1 posts de abril 2018

Alfie Evans, una polémica y triste decisión

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El caso Alfie Evans ha desatado una intensa polémica que tiene como base una serie de preguntas de fácil formulación, pero de respuesta un poco más complicada. ¿Hasta qué punto un juez, con un informe médico en la mano, puede estar por encima de la voluntad de unos padres que quieren salvar a su pequeño? ¿Puede impedir un tribunal que esos padres trasladen a su hijo a un hospital en otro país para seguir dándole los cuidados que necesita?

Es complicado ponerse en la piel de los padres de Alfie Evans. Dos jóvenes de 20 y 21 años que quieren, por encima de cualquier cosa, que su hijo no muera. Un niño de 23 meses que sufre una enfermedad cerebral degenerativa e irreversible. Una vida vegetativa que va a peor desde que ingresó recién nacido en el hospital Alder Hey Children´s de Liverpool. Dicen los médicos de este centro que el único signo vital que transmite son los espasmos que cada vez se repiten con más frecuencia. En su informe, los facultativos aseguran que el pequeño sufre y que no tiene ninguna esperanza de vida. Cruel pero real. Así son los peores diagnósticos.

Hasta ahora Alfie ha sobrevivido gracias a las máquinas de la UCI a las que ha estado conectado. Y así querían sus padres que siguiera de manera indefinida esperando lo que cualquiera en su lugar: un milagro.

Pero los deseos de los padres han chocado de frente con lo que los médicos entienden que son los derechos del niño a no sufrir de manera innecesaria y a tener una muerte digna. Y estas diferencias, en el Reino Unido, acaban siempre en los tribunales.

Así que tenidas en cuenta las opiniones de todas las partes y estudiado el informe médico con detenimiento, tanto el Tribunal Supremo del Reino Unido como la Corte de Derechos Humanos de Estrasburgo han sentenciado a favor de la desconexión del pequeño de todas las máquinas que le ayudan a seguir en este mundo. Ahora, sin ellas, lucha por seguir vivo, con dificultad, con la máscara de oxígeno o con el boca a boca que a veces le hacen sus padres. Lleva así casi dos días. Pero podrían ser cuatro, cinco e incluso diez, dicen los médicos.

La decisión judicial ha generado protestas y una importante polémica de carácter ético y moral. No solo en el Reino Unido. Y no solo por haber desconectado al pequeño, si no por impedir que sus padres se lo lleven a un hospital de Roma, donde todo está preparado para que ingrese y siga con su tratamiento. Es decir, permanecer conectado a una máquina similar a la que se ha utilizado en el hospital de Liverpool. Algo que para los médicos británicos sería “cruel, injusto e inhumano”.

La pareja Evans, que cuenta con el respaldo del Vaticano y del Papa Francisco, cree en un milagro. Desgraciadamente solo eso se puede esperar ya. Pero los jueces no. Y los médicos tampoco. Ellos solo creen en su obligación de evitar el dolor y  poner los medios para una muerte digna.

Y actúan en consecuencia. Incluso por encima de la voluntad de los padres.

 

 

 

 

Miguel Ángel Idígoras


El título de este blog “London.es” no es más que una declaración de intenciones. La realidad de esta ciudad británica –que para muchos es la menos británica de las ciudades británicas- y de un país pero desde la perspectiva de un español.
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