3 posts de mayo 2008

Cómo buscar el ADN al futuro y triturar mil dólares

Tengo dos amigas un poco…especiales. En realidad tengo una que no hace más que contarme la vida de la otra, a la que no conozco pero de la que sé tantas cosas que siento debilidad por ella. Ambas viven en San Francisco y las dos son dignas de enmarcar. Mi amiga A me ha explicado la última. Su amiga B la llamó ayer desesperada: ¡Ven, Ven, ya he recibido el sobre y necesito que estés a mi lado para abrirlo!

Resulta que B está paranoica con las enfermedades y decidió solicitar un test genético. Hay varios laboratorios que hacen esto tipo de pruebas pero la empresa que está de moda en California es 23andMe. El nombre viene lógicamente por lo de los 23 pares de cromosomas y el Me por la obsesión que tenemos en nosotros mismos. Por cierto, la compañía fue fundada por la esposa de uno de los chicos de Google y ambos, marido y empresa, invirtieron en ella. ¡Miedo me daría darles mi ADN!

Pero a lo que íbamos. ….

A y B estaban por fin juntas mirando fijamente al sobre. B había enviado por correo su saliva en el kit correspondiente y pagado 999 dólares a cambio de que le hicieran una especie de hoja de ruta de su salud y algo parecido a un árbol genealógico genético.

De pronto B se encontraba con un GPS más incontrolable que el de su coche que no sabía si podría reprogramar para ordenarle recalcular el camino de su vida.

Lo que sucedió en los próximos minutos es largo de explicar. B, se arrepentía pero a la vez se moría de la intriga. A, le recriminaba no haber dado ese dinero a alguna entidad médica que estuviera investigando. Te habría servido para desgravar impuestos , por lo visto le dijo, con su habitual sentido práctico. Ambas se enzarzaron en una discusión apasionada y acalorada. Acabaron llorando y fundidas en un abrazo.

Imagino que queréis saber el final.
Pues ese papel que no iba a resolverle gran cosa a B acabo en la máquina de triturar correspondencia ( aquí en Estados Unidos el robo de identidad es tan frecuente que estas trituradoras forman parte de los electrodomésticos básicos)… B no lo leyó. Había decidido triturar su ADN… y mil dólares. No sé que es peor. ¡No quiero ni pensarlo ¡

El legado del jefe indio Seattle

Gracias, gracias, gracias a todos y cada uno de los 144 (último vistazo) que me habéis dejado un comentario y a todos los demás que habéis abierto esta ventana para leer este post (ya veis, voy actualizando mi vocabulario). No tengo palabras y sólo puedo deciros que me gustaría encontrar la manera de poder responder a cada uno. Me habéis hecho reír, llorar, he visitado vuestras casas, vuestros jardines, conocido vuestras familias… , me habéis abierto vuestro corazón y yo estoy … (justamente eso que estáis pensando).

Me siento tan honrada que temo decepcionaros. Ya pensaré algo. Por de pronto tomaré el consejo de uno de vosotros y os escribiré cuando pueda. Dejad que me organice.

De momento, Maha, el matemático de Harvard, he visto que ha tenido tanto éxito que se ha ganado que le dedique para siempre este blog. Aún no lo sabe. Le escribiré para contárselo y seguro que se sonríe con nosotros y acepta encantado.
En fin, ya regresé de Seattle. Prometí hablaros del nuevo 787 de Boeing. Sin embargo hubo algo que me impactó más.

La visita a la fábrica fue muy intensa. La única manera de ver un poco la ciudad que no conocía era saltándome la cena programada para toda la prensa que habían invitado. No sin antes despedirnos, dos colegas y yo, nos excusamos y así pudimos perdernos un rato. Seattle está de moda y mucha gente se traslada allí a vivir. Por su ambiente, muy europeo y desenfadado; por la oportunidad de trabajo que ofrece - varias grandes compañías tienen allí su sede- y por su estupenda localización, rodeada de agua y de montañas, ahora nevadas.

Pero ahí va lo que os quería contar. Antes de viajar un amigo me habló de los textos del Jefe Indio Seattle, de la tribu Suwamish, un hombre tan admirado como polémico en su época por haber negociado la cesión de los terrenos a los blancos. A pesar de ser considerado un traidor por los suyos, todavía hoy, la carta que envió en 1855 al Presidente Franklin Pierce sigue siendo un referente para los ecologistas de todo el mundo. Sin embargo, el otro día, en varias plazas de Seattle, pude ver como se amontonaban, tediosos y abandonados, sus descendientes. Hijos de aquellos que creían que era la tierra la dueña de los seres humanos y no al revés.

Viéndoles, casi invisibles para el resto, constaté una vez más que algo estamos haciendo mal. No importa cuántos aviones construyamos para volar si seguimos sin dar el espacio que le corresponde a cada uno en la tierra.

Convirtamos lo obvio en sublime, como Maha

Les tengo que confesar que yo soy de las de los Blocs de antes, más que de los Blogs de ahora, pero igual que mis compañeros estreno esta nueva herramienta que TVE inaugura con ilusión. Aquí encontrarán un poquito más de nosotros y espero que mucho de ustedes. Ahora resulta que la tele no sólo se puede ver, también se puede leer. Una buena combinación, ¿no les parece? Pretendemos fundamentalmente abrir un diálogo permanente entre ustedes y nosotros. Alimentar el placer de conversar en la distancia. Por mi parte, intentaré como siempre ser sus ojos y sus oídos a este lado del Atlántico.

Esta semana visitaré la fábrica de Boeing en Seattle. Ya les enseñaré cómo es el 787 Dreamliner, que pretende competir con el superjumbo europeo A380. ¿Para cuando un avión ecológico?... con estos precios del petróleo, casi sería mejor invertir en alfombras voladoras, como las de Aladino y Ali Baba. ¡Se imaginan! ya no perderíamos más las maletas. Yo soy de las que pienso que nada es imposible y por lo visto Lakshminarayanan Mahadevan (Maha), matemático de Harvard, también lo piensa.

Está estudiando cómo hacer volar una alfombra y dice que es posible. Por cierto, para los que tengan niños les recomiendo el cuento de César Díaz. Amnistía Internacional también ha hecho una adaptación preciosa que nos cuenta la historia real de Iqbal Masih. Acabo por hoy. Nos vemos y nos leemos pronto.

Gemma García


Gemma García es corresponsal de Televisión Española en Nueva York, una de las grandes capitales del mundo y un foco continuo de actualidad. Vivir en Nueva York no es ni vivir en América, ni en Norteamérica, ni siquiera en Estados Unidos, pero por alguna razón mi subconsciente se ha enganchado al Living in America de James Brown entre taxis amarillos y alcantarillas que fuman.
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