4 posts de agosto 2008

El culebrón de Rachida

No hay como pasar una semana en Mauritania para que Marruecos me parezca Beverly Hills. Increíble. Es un dato objetivo que la República Islámica de Mauritania es el más pobre de los países árabes. Pero tantos kilómetros de desolación acaban pesando en el ánimo y en la espalda. Así que aterrizamos en el moderno aeropuerto de Casablanca, de diseño tecnológico, y es como en “El mago de Oz”, versión Fleming, que de pronto aparece todo en Technicolor. Encima, salimos con las maletas de la terminal y un Pathfinder se detiene en el paso de peatones respetando nuestra prioridad andante. El acabóse, vamos.

-"Nos han dejado pasar", le digo estupefacto a Miguel Ángel, el cámara.
-"Sí".
-"Sin acelerar, ni pitar."
- "Sí."
- "Y qué limpio se ve todo, eh?"
- "¡Que siiií!"

Pero no doy esquinazo del todo a Mauritania. Me queda por colgar un post sobre el país en el que me gustaría dejar apuntadas algunas de las claves del golpe militar y, de paso, añadir – a ver si de una vez- varias fotos. Será el próximo.

Mauritania reverbera también por que nos hemos puesto a revisar todo el material rodado y elaboramos un reportaje de resumen sobre la asonada militar y su contexto. Serán casi nueve minutos y se podrán ver esta semana en el Canal 24 horas y en el Canal Internacional de TVE.
Salgo a tomar un té a la menta para despejar la cabeza de la acumulación de datos y entrevistas más transcripción, traducción y doblaje ¿Y a quién me encuentro?

-¿A quiéeeennnn? (Ahora la voz no es de Miguel Angel, sino de Teresa, de Madrid, a quien ya quiero) ( ver posts y comentarios anteriores).

Pues me encuentro a Rafa, un amigo valenciano que trabaja de free lance como traductor de árabe. Está casado con una marroquí guapa y moderna y me habla del insospechado éxito en su bloque, en el barrio rabatí de Tour Hassan, de la telenovela de TVE “Destilando amor”. Ya imagino que en España esas pasiones asilvestradas en tierras de producción del tequila quedaron muy atrás, en beneficio de “Amar en tiempos revueltos”, que campea ahora en horario de sobremesa. Pero en Marruecos, me cuenta, hacen furor las desventuras de esa moza apodada “Gaviota”. A Rafa lo que le tiene mosqueado es lo que él llama jocosamente la “competencia desleal” de su suegra, Rachida.
Resulta que Rachida pretende ser la única del bloque que tiene un nivel de comprensión de español suficiente para seguir los detalles de la trama.

-"No habla nada, pero lo entiende casi todo", matiza Rafa. Con lo cual la suegra y anfitriona, al estilo de los jurásicos teleclubs, se ha convertido también en traductora oficial.


-"Algunos diás se reúnen solo dos o tres, pero otros llegan a ser seis o siete mujeres delante de la tele", me cuenta.

-"Será que no hay culebrones en los canales aquí. ¡Y en árabe!", digo yo, escéptico.

-“Será, pero parece que les gusta ése."

Puede que admiren al galán, Eduardo Yáñez, talludito pero de físico aventajado, con pinta de chico bien de Agdal, barrio fino de Rabat. Pero no creo. Esto es el blog y no la facultad de sociología pero habría que currarse algo más la explicación. Veamos: ¿No influirá en éste éxito inesperado el hecho de que hablen en una lengua desconocida y que eso confiera a los diálogos una dimensión profunda, una especie de atractivo exótico? Veamos más: ¿No habrá también una cierta admiración de clase hacia unos personajes que se mueven en salones con decoración de lujo y con vestidos y outfits tan elegantes?

Acompaño a Rafa hasta su casa, en la esquina, y se lo pregunto de forma directa a Rachida. Así, sin énfasis, como si me hubiera picado una curiosidad súbita. Pero Rachida se complace en no entenderme. “Quoiiii???” ( y mueca de extrañeza con gesto de palmas abiertas hacia arriba). Desaparece hacia la cocina para preparar un té, aunque acabamos de tomar uno.

Entonces Rafa aprovecha para contarme la segunda parte: Rachida no sólo se inventa a veces la traducción, sino que incluso deriva la trama según le convenga a ella o a alguna de sus más íntimas.

-"No te creo, Rafa."

-"Créeme", me dice. "Que es imaginativa lo sabía antes de casarme con su hija por detalles que no te puedo contar ni siquiera a ti. Lo que no pensaba es que fuera capaz de improvisar con tanta agilidad."

Rafa no se acuerda de la primera vez que la telenovela sirvió de pretexto para resolver uno de los mil conflictos domésticos en el bloque, ni tiene presente de qué controversia se trataba. Hace ya tiempo.

En esas llega a la casa la guapa Fátima, la mujer de Rafa, que habla un español fluído con acento andaluz. La saludo de beso, como si estuviéramos en España.

-"Que me dice Rafa que tu madre, con la novela, está hecha una intérprete de campeonato," le digo.

-"Uyyyy mi madre, la que armaaa", dice Fátima, toda pizpireta. "Se inventa hasta el nombre de la chica, A Gaviota la traduce como “Pajarito”.

-"Y eso de que se las compone para arreglar asuntos de familia?"

-"Bueno, también", concede Fátima, más comedida de pronto. "La semana pasada hubo un problema de una chica, que vive arriba, con un viaje al extranjero … y me parece que, por suerte, la madre de Gaviota también tenía mucho que decir sobre la necesidad de que las hijas no hagan locuras y respeten más las normas de familia."

-"Pues que oportuno", digo, "¿Y el servicio de orientación lo hace tu mamá de forma gratuita o cobra por las traducciones a la carta?"


-"Ah de eso sí que no sé nada", dice Fátima en un tono que logra transmitir con precisión el mensaje de que se me ha acabado el crédito de preguntas. Pero, aún amable: "Eso se lo tendrías que preguntar a ella."

Rachida reaparece de su refugio en la cocina, habitual cuando hay visitas de extranjeros, para traer unas servilletitas de papel. Lanzado que estoy, le traslado la pregunta, para consternación de Fátima. Rafa concentradísimo en su vasito de té.

- "¿Quoiii????" , dice Rachida por toda respuesta ( y otro de sus visages estrambóticos)

Nunca me dirá detalles. Ni uno. Y estoy a punto de creerme que no entiende ni mi español ni mi francés sino fuera por que le sorprendo una sonrisa enigmática, un instante antes de que se reintroduzca en su escondite entre cacerolas.

Rafa baja conmigo en el escensor por si algún vecino ha cerrado la puerta del portal con llave.

-"No sé si cobra o no, señor periodista intrépido", me dice. "Pero te cuento, para acabar con el tema, que hace unos siete u ocho capítulos, no sé qué traduciría Rachida, pero la hermana de la mujer del portero debió de sentirse muy reconfortada por el consejo catódico, ya que subió el viernes siguiente con una bandeja de pastela enorme.. ¡Y estaba deliciosa, por cierto!"

La pastela, o bastela, es uno de los platos más sofisticados de la cocina tradicional marroquí. Montada sobre una delgada base de hojaldre va una masa suculenta en la que se distinguen los sabores del pichón, las almendras, el azúcar glass, el huevo, los pimientos y la cebolla. Y todo aderezado con perejil, un par de dientes de ajo, un toque de margarina y otro de manteca agria. Lleva otras especies, a saber: pimienta negra, canela molida, nuez moscada, cúrcuma, azafrán y jengibre. Y alguno que se me olvida, caray, que no soy Adriá.

Me quedo absorto un instante pensando no en la dichosa receta sino en la posibilidad de que un obsequio tan costoso, propio de fiesta grande, incluso de una boda, pueda ser el símil de lo elaborados que fueron también, en su momento, los argumentos de Rachida en beneficio de la agradecida cocinera.

Vaya usted a saber. Y no seré yo quien dude de la capacidad de estas mujeres de funcionar con analogías complejas.

Me despido de Rafa distraído, cavilando sobre los matices de ese mundo de puertas adentro en el que he intentado asomar la nariz, cuando consigo enfocar un cabo suelto. Me vuelvo a mi colega, dejando un par de metros y apenas pensando en voz alta:

-"Oye Rafa, disculpa, ahora que caigo: Como Fátima habla tan bien español,digo yo, ¿porqué no es ella quien traduce la telenovela y no Rachida?"
-"No me jodas, Joan. Tú no has entendido nada. Pero nada de nada, ¿no?"

Tiene razón. Estará en éste, pero el de esas mujeres es otro mundo. Y no es descorrer las cortinas, mirar y empezar a ver. Y yo estoy espeso, y llevo todo el día con las traducciones de los ministros mauritanos y… Y de pronto toda la trama política, económica, tribal, que rodea el golpe de estado militar me parece ahora de lo más sencillo. Y el proceso geoestratégico para que Mauritania pueda reemprender en unos meses la vía democrática no puede ser más evidente.

Por suerte hay cosas en la vida que no son complicadas, ¿no?

La vie en Rosso

Es un farol. Yo lo sé, él lo sabe y ahora lo sabe también quien lea este blog.

Lo suelta como si nada el nuevo director de la agencia mauritana creada para facilitar el regreso y la reintegración de los ciudadanos expulsados del país hace casi veinte años. Negromauritanos, para entendernos, y para dejar claro que la expulsión tuvo un claro trasfondo racista. Al grano y al farol de una vez:

-“Vengan, vengan otra vez dentro de seis meses y verán la diferencia”.

La diferencia, claro, se refiere a las condiciones de vida, en el árido sur del país, de los poco menos de cinco mil negromauritanos que ya han regresado tras veinte años de exilio en Senegal.

Representan una tercera parte de este grupo de malditos en su propia tierra, es decir, los primeros en esta depauperada “operación retorno”.

El flamante director acaba de autorizarnos la visita a uno de los treinta asentamientos en los que han instalado a los repescados de la patria.

La entrevista es en el despacho del que acaba de tomar posesión tras el golpe militar del pasado día seis. Ya la damos por terminada formalmente, pero rodamos unos planos “de recurso” adicionales con el entrevistado. Hemos hablado, ante la cámara, de las dificultades para culminar el retorno de estos miles de expatriados durante dos décadas. Ahora, cámara aún rodando y micro en "on" es cuando le dejo caer al funcionario que estrena cargo:

- "Entonces, señor director,  además de estos valiosos datos que nos ha dado, pienso que para nosotros sería muy interesante conocer en persona a algunos de estos “emigrantes” (eufemismo vergonzante, se admite, pero se supone que estoy arrancando un permiso de rodaje en sitio “incómodo” y con el golpe militar aún en efervescencia)

Y el flamante, responde a la cámara , al micro abierto y de paso a mi: 

- "No hay problema. Vayan a Rosso. Hablaré con el delegado para que les reciba."

Y luego viene el farol que ya conté: Vuelvan a Mauritania dentro de seis meses, verán que diferencia y etcétera., etcétera..

Antecedentes del tema mientras ponemos gasolina para el viaje.

Hace un par de años, los políticos mauritanos pusieron sobre la mesa la cuestión de los expulsados como un asunto de unidad nacional. El tema se incluyó entre los compromisos electorales del depuesto presidente Cheikh Abdallahi. Ahora, tras el golpe militar, surgieron dudas sobre si el nuevo Alto Consejo de Estado, impuesto por los militares, iba a mantener este compromiso. Respuesta: Lo mantienen y aseguran que lo van a mejorar, con más medios, con más ayuda, con más todo, para que esos miles de mauritanos que en su día fueron etiquetados como “indeseables”, puedan volver a casa. Lo de casa es una metáfora, por supuesto. Los que la tenían que ya no lo busquen.Y los que poseían tierras que no se tomen la molestia, gracias. Todo expropiado, repartido u ocupado. Iba a escribir “okupado”, pero no sería exacto. Nadie okupó sinó que centenares de mauritanos de piel un poco más clara fueron autorizados a instalarse. "Habrá soluciones pactadas o bien compensatorias", acaba de declarar en la entrevista. Queda bien grabado. 

Fin de los antecedentes que el depósito de gasolina no es tan grande y solo son dos horas de carretera.

Nos ahorramos la descripción del paisaje porqué no encuentro el diccionario y no quiero repetir palabras como “tórrido”, árido", "desértico" y otras así. O sea que les cuento “la vie“ en Rosso”, en consecuencia con el título facilón en el que he caído. La podría describir en una frase ( tantos años de redactar para informativos televisivos le dan a uno cierta capacidad de síntesis: “Vida de refugiados en su propio país.”.

O sea que ya está claro. Y si alguien ha llegado hasta aquí y piensa “¡Dios mío! Otra de esas crónicas con miseria, penalidades e injusticias. ¡Vaya lata!." Pues acertó. Es lo que hay. La vida en Rosso es una mierda, vaya.

Y que me perdone el lenguaje la amiga Teresa, de Madrid, que escribió en un comentario anterior que me ve como una especie de romántico en peligro de extinción. Pues a lo mejor sí. Y además hoy no encuentro el diccionario, Teresa. O sea, que una caca, puestos a improvisar sinónimo. O sea que se sobrevive en tiendas de campaña de las facilitadas por Acnur o en chozas más básicas aún, montadas con maderas y leños en el mejor de los casos. ¿ Y en el peor? En el peor, las cabañas son de hojalata, con lo que el efecto “infierno en la tierra” alcanza proporciones pirotécnicas.

¿Y qué más, en Rosso?  Bueno, pues ya que preguntamos: Una sola fuente de agua potable para todas las familias del asentamiento, medio centenar. Y cocinas a base de tres ladrillos y algo parecido a una parrilla  para encender una leñita ínfima debajo. Y un remanso de agua color chocolate para refrescarse y lavar la ropa. Y ausencia de servicios médicos. Y otras muchas cosas, pero todo tiene un límite y este post, que quería ser breve, se está ya desparramando. Esta es su historia, o una de las miles de historias posibles de expatriados.

La que yo les transmito me la cuenta Aliou Musasó, 52 años, una especie de líder natural en el campamento. Aquí son todos “peuhls”, una tribu de tradición y pasado nómada. 

Aloiu recuerda la noche en que decenas de camiones llegaron al pueblo y les llevaron hasta la frontera, a Senegal. Ahí hicieron su vida, convirtiéndose en agricultores o en comerciantes de trapicheo, en economía de pura subsistencia. Y así hasta la operación retorno, veinte años después: Les instalaron en un poblado fronterizo y les dieron alimentos básicos durante dos meses, más tres vacas por familia. Y ahí se quedó “el plan de reinserción en el tejido social”, como lo definen los políticos con la pompa pertinente. 

Así es la vida en Rosso, ahora. 

El farol dice que dentro de seis meses será otra cosa. No concreta si habrá un hospital central para los campamentos, o si estará avanzado un plan de viviendas, o un programa de micro créditos o si construirán una escuelita, aunque sea muy básica, o si instalarán tuberías para el agua corriente. Para qué dar detalles. Es un farol, él lo sabe, yo lo sé, y ahora ya lo saben todos los que hayan llegado hasta aquí.

Y si no dentro de seis meses hablamos… con quien ocupe ese despacho en ese momento.

Días revueltos en Nouakchott

Prefiero no mirar el termómetro. El calor marca el ritmo del día y, por supuesto, la hora en que se convocan las manifestaciones en contra y a favor del golpe de estado militar. Siempre a última hora de la tarde, cuando el sol da un respiro, las marchas populares en las calles de Nouakchott se agitan, se gritan, se reivindican, se toleran o se reprimen – depende de quien convoque- pero, sobre todo, se sudan. Mauritania en agosto, aún bajo la convulsion del golpe del pasado día seis, vive días revueltos.

El país, nada ajeno a una acentrada tradición de golpes de timón político bajo la amenaza de las armas, enfrenta con angustia una nueva ruptura de la tambaleante transición democrática que emprendió tras las elecciones presidenciales de marzo de 2007 en las que resultó vencedor el ahora depuesto presidente Sidi Mohamed Uld Cheikh Abdallahi.

Llevamos tres días en la capital mauritana y el propósito es tirar de todos los hilos para entender todo el proceso político que ha desembocado en esta nueva asonada militar. Nos ha recibido en su casa el presidente del Parlamento mauritano, Messoud Ol Boulkheir, a la misma hora en la que la institución que él representa acogía una sesión extraordinaria en la que tres cuartas partes de los diputados expresaban su apoyo a la Junta Militar que lidera el general golpista Mohamed Uld Abdelaziz.

- “Una sesion ilegal, teatral y , sobre todo, un intento de legitimar a los golpistas, desde una institución democrática, ante la opinión pública internacional”, diagnostica Messoud.

La “operación manto democrático” de la Junta Militar no cuela, por supuesto. Y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se sumó ya a la condena sin paliativos al golpe de mano, tal como ya hicieron días antes otras instituciones internacionales, entre ellas la Comisión Europea.

Y con todo, una parte importante de los políticos mauritanos brindan su apoyo, con más o menos remilgos, al nuevo orden militar.

Este no es un espacio para señalar buenos y malos. No es trabajo periodístico serio caracterizar personajes tipo “político posibilista”, “diputado oportunista”, “senador ventajista” etcétera y rematar el ejercicio maniqueo oponiéndolo a perfiles positivos que representarían los defensores del legal orden democrático.

Pero esto es el blog y no el “Tedé” (como escribe el colega Cantero) , y voy a confesar que fue emocionante ver la marcha de miles de mauritanos ante el Parlamento. Muchísimos jóvenes, hombres y mujeres, defendiendo al presidente elegido democráticamente y aún bajo arresto militar. “Secuestrado”, nos decían, mientras mostraban a la cámara de TVE, fotos del depuesto presidente Abdalahi. Miguel Angel Jiménez les grababa incansable, más allá del material imprescindible. Somos un instrumento más de su necesidad de gritar y lo asumimos. La temperatura política rompe termómetros y supera incluso a la ambiental.

Y eso que al diario “Le Calame ”, le da un arrebato poético y escribe en su editorial que todo eso ocurre bajo un calor “que dilata los metales.. y los nervios”.

El asombro de Mogador

Pasó por Rabat el escritor mexicano Alberto Ruy Sánchez. Alto y canoso, aires de dandy afable, sofisticado y cercano al mismo tiempo. Ruy Sánchez supo tejer, hace ya más de veinte años, un puente sutil y misterioso entre México y Marruecos.

Lo hizo con su deslumbrante “Los nombres del aire”, reinventando la ciudad de Essaouira, la antigua Mogador, para convertirla en un territorio literario soñado y mágico. Nadie que haya leído a Ruy Sánchez volverá a ver con los mismos ojos esta ciudad al sur de Marruecos, refrescada por los vientos atlánticos, pero con mil rincones para el goce de los sentidos.

Poeta, narrador, ensayista o una mezcla de todo esto, Ruy Sánchez combinó géneros literarios, puso grandes dosis de erudición, se dejó fascinar por la ciudad en la que ya Orson Welles había encontrado algunos de sus mejores escenarios para su “Otelo” y rompió esquemas en la literatura latinoamericana. Era su intento más radical de apartarse de lo que el llama “los maconditos”, es decir, la enorme sombra del “padre” literario de su generación, García Márquez.

Los nombres del aire (1987) abrió el ciclo de Mogador, pero Ruy Sánchez no se quedó ahí. Desarrolló en otras cuatro obras el embrujo de esta ciudad mítica, a la vez africana y mexicana, en la que la sensualidad envuelve cada paso. Hablé con él para un reportaje en “Sur a Norte” del Canal Internacional de TVE y se definió así: “Me considero un explorador del deseo. Mogador es el lugar del deseo. Es la metáfora de la mujer”. Este mundo propio es el que ha compartido con lectores de todo el mundo en “Los jardines secretos de Mogador”, “En los labios del agua”, “La mano de fuego” y “Nueve veces el asombro”, los otros títulos de su pentalogía africano-mexicana.

He querido abrir este blog con Ruy Sánchez no por casualidad. Creo que hay algo de su estela en mi recorrido marroquí, en el que pronto voy a cumplir un año. Y, como Ruy Sánchez, yo llegué aquí con mi mundo mexicano a cuestas, después de casi cuatro años en el país azteca y cubriendo también toda el area centroamericana. Mi visión es forzosamente otra, marcada por lo politico, lo social y al ritmo acelerado de las notícias. Pero no renuncio a cultivar, aunque sea como añadido colateral, lo que Ruy Sánchez llama “la poética del asombro”.

El escritor mexicano lo explicaba en pocas palabras en su fluído encuentro público en Rabat con otro grande de las letras, el español, ciudadano del mundo, afincado en Marrakech, Juan Goytisolo. Todo consiste en penetrar por esa puerta entreabierta que conduce a lo que para unos es maravilloso y para otros es simplemente lo cotidiano. No recuerdo si fue Ruy Sánchez o Goytisolo quien ilustró a los que seguíamos su documentada pero “casual” charla literaria que un diccionario árabe define la palabra “asombro” como la "acción de echar sombra una cosa sobre otra”, quizás la mejor metáfora posible de dos culturas que se sobreponen, se unen y se complementan. Solo como cuarta acepción aparece la palabra “maravillarse”.

Este es mi propósito en este blog y en mi trabajo periodístico en Marruecos. Intentar proyectar mis sombras personales, mi bagaje mexicano y otros que voy cargando, sobre una cultura y una realidad social compleja. Entrar por esa puerta entreabierta, ver y explicarlo. Y maravillarme si hay oportunidad, no sé si como cuarta acepción o como segunda, ya veremos. Marruecos no deja de sorprenderme, para bien y para mal, ni un solo día. Hay mil historias que escribir y habrá todas las oportunidades de hacerlo, en el blog y en las crónicas en pantalla.

Hoy termino con una historia de Alberto Ruy Sánchez, el protagonista de esta “entrada”.

En su primer viaje a Essaouira/Mogador, hace ya más de dos décadas, vislumbró desde la carretera, unos animales negros entre las ramas de unos arganos, un árbol característico de la zona, el origen de un aceite precioso y exclusivo. Un árbol de raíces ancladas hasta veinte metros de profundidad. Creyó que eran grandes aves carroñeras, las que en México se conocen como “zopilotes”. “No son pájaros”, le dijo alguien. “Eso son cabras”. Su asombro tuvo que ceder a la realidad a medida que se acercaron a los árboles. Allí las cabras se encaraman hasta las ramas altas para comerse los frutos y hojas más apetitosas. La negra “bandada” de cabras fue una de las sorpresas iniciales, y desde entonces, asegura, el país no ha dejado de asombrarle.

Solo más tarde supo del refrán marroquí: "Aunque sea cabra, vuela."

Antonio Parreño


La otra orilla del Estrecho. Cercana y reconocible, pero a veces, también, demasiado lejos. Un lugar que uno debe mirar despojándose de tabúes y prejuicios. Desde Rabat tratamos de mantener una puerta abierta al Magreb y a toda África, un continente a veces olvidado en el que conviven miseria, desastres y peligros, aunque también grandes sonrisas y oportunidades. Os invito a compartir ese viaje conmigo, con TVE y con los muchos protagonistas de una realidad a veces compleja, siempre apasionante"
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