El culebrón de Rachida
No hay como pasar una semana en Mauritania para que Marruecos me parezca Beverly Hills. Increíble. Es un dato objetivo que la República Islámica de Mauritania es el más pobre de los países árabes. Pero tantos kilómetros de desolación acaban pesando en el ánimo y en la espalda. Así que aterrizamos en el moderno aeropuerto de Casablanca, de diseño tecnológico, y es como en “El mago de Oz”, versión Fleming, que de pronto aparece todo en Technicolor. Encima, salimos con las maletas de la terminal y un Pathfinder se detiene en el paso de peatones respetando nuestra prioridad andante. El acabóse, vamos.
-"Nos han dejado pasar", le digo estupefacto a Miguel Ángel, el cámara.
-"Sí".
-"Sin acelerar, ni pitar."
- "Sí."
- "Y qué limpio se ve todo, eh?"
- "¡Que siiií!"
Pero no doy esquinazo del todo a Mauritania. Me queda por colgar un post sobre el país en el que me gustaría dejar apuntadas algunas de las claves del golpe militar y, de paso, añadir – a ver si de una vez- varias fotos. Será el próximo.
Mauritania reverbera también por que nos hemos puesto a revisar todo el material rodado y elaboramos un reportaje de resumen sobre la asonada militar y su contexto. Serán casi nueve minutos y se podrán ver esta semana en el Canal 24 horas y en el Canal Internacional de TVE.
Salgo a tomar un té a la menta para despejar la cabeza de la acumulación de datos y entrevistas más transcripción, traducción y doblaje ¿Y a quién me encuentro?
-¿A quiéeeennnn? (Ahora la voz no es de Miguel Angel, sino de Teresa, de Madrid, a quien ya quiero) ( ver posts y comentarios anteriores).
Pues me encuentro a Rafa, un amigo valenciano que trabaja de free lance como traductor de árabe. Está casado con una marroquí guapa y moderna y me habla del insospechado éxito en su bloque, en el barrio rabatí de Tour Hassan, de la telenovela de TVE “Destilando amor”. Ya imagino que en España esas pasiones asilvestradas en tierras de producción del tequila quedaron muy atrás, en beneficio de “Amar en tiempos revueltos”, que campea ahora en horario de sobremesa. Pero en Marruecos, me cuenta, hacen furor las desventuras de esa moza apodada “Gaviota”. A Rafa lo que le tiene mosqueado es lo que él llama jocosamente la “competencia desleal” de su suegra, Rachida.
Resulta que Rachida pretende ser la única del bloque que tiene un nivel de comprensión de español suficiente para seguir los detalles de la trama.
-"No habla nada, pero lo entiende casi todo", matiza Rafa. Con lo cual la suegra y anfitriona, al estilo de los jurásicos teleclubs, se ha convertido también en traductora oficial.
-"Algunos diás se reúnen solo dos o tres, pero otros llegan a ser seis o siete mujeres delante de la tele", me cuenta.
-"Será que no hay culebrones en los canales aquí. ¡Y en árabe!", digo yo, escéptico.
-“Será, pero parece que les gusta ése."
Puede que admiren al galán, Eduardo Yáñez, talludito pero de físico aventajado, con pinta de chico bien de Agdal, barrio fino de Rabat. Pero no creo. Esto es el blog y no la facultad de sociología pero habría que currarse algo más la explicación. Veamos: ¿No influirá en éste éxito inesperado el hecho de que hablen en una lengua desconocida y que eso confiera a los diálogos una dimensión profunda, una especie de atractivo exótico? Veamos más: ¿No habrá también una cierta admiración de clase hacia unos personajes que se mueven en salones con decoración de lujo y con vestidos y outfits tan elegantes?
Acompaño a Rafa hasta su casa, en la esquina, y se lo pregunto de forma directa a Rachida. Así, sin énfasis, como si me hubiera picado una curiosidad súbita. Pero Rachida se complace en no entenderme. “Quoiiii???” ( y mueca de extrañeza con gesto de palmas abiertas hacia arriba). Desaparece hacia la cocina para preparar un té, aunque acabamos de tomar uno.
-"No te creo, Rafa."
-"Créeme", me dice. "Que es imaginativa lo sabía antes de casarme con su hija por detalles que no te puedo contar ni siquiera a ti. Lo que no pensaba es que fuera capaz de improvisar con tanta agilidad."
Rafa no se acuerda de la primera vez que la telenovela sirvió de pretexto para resolver uno de los mil conflictos domésticos en el bloque, ni tiene presente de qué controversia se trataba. Hace ya tiempo.
En esas llega a la casa la guapa Fátima, la mujer de Rafa, que habla un español fluído con acento andaluz. La saludo de beso, como si estuviéramos en España.
-"Que me dice Rafa que tu madre, con la novela, está hecha una intérprete de campeonato," le digo.
-"Uyyyy mi madre, la que armaaa", dice Fátima, toda pizpireta. "Se inventa hasta el nombre de la chica, A Gaviota la traduce como “Pajarito”.
-"Y eso de que se las compone para arreglar asuntos de familia?"
-"Bueno, también", concede Fátima, más comedida de pronto. "La semana pasada hubo un problema de una chica, que vive arriba, con un viaje al extranjero … y me parece que, por suerte, la madre de Gaviota también tenía mucho que decir sobre la necesidad de que las hijas no hagan locuras y respeten más las normas de familia."
-"Pues que oportuno", digo, "¿Y el servicio de orientación lo hace tu mamá de forma gratuita o cobra por las traducciones a la carta?"
-"Ah de eso sí que no sé nada", dice Fátima en un tono que logra transmitir con precisión el mensaje de que se me ha acabado el crédito de preguntas. Pero, aún amable: "Eso se lo tendrías que preguntar a ella."
Rachida reaparece de su refugio en la cocina, habitual cuando hay visitas de extranjeros, para traer unas servilletitas de papel. Lanzado que estoy, le traslado la pregunta, para consternación de Fátima. Rafa concentradísimo en su vasito de té.
- "¿Quoiii????" , dice Rachida por toda respuesta ( y otro de sus visages estrambóticos)
Nunca me dirá detalles. Ni uno. Y estoy a punto de creerme que no entiende ni mi español ni mi francés sino fuera por que le sorprendo una sonrisa enigmática, un instante antes de que se reintroduzca en su escondite entre cacerolas.
Rafa baja conmigo en el escensor por si algún vecino ha cerrado la puerta del portal con llave.
-"No sé si cobra o no, señor periodista intrépido", me dice. "Pero te cuento, para acabar con el tema, que hace unos siete u ocho capítulos, no sé qué traduciría Rachida, pero la hermana de la mujer del portero debió de sentirse muy reconfortada por el consejo catódico, ya que subió el viernes siguiente con una bandeja de pastela enorme.. ¡Y estaba deliciosa, por cierto!"
La pastela, o bastela, es uno de los platos más sofisticados de la cocina tradicional marroquí. Montada sobre una delgada base de hojaldre va una masa suculenta en la que se distinguen los sabores del pichón, las almendras, el azúcar glass, el huevo, los pimientos y la cebolla. Y todo aderezado con perejil, un par de dientes de ajo, un toque de margarina y otro de manteca agria. Lleva otras especies, a saber: pimienta negra, canela molida, nuez moscada, cúrcuma, azafrán y jengibre. Y alguno que se me olvida, caray, que no soy Adriá.
Me quedo absorto un instante pensando no en la dichosa receta sino en la posibilidad de que un obsequio tan costoso, propio de fiesta grande, incluso de una boda, pueda ser el símil de lo elaborados que fueron también, en su momento, los argumentos de Rachida en beneficio de la agradecida cocinera.
Vaya usted a saber. Y no seré yo quien dude de la capacidad de estas mujeres de funcionar con analogías complejas.
Me despido de Rafa distraído, cavilando sobre los matices de ese mundo de puertas adentro en el que he intentado asomar la nariz, cuando consigo enfocar un cabo suelto. Me vuelvo a mi colega, dejando un par de metros y apenas pensando en voz alta:
-"Oye Rafa, disculpa, ahora que caigo: Como Fátima habla tan bien español,digo yo, ¿porqué no es ella quien traduce la telenovela y no Rachida?"
-"No me jodas, Joan. Tú no has entendido nada. Pero nada de nada, ¿no?"
Tiene razón. Estará en éste, pero el de esas mujeres es otro mundo. Y no es descorrer las cortinas, mirar y empezar a ver. Y yo estoy espeso, y llevo todo el día con las traducciones de los ministros mauritanos y… Y de pronto toda la trama política, económica, tribal, que rodea el golpe de estado militar me parece ahora de lo más sencillo. Y el proceso geoestratégico para que Mauritania pueda reemprender en unos meses la vía democrática no puede ser más evidente.
Por suerte hay cosas en la vida que no son complicadas, ¿no?



