Palacios a la venta (en Túnez)
El nuevo presidente de Túnez, Moncef Marzouki, anunció la semana pasada que la mayoría de los palacios presidenciales de la época del dictador Ben Ali serán subastados. Se trata de cuatro palacios, y el dinero obtenido por la venta se destinará, según Marzouki, a un fondo para la creación de empleo. La única excepción será el palacio de Cartago, donde vivía Ben Ali a las afueras de la capital, que se va a utilizar como residencia oficial del presidente y que se gestionará, ha dicho, con la máxima austeridad. Entre los que se venderán está el de Sidi Dharif, en el distrito de Sidi Bou Said, cerca de Túnez, y el de Hammamet, al este de la capital, donde Ben Ali pasaba las vacaciones de verano. Un gesto poderoso del antiguo opositor y preso político, exiliado durante años en Francia, que quiere marcar distancias con el estilo extravagante y ostentoso que caracterizaba a Ben Ali y a su mujer, Leila Trabelsi, y a su familia.
Todo lo que está ocurriendo en Túnez se mira con atención en Marruecos, porque con el espejo tunecino tan cerca las reformas en el reino alauí emprendidas por Mohamed VI difícilmente podrán quedarse atrás. La decisión de Marzouki lleva al diario del periodista marroquí Ali Lmrabet, www.demainonline.com, siempre hipercrítico con el régimen de Mohamed VI (Lmrabet tiene prohibido ejercer en Marruecos) a preguntarse qué pasaría si el monarca decidiera imitar al presidente tunecino. Este diario dice que Mohamed VI tiene una treintena de palacios para su uso exclusivo, y que se mantienen como si el rey residiera en ellos, lo que cuesta gran cantidad de dinero al Estado marroquí. El diario dice, con su acidez habitual, que si el rey vendiera algunos de ellos se podrían destinar al turismo de lujo y que esto ayudaría a la economía del país.
Es un hecho que Mohamed VI cuenta con numerosos palacios en casi todas las grandes ciudades del reino: Tánger, Tetuán, Marrakech, Fez, Casablanca, Rabat y otras. También tiene palacios en localidades turísticas como Skhirat, cerca de Rabat, donde su padre Hassan II pasaba muchas temporadas, o en Essaouira y en otras ciudades. El rey marroquí hace numerosos desplazamientos por todo Marruecos inaugurando decenas de proyectos y los utiliza en mayor o menor medida casi todos. También los usa intensamente en su labor diplomática, como pudo comprobar Alfredo Pérez Rubalcaba en agosto del año pasado cuando fue recibido por el monarca en su palacio de Casablanca. Y el rey D. Juan Carlos se vio con Mohamed VI en mayo en el palacio real de Marrakech durante su visita a la ciudad ocre tras el atentado del Argana. Es conocido también que el monarca tiene un castillo en Francia, concretamente en Betz, a 70 km de París, donde suele viajar también a menudo, de vacaciones o por motivos diplomáticos, y una residencia en Nueva York, donde suele residir cuando, por ejemplo, acude a la Asamblea General de la ONU.
Desde luego, todos deben costar una fortuna, así como su mantenimiento. Pero a nadie se le ha ocurrido en Marruecos pedir públicamente a Mohamed VI que imite, aunque sea un poquito, la decisión de Marzouki en Túnez, y nadie parece que lo vaya a hacer por mucho que los islamistas del PJD, conocidos por su aparente austeridad, hayan llegado al gobierno.



