabra tan dulce, me recuerda a guillotina, será porque corta rápida y limpiamente) de afiladas cuchillas.

Así que como les contaba, nos fuimos a los bosques de Farhana y Mariuari, en el lado marroquí de la valla, para comprobar con el objetivo de nuestra propia cámara cómo se las ingeniaban para tratar de saltar el muro de alambre. Entablamos contacto rápidamente. Los malienses, especialmente simpáticos y educados, nos hicieron un hueco en su campamento. Todos jóvenes, castigados por las carencias, pero físicamente fuertes. No había sitio para los débiles, que se habían quedado por el camino.

No fue difícil ganarnos su confianza. Además de compartir comida les facilitamos lo que más necesitaban: vendas, alcohol, gasas, desinfectante… Todos tenían las manos cortadas, los pies heridos o una brecha sin cerrar en mitad de la cabeza. El culatazo de un gendarme marroquí, una carrera atropellada en mitad de la noche o el alambre de la valla habían sido los culpables. Pero nada ni nadie les iba a parar. “Esa valla la saltaré aunque la suban hasta el cielo”, fue la frase mítica de uno de ellos.

Y así fue. Después de un corto sueño junto al fuego, esa misma noche grabamos cómo con unas escaleras artesanales hechas con troncos, protegidos con harapos y empujados por la miseria que les mordía las espaldas, un grupo se lanzó sobre la valla sin mirar para atrás. Solo les preocupaba que la ronda de la Guardia Civil y la de los mehanis marroquíes no les impidiera el paso. Algunos lograron el objetivo, otros fueron detenidos. No importaba, habría más oportunidades.

Todo esto quedó reflejado en varios Telediarios y en un reportaje que se emitió en Informe Semanal y que llevaba por título “El salto de la valla”. Para qué más rodeos.

De aquella experiencia me quedó una idea clara: Ya puede el gobierno de turno, del signo que sea, poner las vallas con los alambres y las cuchillas que quiera que mientras la miseria no se ataje en su origen siempre habrá alguien dispuesto a jugarse la vida. Nosotros podemos ponernos más o menos dignos diciendo que las cuchillas son una salvajada, que son inhumanas. Les aseguro que para los subsaharianos que tratan de saltar, esas hojas afiladas que frenan el paso no son lo más inhumano que han encontrado desde que dejaron sus casas. Alguien dirá que esa no es razón para que nosotros las pongamos en nuestra frontera. Y es cierto, pero que tenga claro quien diga eso que pedir que las quiten no le hace mejor persona, ni contribuye con ello a paliar los sufrimientos de los inmigrantes subsaharianos.

Porque ellos han vivido un auténtico vía crucis ya antes incluso de dejar sus países. Han dejado seres queridos por el camino, han sufrido persecución, desprecio, hambre, enfermedad…¿Queremos comportarnos como seres humanos con ellos? Pues no nos limitemos a pedir que no pongan cuchillas, pidamos que quiten la valla entera. Ah, que tampoco es eso…Pues no nos hagamos trampas al solitario y respondamos con franqueza: ¿Queremos que entren libremente en nuestro país sí o no? Y una vez obtenida la respuesta, actuemos en consecuencia. O quitamos la valla al completo o ponemos todos los medios para que no puedan saltarla. Quien crea que el alambre de espino al final de una valla de seis metros entra dentro de lo razonable y civilizado, y que las cuchillas son algo propio de personas sin escrúpulos, lo único que hace es adormecer su conciencia.

Porque si actuáramos en conciencia, lo que deberíamos hacer es evitar que llegaran incluso a esa valla. Deberíamos evitar que dejaran sus casas, que atravesaran el desierto, que fueran maltratados en países que nuestros gobiernos reconocen como amigos. Porque la valla, al final, no es su muro de las lamentaciones, es el nuestro.

Entendamos cuanto antes que el fenómeno de la inmigración es como el Sol. Imparable, necesario, vital. Los hombres y mujeres llegados de otros lugares ayudan y contribuyen al desarrollo y transformación de sociedades y países, como el astro rey aporta a nuestros cuerpos las vitaminas y los elementos necesarios para que la vida siga. Pero cuidado con la sobreexposición. Usen protección. Lo dicen los dermatólogos. No hace falta que les explique las consecuencias.

Gracias, al equipo

La televisión es un trabajo en equipo. Es un tópico y es la realidad. Los avances técnicos permiten a algunos empresarios o directivos de empresas fomentar la idea del periodista-orquesta (low cost lo llaman algunos ahora para hacerse los modernos y viajados) y algunos colegas ya lo están sufriendo. Ya pasé por un experimento similar hace veinte años y, para no alargarme, lo resumiré con el refranero. Quien mucho abarca poco aprieta. 

La televisión es un trabajo en equipo. Y en las corresponsalías ese trabajo en equipo es vital y arriesgado. Una corresponsalía como ésta es una redacción en pequeño, pero donde, a diferencia de la redacción central, no hay secciones, ni turnos. Las mismas dos o tres personas a quienes tienes que pedir que madruguen, si hay que madrugar, son las mismas a quienes tienes que pedir que trasnochen, si hay que trasnochar; que trabajen el fin de semana, si hay que trabajar, o alteren unas vacaciones, aunque eso vaya contra los planes familiares. Son siempre las mismas dos o tres personas trabajando y conviviendo entre las mismas cuatro paredes. Y en los viajes.  Y ya se sabe, el roce hace el cariño, pero, también se sabe, del roce saltan chispas. En mi caso en Londres ha sido lo primero y se lo tengo que agradecer a Rafa, a Monse (hay una razón para la missing T) a Fonta y a quienes en algún momento han pasado por esta oficina en estos tres años, a Pilar, a Tania y a Lourdes.

 

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A menudo, muy a menudo, casi siempre, si el trabajo de una luce es gracias al equipo. A sus habilidades profesionales, a su paciencia y, también en este caso, a su capacidad para canturrear una canción o echar unas risas.  Y hablando de cantar, me despido de este blog -que hasta ahora ha ido con el corresponsal de Londres- como lo saludé cuando llegué. Con una de las grandes contribuciones de la cultura popular británica, aun sabiendo que cada día hay más personas a quienes cada día les cuesta más saber adónde mirar para ver ese bright side de la vida.   

 

  

 Last but not least, gracias a quien durante este tiempo se ha encargado de tener la nevera de casa llena y, muy especialmente, gracias a quienes se han pasado en algún momento por este blog o el anterior, en Washington, y a quienes andan por twitter. Me han ayudado a enmendar y mejorar. Próxima etapa, Madrid.  Nos vemos por aquí. @annabosch

La crisis de la BBC

La BBC, una de las instituciones británicas más respetadas dentro y fuera del Reino Unido, atraviesa una de las peores crisis de su historia, algunos dicen que la peor. Y en esta ocasión no se trata de uno de sus enfrentamientos con el gobierno -sí, han ledído bien, con el gobierno- sino de factura propia.

Escándalo Savile

El primer capítulo de esta crisis estalló hace algo más de un mes cuando ITV, una cadena de la competencia, emitió un reportaje en el que víctimas de abusos sexuales acusaban a Jimmy Savile, una estrella de la BBC que murió en octubre el año pasado, de haber abusado de ellas sexualmente cuando eran jóvenes, incluso menores de edad. El escándalo tiene dos vertientes.

Una, la supuesta vista gorda que la BBC estuvo haciendo durante décadas sobre el comportamiento  de una de sus estrellas que, según la policía, puede haber sido uno de los mayores "depredadores sexuales conocidos". Agravado por el hecho de que en sus programas Savile estaba a menudo con menores y que, según el relato de algunas de las supuestas víctimas, algunos de los ataques sexuales se produjeron en dependencias de la BBC.

La segunda vertiente de este primer  capítulo de la crisis es que el programa Newsnight, uno de los informativos de referencia de la BBC, tenía un reportaje similar al de ITV listo para emitir en noviembre del año pasado, pero al final el director del programa decidió no emitirlo. Bajo sospecha está si esa decisión se tomó simplemente por cautela editorial, a tenor de la gravedad de las acusaciones, o por conveniencia empresarial ya que BBC tenía previsto en Navidades una programación especial de homenaje a Savile, célebre y respetado no sólo por sus propramas pioneros de música pop (era el conductor de Top of the Pops), sino por el mucho dinero que recaudó para obras benéficas.

 

 

Segundo capítulo. Norte de Gales

El segundo capítulo de esta crisis lo ha desencadenado un reportaje que sí emitió el mismo programa, Newsnight, el pasado día 2. En él se recogía el testimonio de una víctima de un caso escalofriante de abusos sexuales que ya se investigó en los años 90. El caso de un centro de acogida en el Norte de Gales que "servía" algunos de sus internos a pederastas. Una de las víctimas señaló como uno de sus violadores a un político conservador relevante en la época de Margaret Thatcher. BBC no identificó al acusado, pero fue cuestión de horas que el nombre apareciera en internet y fuera Trending Topic en twitter.  El político en cuestión, Lord McAlpine, decidió finalmente el viernes hacer pública una declaración en la que decía que él no había tenido nada que ver con todo eso. Más grave, el denunciante al ver la foto del político dijo que ésa no era la persona que lo había violado y que la confusión venía de que esa no era la foto que le había enseñado la policía cuando se llevó a cabo la investigación.

Él pidió perdón, Newsnight pidió perdón y la BBC pidió perdón. Pero no bastaba y la prueba de que no bastaba es que el viernes por la noche el conductor de Newsnight despidió así: "Newsnight volverá el lunes. Probablemente".

De no haber habido el capítulo uno de esta crisis, la no emisión de aquel reportaje denuncia contra Savile, es probable que no se hubiese producido el segundo, la emisión de una denuncia que resultó errónea.  

Reacción BBC

La BBC es consciente de que su supervivencia no depende del gobierno ni de los políticos (a quienes somete permanentemente a escrutinio hasta llegar incluso a la impertinencia), sino de la confianza que le tienen los ciudadanos, y contribuyentes (cada hogar británico paga obligatoriamente al año 145,50 libras (unos 180€) para financiar la BBC). 

Y ante esta crisis de factura propia, y para mantener por encima de todo esa confianza,  además de pedir perdón, ha abierto una investigación para saber qué pasó y por qué fallaron los filtros que fallaran, y además -para demostrar que siguen siendo una de las mejores empresas de periodismo del mundo- informa sobre su crisis como informaría de otra. O lo intenta. 

Y así tuvimos el mes pasado el caso de una programa de la BBC, Panorama, investigando a otro, Newsnight. Y emitiéndolo. El director de Newsnight, Peter Rippon, apartado temporalmente  de su cargo. Y ayer, sábado por la mañana, el Director General de la BBC, George Entwistle, se sometió al interrogatorio de uno de los entrevistadores más incisivos, John Humphrys, en Radio4 sobre el segundo capítulo de esta crisis. La dureza de esa entrevista y la sensación que dejó de que el Director General no estaba realmente al tanto de lo que pasaba contribuyó a que esa misma noche el Director General dimitiera. El Director General no puede estar supervisando todos los contenidos de lo que se emite, pero como máximo responsable, dijo anoche, lo honorable era dimitir. Lo hizo en directo, ante las cámaras de BBC y acompañado del presidente de BBC Trust, que es el órgano que supervisa la BBC. Entwistle aún no llevaba ni dos meses en el cargo.

Y pueden visitar en la web todo un apartado dedicado a Crisis en la BBC.

 Reservoir Dogs

Esa expresión está en uno de los titulares sobre el caso en el Sunday Times, periódico de la competencia y del grupo Murdoch, críticos acérrimos de la BBC. No es dificil imaginar unas tensiones internas brutales entre pesos pesados y mega-egos de la BBC. Uno de esos pesos pesados es Jeremy Paxman, el conductor emblemático de Newsnight (que no conducía el programa el día en que se emitió el reportaje. Él suele presentar de lunes a miércoles). Como Humphrys, Paxman pasa de los 60 años y lleva más de 20 conduciendo el programa. Anoche emitió un comunicado en el que arremetía contra la manera de funcionar de la actual BBC, alababa el talento del Director General dimisionario (que había dirigido Newsnight en el pasado) y decía que había sido derribado por unos "cobardes e incompetentes". 

Termino de escribir esto mientras la crisis de la BBC sigue siendo la principal noticia en todos los los boletines e informativos de la BBC y, una vez que su director general ha dimitido, en ellos preguntan insistentemente si no debería dimitir también el presidente, Chris Patten, un veterano político conservador, hoy máxima autoridad encargada de defender y controlar a la British Broadcasting Corporation.  Patten y quienes lo han entrevistado hoy en la BBC subrayan que si la BBC tiene el presitigio que tiene es por su calidad haciendo periodismo y periodismo de investigación y que tienen que seguir practicándolo también en el tratamiento de esta crisis, por mucho que duela. 

Mientras la BBC hace un ejercicio extraordinario -y doloroso- de autocrítica y transparencia no es difícil imaginarse a los políticos y la competencia esbozando una media sonrisa. Esta crisis de la BBC es de factura propia.        

 

@annabosch

 

 

Barack Obama, desde esta orilla del charco.

En el Reino Unido no se produjo hace cuatro años la Obamanía de otros países europeos. Que me rectifiquen quienes estaban aquí, si no fue así. Y tampoco la ha habido durante su -¿primera?¿única?- presidencia. 

No Obamanía, sino más bien manía a Obama.

Sigo desde hace años la prensa británcia -yes, sobre todo la BBC- y Barack Obama ha sido tratado por la prensa británica con cierto recelo. Lo acusaron al principio de ser poco menos que el presidente que ponía fin a la Special Relationship iniciada por Churchill y Roosevelt en la segunda guerra mundial. Una relación tan querida por los británicos como sucedáneo de su imperio como ignorada por los estadounidenses. 

Para apoyar sus argumentos la prensa británica recordaba que el padre de Obama era de Kenia, ex colonia británica que sufrió una violencia brutal en el proceso de independencia, y de ahí deducían resentimiento en el hijo. Poco menos que un insulto fue para la prensa británica enterarse de que el presidente Obama había retirado del despacho oval el busto de Sir Winston. Y un desaire inaceptable fue para ellos también que a la primera ocasión que hubo al primer ministro británico, Gordon Brown, de visita a la Casa Blanca no se le ofreciera una rueda de prensa conjunta con el presidente como había ocurrido cada vez que Blair visitó a Bush. El escándalo que montaron fue tal que al final la Casa Blanca accedió al formato ése que consiste en dejar entrar a unos pocos medios al despacho oval para que, apoyados en un sofá o tirados por el suelo y cámara al hombro, hagan un par de preguntas. El trasfondo tenso de esa rueda de prensa quedó en evidencia cuando el presidente preguntó "Where are the Brits?" con tono de "este número se ha montado por ellos, en cuanto me confirméis que están aquí empezamos lo de las preguntas y cuanto antes terminemos, mejor". Por no hablar de cómo criticaron que le regalara a Brown unos DVD que no podían verse en el Reino Unido y, ¡a la Reina! un i-pod.  Americans...

No es con los Brits, es con Europa

El candiato Obama vino a Europa durante la campaña de 2008, se vio con Brown, dio una rueda de prensa con un Sarkozy entregado que se comparó con él en calidad de outsider, y en Berlín se dio aquel famoso baño de multitudes, pero Europa no ha sido una prioridad para el candidato ni para el presidente Obama. El mundo ha cambiado, sigue cambiando, y Europa -salvo por la crisis económica ahora- preocupa poco a los Estados Unidos. El interés está en otro lugar, Asia primordialmente. Sufrí y fui testigo de cómo la campaña de Obama ninguneó a la prensa europa. Incluida la alemana. Incluida la británica. Icluida la BBC.

 La relación ha mejorado

 Desde esos primeros desencuentros la relación ha mejorado y los Obama han sido recibidos en dos ocasiones en Buckingham Palace. En la primera Michelle le puso la mano encima a la intocable reina de Inglaterra y en la segunda, Barack se puso a hablar encima del himno, ¡el God Save the Queen!  Pero, no pasa nada, hey, ¿quién es el emperador ahora?

Dave y Barack jugaron una pequeña partida de ping-pong ante las cámaras de televisión. Y en un instituto del norte de Londres Michelle dejó una huella profunda en el corazón y las ganas de superación de unas estudiantes que por su origen tendrán que esforzarse como mínimo el doble que otras para perseguir sus sueños. Un mérito de Michelle que nadie le discute.  

La relación personal y la realpolitik han mejorado tanto la relación del Reino Unido con el presidente Obama que cuando Obama correspondió a su visita de Estado al Reino Unido con una invitación al primer ministro Cameron sí hubo rueda de prensa conjunta de primera clase en la Casa Blanca, y en la cena de Estado el primer ministro, David Cameron, se deshizo tanto en elogios al presidente Obama que muchos en su partido, el Conservador, se sintieron incómodos.

 

 

¿Qué fue del idilio ideológico y económico Reagan-Thatcher? Muchos en el partido conservador no sólo consideraron que era una alianza contranatura (como la de Bush y Blair, pero a la inversa), sino una imprudencia diplomática. ¿Qué hace el primer ministro británico haciendo poco menos que campaña por Obama? Y si los estadounidenses van y eligen a Mitt Romney, ¿en qué posición queda el gobierno británico?   

A estribor

Hay varios factores que explican que Cameron se sienta más cerca de Obama que de Romney. El prinicipal es que el espectro político en los EEUU se ha escorado a la derecha desde los años Reagan. Y, además, a la derecha religiosa. Algo que choca con una vida política británica muy laica, a pesar de que institucionalmente no hay una clara separación Iglesia-Estado en el Reino Unido. En lo social/moral, además, Cameron pretende liderar una mayor apertura y modernización de su partido, justo lo contrario de lo que está ocurriendo en el Partido Republicano. Influye también el factor generacional. Cameron tiene más en común con Obama que con Romney, a pesar de venir de orígenes familiares y económicos muy distintos.

Tal vez sin euforia, pero con Obama

El resultado es que hoy la gran mayoría de los británicos, un 70% según sondeos de YouGov de esta semana, quiere que este martes los estadounideneses reelijan a Barack Obama, sólo un 7% se decanta por Romney. En esto, y aunque sea a pesar de muchos de ellos, los británicos también son europeos.    

                                                                                                                                                                                                                

@annabosch

 

 

 

El referéndum de independencia de Escocia

El acuerdo ya es oficial y se ha escenificado esta tarde en Edimburgo, capital de Escocia. El parlamento británico le transfiere temporalmente al escocés las competencias para convocar un referéndum de independencia. Lo hace después de pactar una serie de condiciones y con una fecha límite, finales de 2014.

Como ya escribí en este blog a principios de año, el gobierno Cameron prefería que ese referéndum fuera antes y no es dificil adivinar que una de las razones son las encuestas, según las cuales en estos momentos la mayoría de los escoceses prefiere seguir dentro del Reino Unido.

Ambas partes ceden

El gobierno de Londres ha cedido en la fecha, será como quería el primer ministro escocés, Alex Salmond, en otoño de 2014 y no antes. Cede también en la edad para votar. Podrán votar los escoceses (residentes en Escocia) mayores de 16 años, no 18.

El gobierno escocés ha cedido en las preguntas. Habrá sólo una como quería el gobierno Cameron, independencia sí o no. La formulación la decidirá el gobierno escocés y previsiblemente por lo que anunció Alex Salmond en enero será algo así "¿Está de acuerdo en que Escocia debería ser un país independiente?". Salmond quería añadir una segunda pregunta sobre si los escoceses quieren mayor autonomía. Tampoco cuesta adivinar que Salmond también tiene en cuenta esas mismas  encuestas.   

 Mandato democrático

En las elecciones autonómicas del año pasado el SNP (Partido Nacional Escocés) prometió un referéndum de independencia. Ganó por mayoría absoluta y, según los analistas y las encuestas, la razón no fue tanto el ansia de independencia de los votantes como la gestión del gobierno Salmond, pero nadie en el Reino Unido cuestiona que si lo llevaba en el programa electoral y tiene mayoría absoluta, tiene un mandato democrático. "Siempre quise demostrar mi respeto a los escoceses. Votaron a un partido que quiere un referéndum y yo lo he hecho posible garantizando que sea decisivo, legal y justo" ha dicho hoy el primer ministro británico, David Cameron, tras firmar el acuerdo con Alex Salmond. Salmond por su parte ha subrayado que el acuerdo era "vital para asegurar que todos respetarán el resultado de ese referéndum".

Por qué 2014

2014 será un año lleno de simbolismo y de acontecimientos que los nacionalistas escoceses confían en que eleven el orgullo patrio al norte del muro de Adriano. Se cumplirán 700 años de la batalla de Bannockburn en la que los escoceses derrotaron a los ingleses. Se celebrarán en Glasgow los Juegos de la Commonwealth en los que los británicos no participarán unidos en  el Team GB, sino compitiendo por sus respectivas naciones/países y banderas, y, si tienen un efecto patriótico similar al de los Juegos de Londres, a fe que subirá el orgullo escocés. Y se celebrará también la Ryder Cup en Escocia. Un verano, confía Alex Salmond, de euforia escocesa mientras que al sur del muro los tres partidos unionistas estarán enfrentados en plena pre-campaña electoral de las generales que tienen que celebrarse en la primavera de 2015. 

 Tono

Las comparaciones son odiosas, y a menudo improcedentes porque no suele haber paralelismos exactos, pero son inevitables. Y para cualquiera familiarizado con el tono, lenguaje y talante del debate sobre el independentismo en España no puede por menos que sorprender satisfactoriamente el tono respetuoso, sosegado y discreto con que se lleva esta cuestión escocesa. De momento. Parece como si la bilis y la visceralidad estuvieran reservadas para los eurófobos cuando hablan sobre la UE.

Un factor importante es que los partidarios de mantener la unión quieren evitar a toda costa que con sus argumentos y tono puedan provocar un efecto contrario al que quieren, y por ello se esfuerzan en buscar argumentos y tono positivo. Evitan decir "no a la independencia", prefieren decir que es mejor para todos seguir juntos, better together.  Y empezando por Cameron subrayan que por supuesto que Escocia puede apañárselas sola, pero que creen que better together.  

Otros factores que puede que contribuyan a ese debate sosegado son la cultura del debate y tradición democrática. Otro, que desde su inicio como entidad política nunca se ha perdido la conciencia de que el Reino Unido es eso, fruto de la unión de varios países distintos. Otro factor es que en muchos ingleses (que son quienes tienen el peso histórico, político, económico y demográfico del Reino Unido) ha calado la convicción de que Escocia vive -y en estos momentos goza de mejores coberturas públicas- gracias a la subvención de Inglaterra. Dicho corto, que Escocia les cuesta dinero a los ingleses. La réplica escocesa es que si los ingresos del petróleo y el gas, que en un 90% están en aguas escocesas, se le imputan a Escocia, entonces resulta que ya no está subvencionada por Inglaterra.  

Hay otro factor posible, y esto es una apreciación personal mía, y es que creo que el hecho de que en Escocia no haya una lengua diferente del inglés ampliamente implantada quita potenciales choques y apasionamiento en los argumentos de ambas partes. 

La paradoja

La paradoja para los conservadores,  en principio los más fervientes defensores de la unidad del reino, es que para sus intereses electorales, si Escocia se independiza, ellos saldrían ganando porque tendrían mucho más fácil lograr mayorías absolutas en lo que quedara del Reino Unido. La pérdida de peso de los conservadores en Escocia ha sido tan espectacular en las últimas décadas que en el parlamento británico sólo hay un diputado conservador, lo que lleva al chiste de que en Escocia hay más osos panda (dos) que diputados conservadores. El partido fuerte en las últimas décadas, sobre todo después de los gobiernos de Margaret Thatcher, ha sido el Laborista. También, los Liberaldemócratas y ahora, el SNP.  

Matrimonio de conveniencias

Una manera de ver este proceso es que la unión política de los dos reinos en 1707  fue un matrimonio de conveniencias. Escocia estaba en bancarrota tras el fracaso estrepitoso de su aventura colonial en Panamá e Inglaterra necesitaba más soldados y aventureros para su imperio creciente. Escocia y los escoceses han estado en primera linea del Imperio Británico, sus beneficios, y también sus vergüenzas,  y desde esa perspectiva podría decirse que ahora que en Londres ya no hay imperio, sino recesión y recortes, y, sin embargo, hay petróleo en el Mar del Norte, la conveniencia del matrimonio es menos evidente para los escoceses.

Alex Salmond

Con el acuerdo para ese referéndum, Salmond es el triunfador hoy porque ha logrado el primer paso de lo que se propuso. Ahora bien, si las encuestas no cambian y los escoceses rechazan la independencia, dentro de dos años será un perdedor.   

David Cameron

David Cameron ha hecho una apuesta arriesgada, precipitar el referéndum, que los escoceses voten, las encuestas se cumplan, y no se hable más durante una temporada de independencia. Si le sale bien, él habrá salvado la unión; si no, habrá sido el último primer ministro del Reino Unido.

 

 

@annabosch

  

Los JJOO del Team GB y el Proud to be British

Es bastante habitual que los británicos critiquen con cierto desdén, incluso desprecio, la forma ostentosa en que los estadounidenses muestran su patriotismo. Ese abuso de la bandera, ese himno a la mínima que organizan un evento, esa mano en el corazón y, sobre todo, esa desacomplejada manera de decir que se sienten orgullosos de ser americanos, ese convencimiento de ser los mejores, y ese grito de guerra, U-S-A! U-S-A! ¡Qué vulgaridad!

Si ustedes han estado por aquí estas últimas dos semanas, puede que se pregunten si esa crítica en el fondo no encierra algo de envidia. 

Union Jack. La bandera

Tiendas, pubs y calles han amortizado las Union Jack que colgaron para el Jubileo de la reina en junio y las han mantenido o duplicado. Muchas personas, sobre todo quienes iban al parque olímpico, se han vestido -o disfrazado- con la bandera, pintado la cara, las uñas, puesto pelucas, pulseras, bolsos, la montura de las gafas...con los colores y las cruces superpuestas de la bandera británica. Una muestra, en esta galería de fotos del Guardian. O este trio de señoras que me tropecé en Hyde Park, uno de los parques habilitados para seguir los JJOO por televisión:

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Los medios de comunicación y mis amigos británicos lo celebran. Celebran que todo el país -o aparentemente todo el país- haya abrazado un símbolo común, independientemente de origenes sociales, geográficos, nacionales o étnicos en estos tiempos de crisis y cinismo. Hay también voces disidentes que lo consideran excesivo y, por lo que decía al inicio, un-british, impropio de los reservados, comedidos, elegantes y selfdeprecating (autocríticos) británicos.  

Team-G-B! Team-G-B!  

 Mi experiencia es que todo país visto de cerca tiene sus peculiaridades, y éste no es una excepción.  Es  un catálogo. De entrada, no es un país, sino varios; no una nación, sino varias, según el vocabulario que emplean ellos. Para terminar de complicarlo, miles, millones, de personas desde fuera no lo perciben así y siguen llamando al todo por la parte. La parte poderosa demográfica, económica, política e históricamente, Inglaterra. Pero el país (o la suma de países), el estado, se llama Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Como para ir a un estadio y gritarlo para animar.

¿Y por qué no se llama Team UK entonces, en lugar de Team GB? La explicación es que en los primeros JJOO de la  era moderna, en 1896, fue la Gran Bretaña y no el Reino Unido uno de los catorce países que participaron.  En los JJOO de 1908 (los primeros aquí en Londres) se confirmó la denominación olímpica oficial como GBR. Y así se quedó. Nominalmente quedan fuera por lo tanto los deportistas de Irlanda del Norte porque ellos no son Gran Bretaña. Y -si aún me siguen- la cosa tiene aún matices. Los atletas de Irlanda del Norte pueden elegir -y así lo hacen- participar en los JJOO con los británicos o con la República de Irlanda. Y -si aún me siguen- no hemos terminado. Ni siquiera Team UK sería absoluamente apropiado porque en el equipo olímpico participan la Isla de Man, las Islas del Canal y otros territorios que no son exactamente parte del Reino Unido.

Total, que el grito de guerra ha sido Team-G-B! Team-G-B! Y nada alimenta tanto el patriotismo, nacionalismo o como lo quieran llamar, que las victorias. Por mucho que el Barón de Coubertin dijera que lo importante no es ganar, sino participar, lo que sube la temperatura patriótica es ganar. También en los JJOO. Y el Team GB ha ganado como nunca antes. 29 medallas de oro, 65 en total. Terceros, en el medallero superados sólo por los dos colosos, los EEUU y la China. ¡Y en casa! Team-G-B! Team-G-B!

Proud to be British

Ese récord de medallas sumado a una organización y funcionamiento de los Juegos que en general pueden considerarse impecables han hecho que una de las frases más repetidas en cuanto le ponían un micrófono a alguien fuera "I'm proud to be British". Orgulloso de ser británico. Según un sondeo de la BBC, el 80% de los británicos cree que los JJOO han aumentado su patriotismo.

Orgullo también para muchos por el hecho de que esos medallistas son un reflejo de un país multicultural y multiétnico. Probablemente tres deportistas encarnan mejor que nadie eso: el doble campeón Mo Farah, emocionante y emitivo oro en los 10.000 y los 5.000m, Jessica Ennis, oro en heptalon,  y Nicola Adams, oro en boxeo. En un país susceptible entre las distintas naciones, etnias, religiones y, muy importante, clases sociales que lo forman es interesante el desglose que el diario The Guardian ha hecho de los medallistas británicos por deporte, sexo, condados , países, educación y edad.  Échenle un ojo.

Para aguarles la fiesta de esa visión conciliadora y optimista de la "britaneidad" una podría recordarles que en Francia hicieron una lectura parecida cuando ganaron el mundial de fútbol en 1998. Y poco después volvieron a arder las banlieues, volvió a denunciarse y debatirse la fracture social y las razones de la malaise nacional. O la literatura que se escribió tras el Mundial de 2010 sobre una España armoniosa y con las tensiones relajadas por la victoria de la Roja...

Mal voy, he osado compararlos con estadounidenses y franceses. Goodness me!

Una cosa hay que concederles a los británicos y lo voy a hacer. En esta euforia patriótica se han envuelto con la bandera -¡hasta cubrieron con ella el suelo del estadio en la ceremonia de clausura!- y se han quedado afónicos gritando Team-G-B! Team-G-B! pero -aunque tal vez lo piensen- no llegan a decir en voz alta que son los mejores, el público se ha volcado en ir a ver deportes de los que posiblemente no tenía ni idea y han animado a todos los deportistas independientemente del país que fueran, y eso sí es fair play.

Y last, but not least. El humor. En la cumbre de esa euforia patriótica hubo espacio para el humor. Como escribió John McDermott en el Financial Times a propósito de la ceremonia de apertura, sólo una verdadera democracia cómoda con las payasadas puede mezclar tan bien lo profundo con lo absurdo.

  

 

 @annabosch

Miguel Ángel Idígoras


El título de este blog “London.es” no es más que una declaración de intenciones. La realidad de esta ciudad británica –que para muchos es la menos británica de las ciudades británicas- y de un país pero desde la perspectiva de un español.
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