8 posts de septiembre 2009

En Dublín. Referendum, toma 2

Esto es como en los rodajes de las películas. Que no nos gusta la primera toma de la escena, hacemos otra, a ver si nos queda mejor. En Irlanda vamos por la segunda toma.

La República de Irlanda es el único de los 27 países de la actual Unión Europea que somete a referendum el Tratado de Lisboa (sustituto de la Constitución que se fue al garete con el NO de franceses y holandeses en referendum) porque así le obliga su constitución, la irlandesa.
Y ya votaron en referendum, en junio del año pasado (podéis consultar los post- Y ahora...Irlanda , Irlanda dice no- de mi antecesor en esta corresponsalía y este blog, Miguel Ángel idígoras) y votaron que NO. Y eso significa que no hay Tratado (porque tiene que ser ratificado por los 27 miembros), ni nada que regule cómo debe funcionar a 27 un club que empezó con 6. Y como no había plan C, pues se decidió que los irlandeses volvieran a votar, a ver si a la segunda iba la vencida.

Esa lógica que tan resumidamente he expuesto es uno de los argumentos de quienes defienden el NO. Que no son maneras, no son maneras democráticas. Hala, a repetir votaciones hasta que salga el resultado que quieren los convocantes.
En el Financial Times un articulista argumenta que las consecuencias son más profundas. Esa falta de transparencia y juego limpio democrático -argumenta- es una de las razones de la desafección ciudadana con la Unión Europea.

Al grano, se me dirá, y ¿cómo está el ambiente y las previsiones la víspera de este segundo referendum?

Todas las encuestas dan el SÍ como ganador esta vez. Y si la reacción ciudadana fuera proporcial al número de abogados del Sí que han hecho campaña, el Tratado se aprobaría por abrumadora mayoría.


Dice el gobierno irlandés que las razoness del NO del año pasado fueron que los ciudadanos no quisieron aprobar algo que desconocían y que la campaña la hicieron sólo los políticos, que están en general desprestigiados, en especial el gobierno. Si el referendum del viernes fuera sobre el gobierno, se perdería. Así que esta vez han llenado los buzones físicos y virtuales de folletos explicativos y han reclutado a artistas, deportistas, empresas y empresarios para defender el Sí. Algunos personajes que pidieron el NO el año pasado se han pasado al SÍ este año.

Las dos campañas usan argumentos tremendistas y alarmantes. La del SÍ, la economía, el mensaje es: ahora estamos mal, pero si votamos NO, estaremos mucho peor.Y es un mensaje que parece haber calado. Que menos mal que Irlanda está en la Unión Europea y en la zona euro en esta crisis porque, si no, estaría como Islandia, en bancarrota. Y que no está el horno para bollos, que los irlandeses no se la pueden jugar y quedar como los aguafiestas de la UE porque lo pagarán muy caro. Que votar no llevará Irlanda a la ruina económica.

La Comisión Europea no ha sido neutral en esta campaña, ha puesto dinero y voluntarios a favor del Sí y es una de las cosas que critica la campaña del NO.

Quien más dinero ha puesto en la campaña por el SÍ (¡medio millón de euros!)y más protagonismo ha cobrado estos últimos días ha sido el Presidente de Ryanair, Michael O'Leary, que hasta hace poco echaba pestes de la Unión Europea, y ha protagonizado un cara a cara subido de tono con el empresario más destado que defiende el NO, Declan Ganley.

Los del NO acusan a O'Leary de pedir el SÍ por puro interés empresarial, para conseguir licencias y favores de la Unión Europea para su linea aérea.
Los del SÍ acusan a Ganley de ser el caballo de Troya de los EEUU o de hedge funds con base en Londres que apuestan por una Irlanda insolvente.



No.

De los partidos políticos con representación parlamentaria y que están en el main stream sólo el Sinn Fein se opone al Tratado de Lisboa. Lo acompañan, grosso modo, diversas organizaciones y partidos de izquierdas y organizaciones conservadoras. Los argumentos en contra van desde el rechazo a un modelo supraeuropeo que consideran poco democrático, alejado de los ciudadanos, al miedo a que"Bruselas" obligue a cambiar excepcionalidades irlandesas como son la prohibición del aborto, la neutralidad militar o el trato fiscal ventajoso para atraer empresas extranjeras. Que traerá a inmigrantes turcos y, lo más chocante, aseguran que la Unión Europea les hará bajar el salario mínimo de 8,65 euros la hora a 1,84. ¿?
Y, además: "ya que somos el único país al que se nos consulta, votemos NO por todos aquellos que no han podido hacerlo en los demás países".

Craso error.
Los del NO han tenido la contribución del UKIP, el Partido Independiente del Reino Unido, cuyo casi único punto programático es salir de la Unión Europea. Punto. No les podían hacer mejor regalo a los del Sí: "¿Vamos a consentir que vengan los británicos a decirnos lo que tenemos que hacer?" "¿Desde cuándo los británicos se han preocupado por lo que es bueno para nosotros?" "De nuevo los británicos librando sus peleas en nuestro país".

Foto hecha recién aterrizada en Dublín. Típica y tópica: esquina de Grafton St. con Saint Stephen's Green, música y lluvia.

EDITADO EL JUEVES AL MEDIODÍA:
Molly Malone
Europeos de Alemania haciendo campaña por el NO en O'Connell Street.
Europeos de Alemania haciendo campaña por el SÍ (y Rafa, el hombre-orquesta de la corresponsalía, detrás) en el O'Connell Bridge.

1992, 1993... flashes volviendo de Brighton

1992. Es el año al que miran los laboristas para darse ánimos. En 1992 un debilitado primer ministro, John Major, encabezó la candidatura de los conservadores, erosionados tras trece años de gobierno. Las encuestas pronosticaban una derrota, pero los conservadores ganaron. Los laboristas no pierden la esperanza de que ocurra lo mismo con ellos el año que viene. Just wishful thinking? Por cierto, en aquel equipo de campaña electoral de los tories participó un jovencísimo David Cameron, el actual líder del Partido Conservador.

1993. El año en que el Partido Socialista en España, con Felipe González de presidente del gobierno, ganó, a pesar de la erosión de once años de gobierno y de que las encuestas daban como más probable una victoria del PP. Entonces yo vivía en Francia, donde los socialistas acababan de tener una derrota espectacular frente al centro-derecha que ocupó, si no recuerdo mal, tres cuartas partes de la Asamblea Nacional. El brillante Plantu dibujó una viñeta en la portada de Le Monde donde se veía a una serie de insignes socialistas franceses haciendo cola en los Pirineos. El primero de la fila era Michel Rocard y decía en la aduana: "Je m'appelle Miguel Rocardo". Vaya, me dije, ¡cómo están cambiando las cosas! se plantean emigrar a España, aunque sea partidista y humorísticamente.

2007. Ségolène Royal se presentó a Presidenta de la República en Francia por el Partido Socialistas y en su campaña se comparaba con José Luis Rodriguez Zapatero hasta el punto de que se ganó el apodo de Madame Zapatero (pronúnciese Zapateró). ¡Uy!, pensé, qué mal están los franceses, si resulta que de repente lo español es un modelo a imitar.

2009. 28 de septiembre en Brighton. Conferencia del Partido Laborista. Invitados, dos de los pocos mandatarios socialistas europeos en estos momentos, José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno español, y Jens Stoltenburg, primer ministro noruego. En un momento dado Stoltenburg dijo que la familia socialdemócrata europea no estaba tan mal de salud como parecía porque "los socialistas acaban de ganar en Portugal, y en Grecia lo harán dentro de unas semanas".
Y yo lo volví a pensar. Mucho han cambiado las cosas o muy mal están estos laboristas británicos y noruegos (o ambas cosas), si se equiparan a portugueses, griegos y españoles.

Son flashes que me vienen a la cabeza a la vuelta de Brighton y justo antes de desplazarme a otro otrora paria europeo, la República de Irlanda.

Apocalipsis laborista

El Partido Laborista está celebrando su Conferencia anual y casi todo el mundo da por seguro que es el canto del cisne laborista antes de lo que, según todos las encuestas, será una derrota sonada en las elecciones del año que viene.
El chancellor -ministro de economía- Alistair Darling describe el panorama así: "los laboristas han perdido el deseo de vivir", "somos como un equipo que da el partido por perdido antes de que el árbitro pite el final".
Gordon Brown, el primer ministro, va cuesta abajo en la rodada, como dice el tango. Es un mandatario que a la recién llegada le parece que ha cruzado el ecuador del liderazgo, cuestionado dentro del partido (están divididos entre quienes opinan que un recambio en la cúspide aumentaría sus posibilidades de ganar las elecciones contra todo pronóstico y quienes creen lo contrario, que sería la puntilla para la derrota), ha entrado en esa fase en la que cualquier cosa que diga, haga o le ocurra se le vuelve en su contra, justa o injustamente, proporcionada o desproporcionadamente. Según las últimas encuestas, los electores prefieren en una proporción de 2 a 1 (43% a 20%) al conservador David Cameron como primer ministro. El líder del sempiterno tercer partido, los Democrataliberales, Nick Clegg, obtiene un 14% de respaldo.

Pero eso no es lo apocalíptico, lo apocalíptico es el análisis y especulación que hace un influyente think-tank (instituto de análisis) progresista cercano al Partido Laborista. Ahí va: que puede que sea la última conferencia de los laboristas en el gobierno. Punto. Que si pierden el año que viene, predice el think-tank Compass, nunca más, nunca más, volverán a gobernar. Los laboristas podrían pasar el año que viene de 349 escaños en el Parlamento de Westminster a 130 y eso sería el punto y final, según el análisis.


El estudio se presentará en la Conferencia, pero este domingo lo ha publicado The Observer. Ese nunca jamás de los laboristas en el gobierno se debería a la combianción de tres factores. A saber, según Compass:

1- Si ganan los Conservadores el año que viene, aumentan -hasta hacerlo muy verosímil- las posibilidades de un SÍ en el referendum sobre la Independencia de Escocia, prometido para el año que viene*. Sin Escocia (donde Margaret Thatcher logró que los suyos nunca más volvieran a ganar) los laboristas perderían sus actuales 41 escaños y los Conservadores tendrían el camino libre al gobierno del Reino Unido, que para entonces ya no sería el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (nombre oficial), sino de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte.

2-Si ganan los Conservadores el año que viene, la propuesta de David Cameron de reducir el coste del gobierno público a base de reducir en un 10% el número de parlamentarios le costaría más escaños a los laboristas que a los tories, unos 45 escaños.

3-El tiro de gracia sería -siempre según Compass-que si ganan los Conservadores, reformarán la financiación de los partidos y acabarán con la financiación que reciben los laboristas de los sindicatos. Sería el tiro de gracia porque arruinaría un partido que ya está endeudado a consecuencia de la baja afiliación.

(*) Según los sondeos que maneja Compass, si el referendum se celebrara ahora, los escoceses rechazarían la independencia por 53% a 31%. Pero con los conservadores en el gobierno del Reino Unido hay un 34% de escoceses que dicen que igual se pasaban al sí.


¿Y si no es tan "special"?

¿Y si resulta que la "Special Relationship" (relación especial) entre los Estados Unidos y el Reino Unido, de la que tanto se vanaglorian -más en esta orilla que en la otra, todo hay que decirlo- no lo es?

Es la pregunta cuasi-existencial que periódicamente se hacen los británicos porque si la respuesta es que no, eso querría decir que del que fue su Imperio ya no queda nada. Y eso, admitámoslo, es duro para cualquier imperio o ex-imperio.

Si no estoy mal informada, lo de la Special Relationship se acuñó al final de la Segunda Guerra Mundial, entre el presidente Franklin Delano Roosevelt y el primer ministro Winston Churchill. Algunas fuentes aseguran que la relación entre ellos no era tan special como se pretendió, pero con algo había que substituir la singularidad del Imperio que se desvanecía. Y se sustituyó con ser el aliado preferente del nuevo Imperio, los Estados Unidos de América.


Un momento cumbre de ese idilio lo vivieron Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Con Bill Clinton y John Major la relación pasó una crisis, pero fue elegir a Tony Blair y volvió el romance político. Clinton y Blair, los líderes de la "triangulación", de la "tercera vía". Incluso ocurrió lo que nadie imaginaba en diciembre del 2000, la extraña pareja que formaron George W.Bush y Tony Blair.



En éstas llegó Gordon Brown -después de tantos años en la sala de espera- al 10 de Downing Street y ya se vio que con el aún presidente Bush no había el mismo tipo de compadreo que cuando Blair, pero estaba claro que Bush seguía estando agradecido al Reino Unido y al tándem laborista Blair-Brown por ser su principal aliado en Irak y Afganistán.

Lo alarmante -para los británicos- ha sido la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca y el modo en que desde entonces trata al primer ministro británico y por lo tanto al Reino Unido.



Cuando a principios de año Gordon Brown fue de visita oficial a los Estados Unidos resultó muy, muy chocante el trato que recibió por parte de Obama. Algunos no dudaron en tacharlo directamente de desprecio, si no insulto.
La presidencia Obama no organizó -como ha sido tradicional durante tantos años- una rueda de prensa conjunta de los dos mandatarios en una de las salas de la Casa Blanca, cada uno con su atril, con las banderas respectivas detrás y la prensa delante sentada en sillas. No había prevista ninguna comparecencia conjunta. No nos lo creíamos. "No puede ser" repetíamos.

Sólo después de mucho implorar y quejarse los británicos -empezando por la prensa, que se sentía tan o más insultada que Brown- a última hora, sobre la marcha, en el despacho oval, Obama accedió a que entrara la prensa y de mala manera, con la cámara al hombro (y la imagen moviéndose y los pobres camarógrafos sufriendo) hiciera algunas preguntas, ahí desde detrás del sofá o tirados por el suelo. Y no hubo declaración inicial de los mandatarios como suele ser habitual.
Para colmo, cuando el presidente Obama le dio la palabra a los periodistas invitó a los británicos llamándoles Brits, "Where are the Brits?" (¿Dónde están los "Brits?), "Brits are everywhere" (los Brits están por todas partes) contestó secamente Brown.
Supimos además, y aún es motivo de agravio, que frente al regalo lleno de significado histórico y emotivo que le hizo Brown a Obama, Obama le regaló un paquete de DVDs con películas estadounidenses...que no pueden verse en un aparato de DVD británico. Wonderful!



En los Estados Unidos la prensa se hizo eco de lo mal que le había sentado esa primera visita a los británicos.
Algunos británicos especularon sobre la posibilidad de que el origen de Barack Obama tuviese algo que ver. Su padre era de Kenia, antigua colonia británica, y su abuelo paterno sirvió a británicos.

Y esta semana ha habido segundo capítulo del psicodrama de la prensa y los políticos británicos. El motivo, el nuevo desplante de Obama a Brown al negarle en Nueva York una reunión bilateral, después de que Downing Street lo pidiera más de cinco veces. Luego, para hacerlo aún más humillante según algunos, resulta que sí, que tuvieron un tête-à-tête...en ¡la cocina!

El presidente Obama sí tuvo tiempo para verse en condiciones con el presidente de la China, el de Rusia y el nuevo primer ministro de Japón.

Para hacerlo más doloroso aún Gordon Brown es un pro-americano convencido, mucho más y más profundamente que Tony Blair. Ha admirado siempre la sociedad y los fundamentos filosóficos y políticos de los Estados Unidos, e incluso ha elegido ese país varias veces para veranear. Y, del tándem laborista, era Brown quien mantenía mejores relaciones con el Partido Demócrata.
En uno de los debates ayer comentaban que "complacer a los Estados Unidos" es el motor de la política exterior británica.


Dos reflexiones. Una para los británicos y otra para los europeos.
Para los británicos, la obvia y que comentaba al principio, que es que igual ya ni queda eso del Imperio..

Para los europeos (incluidos los británicos): en los discurso sobre política exterior que yo he seguido del Presidente Obama o de su Secretaria de estado, Hillary Clinton, al enumerar las distintas regiones del mundo, Europa suele ir hacia el final de sus discursos. Por delante pasan la China, la India, Oriente Próximo, Rusia, y a veces, Brasil. Dos -o más- son las interpretaciones: que Europa ha perdido peso o, simplemente, que a Europa se la da por descontada, es un aliado seguro, con altibajos, con algunas discrepancias aquí y allá, pero seguro a la hora de la verdad. Y Los Estados Unidos y el Presidente Obama -que es muy pragmático- tienen problemas y - por lo tanto prioridades- más urgentes que Europa en estos momentos.

6 libras por segundo

"La deuda de Gran Bretaña sube a un ritmo de 6.017* libras por segundo..." Así arranca el artículo de portada de The Times este sábado. Y lo que sigue a lo largo de tres páginas y un editorial es un alud de números rojos, muy rojos, sobre las cuentas del Estado y, por lo tanto, del contribuyente británico. Las cifras son apabullantes de por si, más aún desde la perspectiva conservadora de este periódico.

El déficit público del Reino Unido, según la Oficina Nacional de Estadística, es de 804 mil millones de libras, que equivale casi a la misma cifra en euros porque la esterlina se sigue devaluando y ya está a un cambio de casi 1-1 con el euro. My goodness!
Simplemente para pagar los intereses que genera esa deuda el gobierno británico tiene que encontrar más de 30 mil millones de libras al año, y eso, según las cuentas del Times, significa que cada ciudadano toca a unas 500 libras de esos intereses de la deuda.
Según el FMI -sigue The Times- entre 2007 y 2014 Islandia (que está en bancarrota) e Irlanda (que es Irlanda, my goodness again!) son los únicos países de entre los 21 más industrializados que superarán al Reino Unido en aumento porcentual de la deuda.
Según la OCDE, el Reino Unido es el país miembro con mayor déficit presupuestario respecto al PIB de este año.



Y todo tiene una explicación. Como consecuencia de la crisis y las medidas que se han tomado, la recaudación de impuestos ha caído un 9% en el último año mientras que el gasto público ha aumentado un 3%.


¿Cómo se puede resolver este problema? se pregunta The Times, y responde con las opciones que sabemos: subiendo impuestos, recortando gasto público o permitiendo inflación.


Esta semana el primer ministro, el laborista Gordon Brown, ha anunciado que a partir del año que viene -y en contra de lo que había prometido hasta antes del verano- su gobierno tendrá que recortar gastos. Y ya han empezado las reuniones para ver por dónde meten la tijera. Uno de las primeras víctimas será al parecer el proyecto de introducir un DNI, un documento de identidad para cada ciudadano. Un proyecto polémico (otro día podemos entrar en ello) y que la oposición no ha dudado en usar como argumento de lo malgastador que es el gobierno laborista.




La situación de las cuentas públicas británicas es una cuestión que está en la primera linea del debate nacional y se ha convertido en el tema de la pre-campaña electoral en que ya nos encontramos. Tanto los Conservadores como los Liberaldemócratas también hablan de la necesidad de recortar el gasto púbico, pero nadie se atreve todavía a decirle a los ciudadanos -y electores- qué partidas, qué inversiones, qué subvenciones, qué servicios públicos se verán afectados por la reducción.




El editorial del Times termina así: "Worried? You should be". ¿Preocupado? Debería estarlo.


(*) 6,017, según dónde y quién. Seis libra con 017. Tras la enmienda bloguera.

Tenía que haber venido en barco

Recuerdo haber leído hace tiempo a alguien que consideraba que el avión había terminado con el concepto de viaje. Su razonamiento era que el avión te saca de un sitio y te pone en otro hurtándote el trayecto, y que sin trayecto parte del sentido del viaje desaparece porque desaparece de tu vista, de tus oídos, de tus sentidos, la transición o la sucesión de transiciones o rupturas entre el lugar de partida y el de llegada. Sales de un sitio donde es verano y al cabo de pocas horas estás en otro donde es invierno.
Londres, por ejemplo. Si vienes en avión, sabes que estás en una isla porque lo sabes, pero en tu traslado aéreo y en el aterrizaje no hay nada que te evidencie que has llegado a una isla y lo haga distinto del aterrizaje en un aeropuerto continental.

Estos días me acuerdo de esa reflexión porque estoy experimentando ese desfase entre la velocidad a la que un avión me trasladó de Washington DC a Londres (seis horas) y el tiempo que mi cuerpo y, sobre todo, mi mente, mi subconsciente, mis resortes pavlovianos, necesitan para entender y asimilar que ya no estoy ahí, que estoy aquí. Tal vez, me digo, dificulta más esa noción de cambio el hecho de que también aquí hablen en inglés, aunque sea un inglés distinto, el "verdadero inglés" como suele decirle John Oliver a Jon Stewart en el Daily Show.

En estas dos primeras semanas en Londres muchos de mis automatismos salen como si aún estuviera allí. Si no suena el teléfono a las 5 o las 6 de la mañana, mi primera reacción al despertarme es "el TD1 no ha querido nada". Inmediatamente me digo, no reina, no es eso, es que ni siquiera se han reunido para hablar del TD1, que en Madrid sólo es una hora más. Todavía me reprimo y no llamo a mis amigos o familiares por la tarde hasta que me doy cuenta de que, si es por la tarde en Londres, es por la tarde también en Madrid, Barcelona o Lyon, no medianoche. Y a la inversa, les mando e-mails por la mañana a mis amistades en Estados Unidos y luego me sobresalto, "¡ay! Como tengan la Blackberry o el i-phone conectados igual los he despertado"
Va a hablar Gordon Brown y mi reacción es ¡paren máquinas! hasta que me digo, que es Brown, no Obama, y el mundo no vive pendiente de lo que diga el primer ministro británico.

Me ocurren cosas y pienso "se lo tengo que contar a tal persona en la próxima cena", y luego tengo que recordarme a mi misma que no, que no sé cuándo volveré a cenar con esa persona porque está en Washington.
Si me planteo ir a ver a mi familia sigo pensando a ver cuándo puedo pedir una semana de vacaciones, hasta que me doy cuenta de que ahora para ver a mi familia puedo ir, o pueden venir, en un fin de semana.
Y me sorprende -incluso abruma- ir por el centro o por lugares turísticos y estar rodeada de españoles. Y me digo, claro, si es que estás en Londres.

Recuerdo un viaje de película -aunque extenuante de conducción incluso como copiloto- desde Washington al Gran Cañón del Colorado. Fue, insisto, extenuante de conducción (sobre todo a la vuelta), acabé odiando el coche, pero al ir viendo cómo cambiaba el paisaje natural y humano desde Virginia hasta Arizona aprendí sobre Estados Unidos cosas que nunca habría aprendido en un vuelo, ni en ningún libro.

Lo del coche o lo del tren para venirme a Londres desde Washington estaba un poco complicado, por eso digo que para acompasar el tiempo del viaje físico con el mental debería haber venido en barco.

PD Este post no es sobre nada de rabiosa actualidad, pero es que...

...ya habrá tiempo para ello.

La foto de la nueva

La nueva soy yo. Nueva en Londres, una ciudad a la que hacía tiempo no venía. Y la foto es la instantánea que me he encontrado y que intentaré describir en este artículo/post/entrada, como quiera que se le quiera llamar.

Siempre he sostenido que de las ciudades importantes que conozco Londres me parece la más cosmopolita, multiracial, multiétnica, multicultural...como se le quiera llamar.

Ahora la estadísitica dice que en Gran Bretaña hay unos dos millones y medio de musulmanes y que el 40%, repito, el 40%, viven en Londres y representan casi el 10% de la población londinense. Eso dicen las estadísticas y así se percibe en la calle porque es habitual cruzarte o que te atienda, por ejemplo, una mujer con la cabeza cubierta a la manera musulmana con alguna de las varias formas de pañuelo o velo. Es evidente que la mayoría son ciudadanos integrados en el engranaje británico, pero la combinación de homegrown terrorism (algo así como "terrorismo de cosecha propia", en este caso de terroristas que son/eran ciudadanos musulmanes nacidos y educados en el Reino Unido) y crisis económica puede traer enfrentamientos indeseados. Es la advertencia que lanzó el viernes un ministro del gobierno Brown.

Tal y como me habían advertido he encontrado una ciudad cara. Más cara que Washington, y eso que la libra se ha devaluado notablemente. "Es culpa de los árabes y los rusos ricos que se han venido aquí a vivir o, por lo menos, a invertir" es la explicación habitual.

Hablando de economía. Uno de los shocks para los británicos a la vuelta de vacaciones es que Alemania y Francia ya están oficialmente saliendo de la crisis y el Reino Unido aún no. ¡Francia y Alemania por delante!

Otro shock es que ante el nivel histórico que está alcanzando el déficit público el primer ministro, el laborista Gordon Brown, ha cedido al consejo de sus ministros económicos (y próximos a Tony Blair) y ya dice que a partir del año que viene habrá que recortar el gasto público. Así que, gane quien gane las elecciones en primavera (las encuestas insisten en que serán los conservadores) habrá tijeretazo en las inversiones públicas.

Y en el primer aniversario de la caída de Lehman Brothers, Londres y el Reino Unido están en una posición incómoda. Sus gobernantes saben que hay que regular los mercados financieros para que no se repita lo que ha ocurrido en estos últimos años, pero al mismo tiempo temen que si lo hacen, Londres deje de ser el gran centro financiero del mundo y que, si se les aprietan mucho las tuercas, los malabaristas de las finanzas emigren a Suiza, que no está en la Unión Europea y los sigue mimando más. Según datos del Banco de Inglaterra publicados en The Economist, después de la suiza, la economía británica es la más dependiente del sector bancario.

En parte por el desaguisado económico me he encontrado una ciudad y un país que reniega más que nunca de sus políticos y tiene más ganas que nunca de castigarlos en bloque.

Y un país que según pasan los días y aumenta el número de militares muertos más se pregunta en voz alta si tiene sentido seguir en la guerra de Afganistán.

Y, bueno, sí, siguen conduciendo por la izquierda (un día de éstos me tendré que estenar), pero the good news es que se está perdiendo lo de la moqueta en el baño. Así lo he constatado en las casas y apartamentos reformados o de nueva construcción.

Es la instantánea de esta recién llegada.

Back in Europe, con perdón.

Con perdón para aquellos en el Continente que se lleven las manos a la cabeza porque yo considero Europa esta isla euroescéptica tan dada a levantar la bandera roja cada vez que la Unión Europea intenta meter las narices en algo nacional.

Y con perdón para los británicos a los que tampoco les haga gracia mi afirmación europea. Lo ilustro. Poco antes de venirme, aún en los Estados Unidos, coincidí con una señora de Oxford que al saber que yo era de Barcelona se deshizo en elogios hacia mi ciudad, "the best holidays ever" dijo. En un momento de la conversación, con estadounidenses, comenté que mudarme a Londres era de alguna manera volver a casa porque era volver a Europa. La señora no volvió a dirigirme la palabra. ¿Fue sólo casualidad? Y el otro día, ya en Londres, me presentaron a un colega británico que al saber que venía de los EEUU me preguntó "¿lista para el shock cultural?" a lo que yo contesté que bueno, que era volver a Europa. Por la expresión de su cara deduje que o no le sentó bien mi comentario, o se quedó perplejo por semejante aseveración.

Pero en esta vida todo es relativo y todo es una cosa u otra en función de con qué lo compares, y Londres y el Reino Unido, después de cinco años en Washington DC, son Europa. Y lo son, como en los matrimonios, para lo bueno y para lo malo.

Lo malo es que todo vuelve a ser estrecho, pequeño, concurrido...y que, ¡se me había olvidado! no puedes dar por sentado que todos los edificios tienen ascensor. No, dear, a subir escaleras de nuevo. Una querida amiga de San Francisco me recuerda que también ahí hay mucha casa sin ascensor. Sí, ya, pero habíamos quedado en que ni San Francisco, ni Nueva York son realmente Estados Unidos. Ah, y me doy cuenta de que he vuelto a Europa porque hay huelgas. A menudo.

Lo bueno de volver a Europa es, por ejemplo, que desde el primer día ya pude comprar gambas ¡con cabeza! y que incluso una cadena estadounidense como Starbucks te sirve el café en tazas de cerámica/porcelana y no ¡de cartón! Que si necesito una bombilla o media docena de huevos, no tengo que coger el coche e irme a un "shopping mall", me bajo a la calle y en un par de manzanas seguro que encuentro una ferretería y un "colmado". Y que no sólo no dependo del automóvil para sobrevir, sino que el automóvil, la mayor parte del tiempo, en esta ciudad es un engorro carísimo.

Y me doy cuenta de que he vuelto a Europa porque abro un periódico o pongo la tele y me salen noticias de Europa. Aunque sea para criticar. He vuelto a Europa porque por las esquinas te topas con grupos de gente bebiendo alcohol (¡!) en plena acera, al aire libre, a la vista de los transeúntes, sin disimular. Y he vuelto a Europa porque al fútbol/football no lo llaman soccer, y levanta pasiones.

Evidentemente todo lo expuesto anteriormente también es relativo, no vale para toda Europa, ni para todos los Estados Unidos, pero es el contraste que estoy experimentando yo entre las dos capitales.

En cuanto al blog, no tengo ni idea de cómo será en esta nueva etapa, pero está claro que Londres no es Washington, ni el Reino Unido, los Estados Unidos. Y no es lo mismo arrancar un blog cuando llevas años viviendo en un país y estudiándolo que cuando acabas de aterrizar en él. Pero a quienes se apunten a esta nueva travesía:

Welcome aboard!

Y ya puestos, empecemos con algo de optimismo para estos tiempos de crisis y zozobras universales, con una de las mejores contribuciones británicas a la cultura popular contemporánea. De los Monty Python,"Always look on the bright side of life"


Miguel Ángel Idígoras


El título de este blog “London.es” no es más que una declaración de intenciones. La realidad de esta ciudad británica –que para muchos es la menos británica de las ciudades británicas- y de un país pero desde la perspectiva de un español.
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