Sogona contra la mutilación genital.
En Segou, el 92,2 por ciento de las mujeres es víctima de esta radical “circuncisión”. La cifra desciende un poco, hasta el 85 por ciento, si hablamos de Malí en general, según los últimos datos , recogidos cada cinco años.
Sogona Traoré Diarah cuenta en su español fluído y suave, que aprendió en su estancia de seis años en Cuba, que aunque la incidencia de la ablación ha descendido algo el problema se agrava en los últimos tiempos ya que cada vez se adelanta más la edad en la que se somete a las niñas a esa práctica.
“Antes se hacía en niñas de 12 hasta 15 años, cuenta, "ahora se practica en niñas casi recién nacidas, con pocas semanas, a menudo haciéndolo coincidir con la perforación de los lóbulos de las orejas. Una escisión a esa edad es más peligrosa, ya que el cuerpo es tan pequeño que no es raro que en la intervención queden afectadas las vías urinarias”. “De hecho , añade, "la relación de problemas vinculados a la ablación genital es muy extensa. Para empezar, no son excepcionales las infecciones y en especial de tétanos, dadas las escasas medidas de higiene con que se practica. También son frecuentes los problemas en las relaciones sexuales, la aparición de fistulas, “Y desde luego, siempre hay problemas en el parto. Sobre todo en el primero”, explica.
Sogona ha convertido casi en una cruzada el que las familias puedan establecer una relación de causa/efecto entre la ablación practicada a corta edad y algunos de estos problemas que se afrontan en la adolescencia o en la edad adulta. “Simplemente, no lo relacionan. No creen que su problema en el parto pueda ser la consecuencia de una acción realizada tantos años antes. ¡Si hasta encontramos médicos de formación que deciden que sus hijas sean mutiladas!”, exclama. Sogona narra el caso de la hija bebé de un funcionario de prisiones. La madre no quería mutilar a la pequeña y la abuela le brindó también su apoyo. Pero el día en que llevaron a la niña a que le perforaran las orejas el padre impuso su criterio:“No es tu madre ni tú quien decide aquí”, les dijo, “mi hija va a ser circuncidada”. Y así se hizo. "Pero la bebé empezó a tener cada vez más dificultades para orinar. Y se le hincho la vejiga, porqué retenía los líquidos”. Tuvo que ser intervenida. “Entonces el padre, en uno de los actos públicos en la comunidad, delante de todo el mundo, tomó la palabra y explicó su caso y reconoció su error.”
Además del peso de la tradición y la religion, la ablación es a menudo una cuestión de”prestigio” social, cuenta Sogona.
“Hay que tener en cuenta que la persona que practica la ablación, el “forgeron”, como se le llama, cobra 1.000 francos por intervención. Más un pollo de regalo en las comunidades rurales. Y además la compra de una pastilla de jabón, que cuesta 250 francos.” Hay que poder permitírselo, claro. En realidad el de la ablación es un buen negocio para la curandera ya que llega a practicar entre 20 y 25 intervenciones al día.
Desde la Cruz Roja en Segou, y con ayuda de la Agencia española de Cooperación Internacional al Desarrollo, la AECID, coordinan la intervención hospitalaria de las víctimas de la ablación con consecuencias más graves.
Sogona valora esta ayuda de los organismos internacionales, pero quiere asegurarse de que esta lucha va a tener continuidad para siempre. Para ello ha creado la asociación Toumasse que en la lengua bambara significa “llegó el momento”. Una especie de “basta ya”, digo. Y Sogona concede.
Conversamos durante una hora y este post es un resumen de nuestra charla. Pero solo ahora, cuando me dispongo a colgarlo, me doy cuenta de que en ningún momento hablamos de que, aparte de todos los horrores médicos que me describió y que inclusó me ilustró con algunas fotografías de espanto, la ablación es una agresión feroz al placer sexual de la mujer. Veo que enfocamos el problema desde las nefastas consecuencias médicas y una cuestión que en nuestra Europa de la supuesta igualdad sería principal en esta África de la supervivencia queda “para otro día”. ¿De nuevo la prudencia? ¿Estrategia para no llevantar ampollas excesivas? Me quedo con la duda mientras admiro el trabajo de Sogona sobre el terreno. Un trabajo social que se extiende a la radio, conferencias audiovisuales y hasta pequeñas obras de teatro que recrean casos de la vida cotidiana en Malí.
A veces acuden a las escuelas con los manuales explicativos y el material videográfico, que es bastante duro. Otras, con una especie de maniquí en la que al órgano sexual femenino se le pueden ir desmontando diversas piezas, como ocurre de forma mucho más sangrante en la vida real. Las niñas observan con ojos como platos como al maniquí se le extirpa el clítoris, o como , yendo más lejos, se le practica la escisión de labios menores o incluso mayores. O como, en el caso extremo, tras cortar, se llega a coser la bulba, dejando solo un orificio mínimo para permitir la menstruación y la micción. Esta forma extrema de ablación se denomina “infibulación" y convierte cualquier intento de penetración en un ejercicio doloroso o , directamente, imposible. Es una causa de divorcio frecuente en Malí.



