8 posts de septiembre 2010

El gato celta

Con el entusiasmo por los motes y acrónimos que caracteriza a menudo a la prensa y a los economistas Irlanda, esa tierra pobre, de hambrunas, miserias y emigrantes, se convirtió de la noche a la mañana casi en el Tigre Celta. Todo el mundo ensalzaba el crecimiento espectacular de la economía irlandesa. Pero la crisis financiera ha hecho que, como si de las hojas de un calendario chino se tratara, el tigre pasara a cerdo, ya saben, PIGS en inglés, o PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y Spain). Como lo de la piara me resulta ofensivo lo dejaré en Gato Celta.

Y hoy ha sido otro de esos días en que los mismos que alababan el milagro irlandés nos recuerdan ahora que era un tigre a base de esteroides y que, si un día le fallaban los anabolizantes inmobiliarios, el tigre sufriría una metamorfosis, a gatito.

Me comentó un abogado irlandés que en un determinado momento el metro cuadrado en Grafton Street (Dublín) era más caro que en la Quinta Avenida (Nueva York).

El Banco Central ha anunciado hoy que el coste total del rescate de la banca irlandesa será superioir al calculado anteriormente, 45 mil millones de euros en lugar de 33. Y que puede que llegue a 50mm€, si hace falta inyectarle 5mm€ extra al principal banco, el Anglo Irish Bank cuya factura para el contribuyente quedará en 30 o 35 mil millones de euros.
Este último cálculo de la inyección de dinero público casi triplica el déficit anual irlandés previsto para este año, de un 12% a un 32% del PIB. Y no hay alternativa, defiende el ministro de economía irlandés con el conocido argumento de "too big to fall", demasiado grande para dejarlo caer. El Anglo..., ha dicho el ministro, equivale a un 50% de la economía irlandesa. Si cae, caerá Irlanda. También ha advertido el ministro de que como el déficit será superior al previsto habrá que hacer más recortes en el gasto público.

Y eso se ha anunciado una semana después de saberse que en el segundo trimestre de este año la economía irlandesa no creció, como habían pronosticado los economistas, sino que, ¡oh, sorpresa!, cayó un 1,2%.
Una caída que los analistas en la izquierda atribuyen a los recortes draconianos del gasto público que ya está aplicando el gobierno irlandés, y que tan elogiados han sido por las autoridades económicas internacionales.

El ministro de economía, en rueda de prensa, y el primer ministro, en el telediario de la noche, han asegurado que ésta será la última inyección, que ya no hará falta más dinero público para los bancos irlandeses, y que Irlanda está capacitada para hacerle frente, que no necesitará que la Unión Europa corra a socorrerla. Que no es Grecia.

Aquí en Londres esos datos negativos refuerzan la visión que se tiene de una recuperación frágil en la zona Euro, no sólo en Irlanda; hoy aprovechan para recordar lo mal que está España, el 20% de paro, la huelga general de ayer, la rebaja en la calificación de la deuda de hoy... y advierten de que los británicos y su libra esterlina no están inmunizados porque el principal mercado de las exportaciones británicas son Irlanda y, en general, la Eurozona.

¿Y tú por qué aplaudes?

El culebrón de los Miliband o, tal vez mejor dicho, el culebrón de los medios de información con los Miliband ha vuelto a dar relevancia a los especialistas en leer labios. Los medios de comunicación quieren descifrar qué dicen esos dos hermanos cuando las cámaras recogen sus imágenes, pero no sus sonidos.

Ayer cuando David Miliband terminó su discurso, y fue aclamado largamente con los militantes en pie, fue a saludar a su hermano Ed y éste le dijo algo. Según un especialista en leer labios, Ed le dijo "¡Gran discurso! Siento que no fuera mío." Elocuente.

Más elocuente aún, no sólo del estado de ánimo de estos dos hermanos, sino del partido, ha sido lo que ha ocurrido esta tarde.

Ed Miliband ha pronunciado su pimer discurso como líder del Partido Laborista. Ed Miliband se ha presentado como el relevo generacional y también como el líder de una nueva fase; se acabó el Nuevo Laborismo y el viejo Laborismo, se entra en otra fase. Ha dedicado una parte a reivindicar los logros de los trece año de gobiernos laboristas, de los gobiernos Blair-Brown, y luego, para desmarcarse de ellos y convencer de que entra en una nueva fase, ha dicho que los laboristas son responsables de su derrota electoral y que para recuperar a los votantes perdidos tienen que ser humildes con los errores pasados y reconocerlos. Ha señalado entre esos errores la política complaciente con las políticas -aventuras- financieras de los bancos y la invasión de Irak. Se sabía por adelantado que iba a criticar la guerra de Irak -lo ha hecho ya en la campaña para ser líder- y los realizadores de televisión estaban preparados para "pinchar" cuando lo hiciera la cámara que tenían enfocando al hermano destronado David, blairita, exministro de Exteriores y que votó a favor de la guerra el 18 marzo de 2003. Y en ese momento lo que se ha visto ha sido a David con cara de poker. Expresión congelada, seria.
Al terminar Ed el párrafo diciendo que la guerra de Irak ha sido un error ha habido un aplauso bastante generalizado. No de su hermano, ni de otros exministros. Sentada junto a David estaba Harriet Harman, exministra y líder interina desde mayo hasta el sábado, y ella sí ha aplaudido. Discretamente, sin levantar las manos del regazo, pero ha aplaudido y las cámaras han captado cómo David en ese momento giraba la cabeza hacia ella y le decía algo.

¿Qué le ha dicho? Según los leedores de labios:

-DM: "Tú votaste a favor. ¿Por qué aplaudes?"

-HH: "Porque, como bien sabes, lo apoyo"

El intercambio está en el 3'50" del video:


Ed Miliband no votó sobre la guerra de Irak, ni a favor, ni en contra, porque entonces, marzo de 2003, él no era aún parlamentario.

Esta noche casi todos los analistas británicos dan por casi seguro que David Miliband anunciará mañana, miércoles, que abandona la primera fila de la política británica. Que no acepta estar en el gobierno en la sombra que dirigirá su hermano menor, Ed. De potencial futuro Primer Ministro durante unos años y candidato a Ministro de Exteriores de la UE a jubilado. Aunque, teniendo en cuenta que a los laboristas les puede aguardar una larga temporada en la oposición, igual una derrota y retirada ahora son una victoria dentro de unos años.

Al final ha sido Ed

Ed Miliband es el nuevo líder del Partido Laborista. El hermano menor se ha impuesto al mayor y durante meses, incluso años, favorito, David Miliband. Ed tiene 40 años (cumplirá 41 en Nochebuena) y se ha situado a la izquierda de su hermano David desmarcándose de los gobiernos del Nuevo Laborismo, haciendo autocrítica y denunciando la guerra de Irak (sobre la que él no tuvo que votar porque aún no era parlamentario en 2003).
En cualquier caso, y al igual que su hermano, está a la derecha de su padre, Ralph Miliband, teórico marxista, refugiado judío de origen polaco, aunque nacido en Bélgica.


Han hecho falta cuatro vueltas en la votación de los laboristas. En las tres primeras David ha ido en cabeza, pero en la cuarta ha ganado Ed por apenas 1,3 puntos (Ed: 50,65%, David: 49,35%). Decisivo ha sido el voto de los sindicalistas, que tienen un tercio de los votos en estas elecciones del partido.


Lo primero que ha hecho Ed al anunciarse el resultado ha sido abrazar a su hermano. No es para menos. En público todo han sido buenas palabras, pero a Neil Kinnock, ex lider del partido, se les escapó ante las cámaras hace días que le había sorprendido lo mal que David se había tomado el desafío de Ed.

David estuvo a punto el año pasado de darle un golpe de Estado a Gordon Brown, se le ha visto siempre como el heredero de Tony Blair al frente del laborismo, y, zas, de repente y por un punto el hermano menor le ha robado la merienda. Una de las incógnitas que entretiene las tertulias por aquí es ver cómo trabajará David el destronado a la órdenes de su hermano menor.

Hasta cierto punto la elección entre David y Ed ha prolongado la tensión/división laborista de estos últimos años, siendo David el heredero de Blair y Ed el de Brown. Es una percepción reduccionista y por lo tanto inexacta, pero así se ha transmitido y así lo corroboran los resultados de las cuatro vueltas en la votación.

Este proceso de elegir nuevo lider me ha recordado un poco las primarias del Partido Demócrata en 2008. Aquí se han presentado cinco candidatos, pero desde el primer momento en los medios de comunicación la pelea se redujo a dos, los dos hermanos Miliband. Narrativamente no me negaran que tenía mucha más enjundia y mejor venta. Algo parecido -salvando las distancias y todo eso- ocurrió en las primarias desde antes de que empezaran, antes siquiera de que los candidatos anunciaran que lo eran, la pelea se redujo a dos, Hillary Clinton y Barack Obama. La mujer contra el negro, allí. Hermano contra hermano, aquí.

Hay cierto consenso, fuera del laborismo, en considerar a David mejor preparado para ganarle unas elecciones a David Cameron y ejercer de primer ministro, que, al fin y al cabo, es a lo que aspira el líder de la oposición. De Ed dicen que es "más humano", menos robótico, que tiene más facilidad para conectar con la gente corriente, y que eso puede compensar su falta de experiencia y su bajo perfil entre el electorado hasta ahora. Los Conservadores ya han empezado el contraataque y hablan de Red Ed, Ed el Rojo. El sector "tercera vía" del laborismo teme que Ed gire demasiado a la izquierda y pierda los electores de centro y de clase media que fueron decisivos para las victorias de Tony Blair.


En el Reino Unido históricamente se ha producido una especie de ciclo por el que cuando el Labour pasa a la oposición es para dos o tres legislaturas. Si eso se vuelve a cumplir, Ed Miliband no será primer ministro porque aquí es rarísimo que un líder que pierde unas elecciones, no digamos ya dos, siga en el cargo. En los 13 años de gobierno laborista los Conservadores han tenido cuatro, 4, líderes (William Hague, Iain Duncan Smith, Michael Howard y David Cameron) y si Cameron no hubiese logrado formar gobierno este año, probablemente no habría durado mucho más al frente del partido. En el caso de Ed Miliband, veremos, acaba de ser elegido y se avecinan unos recortes presupuestarios muy impopulares por parte del gobierno de coalición.



PD Entre ETA, el Papa y los laboristas, en esta corresponsalía últimamente no nos dejan descansar mucho el fin de semana. Gajes del oficio.

Guerra, historia y memoria

Dos actos de esta semana en Londres han coincidido en los temas que enumero en el titular y llevan a la reflexión serena y colectiva, si es que eso es posible, por ejemplo, en España, y esta duda es ya una de las reflexiones.

El martes en el Instituto Cervantes hubo una mesa redonda sobre la Guerra Civil española. Hablaron el profesor británico Paul Preston y el español Julián Casanova. Y una de las cuestiones que trataron fue su frustración como historiadores -y en el caso de Casanova, como español- por el escaso interés académico -y político- que hay -y ha habido- en España por estudiar -estudiar, no usar, manipular- ese capítulo de nuestra historia contemporánea. Entre las explicaciones posibles que dieron: la larga duración de la post-guerra y la dictadura de Franco, y la crispación política. Ambos se quejaron de que un historiador que se dedique a la Guerra Civil en España está bajo sospecha de sesgo y de tener una "agenda política". A Casanova le produce especial tristeza el que toda una generación -o más de una- de estudiantes haya podido llegar y salir de la Universidad sin haber estudiado nunca lo que ocurrió en nuestra Guerra Civil.

Hoy, jueves, he tenido la oportunidad de visitar una de las estaciones del metro de Londres que sirvieron como refugio durante el Blitz, los meses (de septiembre a mayo) de bombardeos de la Luftwaffe sobre algunas ciudades británicas. Este año se cumplen 70 años de aquellos bombardeos y uno de los actos conmemorativos es una serie de exposiciones organizadas por el Museo del Transporte de Londres sobre el papel que jugaron los transportes públicos y sus trabajadores en aquella resistencia ciudadana.

Lo he comentado ya con anterioridad en este blog, en la Gran Bretaña -al igual que en otros países que la sufrieron- la Segunda Guerra Mundial está muy presente. Cualquier efemérides es un buen pretexto para volver a recordar, sobre todo las gestas más heroicas, sobre todo si son colectivas. Preparando a los británicos para la agresión alemana Winston Churchill dijo aquello de que, si lograban aguantar e impedir la invasión, las generaciones futuras les reconocerían que fue su finest hour, su mejor momento, su momento más digno de admiración.

Los británicos resistieron, no hubo invasión alemana y quedó inculcado en la conciencia colectiva que, efectivamente, ésa fue su finest hour. Y consolidó una imagen de si mismos que les gusta, la de ser capaces de resistir estoicamente lo que haga falta.


Len Phillips tenía 9 años en 1940. Durante siete meses su cama fue un andén


Han pasado 70 años y ya hay voces, entre ellas la de Nick Clegg, cuando no era viceprimer ministro, que dicen que tal vez el recuerdo de la Segunda Mundial es excesivo, obsesivo, y que, hasta cierto punto, es un lastre porque sigue anclando la psiclogía del país en los tiempos, pasados ya, del Imperio.

También empieza a revisarse la versión más heroica y romántica de aquel capítulo y aparecen otras caras de ese prisma: la censura del gobierno y la BBC, ocultando los muertos y los daños perpetrados por la Luftwaffe para que eso no minara la moral de los ciudadanos. El uso propagandístico de aquella resistencia, para mantener la moral y para intentar convencer a los Estados Unidos de que debían entrar en esa guerra contra Hitler. La propaganda mostraba cómo se repartían alimentos y te, había conciertos, juguetes y bibliotecas en el subterráneo. La realidad era sobre todo de hambre, hacinamiento, falta de higiene y miedo.

El ayuntamiento de Londres abre al público este fin de semana una de aquellas estaciones, ahora en desuso, la de Aldwych, y ya se han agotado las entradas.

Que el tiempo pasa y la mirada histórica cambia con él lo demuestra el que una de las exposiciones de Londres está dedicada a los bombardeos sufridos en Londres y Coventry, pero también a la represalia aliada contra la población alemana, en Dresde.


Esta mañana, ante la sorpresa de algunos de los organizadores por el interés de Televisión Española en la visita al metro, yo les recordaba que el ensayo general de aquellos bombardeos contra la población civil se hizo en España, en la guerra civil, les he recordado Gernika, y que también en Barcelona y Madrid los ciudadanos corrieron a refugiarse al metro.

Guerra. Historia. Memoria.

Cuatro días de Papa en el Reino Unido

Los católicos ya no son traidores, ni ciudadanos de segunda clase en el Reino Unido, pero siguen siendo minoría, apenas un 10% de la población, y eso gracias a olas sucesivas de inmigrantes, de Irlanda, de Filipinas, de Polonia... La visita del Papa les ha permitido hacerse ver y escuchar.

Y ese sentimiento de oportunidad excepcional se ha notado en los actos religiosos. Si se me permite la expresión, ha habido algo de "salida del armario" de los católicos. No tanto, ni mucho menos, como hace veintiocho años cuando vino Juan Pablo II, pero es que nada puede ser como la primera vez. La primera vez que un Papa de Roma puso los pies en el Reino Unido.


Los organizadores de esta visita pueden estar satisfechos. Ha trascurrido sin incidentes notables (hoy se ha confirmado que los seis detenidos el viernes por supuestmente querer atentar durante la visita lo fueron por un exceso de celo de la policía), los actos pensados para ser multitudinarios lo han sido, no ha llovido -que no es poco-, la cobertura mediática ha sido amplia y mayoritariamente muy respetuosa y, sobre todo, se ha avivado el debate sobre el papel de la religión en la sociedad actual. Incluso el primer ministro, David Cameron, al despedir al Papa hoy en el aeropuerto de Birmingham, ha barrido para casa y ha defendido que el mensaje de Benedicto XVI sintoniza con el de su gobierno, que el Estado tiene que desprenderse de algunas de las responsabilidades y delegarlas en la sociedad, y ha puesto como ejemplo el trabajo de algunas iglesias o comunidades religiosas.


Una de las reflexiones de estos días es que tal vez el anticatolicismo y antipapismo hoy no viene tanto de los protestantes, como de los sectores liberales/progresistas, sean éstos agnósticos, protestantes o incluso católicos, y que eso hace que el discurso de estos días del Papa, reivindicando el papel de la religión en la sociedad, denunciando que está siendo marginada, sea bien acogido por líderes religiosos de otras confesiones, porque comparten una empresa común.

En general los británicos no se reconocen en esa definición de "laicismo agresivo" con la que la ha descrito el Papa en algunas ocasiones. Dan la bienvenida a esa invitación al debate, pero a cambio le piden al Papa que acepte que el debate tiene que ir en dos direcciones, que él tiene que escuchar también a lo que los partidos políticos denominan "las bases", y han esgrimido los sondeos que reflejan que la mayoría de católicos británicos no está de acuerdo con el Vaticano en cuestiones como la contracepción, el aborto, el papel de la mujer en la Iglesia, los homosexuales o la lucha contra el sida. Y que tiene que hacer más autocrítica, que, tal vez, si la sociedad, incluídos algunos católicos, le dan la espalda es en parte culpa suya, de la Iglesia. Le recuerdan también que en democracia uno no siempre se sale con la suya, sobre todo si representa sólo al 10% de la población.


Ha sido la segunda vez que me ha tocado cubrir una visita de Benedicto XVI a un país de mayoría cristiana protestante, la anterior fue en los Estados Unidos hace dos años. En ambos casos he percibido un "shock cultural", la dificultad de la mayoría protestante por entender la lógica de obediencia en la Iglesia Católica, esa organización única, jerarquizada verticalmente, donde la autoridad máxima no sólo lo es de manera absoluta, sino que dice ser infalible. No hay una estructura parecida en las iglesias protestantes, más en sintonía con los usos democráticos, con la dinámica de ir adaptándose a la sociedad, a la demanda, de nuevo, si se me permite la expresión.

Lo dije el otro día en una conexión para el telediario y lo repito aquí, viendo y escuchando estos días al Papa y a sus interlocutores británicos una no diría la de sangre que se ha derramado durante casi cinco siglos por el enfrentamiento entre protestantes y católicos.

Visita del Papa. Entre la polémica y la apatía

Que el titular “Un Papa polémico. Una visita polémica. Benedicto en Gran Bretaña” sea de una publicación católica, The Tablet, lo dice casi todo. La otra parte, la de la apatía, la aportan las encuestas que se han hecho estas últimas semanas y que coinciden en que en torno a dos tercios de la población británica no está ni a favor, ni en contra de la visita del Papa, y un 80% no tiene ningún interés personal en ella. Y parece que también hay apatía entre los católicos ya que la prensa se hace eco de que miles de entradas para actos del Papa (con precios entre las 5£ y las 25£) han quedado por vender. Ésta es la tierra de Enrique VIII, el rey inglés que rompió con la autoridad de Roma y se erigió en el Jefe de la Iglesia en su reino. Ésta es tierra de Reforma protestante, sobre todo en Escocia, la tierra del calvinista John Knox. Ésta es una tierra donde los católicos han sido percibidos durante siglos como potenciales traidores, dispuestos a poner su lealtad a su fe y al Papa por encima de la lealtad al Rey y al Estado y, por ello, han sido perseguidos. Religión y guerra por el poder, en casa y en ultramar, han sido sinónimos en esta tierra. Ya no es así, los católicos (un 10% de la población) ya no son ciudadanos de segunda clase, hoy hay católicos en puestos clave de la sociedad británica (The Tablet publica una lista de 100 católicos relevantes en la sociedad británica). Pero ésta sigue siendo una tierra difícil para un Papa. A pesar de ello, la primera, y única hasta ahora, visita papal, la de Juan Pablo II en 1982, fue un éxito. El Papa vino con el aura de frescura, heroísmo y carisma de los primeros años de su pontificado y sus actos fueron multitudinarios.

Ahora es distinto por un cúmulo de factores. La sociedad británica culturalmente cristiana (otra cosa es la islámica) es hoy mucho más laica, más independiente de los dictados de la religión, y escéptica con respecto a las instituciones, todas. Los abusos sexuales perpetrados en el seno de instituciones católicas y encubiertos durante años por su jerarquía han dañado de manera profunda la imagen de la Iglesia católica y los sentimientos que suscita. Cuestiones como el celibato, la exclusión de mujeres en el sacerdocio y en general las posiciones del Vaticano en lo referente al sexo y la familia hacen de la Iglesia Católica algo ajeno al mundo real a ojos de la mayoría de los británicos. Otro factor, por supuesto, es que Benedicto XVI no tiene el perfil de Juan Pablo II en 1982, por no mencionar el hecho de que es alemán.

Visita de Estado
A diferencia de la visita de Juan Pablo II, que fue sólo de carácter pastoral, Benedicto XVI viene en visita de Estado, invitado por el gobierno y la Reina, recibirá todos los honores de un Jefe de Estado, tendrá actos “civiles”, y por eso parte de los costes de su visita correrán a cargo del Estado. En total calculan que costará unos 22 millones de libras, unos 10m£ irán cargo de la Iglesia Católica, los otros 12m£, a cargo del Estado. Y eso es algo que no gusta. Según los sondeos, tres cuartas partes de la población está en contra de que le pasen parte de la factura al contribuyente.

Por todo lo anterior el gobierno británico siente la necesidad de justificar esta visita de Estado y ha dado varias ruedas de prensa este verano para exponer sus argumentos: que, además de representar a más de mil millones de creyentes en el mundo y un 10% de la población británica, la Iglesia Católica es la principal agencia de cooperación y ayuda internacional y, por lo tanto, y a pesar de la discrepancia en algunos criterios, el principal socio del Reino Unido en ese terreno; que la Iglesia Católica es un aliado en la lucha contra el cambio climático; y que es un proveedor de educación en el Reino Unido.
Los principales periódicos británicos también han sentido la necesidad de publicar editoriales o artículos de opinión justificando la visita de Estado y pidiendo respeto.
Y el propio primer ministro, David Cameron, ha grabado un mensaje en la web del 10 de Downing Street dando una "calurosa bienvenida" al Papa Benedicto XVI.

La visita empieza el jueves en Edimburgo (Escocia).


Arcoiris en Trafalgar Square

Ayer llovió en Londres (ahórrense los chistes) a ratos (Dios aprieta, pero no ahoga) y a eso de las seis y media de la tarde yo estaba por la zona de Trafalgar Square, un poco agobiada por una mini-manifestación de motociclistas que colapsó el tráfico más de lo ya habitual en esta ciudad. En medio del ruido -inusual- de bocinas y el caos circulatorio levanté la vista y ahí, en el Este, detrás de Charing Cross, en el Strand, me deslumbró un arcoiris espectacular. De hecho eran dos, pero el otro, más al norte, de menor intensidad.

Me olvidé del atasco, del ruido, de que llegaba tarde a una recepción, de que me había mojado... Me quedé boquiabierta y no pude reprimir dirigirme al desconocido que tenía más cerca y exclamarle "Oh, look at that!".

Al cabo de un rato caí en la cuenta de que con el teléfono podía hacerle una foto. Se la hice y por la noche la mandé a mis amigos. Por sus reacciones deduzco que esta imagen les ha producido el mismo efecto benéfico que a mí y por eso he decidido compartirla también aquí.

Un instante hermoso y terapéutico en una de las zonas más caóticas de Londres.

PD Dedicado especialmente a esas 33 familias, a esos 33 mineros en el desierto de Atacama. Y a mi colega Luis Pérez que demuestra cómo a menudo en este oficio menos -aspavientos- es más.

691 páginas de Tony Blair

Hoy ha salido a la venta el libro de Tony Blair. "A Journey". Un viaje de joven promesa del Partido Laborista británico a primer ministro y ex-primer ministro.

Las medidas para que nada trascendiera del contenido hasta el día D han tenido éxito. Hasta anoche nada se filtró del contenido. Sólo unos pocos elegidos han tenido acceso a un ejemplar con antelación y, para dar una idea de lo estrictos que han sido, el único en la BBC ha sido Andrew Marr y tuvo que comprometerse a no revelar nada, nada, a sus colegas. Y a juzgar por las crónicas y comentarios lo ha cumplido. Marr es quien ha hecho la entrevista a Blair que se emite esta noche y , lógicamente, a nadie se le pasa por la cabeza que pudiera hacer esa entrevista sin haber leído primero el libro.

Del mismo modo nadie puede imaginarse que los demás hemos tenido tiempo de leernos esas 691 páginas antes de hacer nuestras crónicas hoy. En mi caso, he empezado por el índice onomástico en busca de los nombres más relevantes para la audiencia española y de los que difícilmente iban a hablar quienes sí han leído el libro. Los políticos españoles citados son José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Javier Solana.

De José María Aznar dice que es un tipo y un negociador duro y pone como ejemplo la negociación del Tratado de Amsterdan donde, según narra Blair, apartado y presionado Aznar se resistió a rebajar las demandas del gobierno español y se fue a una habitación contigua a fumar un puro hasta que los demás mandatarios europeos aceptaran sus condiciones. Nadie lograba convencerlo y al final Kohl le pidió al otro nuevo, Blair, que lo intentara él. Y la respuesta, en francés, de Aznar fue que no tenía ninguna prisa, que le quedaban muchos puros para fumar mientras esperaba.

De José Luis Rodríguez Zapatero dice Blair que es un líder listo que siempre lo ha tratado muy bien, "a pesar de mi amistad con Aznar".

De Javier Solana, que es un primera clase.

Pero, por supuesto, los comentarios personales más jugosos -y que invitan a la reflexión sobre la política, los partidos y los gobiernos- son los que hace sobre su
relación con Gordon Brown, que fue durante diez años su ministro de economía, número dos y...rival. De los dos últimos años (2005-2007) Blair dice que Brown estaba en un estado perpetuo de maquinación. De una reunión dice que más vale que el contenido siga siendo conocido sólo por ellos y añade "baste decir que él sentía que yo me estaba cargando su herencia, y que yo sentía que él se estaba cargando mi legado". Que no echó a Brown del gobierno porque sería peor tenerlo oponiéndose fuera del gobierno. Lo define como un cerebro brillante, pero un desastre de líder.
La intensidad y profundidad del enfrentamiento ha llevado hoy a uno de los especialistas en política de la BBC, Nick Robinson, a decir que la prensa debe una disculpa al público porque ha estado hablando durante años de "tensiones" "rivalidades" y "broncas" entre Blair y Brown -algo que el gobierno desmentía- y..."nos quedamos muy cortos", ha dicho Robinson.

Pocas sorpresas. Tony Blair defiende el Nuevo Laborismo (el giro que él le dio al centro). Dice que el acuerdo de paz en Irlanda del Norte es uno de los pocos momentos en los que se sintió satisfecho y orgulloso de su trabajo, y con el aplauso unánime. Sobre Irak, lo que ya dijo en la Comisión Chilcot, que siente las muertes, pero no se arrepiente y volvería a liderar la invasión, y que los peligros de mantener a Saddam Hussein en el poder eran peores que los de la guerra. Reconoce que no vieron venir la insurgencia de Al Qaeda y que derrocar a Saddam benficiaría a Irán.

El interés principal de estas memorias no está tanto en saber quién es Blair o qué defiende, sino en los detalles de su relato. Por ejemplo sobre Europa, la Unión Europea:

"En términos generales, para mí, Europa es una cuestión simple. Tiene que ver con el mundo moderno. En un mundo con nuevas potencias emergentes Gran Bretaña necesita a Europa para poder ejercer influencia y avanzar en sus intereses. No era complicado, no era una cuestión psiquiátrica, se trataba de una cuestión práctica de realpolitik. Veía los sentimientos antieuropeos como algo desesperado, absurdamente anacrónico y carente de realismo. Era también un producto de la insularidad peligrosa, una miopía sobre el mundo que creo daña la psicología del país. Una especie de de delirio post-imperio".

Blair cuenta que la primera vez que voló en avión fue a España, a Benidorm, en los años 60, y los tres ejemplos del "taste of Spain" que pone son "tapas, Ducados and Rioja".


Hablando de Rioja, Blair cuenta que la tensión del cargo le ha llevado a recurrir a la bebida, whisky, Gin&Tonic y vino. "No en exceso, sin sobrepasar unos límites, pero ha sido un apoyo"

Y en el plano más espiritual confiesa que siempre le ha interesado más la religión que la política.

Y, bueno, dejo aquí este post de urgencia, escrito con lo que yo misma he leído con mis propios ojos y la información de quienes lo han leído entero. Las 691 páginas.

Voy a ver la entrevista de Andew Marr.

Miguel Ángel Idígoras


El título de este blog “London.es” no es más que una declaración de intenciones. La realidad de esta ciudad británica –que para muchos es la menos británica de las ciudades británicas- y de un país pero desde la perspectiva de un español.
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